¿Seremos capaces de detectar alienígenas?

¿Seremos capaces de detectar alienígenas?
A estas alturas ya deberíamos estar preguntándonos donde están los extraterrestres, según todos los indicios, al menos los que nos proporciona la ciencia ficción y las miles de personas que dicen haber sido abducidas por visitantes de otros mundos.

Ya deberíamos haber sido investigados, exterminados, asimilados, infectados, invadidos, devorados… pero parece que por ahora nada de esto ha sucedido, así que ¿dónde están?

La paradoja de Fermi reflexiona sobre la falta de pruebas de la existencia de otras civilizaciones avanzadas frente a los datos estadísticos que señalan que deberían existir miles, sino millones, de razas tecnológicamente avanzadas.

Pero, si realmente existen tantos ‘pueblos’ en el espacio, ¿por qué no se han molestado en contactar con otros seres inteligentes? quizás sea porque estemos en la ‘lista negra’ de los extraterrestres o porque en realidad somos los únicos en nuestra galaxia.

La búsqueda de cualquier forma de vida extraterrestre es algo que se encuentra en nuestra psique, deseamos sea como sea saber si hay algo más que simples piedras allí fuera.

Pero como de momento no hemos sido capaces de demostrar que existe vida más allá de la órbita terrestre, los diferentes programas SETI son algo muy difícil de vender, sonando más bien a un proyecto realizado por frikies que por astrónomos y biólogos hechos y derechos.

Sin embargo, estos proyectos llevan años en funcionamiento y la búsqueda continúa.

Los científicos siguen pensando en diferentes formas de afinar nuestra tecnología para detectar seres inteligentes alrededor de otras estrellas.

La hipótesis principal que nos planteamos es que nuestros hipotéticos vecinos extraterrestres han evolucionado de forma similar a nosotros.

Debido a que no tenemos otros ejemplos, es la única forma de iniciar, y aunque pueda ser algo altamente improbable, quizás sea la forma más lógica, aunque lo único que desearía es que si estos seres inteligentes existen realmente demuestren su inteligencia eliminando ciertos programas de la televisión, dudo mucho que a ET le guste ver el Gran Hermano.

De la misma forma, suponemos que la tecnología alienígena se habrá desarrollado de forma similar, es decir habrán trabajado duramente para desarrollar sistemas de comunicación que utilizasen ondas de radio.

Durante los últimos 120 años hemos puesto a todo volumen nuestras emisoras favoritas, aunque en la actualidad estemos pasando de las señales analógicas a las digitales, por lo que cualquier extraterrestre que este a menos de 120 años luz ya debería saber de nuestra existencia.

Pero eso esto es sólo una ‘fuga de radio accidental’ ¿Y si pudiésemos convertir nuestros radiotelescopios para ‘escuchar’ los deliberados intentos de contacto de ET?

Desde 1960, los programas SETI han tratado de cazar las señales de radio extraterrestres, aunque no ha sido hasta la aparición en el espacio del telescopio espacial Kepler que hemos sido capaces de llevar a cabo búsquedas dirigidas hacia sistemas estelares que sabemos contienen otros mundos, planetas que podrían ser el hogar de civilizaciones alienígenas.

Pero hasta ahora, los mundos que hemos ‘escuchado’ han permanecido en silencio. Aunque hay una esperanza, potencialmente existen millones de planetas habitables en nuestra galaxia, asi que no hemos hecho más que empezar.

Hasta el momento hemos hallado señales que parecen proceder del espacio profundo, pero por desgracia no han sido más que falsas señales.

Seguimos buscando un procedimiento específico que detecte una señal de radio de banda estrecha (algo que sólo puede ser generado por una forma de tecnología).

Aunque por desgracia las señales de radio procedentes de nuestro mundo pueden generar interferencias.

Afortunadamente los astrónomos son un grupo de personas muy inteligentes, al menos los que yo conozco, por lo que descubrir la diferencia entre la señal de ET o la del móvil de tu cuñado debería ser algo muy fácil.

Pero claro, ¿y si ya nos están estudiando desde un mundo cercano a nuestro hogar?

Es cierto que las principales búsquedas SETI se centran en hallar señales de radio procedentes de otras estrellas, ¿valdría la pena tratar de orientar nuestros sistemas hacia la Luna?

En el caso de que una civilización haya viajado hacia nuestro planeta, estos sin duda alguna habría hecho una parada en nuestro satélite para comenzar a estudiarnos desde la seguridad que da la distancia.

Esto quizás pueda parecer estúpido pero no es tanto si consideramos que la Lunar Reconnaissance Orbiter, que actualmente está junto a nuestro satélite, ha capturado imágenes de las huellas dejadas por las diferentes misiones a la maltratada superficie de Selene.

