Victoria de Inglaterra ... (Segunda parte)

Victoria de Inglaterra ... eterna enamorada del príncipe Alberto de Sajonia Victoria de Inglaterra ... eterna enamorada del príncipe Alberto de Sajonia.

Ella tenía 18 años, por lo tanto, no fue necesaria una regencia.

Como la Ley Sálica imperaba en Hannover, este trono pasó a su tío menor, el duque de Cumberland, terminando así la unión entre el Reino Unido y Hannover que existía desde 1714, de ésta manera, mientras la joven reina no tuviera hijos, el duque de Cumberland sería su heredero.

Las relaciones con otras naciones, no la iban a ser difíciles pues desde que nació, estaba emparentada con las casas reales de Alemania, Dinamarca, Noruega, Suecia y Rumanía.

Las tensiones con su madre, se hicieron más perceptibles a partir de su ascenso al trono, lo cual sorprendería a los miembros del consejo preguntándoles si, como reina podía hacer lo que le viniera en gana, ellos, se lo afirmaron positivamente.

Cuentan que, con un delicioso ademán juvenil, ordenó a su madre que la dejase sola una hora, y se encerró en su habitación.

Cuando regresó volvió a dar otra orden, está fue que desalojasen inmediatamente de su alcoba el lecho de la absorbente baronesa Lehzen, pues en adelante no compartiría su alcoba.

Su autoritaria madre, nada pudo hacer, su hija, impondría el suyo de tal manera que Victoria marcaría su inconfundible carácter a toda una época denominada, Victoriana.

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Por aquel entonces, el gobierno lo dominaban los Whig, el Primer Ministro, vizconde de Melbourne, Lord Melbourne, ejerció desde el comienzo una importante influencia sobre la inexperta soberana, éste era un hombre rico, brillante y dotado de una inteligencia superior, temperamento sensible y afable, unas cualidades que encantaron a la nueva e inexperta soberana, acudiendo a él constantemente para solicitar ayuda y consejos, se rodearía de damas que compartían las ideas liberales expresando su deseo de no ver jamas a los "torys" (conservadores), los adversarios políticos de los Shig, pasaron a ser sus enemigos.

De esa manera, dependía completamente del extraordinario caballero, confiando de poder dejar los asuntos de gobierno en sus manos, tanto fue así que en los primeros meses de su reinado, algunas malas lenguas se referían a la reina como "la Sra. Melbourne".

Pero debido a los acontecimientos en las colonias británicas, rebeliones en Canadá y Jamaica, las autoridades locales protestaban contra las medidas inglesas que no reconocían como leyes dictadas por el parlamento, Melbourne se vio en la obligado a dimitir, por su incapacidad para controlar todos los contratiempos que surgieron.


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Victoria de Inglaterra no lo permitió, realizó una serie de negociaciones y pactos, sacando a relucir su genio y tozudez de tal manera que, Lord Melbourne regresó al lado de la reina y con él, la felicidad, pero pronto sería desplazado por una nueva influencia.


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En 1839, el mercado de opio por parte de Inglaterra y Estados Unidos, se convirtió en un gran conflicto, pues generó una epidemia de adictos en China, la guerra del opio, Lin Hse Tsu, emperador de China, viendo la epidemia que se había creado de adictos, envió una carta a la reina Victoria pidiéndole que no traficara más opio.

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La reina Victoria entonces, respondió enviándole a la Armada Británica. Muchas fortunas se basaron en éste tipo de tráfico no tan legal.

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La unión prevista desde hacía mucho tiempo, determinada por los intereses de Inglaterra, entre Victoria y su primo, el alemán Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, se hizo realidad el 10 de febrero de 1840, en la Capilla Real del palacio de St. James, Londres.

Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha
Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha

La llegada de Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha

El era uno de los pocos hombre jóvenes que Victoria había tratado en su vida y el primero con el que se le permitió conversar a solas.

Cuando se convirtió en su esposo, ni la predeterminación ni el miedo al cambio que suponía la boda impidieron que naciese en ella un sentimiento de auténtica veneración hacia aquel hombre no sólo apuesto, exquisito y atento, sino también dotado de una fina inteligencia política.

