¿Terraformar Venus de primero?

Terraformar Venus de primero sería viable
Como una futura “especie terraformadora”, damos por hecho que Marte será nuestro primer megaproyecto. 

Pero si bien terraformar el Planeta Rojo en algo más acogedor para la vida parece el primer paso más lógico –pero no lo más fácil- en la colonización del Sistema Solar, en realidad podría tener más sentido enfrentar primero a nuestro planeta hermano.

Dado que algunos científicos advierten sobre un efecto invernadero desbocado en la Tierra, puede ser prudente para nosotros terraformar Venus primero, un planeta que ya está sometido a un apocalipsis inducido por el dióxido de carbono. 

Y al hacer esto podríamos aprender cómo prevenir o revertir una catástrofe similar en la Tierra.

Colonizar Venus podría ser una idea factible teniendo en cuenta que existen pruebas de que una vez hubo vida allí.
Efecto invernadero fuera de control

Uno de los escenarios más espantosos presentados por los científicos climáticos es el problema de un efecto invernadero fuera de control.

Si las emisiones de carbono continúan incrementándose al ritmo actual, advierten, podríamos alcanzar un momento crítico después del cual se creará un ciclo de retroalimentación positiva entre la superficie de la Tierra y la atmósfera cada vez más densa y opaca.

Hipotéticamente, el efecto fomentaría un aumento rápido y progresivo de la temperatura que finalmente resultaría en la exterminación de toda vida en el planeta y la evaporación de los océanos.

Nadie sabe con seguridad si éste será el clímax final del calentamiento global causado por el hombre, pero es una posibilidad que claramente necesita ser tomada en serio.

Es un verdadero riesgo existencial.

Y, lo que es preocupante, hay un precedente de esto justo aquí, en el Sistema Solar.

Los científicos están bastante seguros que Venus pasó por un efecto invernadero desbocado cuando era joven y aún tenía océanos.

En esos primeros días, y cuando el Sol se volvió más brillante, los océanos de Venus comenzaron a hervir y evaporarse a la atmósfera, donde finalmente escapó al espacio.

 Actualmente, y como consecuencia, Venus tiene una cantidad masiva de dióxido de carbono en su atmósfera, resultado de un mal reciclaje de carbono (que es facilitado por la presencia de agua líquida).

¿Terraformar Venus de primero?

Colonizar Venus tiene sus pros y contras ,sería fácil por la distancia. De hecho, Venus esta a 14 millones de kilómetros de distancia más cerca de la Tierra que Marte.

Esto implicaría una colonización más fácil, ya que los viajes de ida y vuelta serían mucho más rápidos (entre un 30 y un 50% menos de distancia respecto a Marte), lo que a su vez significaría menos combustible y comida gastados en dichos viajes. Todo muy ventajoso económicamente hablando

Por otro lado, Venus está más cerca del Sol, lo que significaría una mayor cantidad de energía solar utilizable respecto a Marte.

Y no, la radiación no es un problema, pues la atmósfera de Venus es mucho más gruesa que la de Marte y podría dar protección tanto frente a la radiación como frente a la caída de meteoritos.

Aún así, algunos investigadores de la NASA creen que hay cierta salvación: Ciudades Nube, como en Star Wars.

Es el denominado “proyecto HAVOC“. Según los datos de los que disponemos, a 50 km sobre la superficie de Venus la temperatura “solo” llega a 70 ºC (sigue siendo mucho, pero es manejable), y la presión atmosférica es muy similar a la Tierra a esta altura. 

Finalmente, la gravedad de Venus es muy similar a la de la Tierra (una relación de 0.9 a 1), al contrario que Marte, cuya gravedad es poco menos de la mitad de la Tierra (0.4 a 1).

Esto significaría que tanto los huesos como los músculos de los colonos de Venus aguantarían mucho mejor que en el Planeta Rojo. Pero, no intentamos colonizar Venus… ¿por qué?

Un verdadero infierno

Como resultado, Venus se ha convertido esencialmente en un infierno. Posee una temperatura promedio de 467°C; una temperatura que es lo bastante caliente para fundir el plomo.

