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El Circo Máximo de Roma

El Circo Máximo de Roma 1 El Circo Máximo es el mayor estadio conocido por el hombre, el circo más esplendoroso del Imperio, en el que se celebraban las famosas y trepidantes carreras de cuadrigas, y la suprema representación del famoso “pan y circo” romano.

Su construcción se inicia en época de la mítica Monarquía romana, entre los siglo VIII-VII, comienzan los trabajos de acondicionamiento y drenaje de un lugar llamado Vallis Murcia, valle situado entre las colinas del Aventino y del Palatino, salida natural de las aguas del Tíber, además era un lugar sagrado dedicado al antiguo dios agrícola Consus.

Su forma alargada y estrecha lo hacía ideal para acoger una gran pista para la celebración de carreras de caballos y carros.

En esta época también se colocan las primeras gradas de madera, que luego se fosilizaron en piedra y, mas tarde, en mármol.

Los primeros Ludi Romani o Juegos Romanos fueron organizados en ese lugar por Tarquinio Prisco, el primero de los llamados reyes etruscos de Roma. Hacia finales del siglo IV e inicios del siglo III a. C., en época republicana, se añaden la construcción de los denominados Carceres, espacios desde donde salían los jinetes y sus carros, y se construyó la primera entrada monumental al Circo, la Porta Pompae.

Al poco tiempo se monumentaliza la Spina, o muro longitudinal de mampostería que dividía en dos partes simétricas la pista de arena del Circo.

Una Spina que contaba con una profusa decoración a base de templetes, estatuas y altares, junto con los elementos que servían para contabilizar las vueltas que daban los participantes al Circo, eran los llamados siete huevos de piedra, a los que se añadieron, en época de Agripa, siete delfines de bronce. Además contaba con un torre donde se situaban los jueces y organizadores de los Ludi.

El Circo va tomando su forma definitiva con las grandes reformas realizadas por César y continuadas por Augusto, como la total canalización de las aguas hasta el Tiber, y Augusto manda colocar en eje central de la spina un gran obelisco de Ramsés II traído desde Heliopolis. Tras los añadidos de César y Augusto el Circo era la construcción más grandiosa de Roma, un coloso con la capacidad de albergar a más de 200.000 espectadores, algo inédito en la Historia.

Con unas Caveas o gradas de tres pisos separadas en sentido horizontal por los vomitoria, para el acceso y salida del graderío. Según los cronistas romanos hubo un gran incendio en el 64 d. C., tras dicho incendio, Nerón tuvo que reconstruir gran parte del Circo Máximo, y Tito construyó un gran puerta triunfal de salida. Luego tanto Domiciano como Trajano lo ampliaron y aumentaron su belleza.

Las gradas superiores eran de madera, según la tradición, en tiempos de Antonino Pio por la gran afluencia de público se derrumbaron costando la vida a más de mil plebeyos.

Ya al final de imperio, en el siglo IV, Constancio II añade otro gran obelisco, el más grande de Roma, traído del templo de Tutmosis III en Tebas. La llegada del cristianismo no impidió que se siguieran realizando carreras hasta el mismo fin del Imperio Romano de Occidente. En el año 549 el Circo Máximo acoge su última carrera de cuadrigas, cuando gobernaba Totila, rey ostrogodo.

La caída del Imperio trajo consigo el abandono del Circo a los incendios y los saqueos de material, que provocaron su ruina definitiva y el progresivo enterramiento de sus diezmadas estructuras por las sucesivas inundaciones del valle. En la Edad Media fue utilizado como campo para el cultivo, y en la Edad Moderna fue un cementerio de los judios de Roma.

Y no es hasta mediados del siglo XX cuando comienzan los trabajos de limpieza y excavación, y aún hoy gran parte de su estructura permanece oculta.

Sus dimensiones eran monumentales, en el siglo I d. C. estábamos ante un suntuoso Circo con una inmensa grada y dotado de una gran monumentalidad encabezada por sus grandiosas puertas triunfales.

