¿Mucho en la psicología pueden ser solo falacias?

Mucho en la psicología pueden ser solo falaciasMucho de la investigación en psicología pueden ser falacias sin rebatir.

La gran mayoría de los estudios no son puestos a prueba por grupos de investigación independientes, haciendo imposible saber si lo que afirman es cierto.

Tomar vitamina E para reducir el riesgo de dolencias del corazón o ingerir una aspirina al día para controlar la presión sanguínea son dos consejos que se han podido escuchar en consultas médicas.

Ambas recomendaciones estaban sustentadas por estudios científicos que aparecieron en revistas científicas de prestigio y que eran considerados de referencia por muchos investigadores.

Sin embargo, estudios posteriores más amplios mostraron que estos tratamientos no eran efectivos.

La medicina moderna apoyada en la ciencia ha demostrado su capacidad para curar enfermedades frente a las que las medicinas tradicionales, algunas milenarias, se habían mostrado impotentes.
Pero también ha tenido que reconocer las limitaciones que muestran todos los frutos del intelecto humano cuando se les pone a prueba frente a la realidad y no se les protege con el velo de la magia

En un artículo reciente, el investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Standford John Ioannidis calculaba que “la prevalencia de las falacias sin rebatir pueden representar hasta un 95% (si no más) de los hallazgos significativos en algunas áreas de la investigación en psicología”. Ioannidis creció en Atenas y mantiene un discurso digno de los filósofos griegos de la Antigüedad.

“La ciencia trata de acercarse a la verdad lo más posible y no de obtener resultados espectaculares pero erróneos”, afirma en su artículo en el que pide que se dé a la búsqueda de la verdad la máxima prioridad.

Un estudio afirma que hasta el 90% de los estudios que sirven como orientación para diagnosticar enfermos son defectuosos

Su trabajo es un aldabonazo más en la conciencia de los científicos desde que en 2005 publicó un estudio en el afirmaba que hasta el 90% de los estudios utilizados por los médicos para orientar sus diagnósticos eran defectuosos.

Desde entonces, una mayoría de los científicos, en lugar de mostrarse ofendidos por las advertencias de Ioannidis, han acogido con interés sus trabajos y lo han convertido en uno de los investigadores más citados de su área.

En ese trabajo explica que, debido a la propia forma de plantear los estudios y diseñarlos, con muestras demasiado pequeñas para probar la efectividad de un tratamiento y una gran cantidad de sesgos agudizados por factores como las posibilidades de obtener financiación o ser publicados en revistas de mayor prestigio, la ciencia está abandonando la búsqueda de la verdad por la producción de resultados espectaculares, financiables, publicables, pero muy poco útiles.

Uno de los aspectos que muestran las costuras de buena parte de la investigación biomédica es la baja tasa de resultados obtenidos en un laboratorio que se pueden repetir en otro independiente, algo fundamental para comprobar si una afirmación es cierta.

Como se recuerda en el MIT Technology Review, el año pasado la empresa biotecnológica Amgen explicó en la revista Nature cómo sus investigadores habían sido incapaces de reproducir 47 de 53 resultados muy prometedores para el tratamiento de enfermedades de la sangre y del cáncer, y un año antes, la farmacéutica Bayer publicaba en ese mismo medio que no había podido replicar dos terceras partes de una serie de estudios que identificaban dianas para tratamientos.

«Es una parte fundamental de la ciencia, ser consciente de las limitaciones, reconocer los errores y corregirlos»

“Este problema viene porque muchas veces se realizan investigaciones muy individualizadas y para ver un efecto concreto”, explica Ferrán Torres, director de la Plataforma de Bioestadística y Gestión de Datos del IDIBAPS-Hospital Clinic.

“Esta investigación diseñada con un objetivo tan particular no se va a poder replicar”, añade. Torres enfatiza que no se trata de una cuestión de fraude científico sino de realizar estudios que puedan cumplir objetivos concretos para satisfacer a la industria farmacéutica, donde está el dinero, y a la evaluación pública y la publicación de artículos científicos, que es donde se encuentra la carrera y el prestigio de un investigador. “Todo el mundo debe ser consciente de ello para poder mejorarlo”, señala.

La presión para obtener resultados novedosos y espectaculares que luego puedan recibir financiación ha llevado también a que pierda interés algo tan poco llamativo, pero tan necesario, como intentar repetir los resultados de otros equipos.

En su artículo, Ioannidis asegura que la gran mayoría de los supuestos descubrimientos de la ciencia en psicología no han sido replicados y que, en el mejor de los casos, son los propios científicos que obtuvieron el resultado los que publican una confirmación.

La presión dificulta la revisión de artículos

Antoni Andreu, subdirector general de Evaluación y Fomento de la Investigación del Instituto de Salud Carlos III, el principal organismo que gestiona la investigación biomédica en España, cree que el problema de la replicación de los estudios “es antiguo”, pero “se ha visto hiperdimensionado porque la capacidad de publicar se ha multiplicado”.

