Megaestructuras extraterrestres y su detección

Megaestructuras extraterrestres y su detección
Esfera de Dyson tipo enjambre. Vedexent Wikimedia 
Nos encontramos en una enorme galaxia. 

Incluso los científicos más escépticos aceptan que si existe una civilización como la nuestra, entonces hay una buena posibilidad de que no seamos los únicos que intentan comunicarse.

Cuando la gente piensa en SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence), imaginan a alguien como Ellie Arroway explorando el cielo en busca de transmisiones de radio.

Pero, ¿qué hay acerca de buscar usando otros métodos? Quizá una civilización extraterrestre avanzada podría construir estructuras lo bastante grandes para que las veamos.

Enormes estructuras, construidas a escalas astronómicas por civilizaciones avanzadas, es de lo que trata el campo de la astroingeniería. Esto, sin duda, suena atrevido, y lo es para la raza humana en este momento. Para nosotros, la astroingeniería sigue siendo solamente ejercicios mentales, cálculos teóricos, y ciencia ficción.

Así que puede ser sorprendente saber que ciertos astrónomos han hecho algunos intentos bastante serios de buscar artefactos diseñados por astroingeniería alrededor de otras estrellas.

Con telescopios cada vez más sensibles, y fotografías de exoplanetas, la idea es comenzar a cautivar la imaginación una vez más.

La solución fue, simplemente, buscar cualquier fuente infrarroja con apariencia artificial.

Dyson propone la idea de que cualquier civilización potencialmente avanzada puede necesitar una enorme cantidad de energía para sustentarse.

Un método propuesto por Dyson fue construir un gran conjunto de satélites que rodearían una estrella para captar su energía; un concepto que más tarde se hizo conocido como “esfera de Dyson”.

¿Qué es, entonces, lo que provoca esos extraños tránsitos frente a la estrella? La primera idea que se consideró fue que se tratase de una gran nube de polvo, asteroides y planetesimales (fragmentos de materia que, al agregarse, forman los planetas).

El problema es que, si fuese así, cabría esperar un aumento de las emisiones infrarrojas de la estrella. Y hasta ahora, ni el telescopio espacial Spitzer ni los radiotelescopios terrestres han confirmado dicho aumento.

Por lo que pasó a contemplarse la idea de que fuese una nube de cometas, más fríos y distantes que los planetesimales, lo que podría explicar alguno de los tránsitos de la estrella... pero no todos. 

También se sugirió que la estrella podía estar en un estadío de desarrollo más temprano del que se pensaba, y por eso podía conservar alrededor de ella restos de los materiales que la formaron, o que presentase manchas solares gigantescas. 

El problema es que estas hipótesis no se ajustan a ningún modelo teórico conocido.

Sin embargo, lo que despertó hacia KIC 8462852 un verdadero interés que trascendió los límites meramente académicos fue la sugerencia de Jason Wright, astrónomo de la Universidad Estatal de Pennsylvania, y varios colegas suyos, que afirmaron que los datos obtenidos sobre la estrella eran compatibles con la existencia a su alrededor de grandes estructuras artificiales como una Esfera de Dyson. 

Megaestructuras extraterrestres y su detección

Dicha estructura, propuesta por primera vez por el físico Freeman Dyson en un artículo publicado en la revista Science en 1960, consiste en una gigantesca cubierta construida alrededor de una estrella, mediante la cual una civilización con una tecnología muy avanzada sería capaz de aprovechar la mayor parte de la energía generada por dicha estrella. Wright afirmaba que los extraños tránsitos podían corresponderse con la construcción de una Esfera de Dyson, o bien con un Enjambre de Dyson (una variante formada por una gran cantidad de cuerpos independientes orbitando alrededor de la estrella y funcionando como colectores de energía). 

Al hacerse pública esta teoría, el instituto SETI, encargado de buscar indicios de vida extraterrestre, dirigió sus radiotelescopios hacia la posición de la estrella, intentando captar algún tipo de señal de radio que pudiera proceder de una civilización inteligente, sin éxito.
En 1960, Freeman Dyson publicó un paper titulado “Search for Artificial Stellar Sources of Infrared Radiation”. Sugirió que cualquier megaestructura construida alrededor de una estrella debería delatarse a sí misma al emitir más luz infrarroja de la que debería.

Aunque el concepto no fue tomado demasiado en serio por el mismo Dyson, fue una idea lo bastante poderosa que recibió mucha atención.

Desafortunadamente, no es tan simple como buscar luz infrarroja. Muchas estrellas, incluida la nuestra, están rodeadas por un disco de polvo, y este polvo emite fuertemente en infrarrojo. Para encontrar una esfera de Dyson, necesitas buscar una huella específica de luz infrarroja, emitida en el rango correcto de longitudes de onda.

Y eso es justamente lo que un proyecto en curso, dirigido por Dick Carrigan de Fermilab, ha estado haciendo.

Los astrónomos sondean con regularidad el cielo para ver lo que pueden encontrar, y Carrigan ha estado examinando datos infrarrojos para buscar esferas de Dyson. A la fecha, el proyecto tiene un puñado de candidatos, pero nada definitivo… aún.

