La Edad Media ... los grandes imperios ( Tercera parte)

La Edad Media ... los grandes imperios


Seguimos hablando de la edad media,religión , castigos y pecados ...

Aquel que sólo desee en su mente cometer fornicación, pero sea incapaz de realizarla, hará penitencia durante un año, sobre todo, en tres periodos de cuarenta días.

Aquel que voluntariamente polucione durante el sueño, se levantará y cantará nueve salmos en orden, de rodillas.

Al siguiente día, se mantendrá de pan y agua.

El clérigo que fornique en alguna ocasión, hará penitencia durante un año, a pan y agua; si engendra un hijo, hará penitencia por siete años en el exilio; lo mismo hará quien haya sido virgen.
Quien ame a cualquier mujer, pero sin realizar maldad alguna, más allá de unas cuantas conversaciones, hará penitencia durante cuarenta días.

El casado deberá ser continente durante tres períodos de cuarenta días, los sábados y los domingos —día y noche—, así como los dos días a la semana señalados [miércoles y viernes], y después de la concepción, y durante todo el periodo menstrual.

Después de un parto, el hombre deberá abstenerse, si es un hijo, durante treinta y tres días; si es una hija, durante sesenta y seis días.

A los muchachos que estén hablando solos y transgredan las regulaciones de los mayores [del monasterio] , se les corregirá mediante tres ayunos especiales.

A los niños que imiten el acto le fornicación, veinte días; silo hacen con frecuencia, entonces, cuarenta días.

Pero los muchachos de veinte años que practiquen la masturbación juntos y lo confiesen [harán penitencia pon veinte o cuarenta días, antes de recibir la comunión.

También en los penitenciales se afirma que el esclavo que ha cometido un delito por orden de su dueño no es culpable de tal, acusando al propietario de ese esclavo de la fechoría. Incluso se llega a mencionar algunos casos de amos que matan a sus esclavos y están obligados a cumplir cinco años de penitencia. El amo que violaba a su esclava debía manumitirla.

Durante el siglo IX los actos de venganza serán muy perseguidos por la Iglesia, al igual que el asesinato de la mujer por parte del marido.

Estos nuevos cambios están directamente relacionados con la renovación carolingia que trae consigo un cambio social.

Gracias a la monogamia y la indisolubilidad del matrimonio se produciría un aumento de los asesinatos conyugales, práctica que antes se regulaba con la poligamia y que en estos momentos la Iglesia desea controlar.

Por esta razón la Iglesia consideró este homicidio como el más grave, comparándolo al del señor y el del padre.

En el mismo plano se colocaría el de la mujer que envenena al marido. El castigo pasaría de un ayuno de catorce años a ayuno de perpetuo. De esta manera se igualaban -en algunos aspectos- hombre y mujer.

El adulterio también sufrió un fuerte aumento en lo que a la penitencia se refiere.

De tres años de ayuno pasó a seis. También en los penitenciales encontramos consejos de abstinencia sexual en determinados días: tres días antes del domingo, las cuaresmas de Pascua y Navidad y los días de fiesta.

De esta manera, el matrimonio sólo tenía unos 200 días para realizar el acto sexual.

La Iglesia también persigue el aborto, los contraceptivos, las mutilaciones y la desnudez, así como el contacto carnal durante las menstruaciones y el alumbramiento, destacando que el contacto sexual tiene como finalidad la procreación.

El gran culpable de estos pecados cometidos por los débiles creyentes era el diablo, Satán. En la Edad Media se integró al diablo en la vida cotidianitica.

La magia, la adivinación y los conjuros se presentaron como elementos demoníacos.

El miedo a Satán se adueñó de la vida medieval aunque la gracia de Dios y la cercanía de los santos estaban allí para remediarlo.

Y para ello el creyente cuenta con los sacramentos. El bautismo quedó relegado a los niños en época carolingia ya que se consideró como una integración en la Iglesia.

La eucaristía sufrió un cambio revelador al exigirse a las mujeres que envolviesen sus manos en un pliegue de su vestido cuando recibían el cuerpo de Cristo.

Entre las virtudes de un buen cristiano encontramos la fe, la esperanza, la justicia, la prudencia, la fuerza, la temperancia, la moderación, la fidelidad, la caridad y la oración.

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Tomando como precedente el Derecho romano, la mayoría de los pueblos bárbaros que atacaron el Imperio Romano de Occidente y se asentaron en sus territorios desarrollaron una importante labor legislativa que conocemos gracias a las numerosas recopilaciones efectuadas por diversos reyes.

En ellas se recogen normas tanto de origen latino como germánico, estableciendo una jurisprudencia con la que se regula la vida cotidiana.

Al estar desprovistos de escritura durante un tiempo, algunos pueblos bárbaros , como merovingios, burgundios o francos, utilizaron a especialistas que se aprendían los códigos de memoria.

Estos hombres eran los portadores de la ley al memorizar los artículos para dictar las sentencias a los jueces.

Nadie más conocía las leyes hasta que no pudieron ser recogidas por escrito en los diferentes códigos como el de Eurico o el Breviario de Alarico.

Alarico II encargó a una comisión de juristas prudentes (nobles y obispos) que redactaran el Código, que posteriormente sería aprobada en una Asamblea de provinciales y de obispos.

El conde Aniano fue el encargado regio de extender y autorizar las copias auténticas del Código.

Esta circunstancia dio pie para que a partir del siglo XVI se utilizase la expresión 'Breviarium Anianum' como sinónimo de este Código.

Se trata de una ley muy importante para su tiempo, transcendiendo las fronteras del reino visigodo.

El Código se limita a recoger y estructurar las fuentes tradicionales del Derecho romano, en algunas ocasiones, la trascripción de no fue literal y se buscó una adaptación a las necesidades de la época.

El Código de Alarico II, o Breviario de Alarico, responde a la necesidad que tiene el pueblo hispanorromano de disponer de un cuerpo de leyes claro y actual por el que se habría de regir el pueblo vencido frente a los visigodos, que ya disponían del Código de Eurico.

Se conserva un buen número de ejemplos (germánicos) de castigos y multas ante determinados delitos, pudiéndose apreciar que el robo era uno de los más duramente castigados.

Robar un tarro de miel por parte de un esclavo podía costarle la horca mientras que la muerte era castigada en numerosas ocasiones con el pago de una suma de dinero.

Matar a uno de los miembros de la guardia del rey costaba 600 monedas de oro, la multa más alta en cuestiones de asesinato.

La ley salia castigaba con 300 sueldos a quien asesinara al comensal del rey. Cualquier animal doméstico que aplaste o devore pámpanos o racimos de los huertos privados será castigado con la muerte.