Según Plinio "el Joven" era digno de las victorias de la gran nación de Roma, y Trajano se enorgullecía de tener un recinto capaz de dar cabida a toda la plebe romana. Era un colosal recinto de 600 metros de largo por más de 150 de ancho. Según algunas estimaciones podría albergar unos 250.000 espectadores, aunque otros hablan de unos 150.000 sentados y otros tantos de pie, unos 300.000 aproximadamente, como señala Plinio "el Viejo".

Su fachada exterior estaba estructurada con tres pisos con superposición de tres ordenes de arcadas, como el Coliseo. En el Circo se celebraban los Ludi Romani, juegos celebrados en el mes de septiembre desde el origen de Roma, y todo tipo de actividades circenses y espectáculos: pugilato, carreras pedestres, luchas, y, por supuesto, la biga, triga, y cuadriga, esto es, carreras de carros con dos, tres y cuatro caballos.

Estos juegos circenses fueron aumentado en variedad y duración, a las carreras de carros se añadían acrobacias, luchas, lanzadores de jabalina y disco, una mezcla de carreras de caballos y juegos atléticos. A veces el circo era escenario de carreras atléticas o pedestres, que nunca gozaron de gran favor entre el publico, que prefería las carreras de cuadrigas o la lucha. Incluso, a veces, las luchas de gladiadores se trasladaban del anfiteatro al circo, en momentos de grandes juegos en conmemoración de grandes acontecimientos del Imperio.

El mayor circo del Imperio Romano contaba con unas partes fundamentales: los Carceres, situados en el extremo norte, que eran unos compartimentos en los que los jinetes y caballos esperaban la señal de inicio de las carreras. Entre los Carceres se situaba a primera de las puertas monumentales, la Porta Pompae, del siglo IV a. C., por la entraban al recinto los aurigas y caballos.

El graderío estaba dividido en: la Ima Cavea a gradería inferior de caliza y mármol, donde se sentaba la élite social y los senadores, junto la media y summa cavea de madera, donde se agolpaban las masas plebeyas, hombres y mujeres ansiosos y entusiastas de los juegos.

Y el llamado Pulvinar, el palco reservado para la familiar imperial e invitados. Junto a la Spina como eje central que dividía la arena, y estaba profusamente ornamentado, destacando los obeliscos de Egipto. En los extremos de la Spina se situaban las metas, que era donde debían girar los aurigas, y estaban señaladas por emblemas de bronce en forma ovoide. Y, finalmente, en el extremo sur la otra gran puerta triunfal construida por Tito, que conmemoraba su victoria contra los judíos.

Antes de los juegos o espectáculos circenses siempre se celebraba una ceremonia religiosa con una solemne procesión o pompa que bajaba del Capitolio y entraba por la Porta Pompae. Un procesión que iba dirigida por el magistrado promotor de los juegos, normalmente, un cónsul o un pretor.

La pompa la completaban jóvenes, niños, bailarines, flautistas, hombres disfrazados de sátiros, etc. Además de estandartes y símbolos de los dioses unidos a un séquito de sacerdotes, e imágenes de los emperadores divinizados. Una gran pompa triunfal y circense que era recibida con admiración por el público del Circo. Todo estaba preparado para que los doce carros, con sus aurigas y caballos, ricamente enjaezados, esperaran en los Carceres a que el magistrado diera la señal de salida.

Las carreras incluían siete vueltas completas a la pista, cada vuelta era marcada con la caída de uno de los ovoides o delfines de bronce de los extremos de la Spina. Según la tradición, las carreras recorrían unos siete kilómetros en unos quince minutos, y se extendían a los largo de todo el día. Y sólo los aurigas mejor entrenados y más hábiles conseguían completarlas, ya que el riesgo de morir o sufrir una lesión grave era muy alto por las constantes caídas.

