La Tercera Revolución Industrial

La Tercera Revolución Industrial
Fuente imagen: emergingworld.com
A estas alturas todos nos damos cuenta que estamos viajando hacia algún tipo de nueva era.

Las crisis y consecuentes transformaciones, las tensiones entre lo antiguo y lo que está por acontecer… Están por todas partes.

Son una de nuestras preocupaciones.

¿Pero, hacia dónde vamos?

Según parece, y cada vez de manera algo más clara, vamos hacia una nueva revolución integral.

Comparativamente a lo que sucedió con la segunda revolución industrial (alrededor de 1850 hasta 1900), que estuvo precedida de una auténtica revolución sociopolítica acaecida desde la revolución francesa (1789-1804).

Y por la incubación de ideas previas desde la Ilustración, y seguidamente por la transformación de las ciudades, del formato familiar, la política y la geopolítica, etcétera, ahora estamos viviendo un proceso de tamaña consideración.
Es la Tercera Revolución Industrial. Aunque se le está llamando así a diversos fenómenos más concretos, desde la invención de la impresora 3D o la revolución de las energías renovables (que son sólo una punta del iceberg).

En conjunto, es una auténtica revolución tecnológica acompañada de cambios de paradigmas culturales, de transformaciones sociales, políticas y económicas.

¿Qué es una revolución industrial? Es aquella transformación de los procesos de conversión de materias primas en productos, disruptiva o radical, que transforma también de forma intrínseca la sociedad, la ciencia, la cultura y la economía debido a los cambios de paradigmas que conlleva y sus consecuencias.

A continuación trataré de definir las claves que creo más importantes de la Tercera Revolución Industrial, que ya desde los años 80 se predecía (e incluso se marca su inicio con la revolución informática), y nos está marcando el presente e incluso el futuro. Tenemos que saber algo más sobre ella. Estará tratado en dos partes porque da para largo el tema.

La revolución digital

Esta es sin duda la sala de recepción de la Tercera Revolución Industrial (de ahora en adelante TRI, notando que en inglés lo podremos encontrar como TIR). La relación con la TRI se encuentra en esta revolución que se inició en los años 80.

La aparición de ordenadores asequibles en múltiples aspectos en una sociedad consumista hizo llegar los Personal Computer a muchas familias, desde entonces, de forma progresiva. También la evolución y el desarrollo de la tecnología electrónica que estimuló un nuevo tipo de economía permitieron que la tecnología digital llegara de forma masiva a nuestras vidas: la guerra contra lo analógico comenzó.

En este camino encontramos también la evolución de Internet, permitiendo la conexión de negocios, instituciones y luego personas individuales progresivamente. Fue una revolución en las telecomunicaciones, el inicio y desarrollo de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Incluímos la aparición de la telefonía móvil. Mails y conexión casi instantánea, comunicación con un poder de mayor movilidad y libertad, nuevas formas de vender productos y servicios, la generación de nuevos servicios derivados de esta pequeña revolución, etcétera.

Por otro lado, hablemos de los tableros de internet a los foros, y de los foros a las redes sociales, hasta ahora. Abrieron camino a las TEP (Tecnologías del Empoderamiento Personal), y una nueva forma de imaginar la conectividad social. LinkedIn aclaró este paradigma: han difundido bien la teoría de los 6 grados y el poder que nos puede dar a través de estas mismas tecnologías.

Un nuevo paso hacia nuevos paradigmas de trabajo, de organización social, y de distribución cultural han emergido. También podemos añadir las políticas que, desde la década pasada, han estimulado la inserción de la tecnología informática en cada casa,

Todo esto de forma escatimadamente resumida, espero me disculpen, nos explican la apertura de los nuevos paradigmas de la TIR. Han transformado la forma de ver cómo estamos conectados de forma virtual y real. Se transgreden las antiguas formas de trabajo, geodeslocalizado. Generan nuevas economías. Influye en diversos ámbitos de nuestra vida, por no decir ya casi todos.

