La tumba de la bella y eterna Nefertari

La tumba de la bella y eterna Nefertari
La tumba de La bella y eterna Nefertari.

Nefertari Merit-en-Mut, que significa “la más bella de todas”, fue la primera esposa real de Ramsés II, que quedó totalmente fascinado por ella y le dedicó un templo en Abu Simbel.

En la fachada del templo Ramsés II colocó una inscripción, Nefertari “aquella por quien el sol brilla”, lo que deja bien claro la relevancia que Nefertari tenía para el gran faraón y guerrero.

Parece claro que Ramsés II estaba fascinado por la personalidad de su primera esposa, tenía una segunda esposa, Isetnofret, y numerosas concubinas, pero Nefertari era algo excepcional para el faraón.

No se sabe mucho en relación a los orígenes y la historia de Nefertari, algunos egiptólogos la colocan como descendiente del faraón Ay, pero nada hay seguro.

Es curioso que salvo dos excepciones en todos los monumentos del Alto Egipto Ramsés II se hace acompañar siempre por Nefertari, algo que pone bien a las claras la predilección del faraón.

Nefertari con el sistro (instrumento musical) en la mano, templo de menor de Abu Simbel.
De manera que, hacia el 1265 a.C. Ramsés II y Nefertari inauguran los templos de Abu Simbel (trasladados en 1963 debido a la construcción de la presa de Assuán), a las puertas de Nubia. Ramsés II mando construir dos templos excavados en la roca en la misma frontera de Nubia, para demostrar la grandeza de Egipto.

El templo mayor estaba dedicado la dios Ra-Harakhty aunque también estaba consagrado a Amón, Ptah y al propio Ramsés.

El segundo templo o menor está dedicado a la diosa Hathor y a su esposa Nefertari, en su fachada están los célebres y grandes colosos de Ramsés II flanqueados por los colosos de Nefertari, de menor tamaño.

Entre los colosos figura la famosa inscripción “La Gran Esposa Real Nefertari, aquella por la que el sol brilla”, que significa que sería la garante del orden cósmico. Que supone la renovación anual del faraón, unida a la inundación anual del Nilo.

Por eso en el interior del Templo, Nefertari aparece oficiando ritos junto a Isis y Hathor.

La tumba de la bella y eterna Nefertari 2

El templo de Nefertari, del tipo Speos, cuenta con una entrada que da paso a una pequeña sala-patio, donde fueron representados los hijos e hijas de Ramsés II, que desemboca en la gran sala hipóstila con seis grandes pilares.

En la parte posterior del templo un vestíbulo con una cámara en cada extremo, y finalmente el santuario dedicado a la regeneración anual del faraón.

En el santuario se representaba a Hathor emergiendo de la montaña de los muertos con Ramsés bajo su barbilla, clara alusión a la renovación e inundación anual, que tenía que ver con el orden del cosmos, cuya garante era Nefertari.

La Tumba de Nefertari es la joya indiscutible del Valle de las Reinas y está emplazada al lado de la Tumba de Tuya, la madre de Ramsés II, lo que demuestra la intención del faraón de que las dos mujeres importantes de su vida pasaran la eternidad prácticamente unidas.

La tumba fue descubierta en 1904 por Ernesto Schiaparelli y fue restaurada en 1992 por un equipo internacional dirigido por Paolo Mora.

La tumba de Nefertari es la más bella que nos dejado el antiguo Egipto, aunque es más pequeña de tamaño que otros inmensos hipogeos del Valle de los Reyes. Sin embargo, el excepcional estado de conservación de sus pinturas la convierten en un joya, en la que encontramos a Nefertari junto a los dioses de la Eternidad.

Unas pinturas que representan el viaje de la reina hacia el Más Allá, morada de Osiris, un viaje plasmado pictóricamente en la parte izquierda de tumba, para luego renacer en un viaje hacia la luz del sol o Re, que está representado en la parte derecha.

Tras bajar unas escaleras, lo primero que nos encontramos es la Antecámara, donde comienza el viaje de Nefertari hacia el reino de lo muertos, protegida por la diosa Wadjet, guardiana de la realeza, representada como una cobra dispuesta al ataque en los dinteles de las puertas.

En la antecámara se representa a la reina sentada jugando en solitario al senet (juego egipcio similar al ajedrez), simboliza que está preparada para afrontar su viaje a la eternidad.

Luego hay una larga escalera, un largo descenso hacia el oscuro mundo de Osiris, en la que encontramos a la reina protegida por Isis y Neftis, a las que ofrece vino. Junto con otros protectores como Anubis, en forma de chacal.

Al terminar las escaleras llegamos a la magnífica Cámara Funeraria en cuyo centro, en un nivel inferior, se depositó el sarcófago con la momia de Nefertari, preparada para su renacimiento.

La cámara contaba con cuatro grandes pilares que sostenían el techo que estaba representando al cielo, como una gran bóveda celeste llena de estrellas pintadas.

Unas estrellas amarillas del techo que apuntan al centro de la cámara, hacia el sarcófago de la reina. Sobre cada pilar, en uno de sus lados, se representó un pilar djed, el pilar de cuatro capiteles, símbolo del dios que renace de su muerte, esto es, Osiris.

En las caras internas de los pilares está representado Osiris mirando hacia el sarcófago de Nefertari. También se representa a Horus, el vengador de su padre Osiris, y al dios Hathor insuflando vida a la reina.

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En los pilares encontramos además al dios Anubis, recibiendo a la reina como segunda divinidad del reino de los muertos, y a la diosa Isis (esposa de Osiris y madre de Horus), gran protectora de los reyes, que acoge a Nefertari mientras abandona el oscuro reino de Osiris para dirigirse a la luz de Re.

Isis junto con Neftis son las protectoras de la momia de la reina, se las representa como halcones vigilantes.

La cámara contaba con tres anexos en los que se guardaban todo tipo de ofrendas funerarias (alimentos, perfumes, ropa...) todo lo necesario para la vida en el Más Allá.

La tumba es sublime, es el palacio, la morada eterna de Nefertari en la que ella es la gran protagonista. En su tumba se representa a Nefertari sola, serena y radiante ante los dioses, para afrontar su eternidad, en ningún momento aparece su marido, el poderoso Ramsés II.

Rostro bello y sublime de Nefertari.

En las pinturas se representa la belleza de la reina de una forma excepcional, la fría y plana pintura egipcia, se torna en esta tumba osada y realista.

El rostro de la reina es de un sublime realismo, en los labios y, sobre todo, en los pómulos destacados con un tono rosáceo, totalmente inédito.

La belleza de la tumba de Nefertari es incomparable, y nos habla de la relevancia y la personalidad de una gran reina que marcó la vida de uno de los más relevantes faraones de Egipto, el invencible y divino Ramsés II.

Bibliografía:
J. Padró. Historia del Egipto Faraónico. Alianza, Madrid, 2003.
T. Bedman. Nefertari Merit-en-Mut: Por la que brilla el sol. Aldebaran, Madrid, 1999.

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