Y su gruesa capa de dióxido de carbono (CO2) crea una presión 90 veces mayor que la que experimentamos en la Tierra.

Decir que Venus tiene mucho CO2 en su atmósfera sería subestimar esa cantidad. Más del 96% de su atmósfera está formada por CO2, que se observa a través de su gruesa capa de nubes que flotan a 50-70 km sobre la superficie.

Sobre esa capa, tiene nubes y niebla constituidas por ácido sulfúrico concentrado y dióxido de azufre gaseoso (derivado del ácido sulfúrico).

Para empeorar las cosas, Venus recibe dos veces la cantidad de luz solar que recibe la Tierra, y la duración de su día es equivalente a 224 días terrestres (por lo que su día es más largo que su año).

Ah, y no tiene una magnetosfera para protegerse contra la radiación solar.

Después de considerar todo esto, es casi seguro sugerir que la terraformación de Venus representaría una serie de problemas mucho mayores que los que nos esperarían en Marte.

Pero no es necesariamente una razón válida para terraformar primero a Marte.

Como ya se ha señalado, los conocimientos que obtendríamos de un proyecto de terraformación de Venus podrían servirnos para afrontar nuestros problemas de cambio climático aquí en la Tierra.

Incluso es justo decir que el simple ejercicio de pensar sobre esto podría ayudarnos a tratar con nuestra actual crisis climática.

Pero Venus plantea además otras ventajas. Está más cerca que Marte, haciendo más fácil y rápido viajar hacia y desde el planeta.

Y como la Tierra, se encuentra dentro de la zona habitable del Sistema Solar.

También sabemos que puede mantener una atmósfera (obviamente), y tiene casi la misma masa y tamaño que la Tierra.

Marte, por otro lado, es considerablemente más pequeño, y representaría serios problemas de salud para las personas (reducción de masa muscular y densidad ósea) debido a su baja gravedad.

¿Terraformar Venus de primero?

Eliminación del CO2

Si decidiéramos terraformar Venus, o cualquier planeta para el caso, necesitamos aceptar el hecho de que un proyecto de tal magnitud tardaría una cantidad importante de tiempo.

Sería un proyecto generacional a largo plazo que debería planificarse en una serie de fases.

Afortunadamente, algunos visionarios han adelantado el trabajo de pensar cómo podríamos hacerlo.

El primer paso, es bastante obvio decirlo, es que necesitaremos eliminar el exceso de CO2.

Hace 50 años, Carl Sagan sugirió que deberíamos usar algas genéticamente modificadas en la atmósfera para convertir el CO2 en algo más benigno o útil.

No es la mejor idea del mundo, pero Sagan fue la primera persona en sugerir seriamente la terraformación de Venus.

Más recientemente, El ingeniero de la NASA James Oberg propuso que todo el CO2 podría ser expulsado al espacio. Como lo escribió en su libro “New Earths” de 1981:
Si queremos remover el 98% de la masa de la atmósfera venusiana en un periodo razonable, digamos, 100 años, debemos extraer una masa de 10 trillones de toneladas, o 300.000 toneladas por segundo. Compare esto con el flujo a lo largo del río Amazonas… 10.000 toneladas por segundo. Las mayores máquinas construidas que trabajan con flujos de agua… manejan 400 toneladas por segundo.
O veámoslo desde el punto de vista energético: retirar la masa de gas a una altura de 100 km, y luego acelerarla en 20 km/s requiere aproximadamente 1025 erg durante un periodo de 100 años.
Esto es equivalente a la luz solar que recibe en el mismo periodo una región de 10.000 km2 asumiendo un 100% de eficiencia… Si lo disminuimos en un factor de 10, como sería en realidad, las ‘cucharas de aire’ deberán tener un área de… tres veces el área total de Venus.
En la década de 1990, Paul Birch propuso un plan en que Venus sería inundado con más de 4×1019 kg de hidrógeno.

Éste causaría una reacción con el CO2, lo que a su vez produce grafito y agua, mucha agua. 

Sus estimaciones predijeron que aproximadamente el 80% del área de la superficie de Venus eventualmente sería cubierta por el agua (comparado con el 70% de la Tierra).