De aquí también emergió la cibercultura, donde el dualismo se torna líquido, y muchas ideas de entender el mundo: ¿dónde queda el límite entre trabajo-no trabajo? ¿entre vida privada-pública?

 ¿Entre lo virtual y lo real? ¿Entre el cuerpo y la mente?

Otra de las claves de esta nueva revolución industrial, o mejor dicho, de la producción, es una nueva forma de entender la producción… o tal vez no tan nueva. Son microtendencias, y tendencias generales que tienden a descentralizar la producción, al menos de manera parcial o como la hemos entendido.

Por un lado encontramos tecnologías como las impresoras 3D, cada vez más baratas así como los materiales de impresión (además de diversificarse un tanto), cuyo proceso de asimilación doméstica es afín a la de los PC en las dos últimas décadas del siglo XX.

Dicho de otro modo, probablemente en poco tiempo o medio plazo tengamos una impresora 3D en casa o tengamos acceso a una. Pero la atractividad de las impresoras 3D se debe a las indefinidas posibilidades a las que se ofrece: producir objetos para diversas finalidades (ocio, decoración, herramientas, arte,…), así como crear piezas para reparar objetos.

Esto no significa que cualquier persona podrá crear estas piezas de cero: el diseño 3D requiere conocimientos y una programación específica.

Sin embargo, ya conocemos de múltiples sitios web donde se pueden descargar diseños 3D por precios módicos o incluso gratuitos, y que pueden ser reproducidos todas las veces que se quiera: piezas de arte, botones, juguetes, utensilios, etcétera.

El movimiento Maker, del que ya hemos hablado en este blog en alguna que otra ocasión, aboga por la modificación y la mejora de tecnología (hackear) y los objetos cotidianos, o el uso de la tecnología más puntera para procesos “tradicionales” o cotidianos (como las propias impresoras 3D); por la divulgación de conocimientos técnicos, y el apoyo esencial en ideas como el DIY (Hazlo tú) y el DIWO (Hazlo con otros); el empoderamiento personal en materia tecnológica y el código abierto más allá de lo virtual.

El movimiento “Crafter”, o de la nueva artesanía, aboga de nuevo por el DIY, y por aprender técnicas tradicionales, y algunas incluso esenciales para el ser humano, como el arte de cocinar, o la capacidad de remendar con maestría la ropa que se nos desgasta un poco.

Muchos emprendedores, jóvenes de 20 a 40 años, que aprenden técnicas tradicionales bajo nuevos prismas se lanzan a la creación de PYMEs dedicadas a vender productos artesanales. También se observa un incipiente interés de adquirir objetos de mejor calidad y durabilidad sin perder innovación.

Ambos movimientos responden a muchas inquietudes respecto al antiguo sistema, que se ha presentado insostenible a nivel económico, ecológico, social y político. La crítica al consumismo y sus múltiples consecuencias.

La crítica a la obsolescencia programada o planificada que nos obliga a desechar útiles que de otro modo nos habrían servido felizmente más tiempo.

La crítica al desempoderamiento y la “analfabetización” tecnológica arrastrada desde la Segunda Revolución Industrial y especialmente desde la implantación de la sociedad consumista más agresiva (la pérdida de los conocimientos técnicos que parecen ser básicos, antes mencionados) y nos desprotegen y nos dejan impotentes ante necesidades básicas: una nutrición correcta, una cobertura térmica eficiente (ropa), un equilibrio económico doméstico eficiente,…

Valga decir que este proceso tiene un ligamen con el proceso del consumidor convertido a prosumidor (producto+consumidor), saltando del mero interés en participar en el proceso de costumización o personalización de productos para masas, a ser productores y creadores de productos para sí mismos o para segmentos de mercado más geolocales o concretos.

Muchos expertos en startups tecnológicas, con cierta relación a todo esto, hablan de un nuevo modelo de negocio basado en la “cola larga” o “long tail”.

Debido a la segmentación de “las masas consumidoras”, han observado que lanzar un solo producto, producido en masa, y tratar de explotarlo al máximo, ya no funciona.