Andreu considera que “la revisión por pares (el sistema de análisis por otros expertos que determina qué artículos se publican o se financian y cuáles no) es razonablemente buena, pero hay que ser conscientes de que existe un margen de error”.

En este sentido, explica que para mejorar estas revisiones serían necesarios muchos recursos.

Hasta ahora, los investigadores que llevan a cabo esa tarea lo hacen normalmente de forma altruista y el incremento de las publicaciones y de la presión por publicar está limitando el tiempo que se puede dedicar a ese trabajo.

El autor advierte de que si no se toman las medidas adecuadas la ciencia no se corregirá a sí misma y puede retroceder

Pese a que tanto Torres como Andreu creen que hay una cantidad importante de estudios que no se pueden replicar, ambos reconocen que no existen estadísticas sobre cuál es la dimensión exacta del problema para poder empezar a corregirlo.

Para combatir esta debilidad de la ciencia, Ioannidis recomienda en su artículo mejorar la valoración de los trabajos de replicación en las revistas científicas y separar el trabajo de exploración del de confirmación de los resultados.

En este sentido, Andreu cree que hay que mejorar la capacidad para evaluar el impacto de los estudios publicados gracias a la financiación pública y recuerda que el nuevo Plan Nacional de I+D+i incluirá por primera vez una mención a las evaluaciones a posteriori de los estudios.

Además, el Horizonte 2020, el programa de la UE para fomentar la investigación y la innovación en Europa, ha colocado la evaluación del impacto de la ciencia solo por detrás de la excelencia dentro de sus prioridades, algo que no sorprende después de saber que la mitad de los estudios de salud pagados por la UE no publica sus resultados.

El problema es que, como reconocen los gestores de la investigación biomédica, este tipo de trabajos de control a posteriori, que aún ni se consideran, requieren una gran cantidad de recursos justo ahora cuando más escasos son.

En su artículo, Ioannidis advierte de que, pese a lo que muchos creen, si no se toman las medidas adecuadas, la ciencia no se corregirá a sí misma y puede retroceder.

El profesor de Standford compara lo sucedido cuando se quemó la biblioteca de Alejandría con la pérdida de credibilidad y de documentación fiable provocada por la ingente producción de investigación a la que no se somete a las mínimas pruebas de calidad.

Andreu es más optimista y opina que la detección de los errores como los que publica el investigador griego deben ser un acicate.

“Es una parte fundamental de la ciencia, ser consciente de las limitaciones, reconocer los errores y corregirlos. Es importante equivocarse”, concluye.

----------------------------------------------------------

Todos los ámbitos del saber humano incluyen datos que pueden resultar curiosos. La psicología no es una excepción, y además en este caso es también fácil encontrar muchos mitos respecto a varios aspectos de nuestro comportamiento.

Hagamos un repaso de algunos ejemplos.

Hay por ejemplo una idea muy extendida en la cultura popular, según la cual determinadas personas poseen una gran capacidad para detectar las mentiras de los demás.

Pues bien, parece que esto es cierto si hacemos caso de las conclusiones de un estudio estadounidense del año 2000 en el que se encontró que sí hay ciertas personas que son más hábiles a la hora de identificar a los mentirosos.

El problema es que ninguno querríamos estar en ese grupo, ya que se trata de personas con graves daños cerebrales en el lóbulo frontal del hemisferio izquierdo.

Estas lesiones les producen una pérdida de capacidades lingüísticas, que compensan con una mayor habilidad en la valoración del lenguaje no verbal, gracias a la cual detectan mejor las mentiras.

Existe también la creencia de que los mensajes subliminales (aquellos que percibimos de forma no consciente) pueden llegar a provocar cambios en nuestra propia conducta y que esos cambios son involuntarios, es decir, quedan fuera de nuestro control.

En 1957, el publicitario estadounidense James Vicary dijo haber demostrado que proyectando en una pantalla mensajes subliminales del tipo “Come palomitas” y “Bebe Coca-Cola”, era posible aumentar las ventas de ambos productos.

Pero, para desgracia de los manipuladores de mentes, nadie ha sido capaz de repetir estos mismos resultados y, de hecho, cinco años después el propio Vicary reconoció que había manipulado el estudio.

Desde siempre, se ha recomendado contar ovejas como remedio casero frente al insomnio. Sin embargo, un estudio de 2002 realizado por la Universidad de Oxford (Reino Unido) llegó a la conclusión de que esa estrategia no sirve de nada.

Se comparó el tiempo que tardaban en dormirse dos grupos de personas insomnes, uno de los cuales contaba ovejas y el otro no, con el resultado de que no hubo diferencias entre ambos grupos. El grupo que contó ovejas se aburrió más, pero ni siquiera eso les provocó un mayor sueño.

Lo que sí ayudaba era pensar en una escena relajante.