Cuatro días antes de la ceremonia, la reina le otorgó a su futuro esposo, el tratamiento de Su Alteza Real, por lo que Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha sería conocido como el "Príncipe Consorte", aunque formalmente el título lo obtuvo en 1857.


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La reina Victoria y el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha en el castillo de Windsor

De éste enlace feliz, plácido y hogareño, se ha sabido que Alberto fue un marido ejemplar y nunca llegó a faltar a sus votos nupciales.

Para Victoria un marido perfecto y compañero ideal, por el que sustituyó a Lord Melbourne en el papel de consejero, protector y delegado, en el ámbito de la política, ejerciendo su misión con tanto acierto que la soberana, aún inexperta y necesitada de ese apoyo, no experimento pánico alguno cuando remplazaron a Melbourne al frente del gabinete.

Con todas las uniones conyugales en Europa, de hijos y nietos con otros monarcas, a Victoria se le daría el título popular de "la Abuela de Europa". Sin embargo, al ser portadora de hemofilia, transmitió el gen defectuoso a todos sus descendientes (por estar ligada al cromosoma X). El portador más conocido de dicha enfermedad fue el zarevich Alexis.

El prestigio de la corona fue restaurado, gracias a la habilidad política del príncipe Alberto, quién sin duda había pasado a ser el verdadero rey en la sombra.

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Alberto supo en todo momento acarrear con dignidad el difícil papel que le correspondía; destacó por su inteligencia y su sobriedad y acabó ganándose la confianza de sus súbditos, recelosos al principio ante un príncipe alemán. A partir de 1856 gozó del status de príncipe consorte, figura ésta que a partir de él adquirió sus específicas dimensiones.

La unión se desarrolló con una armonía y entendimiento poco común; los reyes de Inglaterra pronto constituyeron un modelo de integridad moral para el pueblo británico. En las directrices de gobierno, la pareja real actuó de mutuo acuerdo.

Alberto se ocupaba de muchos asuntos de estado, y la reina seguía siempre el consejo de su marido respecto a las políticas de sus ministros. En la imagen, la boda de Victoria y Alberto tal y como la representó el retratista inglés Sir George Hayter.

Alberto de Sajonia  llevó consigo a Inglaterra la memoria de un país en el que ya, en torno al siglo XVII, se empiezan a reunir las familias alrededor de un árbol de Navidad.

Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha 9Cómo olvidar aquellos días en los que algunas familias alemanas, después de buscar alguna excusa para que los niños salieran de casa, aprovechaban la ausencia de éstos para decorar el árbol con frutos y juguetes el mismo día 24 de diciembre.

Cómo olvidar, también, la antigua creencia germánica de que era un árbol gigantesco el que sostenía al mundo y el que soportaba –esto explica la costumbre de poner luces a los árboles–, en sus ramas, el peso de la luna, el sol y las estrellas.

Un árbol que era, además, el símbolo de la vida ya que, en invierno, cuando casi toda la naturaleza aparecía muerta, éste no perdía su verde follaje.

Entusiasta de la Navidad
De cualquier forma, el príncipe Alberto de Sajonia logró imponer las tradiciones navideñas alemanas -arraigadas en el país germano desde hacía dos siglos-, gracias al apoyo incondicional de su esposa, la reina Victoria, que, por amor, adoptó las costumbres de su esposo con el firme propósito de hacerle sentir como en casa.

“Sin él, estas fiestas resultarán absolutamente distintas”, declaró poco después de que falleciera el príncipe.

George III, coronado como soberano de Inglaterra, en 1762, y su mujer, la reina Charlotte, oriunda de Alemania, fueron los primeros en adornar su palacio con un abeto doméstico, aunque no fue hasta medio siglo después, cuando la buena sociedad inglesa cayó hechizada por la idea de reproducir, en sus casas, lo que sus ojos habían visto en el palacio de Windsor habitado, entonces, por la soberana Victoria y su esposo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo.

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