La Ley Sálica o Salia o más exactamente, las leyes sálicas, fueron un cuerpo de leyes promulgadas a principios del Siglo V por el rey Clodoveo I de los francos.

Debe su nombre a la tribu de los Francos Salios. Fue la base de la legislación de los reyes francos hasta que en el Siglo XII el reino de los francos desapareció, y con él sus leyes.

Este código regía las cuestiones de herencia, crímenes, lesiones, robo, etc. y fue un importante elemento aglutinador en un reino como el franco, compuesto por varios grupos y etnias.

Una parte muy concreta de este código que sobrevivió a los reyes francos y pervivió en la historia europea durante varios siglos: establecía la prohibición de que una mujer heredara el trono de Francia, y fue aprobada en 1317. (Wikipedia)

El asesinato de una mujer joven en edad de procrear era castigado con 600 sueldos mientras que si la mujer moría tras sufrir la menopausia, su asesino sólo era castigado a 200 sueldos.

Esto demuestra como la sociedad germánica defendía la natalidad. Una embarazada asesinada tenía un castigo de 700 sueldos -más 600 sueldos si el feto era varón- pero si era el niño el muerto tras el consiguiente aborto, el asesino debía pagar 100 sueldos de multa.

La muerte de un joven varón de menos de 12 años se castigaba con 600 sueldos mientras que una niña de esa edad sólo "valía" 200 sueldos.

Para fomentar la natalidad, el rey Gontran estableció que aquella mujer que proporcionara hierbas o plantas abortivas a otra debía de pagar 62 sueldos y medio.

Si era un cuadrúpedo doméstico quien mataba a un hombre, su propietario debía de pagar la mitad de la multa por homicidio, recibiendo la familia del finado el animal como "compensación". Quien desvalije una despensa deberá pagar 15 sueldos si la despensa no tiene llave y 45 si la tiene.

El que robaba un perro debía de abrazar el trasero del animal en público. Si se negaba a ese deshonor pagaba 5 sueldos al dueño y dos de multa.

El robo de un ciervo doméstico se castigaba con 45 sueldos. El robo del halcón sobre su percha tenía una multa de 15 sueldos y de 45 si el animal estaba encerrado con llave.

Un vaso de miel robado tiene una multa de 45 sueldos; si lo robado es un esclavo o un jumento, la multa desciende a 35 sueldos -por lo que se deduce que la miel era casi un objeto de lujo al ser las abejas las únicas proveedoras de azúcar en aquella época-.

El hurto de un esclavo cualificado tiene una pena mayor: 62 sueldos y medio, mientras que el robo del caballo de tiro esta penado con 45 sueldos.

Para regular todos los robos que se producían, la ley salia cuenta con 22 títulos que afectan a estos delitos, de un total de 70 títulos, lo que supone casi una tercera parte. De esta manera podemos afirmar que el robo estaba a la orden del día en la sociedad altomedieval.

Sin embargo, los francos castigan todos los robos mencionados anteriormente con una multa de tres sueldos, a excepción del hurto de la reja del arado o de la pareja de bueyes, castigándose al culpable con la esclavitud.

La violación y la castración son delitos castigados rigurosamente por la ley salia mientras que la lex romana no legislaba al respecto.

La castración estaba penada con una multa de 100 a 200 sueldos que podían subir a 600 si el castrado era miembro de la guardia personal del monarca.

El médico que curara la víctima recibiría 9 sueldos en agradecimiento a su trabajo. Sin embargo, la castración era un castigo habitual para los esclavos que robaban, recibiendo también cuantiosos latigazos y las correspondientes torturas.

En esto no difería mucho de las leyes romanas ya que consideraban que todos los criminales condenados debían ser torturados. La tortura era considerada como un sádico espectáculo para el pueblo quien acudía en masa a contemplar el tormento público.

Oficialmente estas torturas se hacían públicas para dar ejemplo del castigo aplicado a los delincuentes pero en definitiva se convirtió en una nueva fórmula de diversión.

Incluso muchos de los torturados eran curados in situ para volver a recibir nuevos tormentos como nos cuenta Gregorio de Tours: "(...) estuvo colgado de un árbol con las manos atadas a la espalda, y hasta la hora novena, en que se le dejó tendido sobre un caballete, se le molió a palos y a correazos, y no sólo por una o dos personas, sino por todos cuantos se pudieron acercar a aquellos miserables miembros".

La violación de una mujer libre era castigada con la muerte entre los galo-romanos mientras que la de una esclava se imponía una multa por su valor.

Entre los francos, esa misma violación tenía como castigo la imposición de una multa de 62 sueldos y medio, aumentada por Carlomagno hasta 200 sueldos.

La ley del emperador Mayoriano permitía al marido de la adúltera matar de un solo golpe a los amantes sorprendidos in-fraganti.

Esta práctica continuó entre los francos mientras que los burgundios permitían el estrangular a la mujer y arrojarla a una ciénaga.

Las legislaciones germánicas también regulaban la multa para aquel hombre que se casara con una mujer diferente a la prometida: 62 sueldos y medio.

La ley salia preveía que el responsable de un incendio debería pagar diferentes indemnizaciones a los familiares de los muertos que se provocaron o a los implicados que habían sobrevivido.

Sin embargo, los romanos castigaban a estos pirómanos con el destierro -si era noble el culpable- o a trabajos forzados en las minas si se trataba de un hombre libre.

En caso de graves daños, la muerte era el castigo que le esperaba. Para evitar una pena de muerte o un castigo en la época medieval eran frecuentes las ordalías o juicios de Dios.

La más conocida era hacer caminar al acusado sobre nueve rejas de arado puestas al rojo vivo, por supuesto con los pies desnudos. Si días después las plantas de sus pies estaban sanas sería absuelto.

Otra ordalía habitual era arrojar al presunto culpable a un río con una piedra de grandes dimensiones atada al cuello. Si conseguía salir del agua recibía la absolución al haber manifestado Dios su inocencia.

La ordalía o Juicio de Dios era una institución jurídica que se practicó hasta finales de la Edad Media en Europa.

Su origen se remonta a costumbres paganas comunes entre los bárbaros y mediante ella se dictaminaba, atendiendo a supuestos mandatos divinos, la inocencia o culpabilidad de una persona o cosa (libros, obras de arte, etc.) acusada de pecar o de quebrantar las normas.

Consistía en pruebas que mayoritariamente estaban relacionadas con el fuego tales como sujetar hierros candentes o introducir las manos en una hoguera.

En ocasiones también se obligaba a los acusados a permanecer largo tiempo bajo el agua. Si alguien sobrevivía o no resultaba demasiado dañado, se entendía que Dios lo consideraba inocente y no debía recibir castigo alguno.