La idea es vender una variedad de productos, los cuales venden cada uno de forma limitada, pero en conjunto permiten la viabilidad de un negocio. La idea también es diversificar, y además abaratar costes de almacenamiento.

Algunos makers y artesanos profesionales usan este modelo de negocio, así como negocios basados en Internet como Netflix.

Finalmente, en este punto, valga la pena comentar el abaratamiento y democratización, y en general el poder de las TIC, lo que permite controlar mecanismos de difusión y comunicación para vender productos, y la divulgación de las técnicas básicas de marketing, especialmente la de guerrilla 2.0.

Es lo que algunos han llamado “marketing (casi) a coste 0″. Hacer una campaña de publicidad básica puede parecer a veces más barata que nunca -a pesar de continuar con una sobreexplotación de los impactos publicitarios en los medios.

A diferencia de otras revoluciones industriales que acompañan a nuevas revoluciones agrícolas, o éstas las anteceden, en ésta la innovación se encuentra en la redefinición de las prioridades, la ética ambiental y tecnológica aplicada, y la gestión de recursos y el espacio de cultivo.

Recordemos que está muy bien hablar de tecnologías virtuales o punteras, pero la base de la sustentación humana está en los recursos más primordiales.

Ciertamente se acompañará de pequeñas innovaciones tecnológicas, como la “ciborgización” de las plantas o el uso del Internet de las Cosas para gestionar campos de conreo y producción ramadera.

La nueva agricultura gira entorno a preocupaciones medioambientales que le afectan directa e indirectamente, y por extensión al ser humano que consume alimentos, como el uso de pesticidas, abonos y otros productos con elementos tóxicos, o el uso de controvertidos productos transgénicos respecto la salud, y la destrucción de la biodiversidad de especies vegetales y animales, ahora que sabemos que es más útil y eficiente cuando se combinan.

También percibe la necesaria y útil distribución de los alimentos de forma más local, a pesar de que la distribución hoy en día puede permitir que un producto llegue relativamente fresco a la otra punta del mundo. Sostenibilidad social, ecológica y económica en todos sus amplios sentidos son importantes para una nueva agricultura eficiente.

Parece que las nuevas fórmulas serán de pequeños productores y cooperativas, hasta el punto de que aparezcan las casas autosuficientes.

La tendencia de los huertos urbanos y los huertos monofamiliares recuerdan la producción de alimentos autosuficientes en pequeñas comunidades (que ahora serán pueblos, comunidades de vecinos, barrios).

La realidad es que esta aplicación se enfoca al cultivo de una gama de alimentos limitada, por lo que agricultores más especializados, así como los cultivos que requieren de extensiones más amplias como para el cereal, siempre serán vitales.

Y seguramente no todo el mundo podrá ni querrá cuidar de un huerto colectivo. Pero podría ser el resurgir de aquellos pequeños huertos domésticos que se vivieron en otras épocas históricas.

Esto último no es una clave importante de la TRI, los huertos urbanos, pero sí una tendencia muy relacionada.

Aquí podéis leerla parte II, donde se habla de energías renovables, la destrucción y creación de trabajo, el neoludismo, el poder lateral o cultura colaborativa, la revolución del conocimiento y las transformaciones de las “industrias creativas”, concluyendo con unas reflexiones, y algunas referencias bibliográficas y webgráficas de donde se ha extraído la información y puede ser de vuestro interés

Como veréis, todo esto es más teórico pues lo que creemos que es la tercera revolución industrial aun está aconteciendo. Hablamos de macrotendencias, tendencias y movimientos que ya comenzaron o se están manifestando, y otras de posibles futuras. Bien hallado sea el análisis histórico una vez haya pasado.

Según el autor del libro “La Tercera Revolución Industrial”, Jeremy Rifkin, la clave para apoyar toda la revolución industrial está en las energías renovables, o verdes.

Es un hecho que cualquier revolución tecnológica, de por sí disruptiva, necesita formas de recolectar y gestionar los recursos energéticos adaptados a las necesidades de una sociedad.

