Rompiendo la Luna (ciencia ficción)

Rompiendo la Luna (ciencia ficción)A la mayoría de los astrónomos, como a muchos otros, nos gusta ver una buena película de ciencia ficción, estas fueron las llaves que nos abrieron las puertas en nuestra juventud de la última frontera.

Gracias a ellas hemos descubierto lejanos planetas, diferentes tecnologías y nuevas civilizaciones, pero hay algo recurrente en algunas de estas joyas del séptimo arte, muchas de ellas nos muestran como algo ha destruido nuestra amada Luna.

La manía de atacar la Luna con nuestras armas comenzó hace ya más de un siglo, Viaje a la Luna era una película basada en el inigualable Julio Verne y su obra De la Tierra a la Luna, y “Los primeros hombres en la Luna”, de Herbert George Wells. En ella vimos como unos valientes astrónomos eran lanzados hacia nuestro satélite gracias a un enorme cañón.

Pero fue en 1926 cuando la realidad supero a la ficción, el pionero Robert Goddard propuso enviar un cohete a la luna cargado con 15 kilos de polvo de magnesio que serviría para poder desde la Tierra el impacto.

Curiosamente esta visión alcanzo niveles de locura en 1950, los militares estadounidenses consideraron seriamente realizar una explosión nuclear en la superficie lunar solamente para demostrar a la Unión Soviética que ellos mandaban en la carrera espacial.

Fue en 2009, cuando la NASA decidió hacer chocar contra el polo sur lunar la etapa superior de la misión Lunar CRater Observation and Sensing Satellite (LCROSS), esto no solo sirvió para poder levantar algo de polvo en la Luna, también nos mostró que existían partículas de hielo en esta región.

Pero dejando de lado la ciencia real, la nueva película de Tom Cruise, ‘Oblibion’, nos muestra como, de nuevo, unos extraterrestres malvados destruyen nuestra Luna, un evento que provoco la desaparición en minutos de todas nuestras ciudades debido a que, según la inexplicable descripción, su falta provoco una serie de catastróficos eventos que se extendieron por todo el planeta.

Rompiendo la Luna (ciencia ficción)

En fin, estos alienígenas no debían ser demasiado listos ya que podrían haber utilizado una fracción infinitesimal de la energía para destruir la Luna para lanzar sobre nuestras cabezas un gran asteroide que habría acabado con todos nosotros con mayor eficacia.

Es decir, un evento artificial como el que acabo con los dinosaurios hace unos 65 millones de años y que diezmo la mayoría de las formas de vida de la superficie.

Pero es que la imagen lunar de Oblivion también nos muestra un fallo garrafal, salvo que los alienígenas hayan sido capaces de modificar las leyes de la gravedad descritas por Newton y Einstein para adaptarlas a sus intereses.

En la película vemos una luna rota, rodeada de un amplio disco de escombros, lo malo es que la Tierra es un cuerpo más atractivo para la basura espacial, gravitatoriamente hablando. La gran mayoría de estas rocas habrían caído sobre nuestro planeta, y seguirían haciéndolo durante toda la película, pero no vemos ni una mala estrella fugaz.

En fin, quitando la Luna de la ecuación, ¿Cuán dependiente es la Tierra de la Luna?

 ¿Qué pasaría si, al igual que Venus, la Tierra no tuviese un gran satélite natural?

¿Y qué pasaría si -puramente hipotético- la luna nunca fuese arrasada por una super-arma alienígena?

¿Seria un buen objetivo atacar la Luna para, al menos, paralizar la vida en la Tierra?

Bueno, los primeros que la echarían de menos serian los poetas, sin un gran satélite natural no tendríamos románticos paseos nocturnos a la luz de la Luna.

Aunque tampoco disfrutaríamos de nuestras mareas ni de los espectaculares eclipses solares o lunares.

Lo malo es que no habríamos tenido una meta para nuestra carrera espacial durante la guerra fría, seamos sinceros, Marte y Venus están demasiado lejos y aunque fueron objetivos para la Unión Soviética y los EE.UU., las misiones que tenían como destino estos mundos no han calado demasiado en la opinión pública. Posiblemente la humanidad habría quedado atrapada indefinidamente en la órbita baja terrestre sin ese ‘trampolín lunar’.

¿Podría incluso haber aparecido la vida en la Tierra hace miles de millones de años si no tuviésemos luna? En 1993 Jeques Laskar (director del Centro Nacional Francés de Investigación Científica), calculó que si despareciese de repente nuestra Luna, la inclinación del eje terrestre, con el tiempo, sería muy inestable.

En la actualidad gozamos de una inclinación razonablemente estable de 23,5 grados y esta nos proporciona nuestras estaciones, calentando los hemisferios norte y sur de forma periódica.

Esta inclinación varía desde los 22 a los 24,5 grados durante un período de 41.000 años, lo que puede contribuir al avance y retroceso de las capas de hielo polares.

Pero las consecuencias un errático bamboleo terrestre provocaría que las estaciones muy extremas. Las diferentes formas de vida tendrían que adaptarse para sobrevivir o simplemente desaparecerían.

No digo que no se pudiese desarrollar una especie de topos supe-inteligentes, pero desde luego lo tendrían tener muy difícil para desarrollar una civilización tecnológica como la nuestra.