De estos juicios se deriva la expresión poner la mano en el fuego para manifestar el respaldo incondicional a algo o a alguien. (Wikipedia)

Otra manera de escapar de la acusación era hacer uso del derecho de asilo por el cual aquel que entrase en lugar sagrado -iglesia, catedral o templo rural- era acogido por el santo patrón y recibía su protección.

El refugio se acomodaba en los atrios de los templos gracias a una triple galería de columnas adosada a la fachada occidental.

Allí podían acogerse hasta doce fugitivos recibiendo techo y comida, siendo frecuentes entre ellos el adulterio y la embriaguez.

Era frecuente que los enemigos, para vengar sus afrentas, esperasen a que el acusado saliese de lugar sagrado para acabar con su vida.

El papel protector de la Iglesia se afianzó gracias al privilegio de inmunidad por el cual el rey ofrecía a las tierras eclesiásticas -previa petición de un obispo o abad- la posibilidad de librarse de visitas, inspecciones o imposiciones de los funcionarios locales o de los señores que en zona inmune no podían llevar espada.

Demografía en la Edad Media:

Hace mil años, la población mundial era mucho más reducida que en la actualidad. Probablemente, toda Inglaterra tenía menos habitantes entonces que Manchester hoy en día, y muchos menos que el Londres contemporáneo.

China debía contar con una décima parte de su población actual.

La población creció ininterrumpidamente entre los años 500 y 1900, de 200 millones a poco mas de 1600 millones en 1900.

Se ve una tendencia que se remonta a la aparición de la agricultura. Hubo de transcurrir mucho tiempo para que la población empezara a aumentar rápidamente, y aunque el proceso se aceleró en el transcurso de los siglos, el crecimiento fue bastante lento en casi todos los puntos del globo hasta 1700.

La razón estriba en que para que hubiera más población tenía que haber más alimentos y durante muchos siglos la única manera de obtenerlos consistió en talar bosques y cortar maleza para procurarse tierras de cultivo, tarea que también resultaba muy lenta.

A veces se malograban las cosechas o sobrevenía una epidemia de peste u otra enfermedad que diezmaba a los campesinos y no quedaba nadie para trabajar la tierra. Por eso la gente también moría de hambre, en ocasiones a millares.

Entre 4350 y 1400 perecieron millones de europeos,como ocurrió en la China y la India hace apenas un siglo (o en estos mismos países y Rusia en fechas aún más recientes). Cuando se producía una catástrofe de esta naturaleza la población tardaba mucho tiempo en recuperar el nivel anterior.

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Otro de los motivos por los que el crecimiento de la humanidad fue muy lento radica en el bajo índice de la esperanza de vida; incluso hace pocos siglos los europeos no llegaban a los cuarenta años, debido en parte a una alimentación peor que la actual.

La mayoría de las personas crecía con un cuerpo desmedrado, huesos débiles y menores probabilidades de superar las enfermedades que los habitantes del mundo de hoy en día.

Los estudios antropológicos en los cementerios han permitido un mayor acercamiento a la demografía de la época.

Podemos afirmar que la mortalidad infantil era muy elevada, estableciéndose la tasa en 45 por mil.

La esperanza de vida rondaría los 30 años, situándose la longevidad media entre 30 y 40 años para las mujeres y 45 años para los hombres.

La mayoría de los fallecimientos femeninos se producen entre los 18 y 29 años debido a fiebres puerperales o a partos difíciles.

La natalidad también era muy alta, estimándose en un 50 por mil pero las familias sólo tenían -por término medio- un par de hijos que alcanzaran el matrimonio.

La estatura media se acercaría a 1,67 metros para los hombres y 1,55 para las mujeres, estaturas bajas posiblemente debido a la malnutrición.

Entre las enfermedades mentales encontramos numerosas depresiones, neurosis que explicarían parálisis o fenómenos como las manos engarfiadas provocando que las uñas atravesaran las palmas, manías agudas acompañadas de epilepsias o estados maniacos asociados o provocados por el alcoholismo.

La poliomielitis estaría también a la orden del día debido a la desastrosa situación de los acueductos y la necesidad de consumir agua estancada.

(Estos datos han podido ser constatados gracias a los registros de los lugares de peregrinación ya que los monjes registraban los casos médicos que llegaban para intentar establecer diagnósticos siguiendo las enseñanzas de Hipócrates.)

En consecuencia, y hasta época muy reciente, se producían descensos bruscos de población a causa de la escasez y las enfermedades, a pesar de lo cual podemos decir que el número de seres humanos siguió aumentando.

Después se disparó repentinamente, gracias a una mayor producción de alimentos y a que los médicos descubrieron métodos para combatir las enfermedades, circunstancia que, en gran medida, desembocó en la invención de la «demografía» —el estudio de la población— en los dos últimos siglos.

Pero de momento dejaremos a un lado este repentino incremento, pues sólo vamos a ocuparnos del crecimiento lento que se produjo entre los años 500 y 1500.

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En la mayoría de los países había muchas más ciudades en 1500 que en el 500. Algunas eran muy grandes, pero por lo general no podemos decir lo mismo en el caso de Europa, si bien París, Milán, Florencia, Venecia y Génova se aproximaban a los 100.000 habitantes poco después de 1 300.

Mucho antes de esta fecha, Constantinopla ocupaba más de 1.500 hectáreas cuando París apenas tenía 10.

Pekín contaba con 1.000.000 de habitantes, aproximadamente, hacia el 1200 d.C., Roma con unos 20.000 (la población se había reducido con respecto a la de la época del imperio romano, que se elevaba a 1.000.000).

Durante más de un milenio, la mayoría de los europeos vivió en ciudades de menos de 10.000 almas; el cambio más destacable entre el 500 y el 1500 consistió en que aumentó el numero de ciudades de ese tamaño.

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Además, la suerte de las grandes ciudades estaba sometida a frecuentes altibajos. Pongamos como ejemplo una vez más á Constantinopla: podía tener 300.000 habitantes en el siglo VI, pero en el XV este número se redujo a una octava parte.

En la Europa del 500 había pocos intercambios comerciales entre países e incluso entre ciudades. Un siglo más tarde se convertiría en el centro comercial más importante del mundo.

Por entonces sus comerciantes llevaban ya mucho tiempo realizando transacciones con China y trayendo productos del Lejano Oriente en caravanas que recorrían la denominada «ruta de la seda» (porque por este camino se transportaba la seda china), que atravesaba el Asia Central.

En el siglo XIV establecieron centros comerciales en las costas africanas, de los que procedían los esclavos que llegaban a Europa.