En nuestro caso son las energías “verdes”. Relativamente ilimitadas, accesibles y repartidas por todo el mundo como lo son el viento o el sol, según Rifkin son las energías clave para una revolución adecuada, surgida de la percepción que los recursos anteriormente usados son limitados, y que el uso de muchos de ellos tienen unas consecuencias a medio y largo plazo negativas o muy negativas, como las que proceden del uso de combustibles fósiles o la energía nuclear de fisión.

La propuesta de Rifkin, y otros cuantos expertos, es usar las superfícies urbanas, especialmente los edificios, y convertir a estos últimos prácticamente en autosuficientes.

Para que ello sea factible, Rifkin propone 5 pilares que se resumen en: usar las energías renovables, la instalación de pequeñas productoras de energía renovable en los edificios, la instalación de tecnología de almacenamiento de los excedentes de energía en los mismos edificios, la gestión del excedente de energía a través de internet y una red eléctrica similar para poder venderla a áreas con necesidad, y la transformación de los transportes a eléctricos.

No sin muchas críticas por parte de economistas teóricos debido a su baja formación en teoría de economía contemporánea, así como otros críticos partidarios de modelos antiguos remendados ante los cambios (nuevas formas de capitalismo, sistemas sociales anteriores, etcétera), alguns entendidos en diversos ámbitos comentan la necesidad de aplicar las energías renovables no sólo porque las otras fuentes parecen más limitadas, sino por la necesidad medioambiental de encontrar una forma más sostenible de generar energía, y a ser posible, barata.

Parece que sea el punto de la energía el más controvertido. La misma historia de siempre: quien controla la energía tiene un gran poder. Es interesante el acercamiento desde la democratización de la energía, sin duda alguna.

Destrucción de trabajo, aparición de nuevos modelos de trabajo, los nuevos analfabetos y neoludismo

El trabajo, en la manera de entenderlo, se está transformando para la mayoría de sectores económicos: desde la aparición del trabajo a distancia y la mayor facilidad a trabajar telemáticamente desde casi cualquier parte del mundo, pasando por coordinar trabajos en equipo a un tiempo prácticamente real, hasta la devaluación de ciertas profesiones, la transformación de otras, y la aparición de otras nuevas.

Estas transformaciones mayoritariamente vienen dadas por la tecnología. Por un lado, aparecen nuevas tecnologías (robots y softwares inteligentes, por ejemplo) que pueden sustituir ciertos procesos o incluso un trabajo completo.

Por otro, debido a estas nuevas tecnologías, se necesitan profesionales que sepan cubrir nuevas necesidades de mantenimiento y reparación (como algunas historias de la Segunda Revolución Industrial, el arquetipo del obrero despedido al ser sustituido por una máquina, hasta que encuentra trabajo reparándola y cuidándola), o cubran nuevas necesidades (como por ejemplo el Community Manager, un especialista que se encarga de gestionar y administrar cuentas de redes sociales para empresas y marcas), o se transformen otras (el paso del documentalista al buscado “Content Curator”).

También se habla mucho del emprendedor autónomo. Se comenta que, en parte por las recesiones económicas, y todo un batiburrillo de factores, los profesionales libres o freelance especializados en servicios concretos serán cada vez más necesarios para externalizar necesidades que pueden aparecer ocasionalmente en una empresa.

A todo esto le podemos añadir que la revolución digital, que está disponiendo en este caso nuevas formas de entender el trabajo, está generando lo que se conoce como “analfabetos digitales”.

Son personas que por desinterés o por no poder realmente acceder a un simple ordenador desconocen el uso de las nuevas tecnologías o TIC y redes sociales, e incluso la ofimática más básica, lo que las deja fuera del circuito de estos nuevos puestos de trabajo, y más tradicionales también.

Por tanto, tampoco hay que fiarse que esta nueva revolución industrial generará más empleo, algunas desigualdades sociales pueden remarcarse y agravarse más aun. Sencillamente es un punto muy importante a tener en consideración para diseñar políticas adecuadas y reflexionar en términos de viabilidad y sostenibilidad social.

