Cómo el cerebro controla nuestros hábitos

Cómo el cerebro controla nuestros hábitos
Cómo el cerebro controla nuestros hábitos, buenos y malos.

Los hábitos son conductas tan profundamente arraigadas en nuestro cerebro, que los llevamos a cabo de forma automática.

Es lo que nos hace seguir la misma ruta al trabajo todos los días sin pensar en ello, liberando al cerebro para pensar otras cosas, como por ejemplo, qué habrá para la cena.

La onicofagia, el hábito de “comerse las uñas”, es muy difícil de dejar. Crédito: Wikipedia Commons.

Sin embargo, el centro de mando del cerebro no cede completamente el control de la conducta habitual.

Un nuevo estudio de neurocientíficos del MIT ha descubierto que una pequeña región de la corteza prefrontal del cerebro, donde ocurre la mayor parte del pensamiento y de la planificación, es la responsable en cada instante de controlar los hábitos que se activan en un momento dado.

“Siempre hemos pensado – y todavía lo pienso – que el valor de un hábito es que no tienes que pensar en ello. Que libera a tu cerebro para hacer otras cosas”, dijo la Prof. Ann Graybiel, miembro del Instituto McGovern para la Investigación del Cerebro del MIT. “Sin embargo, no lo libera del todo.

Hay alguna parte de la corteza que se sigue dedicando a ese control”.

El estudio presenta una nueva esperanza para los que tratan de deshacerse de malos hábitos, dijo Graybiel. Esto demuestra que a pesar de que los hábitos pueden estar profundamente arraigados, los centros de planificación del cerebro pueden desactivarlos.

También plantea la posibilidad de intervenir en esa región del cerebro para tratar a personas que sufren, por ejemplo, de trastorno obsesivo-compulsivo.

A menudo, los hábitos están tan arraigados que los seguimos haciendo a pensar de que ya no nos traen ningún beneficio.

El equipo del MIT experimentalmente simuló esta situación con ratas entrenadas para correr en un laberinto en forma de T. Cuando las ratas se acercaban al punto de decisión, oían un sonido que indicaba si debían girar a la izquierda o a la derecha.

Cuando elegían correctamente, recibían una recompensa – chocolate con leche (por girar a la izquierda) o agua con azúcar (por girar a la derecha).

Para demostrar que el comportamiento era habitual, los investigadores finalmente dejaron de recompensar a las ratas, y encontraron que aún recorrían correctamente el laberinto.

Luego, los investigadores dieron un paso más allá, y ofrecieron chocolate con leche a las ratas en sus jaulas, pero con cloruro de litio, lo que provoca náuseas ligeras.

Las ratas continuaban girando a la izquierda cuando oían el tono apropiado para hacerlo, sin embargo, dejaron de beber la leche con chocolate.

Una vez que habían demostrado que el hábito estaba plenamente arraigado, los investigadores querían ver si podían romperlo al interferir con una parte de la corteza prefrontal conocida como corteza infralímbica (IL).

Aunque las vías neurales que codifican el comportamiento habitual parecen estar localizadas en estructuras profundas del cerebro, conocidas como ganglios basales, se ha demostrado que la corteza IL también es necesaria para que se desarrollen esos comportamientos.

Por medio de la optogenética, una técnica que permite inhibir células específicas por medio de la luz, los investigadores desactivaron la actividad de la corteza IL durante unos segundos, mientras las ratas se acercaban al punto en el laberinto en el que tenían que decidir qué camino tomar.

Casi instantáneamente, las ratas descontinuaron el hábito de girar a la izquierda (el lado con la recompensa, ahora de mal gusto).

Esto sugiere que la anulación de la corteza IL cambia al cerebro de las ratas de un “modo automático, reflexivo a un modo que es más cognitivo o participativo de la meta y pudieron procesar tras qué corrían exactamente”, dijo Kyle Smith, autora principal del artículo que se ha publicado esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Una vez que el hábito de correr a la izquierda se había roto, las ratas pronto formaron un nuevo hábito de girar a la derecha todo el tiempo, incluso cuando oían el tono de girar a la izquierda.

Los investigadores demostraron que también podían romper este nuevo hábito, una vez más por medio de la inhibición de la corteza IL con luz.

Para su sorpresa, descubrieron que estas ratas inmediatamente recuperaron su hábito original de girar a la izquierda al oír el sonido apropiado.

“Este hábito nunca fue realmente olvidado”, dijo Smith. “Estaba escondido en alguna parte, y lo hemos desenmascarado al desactivar el nuevo hábito que había reemplazado al anterior”.

El estudio plantea ideas interesantes sobre la realidad de los comportamientos automáticos habituales, dijo Jane Taylor, profesora de psiquiatría y psicología en la Universidad de Yale.

“Siempre hemos pensado que los hábitos son inflexibles, pero este estudio sugiere que pueden ser flexibles, en cierto sentido”, añadió Taylor, quien no formó parte del equipo de investigación.

También parece que la corteza IL favorece a los nuevos hábitos sobre los viejos, en consonancia con los estudios anteriores que muestran que cuando los hábitos se rompen, no se olvidan, sino que se reemplazan por otros nuevos.

Aunque la optogenética sería demasiado invasiva para utilizarse en seres humanos, Graybiel dijo que es posible que la tecnología evolucione hasta el punto en que podría ser una opción viable para el tratamiento de trastornos relacionados con el comportamiento excesivamente repetitivo o adictivo.

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Fuente:  Ciencia al Día Creative Commons.
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