Pero el infrarrojo no es la única manera de detectar esferas de Dyson. En 2012, Geoff Marcy, un investigador de exoplanetas, obtuvo una subvención para buscar evidencia de esferas de Dyson en los datos registrados por Kepler. En principio, cualquier gran objeto artificial en órbita alrededor de otra estrella debería ser detectable exactamente de la misma manera en que lo son los exoplanetas.


Mundos artificiales

 “Mundo anillo” del juego Halo.
“Mundo anillo” del juego Halo.

La astroingeniería, obviamente, no es una hazaña fácil de ejecutar; mientras más grande fuese el artefacto diseñado, más difícil sería crearlo. Por ejemplo, consideremos la terrible Estrella de la Muerte de las películas de Star Wars. 

En la película original no se dio un tamaño oficial, pero se ha estimado que tiene unos pocos cientos de kilómetros de diámetro (depende de a quién se le pregunte), lo que significa que ninguno de los materiales que se usan actualmente en la ingeniería terrestre es lo bastante fuerte para sobrevivir a la clase de fatiga involucrada en la construcción real de una. En otras palabras, con o sin petición a la Casa Blanca, cualquier intento que hiciéramos de construir un objeto del tamaño de la Estrella de la Muerte se derrumbaría y destrozaría mucho antes que fuere completado.

Si bien la Estrella de la Muerte puede ser icónica para muchos como una enorme estructura artificial, en realidad es bastante pequeña para los estándares de la astroingeniería. Incluso las estimaciones más ostentosas de cuán grande sería son pequeñas comparadas con la luna de la Tierra, lo que significa que algo de ese tamaño sería muy difícil de detectar con un telescopio. Si realmente fuésemos capaces de detectar una estructura diseñada por astroingeniería, necesitaría ser mucho más grande.

Similares a las esferas de Dyson son los “mundos anillo”, como aquellos representados en los juegos Halo. Un mundo anillo consistiría de un anillo gigante en órbita alrededor de una estrella, construido cómodamente dentro de la zona habitable de la estrella.

Esto daría a una civilización avanzada un área de varios millones de veces la de la Tierra para vivir. Mientras que un planeta como el nuestro puede sufrir cuando comienza a sostener el peso de una población en aumento, una sociedad avanzada podría tener una población de billones viviendo en un mundo anillo.

Al pensar en cualquier escala más grande, las cosas se vuelven especulación, y se ha propuesto algunas ideas radicales.

Por ejemplo, una estructura matrioska usaría una serie de esferas de Dyson concéntricas para captar toda la energía de una estrella para alimentar un enorme computador.

Igualmente atrevida es la idea del propulsor Shkadov que usaría un gigantesco espejo como una vela, permitiendo que una estrella completa sea acelerada y desplazada, junto con todo lo que la orbite. Pero no nos adelantemos.

Una cosa es totalmente segura; Para que cualquier raza extraterrestre incluso considere un proyecto de astroingeniería, necesitarían ser radicalmente más avanzados que nosotros.

Por supuesto, como han señalado algunos científicos, “No hay una razón obvia por la que nuestra época astronómica favorezca la aparición de civilizaciones”.

En otras palabras, nuestra galaxia tiene miles de millones de años de antigüedad, y no hay razón para creer que sociedades extraterrestres avanzadas no han existido durante mucho tiempo antes que los humanos hayan evolucionado.

¿Podrían las esferas de Dyson y otras megaestructuras diseñadas por astroingeniería realmente existir en algún lugar de la galaxia? Actualmente, no tenemos forma de saberlo.

Pero la sola posibilidad es lo bastante emocionante para que valga la pena continuar buscándolas. Quizá si encontramos la estrella correcta que observar, podríamos descubrir algo increíble.

A principios de 2016, una nueva noticia contribuyó a añadir más misterio sobre el caso.

Un estudio del astrónomo Bradley Schaefer, de la Universidad de Luisiana, afirmaba que, tras revisar placas fotográficas tomadas entre 1890 y 1989, el brillo de la estrella KIC 8462852 había descendido cerca de un 20% a lo largo de un siglo, un fenómeno sin precedentes en una estrella de clase F. 

Aunque se dijo que este estudio no era del todo fiable dada la poca precisión de las fotografías que había empleado, la revisión de los datos del Kepler mostró un descenso de luminosidad que parecía coincidir con los resultados de Schaefer. 

Tampoco hay una teoría clara acerca de qué produce este descenso del brillo (se habla de nubes de gas o de la presencia de materia oscura) pero se sospecha que esté relacionado con los extraños tránsitos frente a la estrella. 

Otra posibilidad que se ha apuntado es que la estrella se esté transformando en una gigante, proceso durante el cual se producen cambios en la luminosidad de una estrella.

A día de hoy, sigue sin haber una explicación satisfactoria para los extraños episodios que se suceden en torno a KIC 8462852. 

Es necesario seguir recopilando datos antes de poder afirmar con seguridad que el responsable es algún fenómeno astronómico, conocido o no, o ¿por qué no? una tenaz y esforzada raza alienígena que busca resolver sus problemas energéticos.
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