Las dos anteriores revoluciones industriales (la primera en el siglo XVIII y la segunda revolución en la segunda mitad del siglo XIX) estuvieron acompañadas de movimientos reaccionarios, especialmente de movimientos luditas.

Y ya desde los noventa se incubó el neoludismo, un movimiento que teme el lado más oscuro de lo que estas revoluciones pueden afectar a la humanidad: no sólo va del temor a la destrucción de puestos de trabajo y la aparición de nuevas desigualdades sociales, sino de miedo a las transformaciones del propio ser humano en términos transhumanistas y posthumanistas.

Es más que posible que ante estos cambios sigan apareciendo críticas radicales a las nuevas tecnologías.

Como comprobaréis, se engloba en este concepto de la TRI transformaciones que pueden ir más allá de lo que clásicamente se entiende por industrial. Tras abandonar la era postindustrial, nos damos cuenta que se han englobado muchos ámbitos en la industria que se llevan a debate.

Hemos entrado en una era donde el conocimiento, la información y la creación consecuentemente se están transformando en potentes motores económicos, además de tener un valor en general más significativo.

Sin ir más lejos, todo internet se fundamenta en datos, así como la tecnología informática. Las bases de datos pueden tener valores económicos exorbitantes en el mercado.

Los datos de las personas son centro de extensas tensiones entre los intereses económicos y los éticos: la privacidad, la intimidad,… La propia accesibilidad de internet crea la sugestión de poder y deber acceder a cuanta más información mejor. Los nuevos valores de trabajo giran en torno a estar muy informados.

Hasta existe la ansiedad de la sobreinformación.

Podríamos seguir extensas páginas enumerando de forma cronológica o bajo cualquier otra ordenación cómo la información y el acceso al conocimiento se están configurando como importantes valores en nuestras sociedades.

Algunos países nórdicos, por ejemplo, como Islandia de manera especial, están virando si no lo han hecho ya hacia la estimulación y potenciación de las industrias culturales y creativas como motores económicos. En Islandia éstas siguen a la pesca del bacalao, su principal fuente de ingresos.

Ahora bien. Uno de los mayores debates que se dan intensamente en España y fuera de aquí es sobre si la cultura es tratable como “industria”.

 ¿Podemos hablar de productos culturales como si de “cosas” envasables se trataran? Se habla de la viabilidad económica de esos “productos” culturales, pero no de su valor social o cultural intrínseco, como si no fuera importante, cuando es todo lo contrario.

Lo que había importado es el dinero, la generación de beneficios.

Tampoco podemos tratar el proceso creativo como técnicas de producción. Los que lo han probado, los propios artistas y creadores, lo saben bien. No se puede producir en cadena, aunque se intente.

Sin confundir la reproducción de las creaciones en formatos de difusión tangibles como el libro o el disco. Se habla pues de (alta) cultura vs. entretenimiento; ha dividido sectores o pensadores acerca de la creación cultural desde que se industrializó; se habla de generar productos culturales vacíos de contenido (es como un oximoron) debido al consumismo… Debates intensos sin duda, más importantes aun.

La revolución digital ha dado lugar a un nuevo concepto: la cultura libre. Ha reabierto la idea que la cultura es la identidad de una sociedad intrínsecamente, es imposible separarlas, desde el momento en que se habla un idioma, se comparten memes culturales, etcétera.

Por ese motivo, entendiendo que es patrimonio común, los nuevos debates han girado sobre nuevas formas de distribución, nuevas formas de retribuir a los artistas y creadores, nuevos “modelos de negocio” para la cultura ayudados por las TIC, TAC y TEP. Nuevas formas, o no tan nuevas, de entender qué es la cultura.

Aunque el sector cultural se ha tambaleado soberanamente con las políticas económicas de austeridad y recortes, y las industrias culturales se están sorprendiendo ante todo el cambio, estamos ante un sector del que no queda claro su futuro.