Sin embargo, mucho antes de esta época ya había otros pueblos que realizaban importantes actividades comerciales.

Poco a poco, los barcos pasaron a ser el vehículo más común para el transporte de mercancías a grandes distancias, sobre todo a partir del 1500.

En el interior del continente europeo resultaba más fácil llevar los productos por vía fluvial que por las carreteras, que eran mucho peores que en época romana.

Aparecieron las ferias, y varias ciudades se especializaron en el comercio con lugares lejanos.

Durante mucho tiempo la más destacada fue Venecia, que dominaba la mayor parte del tráfico comercial marítimo con el Mediterráneo oriental y el Asia Menor.

Al igual que la población, el comercio creció muy lentamente durante mucho tiempo.

El cargamento de todos los barcos que atracaban en la Venecia medieval en el transcurso de un año— podía tener cabida en un carguero actual, y aún sobraría espacio.

Pero con las caravanas y los barcos llegaban otros elementos menos apreciados: por ejemplo, las ratas, portadoras de las pulgas que propagaban gérmenes desde Asia hasta Europa.

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Vestido y Aseo:

Los germanos solían utilizar amplios vestidos forrados que se ceñían ligeramente al cuerpo gracias a fíbulas o cinturones.

Una camisa de lino hasta las rodillas sobre la que se ponía una túnica, pantalones con polainas y botas o zuecos, dependiendo de la condición social, sería la indumentaria masculina mientras que las mujeres nobles llevaban sobre la túnica una especie de bata abierta por delante y recogida con una cadenita que permitía caminar.

Si eran campesinas se vestían sólo con la túnica.

Los días de frío se utiliza un chaleco de piel y un manto de lana.

Los hombres germanos solían llevar el cabello largo y la frente, la barba y la nuca despejadas mientras que los romanos se lo cortan sobre la nuca. La longitud del cabello obedece a un claro simbolismo ya que indica fuerza, bravura y virilidad.

Por eso los esclavos y los clérigos tienen la obligación de estar rasurados, quedando sólo en su cabeza una corona de cabello o una banda que va de oreja a oreja, moda habitual entre los monjes irlandeses.

No en balde, cortar el cabello a una joven o a un muchacho estaba castigado 45 sueldos. El desnudo sólo se permitía en dos casos, al lavarse o al ir a dormir.

Hasta el siglo VIII el bautismo se había realizado, tanto a hombres como mujeres, por inmersión en una piscina adosada a la catedral. La ceremonia se celebraba las noches del sábado santo y los neonatos en la religión recibían el bautismo desnudos.

La desnudez bautismal tenía un simbolismo que desapareció en época carolingia al sustituirse el bautismo por inmersión, aplicando al cuerpo desnudo exclusivamente carga sexual.

Esta es la razón por la que se empezó a vestir el cuerpo de Cristo cuando se le representaba en la Crucifixión o san Benito aconsejaba a sus monjes acostarse vestidos.

La mujer y el hombre sólo podían mostrarse desnudos en el lecho donde tendrá lugar la procreación, aportando al tálamo un cierto aire de sacralidad.

Incluso la ley regulaba los contactos ya que si un hombre libre tocaba la mano de una mujer debía de pagar 15 sueldos que aumentaban a 30 si se trataba del brazo hasta el codo, 35 sueldos por tocar encima del codo y 45 si eran los senos la zona tocada.

La razón de estos castigos estaría justificada por las ceremonias paganas en las que las mujeres se desnudaban para atraer la lluvia o provocar la fecundidad de la tierra.

De esta manera tocar a la mujer supondría un atentado contra la generación de la vida. El aseo personal solía hacerse en los lechos de los ríos o en las piscinas de aguas termales. Los príncipes carolingios se bañaban y cambiaban sus ropas los sábados.

Nos han quedado restos de utensilios de cuidado personal como tijeras, pinzas depilatorias o peines, especialmente para las damas que mesaban sus cabellos y los "esculpían" con ayuda de largas horquillas.

Encontramos numerosas joyas que servían para adornar vestidos y capas, considerándose la orfebrería germánica como una de las más atractivas de la historia.

Nos han quedado sortijas, anillos, pendientes, horquillas, broches, placas-hebillas, joyas que exclusivamente podían utilizar las mujeres como se ha podido constatar en los yacimientos arqueológicos.

Estas joyas nos dan fe de la existencia de grandes fortunas en la Alta Edad Media.

Tenemos el ejemplo de un general merovingio llamado Mummolus, quien a su muerte dejó 250 talentos de plata y 30 de oro lo que suponían 6250 kilos de plata y 750 de oro, fortuna entre la que destaca una fuente de 56 kilos.

Un esclavo culto llamado Andarchius valoró su fortuna en 16.000 sueldos de oro -unos 68 kilos- para convencer a una noble dama de que podía casarse con su hija.

El obispo Didier de Auxerre legó a su iglesia en el año 621 aproximadamente 140 kilos de orfebrería litúrgica. Son algunas muestras de la pasión por el oro y la plata desencadenada en estos tiempos.

Los ancianos ocupan un curioso papel en el entorno familiar altomedieval. Ya que la media de vida alcanzaba los 30 años, no debía ser muy común ver a ancianos en la sociedad.

Su escaso número es proporcional a su utilidad, excepción hecha de los jefe de clanes o tribus, los llamados "seniores".

Si el anciano mantiene sus fuerzas será aceptado por la sociedad. Si esto no es así, su futuro sólo le depara donar sus bienes a una abadía donde se retirará. En la abadía recibirá comida, bebida y alojamiento.

Demos una visita a la nueva roma :

Así como Lumbini es la capital del budismo, Benarés la del hinduismo o La Meca del Islam, Roma es la capital del cristianismo, percibiéndose este atributo por todos sus rincones desde los tiempos en los que San Pedro fue obispo en la ciudad romana.

Prácticamente ningún lugar de la ciudad ha podido escapar de esa doctrina que se ha adueñado de ella con el paso de los siglos.

Representando a casi todo el santoral nos encontramos en calles y plazas iglesias por doquier, hornacinas, pequeños altares o retablos aislados en sus esquinas podemos contemplar en nuestro recorrido por la milenaria urbe, hasta se podría intuir sin cierto grado de exageración, que parte de la ciudad huele a esa resina de incienso que sale de sus “santos” espacios.

Pero sobre todo Roma es la Ciudad Papal…la metrópoli del Vaticano, creada en la otra orilla del Tíber, en el lugar que en tiempos ocuparan unas ciénagas insanas, llenas de mosquitería y con fama de provocar enfermedades, sobre las cuales el emperador Constantino en el año 326 hizo construir la primera iglesia dedicada a San Pedro en el mismo lugar donde se le supone fue martirizado el seguidor de Jesús.