Hay algo en la Luna que no solemos tener muy en cuenta, quizás los ciclos de flujo de las mareas contribuyesen a la aparición y la evolución de la vida.

Hace unos 4.000 millones de años nuestro satélite estaba mucho más cerca de nosotros, las mareas habrían sido mucho mayores y el agua habría invadido cientos de kilómetros tierra a dentro, como consecuencia, las zonas costeras vieron cambios cíclicos dramáticos en la salinidad, lo que podría haber permitido la formación y la evolución de moléculas auto-replicantes.

Sin embargo, si la vida apareció por primera profundidades de los océanos, tal vez junto a los respiraderos hidrotermales del suelo marino, las mareas lunares podrían no haber sido la única vía para la evolución.

En 1980, John O’Keefe del Goddard Space Flight Center de la NASA propuso que la Tierra pudo haber tenido un sistema de anillos similares a los de Saturno durante un breve período. O’Keefe señaló que los datos climáticos indican inviernos más fríos en el final de la época del Eoceno, hace unos 34 millones de años.

Aproximadamente durante esa época se produjo una lluvia de tectitas, rocas vidriosas de apenas unos centímetros y que tienen su origen en el espacio.

Estas podrían haber caído sobre la Tierra procedentes de un anillo de polvo que la habría rodeado. Con un sistema de anillos, no habríamos disfrutado de algo parecido a nuestras oscuras noches sin luna, un brillante arco se extendería en el cielo de horizonte a horizonte.

La vida que evolucionaría en este mundo sin luna pero con un disco de polvo lo haría sin un ciclo nocturno, además de a los extremos climas estacionales.

Pero nuestra luna y sus fuerzas de marea eliminaron rápidamente este hipotético y romántico anillo.

En 2002 disfrutamos de otro remake que en parte me gustaría olvidad, La máquina del tiempo (que lamentablemente tiene muy poco que ver con la novela original de HG Wells), nos muestra que las operaciones mineras en la Luna accidentalmente destruyeron nuestro satélite, la Tierra sigue una vez más el consiguiente guión de la destrucción global.

Bueno, la realidad es que destruir un mundo como la Luna mediante explosiones nucleares parece un imposible, sería algo así como que un mosquito que chocase con un rascacielos pudiese provocar que este se viniese abajo.

Solo un objeto con una masa cercana a la de la misma Luna podría llegar a causar tal destrucción, y los astros errantes de ese tamaño dejaron de existir hace miles de millones de años. Quizás Nibiru, el hogar de los unicornios, los extraterrestres y Bigfoot pueda impactar algún día con nuestra Luna.

Hubo otra película/serie aun más demencial que se estreno en 2009, no es otra que Impact, un trozo de enana marrón (si, lo juro, un trozo de enana marrón) se escondía en una lluvia de estrellas e impacto con nuestra luna, fracturándola y cambiando su órbita.

Este cambio provoco una serie de catástrofes a nivel global en los que, incluso los coches podían volar. Finalmente, para resolver la situación decidimos romper nuestra Luna en dos para que cada mitad pase por cada lado de la Tierra… sin comentarios, pero es posiblemente la peor película de ciencia ficción que haya visto jamás.

La teoría del caos predice que el sistema solar podría volverse gravitacionalmente inestable en algún momento en el futuro.

En 2009, Laskar realizo una serie de simulaciones informáticas en las que aplico algunas inestabilidades orbitales durante los próximos cinco millones de años.

El resultado es que en solo 25 de las 2.501 simulaciones, las órbitas de los planetas se vieron severamente alteradas. Esto significa que hay una muy pequeña pero finita probabilidad de que Marte pudiese, eventualmente, ser lanzado a toda velocidad hacia nosotros y, posiblemente, chocase con la Luna.

Basándose en las evidencias encontradas en las muestras lunares de las diferentes misiones Apolo, el astrónomo planetario Bill Hartman desarrolló, en la década de 1970, la hipótesis que nos mostraba que la Luna nació a raíz de una de esas brutales colisiones hace 4.400 millones años, una imagen que nos mostraba que la Tierra chocó con el hipotético protoplaneta Theia, un mundo que habría tenido el tamaño de Marte. Modelos posteriores desarrollados por Robin Canup de la universidad de Colorado, mostraron cómo parte de los escombros expulsados tras la colisión ​​se unieron para formar la Luna.

Peter Ward y Don Brownlee han utilizado esta teoría para construir su ‘hipótesis de la tierra especial (o rara)’, en ella nos indican que la vida surgió en nuestro planeta debido a una gran coincidencia de eventos y circunstancias astronómicas y geológicas.

Aunque en contra de esta hipótesis tenemos nuestros mejores observatorios, tanto terrestres como espaciales, estos nos muestran como los sistemas planetarios sufren variaciones a lo largo de su existencia, de forma similar a lo ocurrido en el nuestro.

Las colisiones en los jóvenes sistemas solares pueden ser comunes, por lo que pensar que otros satélites han nacido debido a un choque cósmico no es nada ilógico y podrían ser muy comunes en el universo.

De ser así, otros extraterrestres podrían estar paseando por la playa a la luz de una exoluna.

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