No hay ningún tipo de consenso sobre lo adecuado a aplicar, y qué rumbos tomar, o al menos de forma aparente.

Unos apuestan por destruir el concepto industria y gestionar la cultura adecuadamente respetando su valor social y estatus sin perder la viabilidad económica, usando las nuevas herramientas digitales, mientras que en el otro extremo están los que quieren preservar el statu quo anterior, donde lo digital se queda como mera herramienta de marketing.

Para citar una industria creativa interesante en este contexto es la del videojuego. Es propia y “natural” de la revolución digital, como tal. No es necesario insistir en que es un potente motor económico en diversos países y en la red. Y por mencionar, generan economías virtuales (véase el caso de los goldfarmers en el videojuego online World of Warcraft) que inspiran nuevos modelos de negocio.

También nuevos paradigmas culturales enfocados hacia la gamificación o ludificación en su más amplio sentido hacen su incursión: comenzar a entender el trabajo como algo serio a la vez que divertido y motivador, con un sentido profundo para las personas.

Finalmente, las tecnologías del Aprendizaje y el Conocimiento (TAC), que son aquellas tecnologías que permiten la difusión de la enseñanza y el conocimiento (desde enciclopedias wikis hasta MOOCs) van tomando especial relevancia.

La formación a distancia ha ido tomando estos últimos años nuevos sentidos y configuraciones, hasta el punto de que plataformas como Coursera.org, que ofrecen una ingente cantidad de cursos de calidad de diversos temas impartidas por universidades de todo el mundo, de forma gratuita para los miles y miles de estudiantes.

Están ganando una tremenda popularidad en la red.

Estas “industrias” parece que estén tomando nuevos significados en la sociedad, así como importancia, y en esta TRI tendrán un papel importante seguramente de cara a la formación y a la difusión de proyectos. Ahora mismo, dados los hechos, está en una importante transformación casi integral, dicho sector.

La necesidad de nuevas fórmulas de organización social. Poder lateral o cultura colaborativa

Como han explicado múltiples entendidos en diversos sectores y en todo el mundo, lo más seguro es que para que esta revolución -que parece ir más allá de lo meramente industrial, y sus fronteras quedan líquidas, difusas- sea o bien necesario, o bien consecuente, que la sociedad se configure hacia modelos más horizontales y colaborativos.

Volviendo a Rifkin, él habla del “poder lateral”. Un poder basado en un modelo rizomático, es decir horizontal con nodos de conexiones, que en su opinión serán fundamentales para los nuevos modelos de recolección y distribución energética. Este poder hará que impacte en la forma de entender otras áreas de la sociedad, como la política. Al fin y al cabo, poder distribuir, regular y capturar energía es uno de los mayores poderes desde que Prometeo concedió el fuego al humano.

El consumo colaborativo es una de esas visiones muy comentadas también últimamente, y de ser el modelo de consumo que se imponga, se moldeará perfectamente como eslabón final de la cadena de producción: de la idea a la persona. En la web de consumocolaborativo.com nos lo definen así


“El Consumo Colaborativo se puede definir como la manera tradicional de compartir, intercambiar, prestar, alquilar y regalar redefinida a través de la tecnología moderna y las comunidades“

Nociones como sostenibilidad social, ecológica o cultural también se posicionan en la órbita de estas ideas. Al fin y al cabo la economía se puede ir redefiniendo partiendo de su base original: la administración de los recursos.

Quisiera recordar que esto no es un blog de economía, sino de sociedad y cultura, por lo que para nociones y evaluaciones más avanzadas en este campo, se recomienda dirigirse a los expertos en economía.

Las economías virtuales y las monedas virtuales (bitcoins o lo que sea) ya han aparecido y van tomando posiciones también.

El modelo de trabajo también podría tender a ser en red y colaborativo. Como comentábamos en un anterior apartado, el trabajo y su forma de entenderse están cambiando drásticamente. Hablábamos del DIWO en este blog al hablar de los Makers.

