Victoria de Inglaterra ... (Tercera parte)

El noble germánico que introdujo el árbol como la última moda en las navidades de la sociedad victoriana, poco después de contraer matrimonio con la Reina, en 1840.

Se trató de un gobernante eficaz, sólido e inteligente, del agrado de la reina.

Ello hace que los primeros años del mandato de Victoria esta se muestre algo alejada de los asuntos de gobierno, despreocupada de las vicisitudes de la vida política cotidiana.

Se hace acompañar, eso sí, por damas que comparten la ideología “whig” (liberal) del primer ministro, confiando en que su mandato será largo y estable.

Sin embargo, diversos reveses parlamentarios sufridos por Melbourne le hacen dimitir, pasando los “tories”, con Robert Peel a la cabeza, a controlar el gobierno inglés.

Es entonces cuando Victoria decide inmiscuirse personalmente en la política del país, pues no son de su agrado los modales y el carácter de Peel, que considera demasiado hoscos.

Se produce así la primera crisis política de su reinado, al negarse a aceptar la llegada de Peel al poder.
La situación se resuelve mediante arduas negociaciones, que hacen volver a Melbourne y restablecerse, momentáneamente, la situación anterior


El carácter de Alberto, inteligente y exquisito, y su figura apuesta, acaban sin embargo por ganarle la confianza del pueblo. 

La relación con Victoria, en el mismo sentido, era excelente. No en vano, Alberto era uno de los pocos hombres con los que Victoria había podido relacionarse en su juventud, además del primero con quien había podido hablar a solas.

La boda significó una muestra más del carácter decidido de Victoria, al celebrase pese a las suspicacias y oposiciones suscitadas.

El papel que el príncipe consorte iba a desempeñar desde su llegada al trono iba a ser fundamental para Victoria, pues se ganó por completo su confianza y admiración. Fue así como la veneración que la reina sentía por Melbourne iba siendo paulatinamente sustituida por la que sentía hacia su marido, confiando en él como consejero político.

Gracias a ello, la vuelta al poder de Peel en 1841 no significó un trauma para Victoria como sucedió la vez anterior. Apoyada en su marido, la reina experimentó un cambio en sus sentimientos hacia los conservadores, aproximándose cada vez más a sus postulados políticos. Las disputas con los gobiernos “tories” fueron cada vez menores, lo que no ocurrirá con los gabinetes liberales posteriores de lord Russell y lord Palmerston.

Victoria de Inglaterra
El reparto de funciones de la pareja real funcionará a la perfección, creando un modelo de comportamiento político que restaurará el prestigio de la monarquía inglesa entre sus súbditos y el resto de gobernantes europeos. El príncipe Alberto será instituido como príncipe consorte, siendo las decisiones tomadas de mutuo acuerdo entre ambos esposos.

Político fino, dotado de gran inteligencia para los asuntos de estado, Alberto supondrá un apoyo considerable para Victoria. Además, el respeto a la institución parlamentaria acabará por restaurar el prestigio del trono inglés, perdido por la acción de los monarcas anteriores. Nueve hijos, de ellos cuatro varones, asegurarán la sucesión y serán una herramienta política de primer orden mediante la concertación de sus matrimonios con miembros de otras casas reales. Sin embargo, la situación de estabilidad y armonía sólo durará unos cuantos años. En 1856 Alberto comienza a manifestar síntomas de la enfermedad que acabará con su vida algún tiempo después.



Un año más tarde la reina decide oficializar el título de príncipe consorte, para que Alberto pueda gozar de derechos que no le son reconocidos al no ser ciudadano inglés. Finalmente, 1861 se convierte en el “annus horribilis” de Victoria, al fallecer su madre en marzo y en diciembre su esposo, víctima del tifus.

Esta última muerte, no por menos esperada, supone para la reina el acontecimiento más doloroso de su vida. Desde entonces, viste siempre de negro, en recuerdo de su marido, se hace acompañar constantemente de su fotografía, y manda al servicio disponer a diario la ropa limpia de Alberto.

En 1861 la reina atravesó el más trágico período de su vida, su madre, la duquesa de Kent fallecía y el 14 de diciembre su amado esposo, compañero, amigo, consejero, y el hombre que había sido su guía y soportado con ella el peso de la corona.

Tal y como ella había animado a su marido para trabajar sin descanso al servicio del país, la soberana reaccionó con entereza asombrosa, desde ese instante hasta su muerte, ella como mujer nunca dejó de dar muestras de su férrea voluntad,de su carácter decidido y luchador, al no dejarse abatir por el dolor sufrido y dedicarse de pleno a trabajar por su país y la monarquía. Aunque restringe sus apariciones públicas, desde el trono contribuye como nadie antes a afianzar el prestigio de la monarquía, ejerciendo un papel de referencia para el pueblo inglés, modelo de los valores que Victoria quiere impregnar. Su rígida educación se manifiesta ahora en su máximo esplendor: la moral estricta, el afán por el trabajo, el “common sense” (sentido común), la seguridad, el patriotismo, la religiosidad, el liberalismo económico y político y de su enorme capacidad para dirigir con aparente facilidad los destinos de Inglaterra.

Su figura redonda, fue cubierta por un luto que no desapareció durante el resto de su vida, de tal manera que ganó el apodo de "Viuda de Windsor".

Con el paso de los años, Victoria comenzó a confiar en un criado escocés, llamado John Brown, al que alegan que hubo una relación romántica e incluso un matrimonio secreto.

Un diario recientemente descubierto registra una supuesta confesión en su lecho de muerte del capellán privado de la reina, quien habría admitido a un político que él había presidido un matrimonio clandestino entre Victoria y John Brown. No todos los historiadores confían el autenticidad del diario.


 La reina Victoria con sus nietas Victoria Alberta, Ella y Alicky, tras la muerte de la princesa Alice.

Sin embargo, cuando el cadáver de Victoria fue colocado en el ataúd, le acompañaban dos recordatorios conforme a su deseo. Al lado derecho, uno de los vestidos de gala de Alberto, mientras que en su mano izquierda se fijó un pedazo del cabello de Brown, junto con un retrato de él. Los rumores de un romance y una unión secreta le ganaron a victoria el apodo de "Señora Brown"

Durante las últimas tres décadas de su reinado, esta famosa y notable dama llegó a ser un mito viviente y la referencia obligada de toda actividad política en la escena mundial. Su imagen pequeña y robusta, dotada a pesar de todo de una majestad extraordinaria, fue objeto de reverencia dentro y fuera de Gran Bretaña.
Su apabullante sentido común, la tranquila seguridad con que acompañaba todas sus decisiones y su íntima identificación con los deseos y preocupaciones de la clase media consiguieron que la sombra protectora de la llamada Viuda de Windsor se proyectase sobre toda una época e impregnase de victorianismo la segunda mitad del siglo.

Su vida se extinguió lentamente, con la misma cadencia reposada con que transcurrieron los años de su viudez. Cuando se hizo pública su muerte, acaecida el 22 de enero de 1901, pareció como si estuviera a punto de producirse un espantoso cataclismo de la naturaleza. La inmensa mayoría de sus súbditos no recordaba un día en que Victoria no hubiese sido su reina.

Victoria de Inglaterra ...primera parte
Victoria de Inglaterra ... (Segunda parte)  


Victoria de Inglaterra ... (Cuarta parte y final)