Esta fue demolida en el siglo XV para edificar sobre ella una nueva, iniciándose su construcción en 1506 sobre un proyecto del prestigioso arquitecto Donato d'Angelo Bramante, encargándosele después de la muerte  de este, su ejecución a Miguel Ángel, aportándole como novedad a la misma el diseño de su grandiosa cúpula, aunque también esta fue concluida 24 años después de su fallecimiento.

No podemos dejar de visitar La Capilla Sixtina, con los magníficos frescos de Miguel Ángel, todo lleno de color, algo que impresiona, sobre todo el mural sobre el Juicio Universal, aunque la multitud que los visita impida concentrarnos ante tal demostración de arte.

También debemos admirar las estancias de Rafael, pintadas por el gran artista, aposentos que utilizó el Papa Julio II della Rovere en el siglo XVI. Recorrer los museos egipcio y de tablillas mesopotámicas, así como el de arte etrusco.

Todo es grande en el Vaticano, la plaza, el recinto de la iglesia, la cúpula, los museos vaticanos, las estancias y el resto de los edificios que conforman la Ciudad Vaticana y todo es suntuoso, excesivamente lujoso, al contrario de cómo debería de ser un templo dedicado al espíritu y no a la materia.

Yo aunque reconocido impío, admiro por otra parte el arte que estos edificios, ya sea a través de su arquitectura o en el contenido custodian, pero he de confesar que San Pedro del Vaticano me causo una cierta decepción; esa grandiosidad se transformo en mi interior, como un decorado de película, como si todos los brillos marmóreos fueran de cartón piedra, como si esa enorme obra estuviera hecha al margen de las creencias para las que se erigió,  hasta me pareció oscura, fría, todo lo contrario de las sensaciones que en mi producen los templos románicos, acogedores y envolventes o los posteriores góticos, buscadores de esa luz mística e intimista.

Esa misma sensación de vació y desencanto se volvió a repetir en mis visitas a las otras grandes basílicas romanas, Santa María la Mayor y San Juan de Letrán, esta ultima la efectiva Catedral de Roma.

No puedo comentar lo mismo de San Pablo Extramuros, que aunque con la misma fisonomía que las anteriores en grandeza, tiene un halo especial  también porque la magnificencia que comparte esta suavizada en su imaginería, casi inexistente.

Todo en ella son espacios y silencio, luces y sombras, los brillos de sus mármoles aquí son atenuados por la sensación de recogimiento que genera, podríamos durante horas instruirnos en ella con un libro, por supuesto de algunos de los místicos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Ávila, sin que nada ni nadie nos molestase en nuestra piadosa lectura.

La Santa Escalera y Santa Cruz de Jerusalén son dos construcciones religiosas cercanas a San Juan de Letrán, ambas guardan relación con Santa Helena, madre del emperador Constantino.

La primera de ellas, según la tradición, seria la escalinata por la que Jesucristo ascendió en el palacio de Pilatos de Jerusalén, el Viernes Santo de su suplicio.

Esta fue trasladada a Roma por Santa Helena en el siglo IV. La escalera central de mármol de Tiro, solo puede ser ascendida de rodillas y orando en cada uno de sus 28 escalones para subir al siguiente.

Os aseguro que es un espectáculo único y digno de la fe de sus actores, gentes de todo tipo y condición se afanan en trepar por la escalera en un recogimiento sin precedentes.

El otro edificio, la iglesia de la Santa Croce In Gerusalemme, edificada en siglo IV sobre lo que fue el palacio de Santa Elena en la ciudad, posteriormente remodelado y restaurado.

En ella se conservan distintas reliquiasrelacionadas con la crucifixión de Jesús, traídas de Palestina por la Santa Elena en su viaje a Jerusalén y los lugares Santos, espinas de su corona, unos clavos, y el mayor fragmento existente del Lignum Crucis (parte de la cruz de Cristo).

La Santa se puso a repartir pedazos del mismo por toda la cristiandad, hasta el punto que se comenta hoy en día, que si se juntaran todos los trozos existentes darían para formar varios árboles de gran envergadura.

También este viajero que os comenta, busca lugares menos llamativos y ostentosos, y los encuentra, y en ellos regocija su ánimo al descubrirlos.

Escudriñando por una ciudad con la antigüedad y extensión de Roma no es difícil de encontrar rincones singulares, en este caso también de índole religiosa.

Son enclaves como Santa María de la Paz que detrás de su columnada fachada barroca encontramos en su interior, aunque en realidad los divisamos desde la cristalera de una cafetería que el templo acoge, unos magníficos frescos de Rafael, representando a cuatro sibilas (pitonisas) que entre sonrisas pretenden trasladarnos nuestro futuro inmediato por los recodos de la ciudad Eterna.

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En Santi Quattro Coronati una reverenda de clausura nos da la bienvenida, indicándonos desde su voluntario secuestro al otro lado de la ventana, donde esta la capilla de San Silvestre, en la que encontramos unos magníficos frescos románicos del siglo XII, narrando la leyenda de la conversión al cristianismo del emperador Constantino por parte del Papa Silvestre.

En Santa Práxedes, muy cerca de Santa María la Mayor, entre unos interesantes mosaicos del siglo IX que podemos ver en una capilla lateral y los vistosos del siglo XVIII que decoran el interior del ábside, encontramos la sepultura del Juan el Peregrino que caminó hasta tierras gallegas, a adorar la tumba de Santiago, sin saber que posiblemente estaba rezando ante Prisciliano de Galicia.

En San Pietro in Vincoli admiraremos el famoso Moisés de Miguel Ángel.

La iglesia de Santo Stefano Rotondo en la colina de Celio es una original construcción del siglo V, fue la primera iglesia de Roma que tuvo un plano circular, inspirado por la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén. En su interior encontramos unos interesantes frescos de 1600, aunque algo morbosos, representando torturas, ejecuciones, martirios y decapitaciones.

San Clemente es otra original iglesia, en la que podremos observar como se han superpuesto las edificaciones romanas con el paso de los tiempos, bajo ella se encontraron en 1857 otra basílica con importantes frescos no muy deteriorados y debajo de esta una casa romana perfectamente conservada.

Esto también se repite en la iglesia de Santa María in Cosmendi, bajo la cual se ha encontrado un templo dedicado a Hércules.

A la entrada de esta iglesia podemos admirar unas de las atracciones turísticas mas atrayentes de Roma, la Boca de la Verdad, se trata de una mascara de mármol del siglo I de 1.75 mts. de diámetro, que según la leyenda, los mentirosos que metían la mano en sus fauces la sacaban cortada.