Otros planes describen la captura de carbonatos, licuefacción directa y secuestro, nanotecnología avanzada, un proceso a megaescala con cal viva, o una combinación de algunos de esos planes.

Temperatura, rotación y magnetosfera

Una vez que el problema del CO2 esté resuelto, las siguientes fases de la transformación de Venus probablemente involucrarían el hacer frente a los problemas de temperatura, la irregular rotación planetaria, y la falta de una magnetosfera.

Es seguro suponer que, en virtud de la eliminación del exceso de CO2, la temperatura comenzaría a volverse más aceptable. Pero todavía es probable que Venus experimente temperaturas mucho mayores que las que la vida puede soportar.

El meteorólogo Paul Crutzen, ganador del Premio Nobel de Química en 1995, sugirió hace unos años que sería posible liberar artificialmente cantidades masivas de dióxido de azufre a una altitud de 20 kilómetros con el fin de enfriar las temperaturas superficiales y compensar el creciente efecto invernadero.

Sería similar al efecto de las erupciones volcánicas en la Tierra.

Otra posible solución propuesta por Birch sería poner espejos espaciales en el punto de Lagrange entre Venus y el Sol.

Con el ángulo correcto, los espejos reflejarían el exceso de luz solar del planeta, aunque también podrían servir como generadores de energía solar.

Además, los reflectores podrían ser ubicados en la atmósfera o superficie de Venus. 

El experto en nanotecnología J. Storrs Hall ha ideado una máquina climática para la Tierra que podría esencialmente realizar esa tarea. No hay razón para creer que dicho sistema no podría funcionar en Venus.

Y dada la proximidad del planeta al Sol, junto con su extremadamente lenta rotación, una solución tecnológica a largo plazo probablemente será obligatoria.

Y, de hecho, también podríamos querer reajustar la rotación de Venus para darle una velocidad más similar a la de la Tierra.

Ahora bien, realmente sería una tarea épica, que necesita una enorme cantidad de energía.

Es muy probable que la única manera de hacerlo sería introducir grandes cuerpos celestes para acelerar su rotación.

Eso podría ser más simple que disponer un conjunto de espejos masivos para redirigir la luz solar hacia el lado nocturno del planeta.

Finalmente, está el problema de la magnetosfera, un impedimento para la aparición de la vida.

Es posible que la rotación de Venus sea la culpable. Quizá los futuros tecnólogos ideen un plan para crear una magnetosfera virtual; una que pueda proteger al planeta de la radiación solar y las devastadoras tormentas solares.

Sí, tenemos una obsesión con Marte, a pesar de que colonizar Venus podría ser una idea factible teniendo en cuenta las pruebas actuales de que en su momento fue un planeta habitable. 

De hecho, Venus ha sido apodado en más de una ocasión como “gemelo de la Tierra” por la cantidad de similitudes que comparten ambos planetas, muchas más que con el Planeta Rojo con el que tenemos tal obsesión.

Teniendo todo esto en cuenta, ¿por qué los grandes gobiernos de EE.UU. y China están obsesionados con Marte? ¿por qué los multimillonarios invierten grandes cantidades de dinero para ayudar a la futura colonización del Planeta Rojo y obvian la existencia de Venus?

Un experimento intelectual valioso

Está claro que la terraformación de Venus será difícil. Puede que nunca alcancemos el punto en que la vida sea capaz de prosperar, pero será interesante ver hasta qué punto podríamos hacerlo habitable para la ocupación humana, junto con vida sintética que podría vivir bajo condiciones muy duras.

Tal vez el primer paso en el proceso, además de tomar en serio la posibilidad e idear nuevas formas de “reparar” el planeta, sería crear simulaciones de todas las propuestas para determinar cuáles funcionarían mejor.

Por otro lado, esas simulaciones complementarían modelos similares de lo que podría pasarle a la Tierra dado un conjunto similar de circunstancias.

La misión de hacer a Venus habitable para la vida, al parecer, podría asegurar que la Tierra pueda continuar siéndolo.

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Fuentes: http://www.cosmonoticias.org/
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