Por ello el auriga debía estar muy preparado física y mentalmente, conocer sus posibilidades tanto de su carro como de sus caballos, unas posibilidades que pasaban por un buen adiestramiento. Sobre todo a la hora de entrenar al animal para que lograra girar en los extremos de la Spina, el momento más peligroso y espectacular. Era un complejo oficio el de auriga, que utilizaban carros de madera muy livianos a los que se ataban sus caballos. Los auriga debían estar especialmente preparados para el giro, las riendas las llevaban atadas a la cintura, si el giro se hacia muy abierto y rápido podían volcar el carro, pero si el giro se hacia muy cerrado podían chocar con la Spina.

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De manera que, el peligro de choque o naufragium era muy elevado, para protegerse en caso de caída los aurigas contaban con una especia de armadura de cuero, y un cuchillo para cortar las riendas y evitar ser arrastrado por sus caballos.

Aurigas representando a las distintas facciones.


Con el tiempo, sobre todo durante el Imperio, las carreras se convirtieron también en un negocio, que movía muchos sextercios y daba trabajo a muchas personas. Ya que existían distintas facciones, lideradas por un dominus, e integradas por distintos hombre libres y esclavos, que trabajan para triunfar en las carreras. 

El auriga era personaje visible de cada facción para el público, pero detrás había muchas personas. Y un negocio que costaba mucho dinero ponerlo en marcha, durante la República el magistrado era el que se ocupaba de los gastos, luego fueron los emperadores.

No obstante, se sacaban muchos beneficios de las apuestas que el publico hacía sobre la carreras, las casas de apuestas, controladas por el Imperio, eran las grandes beneficiarias de las carreras. Junto con las facciones vencedoras, cuyo dominus y auriga veían aumentado su patrimonio, ya que se le entregaban grandes sumas de pecunia.

Aunque, simbólicamente, el auriga ganador era premiado con una corona o una hoja de palma. Dichos aurigas triunfadores podían alcanzar gran fama. e incluso alcanzar la preciada libertad si eran esclavos.

Para el auriga y su facción la fama y la popularidad eran más importantes que las riquezas materiales, muchos eran agasajados por sus seguidores con monumento y estatuas, como el famoso auriga hispano, el lusitano Cayo Apuleyo Diocles.

Diocles alcanzó gran fama a medidos del siglo II d. C. como gran auriga del Circo Máximo, según las crónicas corrió más de cuatro mil carreras y alcanzó la victoria en unas mil quinientas aproximadamente.

Otros hispanos también fueron famosos gracias al Circo Máximo como Paulo de Mérida, y, por supuesto, también romanos como Venusto o Escorpo.

Pero el pueblo no sólo veneraba a los aurigas, los caballos también se convertían en auténticas leyendas y mitos, y se pasaban a ser sementales de una larga progenie, eran caballos romanos, pero también griegos, hispanos o africanos.

Unos caballos que tras vencer lograban que sus nombres fueran inmortalizados como el célebre Victor, que según la tradición logró más de cuatrocientas victorias en la arena del Circo, algunos son venerados en mosaicos como Inluminator, gran caballo representado en un mosaico lusitano conservado en el Museo Romano de Mérida.

De forma que, los juegos circenses tenían un éxito arrollador entre el pueblo, similar a los juegos sangrientos celebrados en el Coliseo. La plebe los vivía con pasión y desenfreno, miles de hombres y mujeres acudían enfervorizados para animar sin límite a sus facciones, aurigas y caballos favoritos.

Una pasión celebrada y patrocinada por los senadores y magistrados durante la República, y luego por los emperadores, ya que mantenía entretenido al pueblo y le distraía de otros problemas mayores, los juegos se multiplicaban en número y cantidad en momentos de crisis.

En conclusión, poco o nada hemos avanzado desde entonces, era el denominado “pan y circo”, que a pesar de ser un concepto anacrónico está muy presente aún en nuestros estados y sociedades, mantener entretenido al populacho sigue siendo muy rentable y beneficioso como eficaz medio para tapar los desmanes de muchos Estados y gobernantes.

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Bibliografía:
J. Carcopino. La Vida Cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio. Madrid, 1993.
Luís Baena del Alcázar. Circo Máximo, la pasión de los romanos. Historia de National Geographic. Nº 38. 2007.
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