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No muy lejos, ubicada en el monte Aventino una de las siete colinas de Roma, podremos encontrar Santa Sabina, un buen ejemplo de iglesia paleocristiana del siglo V construida en planta basilical, no podemos dejar de visitar el Jardín de los Naranjos, donde se divisa unos de los mejores panoramas de toda la ciudad.

A dos pasos de aquí una curiosidad, al final de la calle, en la Plaza del Caballero de Malta, habrá que mirar por los ojos de las cerraduras para buscarla, hasta que encontremos en nuestro ojear una vista diferente y original del "Cuppolone" (la cúpula del vaticano), es el Agujero de Roma.

En San Luis de los Franceses, entraremos a mirar las fantásticas luces de los lienzos de Caravaggio (Michelangelo Merisi) que hay en su interior.

La iglesia del Jesús “El Gesù” es el primer templo jesuita del mundo. Construida después del Concilio de Trento, representa las ideas de la Contrarreforma planteada ante los movimientos secesionistas de los luteranos. Austera al un principio, siguiendo las pautas de los jesuitas y de la misma Contrarreforma, la iglesia comenzó no tardando a ser transformada por una fastuosa y recargada decoración barroca, con impresionantes frescos ilusionistas, que hoy deslumbran al visitante nada más entrar en la iglesia.

La bóveda del Gesù representa el triunfo del "nombre de Jesús", de donde procede toda la luz de la composición, pintado entre sombras, desbordando las pinturas el propio marco de la imagen principal.

No muy lejos de ella podemos hacer un descaso, pues ya hemos conseguido indulgencias suficientes como para librarnos del infierno en varias vidas y liberarnos de las fauces de Leviatán. Acercándonos a la Piazza di Sant'Eustachio, concretamente al nº 82, degustaremos uno de los mejores cafés de toda la ciudad, lo preparan en el Caffé Sant Eustachio, tostando los granos con leña cada mañana y moliéndolos sobre la enorme cafetera, que está de espaldas al público para no divulgar los "secretos" del oscuro brebaje.

¿que porque es el mejor café del mundo?, no lo digo yo, lo dicen también los romanos, las guías turísticas y hasta The New York Times. Sabedores sois de que no soy consumidor de café, y con el lío que se monta en el pequeño local por su fama, no me atreví a indicarles o acaso enseñarles a proveerme de un carajillo en condiciones, ellos se lo perdieron, podrían haber puesto de moda en la Ciudad Eterna, la “eterna” pócima ibérica, cuyo origen se remonta a la Cuba española, en la que la soldadesca tomaban el café con ron, afín de obtener con esta mezcla "corajillo", de coraje.

El establecimiento en cuestión tiene un atrayente semblante añejo, pertenece, según se comenta, a la Camorra napolitana. Los carabinieri lo clausuran de cuando en cuando, pero lo vuelven a abrir con prontitud, cosa de la “Cosa Nostra”.

Justo enfrente del café se sitúa la iglesia del mismo santo de la plaza y que seria reiterativo corear, de ella se dice que nadie se quiere casar y no es de extrañar, Eustaquio era un general romano, de nombre Placidus, que luchó a las órdenes de Trajano.

Un día, mientras cazaba, vio una cruz resplandeciente entre las astas de un ciervo y se convirtió al cristianismo.

Fue martirizado en el año 118, durante las persecuciones de Adriano, y santificado como Sant Eustachio. Ahora sólo hay que mirar hacia el techo de la fachada de la iglesia, donde se alza una cruz sobre una cabeza de ciervo dotada de una colosal cornamenta. Indudablemente, a los romanos no les agrada salir de su boda bajo la sombra de esos proféticos cuernos.

Santa María degli Angeli, fue diseñada por Miguel Ángel y terminada en 1564, después de la muerte de este. Ocupa gran parte de lo que fueron las grandiosas Termas de Diocleciano, dándole a su fachada ese aspecto tan original. Bajo el crucero del templo se encuentra uno de los instrumentos astronómicos cumbre del siglo XVIII, la línea del meridiano, la meridiana de Francesco Bianchini.

Es esencialmente un reloj de sol que cruza a través de Roma a los 15 grados, fue usada para poner los relojes en hora desde 1702 a 1846. A las 14:15 (1:15 pm. durante el verano), el sol ilumina exactamente esta línea, siendo el momento mas popular del día para que acudan muchos visitantes a la iglesia para observar este curioso efecto.

Podría comentar que nos trajo a la Ciudad Eterna el 150 aniversario de la unificación Italiana, Il Risorgimento, pero no es así y “faltaría a la verdad”, digna frase que se repite a diario en los debates del neoclásico edificio madrileño de la Carrera de San Jerónimo. Justo el día siguiente a nuestra partida se celebraba los 150 años de ese 17 de marzo de 1861, dia que se consiguió, con el tesón de Garibaldi el estado unitario de toda la península Itálica. No disfrutamos de los agasajos y conmemoraciones de ese suceso, pero pudimos observar como se preparaba la urbe para ellos, escenarios por plazas singulares, así como edificios y monumentos iluminados con el republicano tricolor de su bandera, decoraban los rincones mas significativos.

Pero Roma es afortunadamente mucho más que un conjunto de iglesias; no tiene grandes avenidas, su perfilado diseñado hace más de 2000 años, hace inexistentes estos trazados a los que estamos acostumbrados en otras grandes ciudades europeas.

Es una ciudad como casi todas para patearla, caminarla y pasearla, gastar sus adoquines con nuestras botas, como desgastadas están las milenarias piedras con las que fue construida; aunque una buena forma también de recorrerla es hacerlo en Vespa, la mítica moto italiana, que ahora cumple ahora sus 65 años.

Roma son plazas llenas de luz y esplendorosas fuentes, transitar por ellas es viajar al “Renacimiento”, la Piazza Navona donde estaba ubicado el Estadio de Domiciano, con las tres fuentes de Bernini y Giacomo della Porta, la Plaza de España donde por siglos francos e hispanos pleitearon por conseguir su denominación, y en los cuales salimos victoriosos.

Aquí se sitúa el Palazzo de la Embajada (Embajada de España ante el Vaticano), actual residencia o dorado “exilio”, del piadoso Paco Vázquez (hasta la semana que viene en que dejará su cargo de embajador), el que otrora fuera eterno alcalde democrático de La Coruña.