Por lo descubrir las huellas análogas dejadas por unos curiosos visitantes no debería ser difícil.

Las huellas dejadas por una de las misiones Apolo¿Pero por qué detenerse en la luna?

Si una especie alienígena avanzada ha navegado a través del sistema solar en algún momento de la historia de nuestra estrella, tal vez dejaron algunos artefactos esparcidos sobre el sistema solar.

Aunque claro, esto sería asumir que se comportan de la misma manera que lo hacemos nosotros, dejando la basura en nuestras puertas sin preocuparnos de las consecuencias, algo que conocen muy bien los integrantes de la serie StarTrek, nunca se debe contaminar el desarrollo de otras especies.

Dejemos de lado, de momento, los “exoplanetas habitables”, si queremos hallar a nuestros primos galácticos, alguien con los que compararnos, deberíamos dirigir nuestras búsquedas hacia las estrellas que tengan una composición química similar a la de nuestro Sol.

En nuestro mundo, el Sol no solo nos proporciona luz y energía, todos los elementos químicos que encontramos en nuestro planeta fueron parte en algún momento de la misma nebulosa que dio lugar al nacimiento de nuestra estrella, por lo que hallar al gemelo solar sería un buen principio para buscar una civilización similar a la nuestra.

Y aquí es donde entran en juego de nuevo los astrónomos, en 2012 descubrieron HP 56948, un clon de nuestro Sol a tan solo 200 años luz de distancia.

Aunque de momento no hemos descubierto planetas en torno a esta estrella, sí que es interesante reflexionar sobre la posibilidad de dirigir nuestros esfuerzos hacia planetas o soles similares al nuestro, sistemas que potencialmente serian el hogar de civilizaciones extraterrestres.

Aunque existe un planteamiento aun más extraño, el Kepler detecta el leve descenso del brillo de una estrella a medida que un mundo transita por su disco, desde nuestro punto de vista.

Este telescopio analiza la “curva de luz” revelándonos su tamaño

 ¿Qué pasaría si nos topásemos con un mundo con una forma extraña?

En la naturaleza del cosmos los planetas tienden a ser como gigantescas pelotas de playa, enormes esferas rocosas o gaseosas, por lo que descubrir el tránsito de un mundo cubico o una gigantesca pirámide no solo nos dejaría con la boca abierta, sino que nos diría que ese seria, con casi total seguridad, el hogar de una civilización tecnológicamente avanzada, salvo que sea el resultado de una broma cósmica.

Curiosamente, existe un término para la búsqueda de extraterrestres de esta forma y se le conoce ‘búsqueda de tecnología extraterrestre’ (search for extraterrestrial technology o SETT) y difiere del SETI en que busca evidencias indirectas de la presencia de una tecnología avanzada en el cosmos.

Lejos de bromas cósmicas y de pirámides espaciales de los Goa´uld de StarGate ¿podría la ausencia de estrellas en una galaxia revelar la presencia de una inmensa civilización alienígena?

En 1964, el astrónomo soviético Nikolai Kardashev planteo la hipótesis de que algunas civilizaciones extraterrestres pueden llegar a ser tan avanzadas que utilizarían toda la energía generada por su estrella principal.

En la escala Kardashev a este tipo de civilizaciones se las conoce como del “Tipo II”.

¿Cómo una civilización podría ser capaz de aprovechar absolutamente toda a energía generada por su sol? Bueno, mediante el uso de uno de los argumentos más llamativos de la ciencia ficción, una esfera de Dyson.

La mejor representación que tenemos de este artilugio nos fue presentada gracias al capítulo “Relics” de la que es posiblemente mejor serie de ciencia ficción, Star Trek.

En el vemos como una enorme esfera artificial atrapa en su interior la estrella principal de una civilización, escondiendo a cualquier observador externo la presencia de ese sol, en la superficie interior vemos mares, bosques y gigantescas ciudades abandonadas.

Las complejidades tecnológicas y las enormes necesidades de materiales implicarían la presencia de una civilización que se escaparía de nuestra más calenturienta imaginación.

Solo decir que el radio de una esfera de Dyson que escondiese una estrella similar al Sol debería alcanzar al menos la órbita del cinturón de asteroides para que la superficie interna fuese habitable.

Pero mientras soñamos en construir este tipo de estructuras, deberíamos pensar de donde sacar tanto material, no nos bastaría con desmantelar un mundo similar a la Tierra, tendríamos que consumir el material de posiblemente varios sistemas solares, así que de momento nos conformaremos con imaginarnos en lograr las primeras prospecciones mineras del espacio.

