Casarse engorda

Casarse engordaO... por lo menos, casarse y disfrutar de un matrimonio feliz.

El tópico del recién casado que empieza a ganar peso puede tener su fundamento, si hacemos caso de un estudio presentado en la última reunión de la Sociedad de Psicología de la Personalidad y Social (Society for Personality and Social Psychology), en enero de este año.

Los autores del estudio realizaron un seguimiento durante cuatro años de 169 parejas jóvenes que se habían casado en los seis meses anteriores.

Entre ellas, había tanto heterosexuales como varias parejas de homosexuales.

De forma periódica se midió el peso de ambos cónyuges, y se les aplicó un cuestionario en el que se les preguntaba por la satisfacción percibida.

El resultado fue claro: quienes estaban más contentos con su vida conyugal aumentaban más de peso que quienes no lo estaban.

Esta relación se daba tanto en hombres como en mujeres, y se mantenía incluso teniendo en cuenta factores que pudieran distorsionar los resultados, como el embarazo.

 De promedio, el aumento de peso en los cuatro años fue significativo pero no muy elevado, sin que llegara a superarse el límite de lo considerado como saludable.

Sin embargo, la tendencia era clara, de forma que con el paso de tiempo era previsible que ese aumento sí pudiera llegar a niveles patológicos.

Como bien saben (o deberían saber) los investigadores, hallar una correlación entre dos hechos no implica necesariamente que exista una relación causal entre ambos. En este caso, es muy probable que sea un tercer factor el que esté detrás.

La hipótesis planteada por los autores fue que no sólo el matrimonio feliz se relaciona con engordar, sino que además la infelicidad lleva a no engordar.

Y esto podría deberse a que los que se sienten menos satisfechos con la relación estén pensando en atraer a una nueva pareja, para lo que deben mantenerse atractivos.

Por su parte, los que sí están contentos con su pareja tenderían a relajarse en su propio cuidado, cayendo así en el aumento de peso.

Es decir, que quien ya no necesita acudir al “mercado de parejas” deja en cierto grado de cuidar su imagen.

Otra explicación barajada por los autores del estudio fue que las parejas felizmente casadas comen juntos con más frecuencia, lo que normalmente lleva a ingerir más alimentos y por lo tanto a engordar más.

En cualquier caso, parece que las alternativas están entre adelgazar o ser feliz en tu matrimonio: las dos cosas a la vez no puede ser. Seguro que para más de uno la decisión es difícil.

Obra y fuentes Creative Commons.
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 ¡Gracias! Fuente : http://www.elefectogalatea.com