La hermosa y sorprendente Fontana de Trevi, icono de la ciudad y lugar de encuentro de todos los viajeros, donde a cualquier hora del día o de la noche podemos observar como es admirada por multicolores foráneos, donde merece hacer una cena en la Tratoria Al Gallinaccio, en el Vicolo del Gallinaccio 6, cerca de la Fontana, pero apartada de su alboroto.

La Plaza del Popolo con sus dos gemelos templos, por la que entraban a la ciudad los peregrinos, la de la Republica donde se concentran los romanos para expresar sus quejas y manifestaciones, el Campidoglio en la colina Capitolina, en el que sus cimientos nos cuentan la historia de Rómulo y Remo y en donde buscaremos un balcón del ayuntamiento, para poder disfrutar de la mejor vista de los Foros Romanos……

La Rotonda y El Panteón, Piazza Farnese con el Palacio Farnesio hoy embajada de Francia.

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Giordano Bruno, intelectual y teólogo, tenido como hereje (en realidad un librepensador) por luteranos, calvinistas y católicos, está rehabilitado por una estatua en la plaza Campo dei Fiori, en el mismo lugar donde en el año 1600 fue ejecutado en la hoguera por orden de la Santa Inquisición Romana, en este caso el “Torquemada” de turno fue Roberto Belarmino, declarado santo y doctor por la iglesia en 1930, trescientos años mas tarde; ya les cundió reconocerle los servicios prestados en la limpieza ideológica de aquellos años.

También en esta plaza podemos encontrar, en una de sus esquinas, el inconfundible blasón de los Borgia, lugar donde estaba situada la Hostería de la Vaca, establecimiento regentado por el cardenal Rodrigo Borgia, mas tarde Papa Alejandro VI Borgia, en el cual mantenía relaciones carnales con su manceba Vannozza Cattanei, quien fuera madre de sus denostados hijos Lucrecia y Cesar.

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Si es hora de almuerzo aconsejo acercaros hasta la Hostaria Farnese, Vía dei Baullari 109, entre el Campo de Foiri y la Plaza Franese, donde la comida solo es superada por la atención de sus regidores.

A unos pocos pasos está la plaza Capo di Fierro, en ella se asienta el Palazzo Spada en uno de cuyos jardines podemos admirar la famosa falsa perspectiva diseñada por Borromini en el siglo XVII, el efecto conseguido es hacerla más larga y grande de lo que en realidad es, con sus nueve metros de profundidad, da la sensación de tener unos cuarenta.

Mientras paseamos por la Piazza Venezia podemos contemplar el desmesurado e impactante monumento a Víctor Manuel II, apodado por su forma “la maquina de escribir”, aconsejo si pasáis por aquí, no tomar nada en el Gran Caffé Roma, de la Piazza d'Aracoeli 4, entre la Piazza Venezia y el Campidoglio, careros y una atención que deja mucho de desear.

Desde aquí nos podemos acercar al Barrio Judío o Ghetto de Roma, creado en 1555 por decreto Papal de Pablo IV, dictaminando en él que los hebreos deberían vivir segregados del resto de los romanos y llevar un distintivo que los identificase ,que curioso esto de la historia y que copión Adolf Hitler al hacer lo mismo casi cuatrocientos años después.

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El Barrio es uno de los mas antiguos de toda la ciudad, pasear por sus estrechas y lúgubres callejuelas es volver al pasado, a una urbe medieval de hace 500 años.

Callejeando por él, tras una simple puerta, como una casa mas se tratara, entramos en la Chiesa di Sant'Angelo in Pescheria (Iglesia del Santo Ángel del mercado de pescado), construida en o adosada a lo que queda del Pórtico de Octavia, deberemos a cercarnos a la Plaza Mattei y admirar la Fontana delle Tartarughe (Fuente de la Tortuga), de aguas limpias y cristalinas.

En las proximidades del barrio hebreo deberiamos acercarnos a tomar una pizza en el Forno Marco Roscioli, Via dei Chiavari 34, tienen como dos metros de largas, están elaboradas allí mismo en su horno, las venden en trozos al peso, sabrosas y delgadas como papel de fumar una delicia típicamente romana.

No muy alejada del Ghetto en el nº 54 de la Vía Luigi Petroselli está la Casa de los Crescencios, también denominada Casa de Pilatos, en el dintel de su portón se puede contemplar el testamento que su propietario dejó a su hijo:

“Ningún hombre vive eternamente. Nuestra vida es breve y nuestra carrera es veloz y liviana como una paloma. Fíjate también en el soplo del viento, aunque cierres tu puerta con cien vueltas de llave, aunque mandes mil centinelas para que vigilen, ya la Muerte está sentada a tu cabecera. Aunque te encierres en un castillo en el séptimo cielo, la Muerte al final te atrapará. Esta casa sublime se yergue hasta la cima. Yo, Niccolo Magno, la construí para renovar la gloria de mis antepasados. Mi padre se llamó Crescente, mi madre Teodora. Esta casa la construí para mi querido hijo: a David, como padre la dejé”.

Recorremos calles con historia, Vía dei Coronari, vetusta por su antigüedad, hace honor a su condición, es la calle de las almonedas y anticuarios.

Lo mas chic y las boutiques de moda se concentran en Piazza Colonna y Via del Corso, aquí encontramos Zara, emporio textil español y curiosa escena que observamos a sus puertas, un trío de chicas pijas de Arguelles, ensimismadas de haberse encontrado la tienda, vibran apresuradamente por acceder a ella, en la que posiblemente encontraran lo mismo que en Princesa, 45 de Madrid, pero a un precio más Romano…osease, más caro, pero claro “es de Roma”, muy cerca de aquí y próximo al Palacio de Montecitorio es obligado tomar un helado en el Caffe Giolitti, Via degli Uffici del Vicario 40, por 2,50 € te puedes tomar tres enormes bolas de helado y sentarte en las mesas que hay en la calle; dicen que es el mejor helado de Roma, imposible de saberlo, rico, muy rico, riquísimo está, pero es imposible que alguien haya podido probar todos los helados, a cuales mejor, de la ciudad como para hacer tan rotunda afirmación.

Via Veneto es otra de esas calles señoriales y afamadas de la ciudad y no muy lejos de allí, en las inmediaciones de Piazza di Spagna, Vía Condotti, sigue las pautas de la del Corso, con todas las firmas afamadas de la moda Italiana, Bulgari, Hermés, Cartier, Ferragamo, Battistini, etc.

Esta calle debe su nombre al canal o “conducto” que llevaban el agua a las Termas de Agripa, en el nº 86 encontramos el Antico Caffé Greco, posible mente el más señorial de toda la ciudad, no por ello desmerece tomarse un cappuccino allí, en las mismas mesas por donde pasaron Goethe, Stendhal, Franz Listz o Lord Byron.