Algunas enfermedades, como el cáncer, se han asociado a determinadas actitudes personales negativas y por ejemplo se ha llegado a considerar que quien tiende a reprimir sus emociones es más propenso a enfermar.

Sin embargo, una cosa es que una actitud positiva propicie una mejor recuperación (lo que sí puede ser cierto) y otra muy distinta es que una negativa la provoque.

Incluso en algunos casos se ha llegado a encontrar una relación en sentido contrario: por ejemplo, hay estudios que demuestran que entre las mujeres trabajadoras que sufren un estrés moderado la probabilidad de padecer cáncer de mama es menor que entre las que no tienen estrés.

En alguna ocasión habremos oído también que escuchar música clásica (y en concreto a algunos autores como Mozart) puede aumentar la inteligencia. O que poner música clásica a los bebés cuando aún están en el vientre materno ayuda a que lleguen a ser más listos.

Esta idea surgió de un estudio estadounidense del año 1993, que a su vez parecía confirmarse en otra investigación de la Universidad de California (EEUU) del año 2003.

Sin embargo, hace poco la Universidad de Viena (Austria) ha realizado el estudio más completo al respecto hasta la fecha (con una muestra de 3.000 personas), sin encontrar ningún incremento en la inteligencia de los participantes.

Otra idea muy difundida es que sólo usamos el 10% de nuestro cerebro.

El origen de ese mito no está claro, pero se piensa que puede estar en el siglo XIX, cuando un psicólogo americano expresó sus dudas respecto a que “las personas alcancen más de un 10% de su potencial intelectual”.

También es posible que haya surgido de una errónea interpretación de los conocimientos neurológicos a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se pensaba por ejemplo que sólo aproximadamente el 10% de las neuronas están activadas simultáneamente en un momento determinado.

Por último, otro posible origen de la idea es que las neuronas (que son las que podríamos llamar “células pensantes” del sistema nervioso) representan aproximadamente sólo el 10% del total de células del cerebro, ya que el resto son células gliales (que si bien son también imprescindibles, su función básica es dar soporte a las neuronas).

En todo caso, el mito es completamente falso. La idea de que grandes áreas del cerebro permanezcan inutilizadas no tiene ningún fundamento lógico, biológico ni evolutivo.

El tejido cerebral cuesta mucho de mantener (consume más del 20% del oxígeno que respiramos, pero supone únicamente un 2 o un 3% de peso de todo el cuerpo), y no resulta creíble que la evolución haya mantenido un órgano tan caro para no darle uso.

Además, si fuese cierto que el 90% no se utiliza, una lesión de la mayor parte de las áreas cerebrales no tendría consecuencias, lo que sabemos que no es cierto.

Respecto a la memoria, existe la creencia implícita de que nuestros recuerdos son un reflejo fiel de lo que hemos vivido y presenciado.

Normalmente no aceptamos que podamos haber distorsionado los hechos, aunque haya sido inconscientemente, y confiamos en nuestra memoria como si fuese una especie de grabadora.

Sin embargo, la memoria no es reproductora, sino reconstructiva; es decir, lo que recordamos es una mezcla de algunos detalles exactos y otros que en realidad nos inventamos a partir de nuestras expectativas, creencias, necesidades y emociones.

Por último, merece la pena aclarar otra idea muy difundida referida a las diferencias entre hombres y mujeres, en concreto respecto a cuál de los dos sexos habla más.

Si preguntamos a cualquier hombre, posiblemente dirá que ellas lo hacen mucho más. Sin embargo, varios estudios han demostrado que, por término medio, ambos sexos utilizan el mismo número de palabras al día: unas 16.000.

En lo que sí nos diferenciamos es en el hecho de que ellas tienden a expresar más lo que piensan y sienten, y en que además captan mejor las pistas no verbales de la comunicación.

Eso sí, también parece haber una explicación para el hecho de que los hombres tengan la impresión de que las mujeres hablan mucho: según parece, la voz femenina tiene una entonación más larga, un tono más alto y una serie de inflexiones más complejas que la masculina, lo que cansa al varón.

Esto último se lo tengo que contar a mi mujer…

VCN: La domesticación del caballo

... Desde tiempos de Charles Darwin, es conocido que los animales domesticados muestran características distintivas, sea cual sea la especie a la que ...


VCN: Plástico de la leche

... Existen muchas clases de plásticos, porque en realidad el término define a muchos tipos de materiales sintéticos que tienen una característica concreta: la ...


VCN: Zheng-He, el explorador chino

... Parece ser que Zheng-He, natural de la provincia de Yunnnan, pertenecía a una casta minoritaria cuya principal característica era el profesar la religión ...

REFERENCIA  'Why Science Is Not Necessarily Self-Correcting' DOI: 10.1177/1745691612464056
/algunas-curiosidades-y-mitos-en-psicologia

Obra y fuentes Creative Commons.
Compártenos en Facebook, Twitter ,Google+ o tu red social favorita.
¡Gracias! Fuente : http://esmateria.com