Girolamo Segato...El petrificador

 Girolamo Segato...El petrificadorLa ciencia y arte de crear buenas preparaciones anatómicas tiene ya varios siglos de historia. 

Cualquier anatomista conoce bien esas técnicas pero, a buen seguro que muchos darían tesoros por conocer el secreto que se llevó a la tumba el fascinante Girolamo Segato, al que llamaban el petrificador.

Este italiano, nacido en 1792, se dedicó a multitud de oficios y tareas.

Fue viajero impenitente, cartógrafo, químico, naturalista y, en general, un curioso que metía las narices en todo.

Es muy conocido por sus viajes a Egipto, donde realizó diversas tareas arqueológicas y cartográficas desde 1818.

Recopiló una ingente cantidad de material sobre sus descubrimientos en aquellas tierras pero, por desgracia, la mayor parte de sus documentos desapareció en un incendio y, para colmo, las piezas que fueron enviadas a Europa tuvieron su final en un naufragio.

Parece como si la historia hubiera querido borrar sus huellas pero, sin embargo, a Segato se le recuerda sobre todo por una técnica de momificación muy especial de la que sólo él conocía la receta.

Se trataba de un tipo de mineralización que permitía conservar cadáveres en un estado impresionante.

Hoy día todavía existen muchas de sus preparaciones anatómicas, que llaman la atención por mantener los colores originales de los tejidos incluso a pesar del paso del tiempo.

Pero esa técnica, que fue conocida como “petrificación”, desapareció con Segato, que se fue a la tumba con el secreto antes de cumplir los 44 años de edad.

En su época Segato despertó admiración y asombro. Véase, por ejemplo, este texto publicado pocos años después de su muerte1:

NUEVO ARTE DE DISECAR.

Gerónimo Segato, autor de los mejores mapas de África, atravesaba hace algunos años los desiertos de esta parte del mundo.

Llegado que hubo al valle que se extiende desde Mogral hasta la segunda catarata, presenció uno de esos huracanes tan comunes en la Nubia que arrastran montañas de arena a una inmensa distancia.

Después que el viento se calmó un poco, nuestro viajero, al continuar sus excursiones, vio en el suelo una cosa que parecía un cuerpo humano.

Era en efecto un cadáver en estado de perfecta conservación, cuya carne y músculos se hallaban disecados y carbonizados sin alteración alguna aparente.

Segato atribuyó naturalmente este fenómeno a la acción calorífica de la arena, y dedujo de aquí que seria posible obtener los mismos resultados, valiéndose de medios artificiales análogos.

A su vuelta a Italia empezó, pues, sus experimentos, que fueron coronados con el éxito mas satisfactorio.

Los cadáveres sometidos a esta especie de disecación adquieren mucha consistencia en la piel: los músculos, nervios, las venas, la crasitud, la sangre y hasta los intestinos no sufren ninguna alteración importante.

El cuerpo conserva sus facciones y su figura sin dar por eso mal olor, y sus miembros tienen la misma flexibilidad que los de una persona en lo mejor de su salud.

En nada le deteriora la humedad, la acción del aire ni los gusanos, y hasta puede permanecer el cadáver algunos días debajo del agua sin descomponerse.

El único cambio ostensible que en él se nota es el peso, que disminuye considerablemente después de disecado.

Lo particular es que el pelo tiene mayor consistencia en el estado de momia que en el de vida.

 Este método se aplica también a los pájaros y a los pescados, sin que padezcan su pluma, sus colores, su piel ni sus escamas, y en los insectos es el mejor de todos los conocidos, puesto que conserva intactas todas sus partes por pequeñas y delicadas que sean.

En el gabinete de historia natural de Gerónimo Segato se encuentran muchos animales disecados en medio de la arena.

Entre ellos se ve un canario muerto hace más de 15 años, que ha estado 30 días debajo del agua y 40 encerrado en una caja llena de gusanos, sin que haya perdido una de sus plumas siquiera.

Como prueba de la excelencia de este método, el ilustrado señor Segato enseñaba a los que iban a visitarle las manos de una mujer, muerta de consunción3, que mantenía todos los caracteres de aquella enfermedad.

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1 Fuente: El clamor público, edición del 23 de agosto de 1848. Biblioteca Nacional de España.
2 Grasa, tejido adiposo.
3 Posiblemente tuberculosis.

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Fuente : www.alpoma.net