Varias empresas privadas ya han fijado su vista en los asteroides cercanos a nuestro mundo.

Y aunque en realidad nuestra actual tecnología no nos permite llevar a cabo esta empresa, eso no significa que las civilizaciones alienígenas no sean capaz de hacerlo, y tampoco necesitan un nivel de desarrollo mucho mayor que el nuestro, bastaría con tan solo varias décadas.

Los asteroides contienen una gran cantidad de material y sabemos que en torno a otras estrellas se encuentran gigantescos cinturones de asteroides, mayores incluso que nuestro cinturón de Kuiper.

Así que pensar que Alf llego a la misma conclusión no sería nada ilógico, aunque quizás nuestras convicciones morales difieran y ellos no busquen hacerse ricos a costa de explotar los recursos de su sistema solar.

 ¿Seriamos capaces de descubrir la presencia de una cantera espacial en el espacio?

Esta pregunta de momento parece que se va a quedar sin respuesta.

Pero si son suficientemente avanzados, incluso podrían crear sus propios agujeros negros, minúsculos puntos de apenas un átomo de diámetro y con una masa de varios millones de toneladas que les permita obtener una ingente cantidad de energía.

Un hipotético motor podría utilizar los rayos gamma generados por un mini-agujero negro para alimentar sus naves espaciales. Según los investigadores, esto podría ser una fuente de energía inagotable.

Es más, si conociésemos la firma de la radiación emitida por estas unidades de agujeros negros artificiales, quizás seamos capaces de detectar naves alienígenas.

El problema con las búsquedas SETI es que tenemos que hacer un montón de suposiciones.

Una de las hipótesis es que los extraterrestres están emitiendo ondas de radio ¿qué pasa con las transmisiones de datos mediante el uso del láser o la fibra óptica?

¿Y si sus señales de radio alcanzaron nuestro planeta hace millones de años y ahora utilizan otros sistemas que somos incapaces de imaginar?

Otra es que los programas de radio alienígenas siempre están emitiendo. Esto, por desgracia, no es el caso, a menos que una civilización muy caritativa encendiese una baliza que funcionase de forma permanente durante miles de millones de años.

Una de las cosas que nos enseño la “Señal Wow” en 1977 es que estas emisiones quizás sean algo transitorio en lugar de una señal continua.

Pero ¿cómo podemos tratar de descubrir algo en el espacio tan aleatorio y de tan corta duración y saber además cual es su procedencia?

En nuestro mundo, los humanos no somos los únicos seres inteligentes, se cree que los delfines son tan listos como nosotros, aunque no son conocidos por ser radioaficionados.

 ¿Qué pasaría si los extraterrestres inteligentes son más parecidos a los delfines?

¿Estamos destinados no detectarlos nunca, a menos que vayamos a su mundo y comunicarnos con ellos cara a cara?

Pero tampoco hemos de fijarnos únicamente en los delfines, mientras que muchas tribus se escondían en las profundidades del amazonas o en el corazón de Arica, los EE.UU. alcanzaban la Luna.

Esto no sólo ha motivado múltiples debates SETI, también ha forzado a reevaluar lo que en realidad significa “inteligencia” en una escala galáctica.

Debido a que el Universo parece un lugar tranquilo, tecnológicamente hablando, algunos astrónomos y filósofos han declarado, antes de tiempo, que no existe vida inteligente entre las estrellas.

Desde un punto de vista científico, esta respuesta es tan buena como cualquier otra conclusión, aunque parece algo corta de miras.

Pero ¿Qué sucedería si nuestro tranquilo cosmos es debido a que las diversas civilizaciones extraterrestres no desean contactar con nosotros?

¿Qué pasa si son felices sin meterse en lo que no les interesa y no quieren hablar con nosotros?

Además, si han llegado a ser tan eficientes que emiten al espacio un nivel muy bajo de energía ¿cómo podremos detectar su presencia

Películas como Battle: Los Angeles (invasión a la Tierra en España) o Independence Day nos han enseñado que estamos a un paso de una invasión extraterrestre.

Esto ha llevado a muchos pensadores a reflexionar sobre la pregunta:

¿Por qué nos invadirían? Mi respuesta personal siempre ha sido que nunca nos conquistarían, aunque analizado siempre desde un punto de vista humano, quizás las razones para una invasión alienígena sean totalmente incomprensibles.

Pero ahora se nos plantea una nueva e interesante idea, ¿una invasión extraterrestre podría ser considerada una estrategia SETI viable?

Siempre me he mostrado como un fanático de la vida alienígena, aunque prefiero esperar sentado a que nos visiten.

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