Desde aquí podemos ascender a los hermosos jardines de Villa Borghese y cercarnos después al Palazzo Barberini para ver la Galería Nacional de Arte Antiguo, en la Vía delle Quattro Fontane,13. Justo enfrente en el nº 149 está el Novo Hotel Quattro Fontane, muy bien situado para ver todo Roma sin tener que perder tiempo en costosos desplazamientos.

Al norte de esta zona podemos visitar algunos lugares no muy visitados, pero con cierto encanto e interés, todos están ubicados en los aledaños o cercanos a la Via Nomentana, La Sedia del Diavolo (Silla del Diablo) en Piazza Elio Callistio (al final de Vía Nomentana), el Mausoleo de Santa Constanza en Vía Nomentana, 239 o el Barrio Coppedé (Piazza Mincio- Vía Aterno y Vía Dora) encantador conjunto de edificios de Art Nouveau que diseño durante la segunda década del siglo XX el arquitecto Gino Coppedé.

Otro barrio imprescindible de pasear es el Trastevere, y si lo hacemos una dominical y soleada mañana, podremos recorrer los puestos del mercadillo de Porta Portese (el Rastro Romano). Encontraremos entre sus callejuelas, la Iglesia de Santa Cecilia admiraremos un maravilloso mosaico del siglo IX, representando el Juicio Universal y una impresionante escultura de la Santa tal y como se encontró su cuerpo, realizada por Maderno en 1600.

Parece como si asistiéramos a la visión de un sueño en el que la piedra se contagia asumiendo una blandura y sutileza vital, a poca distancia está la Torre de los Anguillara, llamada Casa de Dante, hoy es una sala de exposiciones.

El centro del barrio es la Piazza di Santa Maria in Trastevere, bulliciosa y colorida, en donde se ubica la iglesia de Santa Maria, que nos reciben unos estupendos mosaicos.

Ascendiendo por sus callejuelas llegaremos a territorio Hispano, La Academia Española, donde se sitúa también el Instituto Cervantes, aquí en la misma plaza esta la Chiessa di San Pietro in Montorio y en su patio otra de las pequeñas-grandes obras de la arquitectura romana, el Tempietto Bramante, regalo de los Católicos Reyes Hispanos, Isabel y Fernando, los de tanto monta, monta tanto, para conmemorar en la capital Italiana la conquista del Reino de Granada.

Ascendiendo hasta llegar a la colina del Giannicolo, inigualable balcón de la ciudad, un remanso de paz después de tanto ajetreo, descansamos y nos llenamos del atardecer desde ella. Todo a nuestro alrededor nos recuerda a Garibaldi, es como si el general se hubiera adueñado de esta loma o se hubiera quedado aquí para siempre.

Nos toca descender ahora, para lo cual buscamos nuevas calles que nos llevan hasta el Palacio Corsini, retornado de nuevo al centro de Barrio en donde encontramos agradables terrazas que calman con fría cerveza nuestras gargantas, mientras una agradable música callejera calman nuestros oídos.

En ese caminar se recupera la ruta a el río, ese mítico Tíber que es abrazado por la ciudad y del que casi no he comentado.

En realidad es protagonista de Roma, todo parte de él y casi todo está en su rededor, lo cruzamos por su Puente Cestio, construido en el 46 a.C. cuando Cesar parte para conquistar Hispania, el que contemplamos en la actualidad data de 1892, por él accedemos a la Isla Tiberina (Isola Tiberia o Isla del Tíber), la isla de la medicina.

Según la leyenda fue una gran nave en la que se trasladó la serpiente de Esculapio (símbolo de la medicina) y que trajeron a Roma desde Epidauro para que librase a la ciudad de una terrible epidemia de peste. Siendo la isla consagrada a la medicina en el 62 a.C.

Por el Ponte Fabrizio o Puente de las 4 cabezas, este toma el nombre de su constructor en el año 62 a. C., en sustitución a uno anterior de madera.

La alusión a las cuatro cabezas se debe a la columna rematada por las mismas, que se localiza en el soporte inicial.

Paseamos ahora río arriba por su orilla, recorriendo su enorme meandro hasta el Palazzo di Giustizia, esa mole de edificio al que los romanos han apodado acertadamente como "Palazzaccio".

Comienza a vencer la noche al día, son esos momentos mágicos de luz y mientras pasamos por los puentes de Garibaldi, Sisto, Mazzini y Vittorio Emanuele, comienza a enseñarse el Castel Sant'Angelo de inconfundible silueta. Es hora de tomarse un “campari” en La Mela Stregata, Piazza Pasquale Paoli 1, a orilla del Tíber, con hermosas vistas del Castillo y el Ponte Sant'Angelo iluminados al atardecer.

En fin hemos descubrimos una ciudad elegante es sus ciudadanos y establecimientos, tranquila en cuanto a su cotidianidad, al contrario de lo que nos habían contado, limpia que no reluciente, simpática y amable, no muy cara, que no barata…en fin unos días de trasiego recorriendo lugares llenos de historia y sabor romano.

Quedan pendientes unas letras que no tardaran en salir, sobre la otra Roma, la Imperial, la de los Cesares, origen de esta y merecedora de una atención especial.

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La mente humana tiene una natural tendencia hacia la perspectiva. Al mirar hacia el pasado, ve en primer lugar lo más cercano. La fama negativa de la Edad Media depende mucho de esta deformación, y especialmente de la crisis del siglo XIV.

Arbitrariamente, extendieron esa condición coyuntural a todo el período que se remontaban hasta lo único reconocible para ellos: Roma.

Hoy los historiadores no discuten la posibilidad de abandonar el término de Edad Media, a pesar de sus falencias es demasiado presente en el uso común como para ser reemplazado con éxito. Pero constantemente nos recuerdan a todos que la llamada “Edad Media” duró nada menos que mil años (una duración enorme para los tiempos históricos) y que no es posible que los mil años hayan sido todos iguales, como erróneamente suele pensarse.

La Edad Media ... los grandes imperios castillo

Los renacentistas fijaron los hitos medievales. Los límites cronológicos de la Edad Media son, desde entonces, el año 476 (con la deposición de Rómulo Augústulo, el último emperador romano de Occidente) y 1492 (descubrimiento de América por Cristóbal Colón).

Otra versiones similares hacen terminar a la Edad Media en 1453 (conquista de Constantinopla por los musulmanes turcos), 1485 (instauración de la dinastía Tudor en Inglaterra), 1517 (la reforma de Lutero).

Viene de ... La Edad Media ... los grandes imperios primera parte.

La Edad Media ... los grandes imperios ( Segunda parte)