Abejas estimuladas por cafeína

Abejas estimuladas por cafeína
Desde hace algunos años, los científicos han advertido el incremento en la muerte de abejas. 

Como consecuencia del colapso de colonias, actualmente existen tan solo 2.44 millones de colmenas productoras de miel en EUA, a pesar de que en 1947 existía más del doble (5.9 millones). 

Los científicos y apicultores han estudiado este fenómeno a fondo y muchos creen que algunas de las principales causas de este desorden son el diesel, productos OGM, pesticidas e infecciones masivas.

Con el fin de celebrar, apreciar y cuidar de estos polinizadores, te presentamos 10 razones para enamorarte de ellos:

1. Podrían evitar el contagio del VIH.

La melitina, una de las toxinas en el veneno de la abeja, podría prevenir el contagio del VIH.

 La melitina deshace la membrana protectora del virus sin dañar células normales. Los científicos esperan usar la melitina en geles preventivos.

2. Trabajan hasta morir.

Durante el otoño e invierno, las abejas trabajadoras pueden vivir hasta nueve meses; sin embargo, en épocas calurosas trabajan tanto que no viven más de seis semanas.

3. Su química cerebral cambia dependiendo de su trabajo.
La química cerebral de cada abeja se adapta de acuerdo al trabajo que tienen que desempeñar. Una abeja obrera busca comida y aventura; una abeja soldado cuida del nido; las abejas melíferas, que tienen varias tareas a lo largo de su vida, adaptan su química cerebral antes de cambiar de trabajo.

Cuando una abeja al final de su vida continúa desempeñándose en un área generalmente reservada para abejas más jóvenes, su cerebro deja de envejecer. Los científicos de la Universidad de Arizona piensan que, al estudiar este fenómeno, pueden desarrollar algún medicamento para prevenir o contrarrestar la demencia senil.

4. Revolucionan la medicina.
Además de contribuir al desarrollo de un gel anti-VIH, las abejas producen propóleo para sellar su colmena. El propóleo sirve para combatir ciertas bacterias, virus y hongos. Actualmente, el propóleo se utiliza para tratar herpes, infecciones de la garganta, caries y eczema.

5. Reconocen caras humanas.
De acuerdo a una nota publicada en el New York Times, las abejas reconocen caras humanas. Esta habilidad podría ayudar a los científicos a mejorar la tecnología de reconocimiento facial.

Abejas estimuladas por cafeína
Abejas estimuladas por cafeína

6. Reaccionan a la cafeína y cocaína.

Algunas flores contienen cafeína en su néctar para así fidelizar a las abejas polinizadoras. 

La cafeína es un mecanismo de defensa que aleja a insectos dañinos de las plantas mientras que atrae a los polinizadores. Las abejas recuerdan con mayor exactitud la ubicación de flores con cafeína, por lo que las visitan más seguido.

Por otro lado, la cocaína afecta el “baile” comunicativo de las abejas. Al excitarse con la cocaína, las abejas son incapaces de comunicar la ubicación de las flores con polen. 

Los científicos creen que el síndrome de abstinencia que estas experimentan podría contribuir al entendimiento de adicciones y a sus tratamientos.

Hace unos días veíamos en Vida-cotidia-nitica una interesante noticia sobre la capacidad de comunicación entre plantas y abejas a través de campos eléctricos.

No es la única noticia reciente sobre las relaciones entre estos insectos y las plantas.

Otro estudio dirigido por Geraldine Wright, de Newcastle University, relaciona el consumo de cafeína en estos insectos y su capacidad para recordar mejor las flores a las que poliniza.

La idea vino al preguntarse por qué en algunas flores había cantidades no despreciables de cafeína.
Así por ejemplo, las flores de los cítricos contienen este compuesto y lo mismo se puede decir de la miel cuyo principal ingrediente es el néctar de las flores de estas plantas.

Pero la producción de esta sustancia consume cierta cantidad de recursos que la planta podría usar para otra cosa, por lo tanto debía de haber un motivo evolutivo para su presencia.

Así que este equipo de investigadores entrenó a unas abejas para que asociaran una recompensa azucarada con un determinado olor de manera similar a los perros de Paulov. Cuando a las abejas se les administraba cafeína tenían el doble de posibilidades de recordar el olor tres días después de haber recibido la recompensa.

El estímulo condicionado se pudo comprobar viendo si su probóscide (“lengua”) se proyectaba o no hacia fuera cuando se la exponía a la esencia olorosa. Parece que la cafeína reforzaba la memoria de los insectos.

Por tanto, las plantas podrían hacer que su néctar fuera más atractivo (¿adictivo?) a las abejas añadiendo cafeína para así conseguir una mejor polinización. Obviamente sería una mera adaptación mediada por mecanismos evolutivos de selección natural.

La cafeína es una estimulante y opera en el cerebro de las abejas de una manera similar a como lo hace en el cerero humano, porque la bioquímica en este caso es la misma.