Es el Do It with Others, o Hazlo con Otros. Las formas de trabajar en red para solventar problemas dan buenos resultados, en un mundo donde la hiperinformación y la gran cantidad de conocimientos precisan de especialistas, y sencillamente de personas, que deben interconectarse para crear grupos de trabajo pluridisciplinares. Los trabajos se segmentan en pequeñas tareas, y se trabaja en “crowdsourcing”.

La forma de trabajar de los equipos en proyectos de código abierto dan buena muestra. La manifestación de este paradigma podría verse en Stack Overflow, un foro para desarrolladores informáticos. -Gracias Maxi

Modelos más horizontales inspirados por las redes sociales…

Reflexiones derivadas de todo esto

Estas dos partes pretenden acercar a varios puntos clave de lo que se está configurando como Tercera Revolución Industrial.

Como se ha insistido en la primera parte, es prácticamente imposible saber qué será realmente de la TRI, pues estamos en la fase de construcción, al principio.

Las claves que aquí se han definido están en un punto que podrían dejar de ser clave, existe esa posibilidad. La metodología para definir las claves ha sido en base al rastreo de fuentes de información que ya hablan de la TRI, o sease, recopilación de información y su consecuente análisis; el análisis de megatendencias, tendencias y microtendencias cruzadas y relacionadas que ya existen y sufren un aumento de actividad e interés, además de tener un punto mínimo de disrupción (que representa una ruptura más bien brusca) que casa con los patrones que describen otros expertos acerca de la TRI; y la evaluación del contexto actual.

Aunque esto sean puntos clave y se hagan pequeñas evaluaciones, es importante pues tener en cuenta que lo aquí dicho puede obsoletarse en cuestión de pocos años, como todo intento de pronóstico de futuro, aunque sea inmediato o a medio plazo. Se habla de lo que ya es pero también de lo que podría ser.

Ciertamente la TRI ya está aquí, pero sólo está en su punto de inicio, iniciando su construcción, y lo que ahora parece que se consolida poco a poco podría ser modificado o sustituido por nuevos conceptos, modelos y estructuras. Ante una época donde los “antiguos regimenes” siguen tensando la sociedad frente las disrupciones, esta es la situación.

Lo que sí sabemos es que muchos modelos económicos, de producción, sociales y culturales están transformándose de forma brutal en las sociedades conectadas a Internet, y desde el punto de vista histórico, estamos claramente ante una época de impasse que precede a una nueva fase histórica integral. El concepto “industria” está cambiando.

Hablando de Historia, otro punto interesante a evaluar es la tendencia a tratar de equiparar la TRI con las dos anteriores revoluciones industriales.

Ni siquiera queda claro si llamarle Tercera Revolución Industrial sería lo más acertado. Es lo que tiene tratar de poner un nombre a una fase que aun no ha pasado ¿Cómo habrían llamado los humanos del Neolítico de ser conscientes a su fase histórica?

Se buscan patrones y, bajo la creencia de la Historia cíclica, se trata de sobreponer los anteriores modelos para configurar el futuro (digresión: interesante campo de investigación). Un modelo muy relacionado es el que nos dice que tras sufrir “el fin de la Historia“, una idea hegeliana y marxista bastante popular, volvemos a una fase “tribal”.

Estaría ideal poder profundizar con más datos, más recursos (guiño, guiño), y un equipo de investigación pluridisciplinar para poder aclarar hacia donde vamos y qué se está construyendo. Animo a aquellos que quieran indagar que lo hagan. ¡Y si ya se tienen datos, compartidlos por aquí!

Sé que estos textos han sido algo farrafosos. Es complicado exponer de forma sintetizada el volumen de información alrededor de la TRI que existe. Espero que os sea de algún tipo de interés.

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Bibliografía/Webgrafía usada y recomendada

Anderson, Chris. La nueva Revolución Industrial. Conferencia en Tijuana Innovadora 2010
7 series viejas de TV que marcaron nuestra niñez ( Quinta parte)
 Creative Commons.