Las neuronas de las abejas y de los humanos tienen un receptor para el neurotransmisor adenosina al que la cafeína se une. Probablemente esta característica sea común a todo el reino animal.

Para ver cómo esta sustancia afectaba los cerebros de las abejas, los investigadores inyectaron este estimulante en el cerebro de algunos de estos insectos. Vieron que la cafeína disparaba cambios en la habilidad que tienen las neuronas de pasar información vital sobre aprendizaje olfativo y sobre la memoria.

La cafeína no es el único estimulante presente en el néctar de las flores. En más de 100 especies de plantas se puede encontrar esta sustancia o se puede encontrar nicotina.

En general las plantas usan esas sustancias para impedir ser ingeridas por los herbívoros (las plantas no pueden correr o escapar y la evolución ha seleccionado varios tipos de defensas, incluyendo la defensa química).

Este estudio sugiere que las plantas en algunos casos han modificado este sistema defensivo y usado estas sustancias para fidelizar a los polinizadores.

Es una cuestión de proporcionar la cantidad adecuada para que los insectos recuerden bien y vuelvan a polinizar, pero sin que una dosis elevada aumente el amargor y las aleje (la mayoría de las sustancias tóxicas naturales son amargas porque los animales han sido seleccionados para detectar esas sustancias perjudiciales).

Aunque, de momento, los investigadores no pueden afirmar que las abejas sean adictas a estas sustancias, por lo que hace falta más investigación al respecto. Tampoco se ha podido comprobar que la cafeína mejore sustancialmente la memoria en humanos.

Pero este resultado no es el único sobre la fascinante relación entre abejas y plantas. Se sabía que algunas abejas sociales eran capaces de advertir a sus congéneres de la presencia de predadores en las cernías de las colmenas.

Ahora, investigadores de la Universidad de Tours (Francia) y la Estación Experimental de Zonas Áridas de Almería (EEZA-CSIC) han realizado un experimento para estudiar si estos insectos son capaces de marcar con señales químicas las flores en las que han sido previamente atacados.

Para ello simularon el ataque de un depredador sobre determinadas flores, dejando el resto de las flores como grupo de control.

El resultado fue distinto de si se trataba de abejas solitarias o si se trataba de abejas sociales. En el primer caso no había distinción entre flores en las que se había producido ataques de las que no.

En el caso de las abejas sociales sí que había distinción, pues la probabilidad de que las abejas sociales rechazaran una flor era mucho mayor si en esa flor se había simulado previamente el ataque de un depredador sobre una compañera.

Al parecer la abeja social que es atacada en una flor deja una marca química de feromonas que advierte al resto de sus compañeras sobre la presencia de un depredador en esa flor en concreto y permite a las demás evitarlo.

Como podemos ver, la coevolución de insectos y plantas con flores durante más de 100 millones de años ha dado lugar a resultados sorprendentes.

Quizás usted, amigo lector, lo recuerde más fácilmente si ahora se está tomando un café mientras lee esto. Incluso tal vez sea cierto el dicho que sostiene que un matemático es el ser que transforma café en teoremas.

7. Su sistema de navegación es similar al de los vikingos.
Al igual que los vikingos, las abejas utilizan el sol como un compás. Sin embargo, en días nublados recurren a foto-receptores de luz especiales para determinar la ubicación del sol en el cielo. 

Se especula que los vikingos utilizaban un sistema similar durante los días nublados, pero, en vez de recurrir a foto-receptores, mantenían su ruta con una piedra solar.

8. Nos ayudan a predecir el comportamiento de asesinos en serie.
Los asesinos seriales se comportan como las abejas: cometen crímenes cerca de casa, pero lo suficientemente lejos para que sus vecinos no sospechen nada. 

Las abejas recogen polen cerca de la colmena, pero a una distancia segura para que los depredadores no la encuentren. Los científicos que estudian este comportamiento han desarrollado algoritmos basados en este patrón, mejorando la manera en que la policía busca a los criminales.

9. Resuelven problemas matemáticos.
La Universidad de Royal Holloway en Londres determinó que los abejorros son los únicos insectos capaces de encontrar el camino más corto entre varias distancias, es decir, al visitar varias flores en diferentes ubicaciones, estos siempre toman la vía más corta y eficiente.

10. Son eficientes arquitectos.
En el año 36 a.C., Marcus Terencio Varrón declaró que los panales eran las estructuras más prácticas. Esta teoría fue comprobada por Thomas Hales casi 2000 años después en un estudio matemático en el que demostraba que los hexágonos de los panales utilizan la menor cantidad de cera posible. 

Lo que es más impresionante aún es que las paredes de los hexágonos en los panales se encuentran precisamente en un ángulo de 120 grados.

Einstein dijo alguna vez: “Cuando se muera la última abeja, cuatro años después desaparecerá la especie humana”. Este un recordatorio de que su precaria situación nos amenaza a todos.


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