La curiosidad ( Leyenda)

La curiosidad ( Leyenda)
Esta historia aunque se hace increíble, sucedió, ya que la curiosidad es lo que ocasionó este relato.

En la ciudad de Oaxaca, se encontraban dos jóvenes amigos, a quienes les gustaba leer o estar informándose sobre cosas sobrenaturales.

Uno de ellos, Tomás, era el más inquieto, y le dice a su amigo.

–Fíjate Beto, que conocí a una mujer en la sierra, y me contó que si queríamos ver muertos, era muy fácil—

–Pero Tomás, que ganamos con ver muertos, eso no me gusta, que tal si uno de esos muertos, se quiere quedar con uno de nosotros,, acuérdate que hemos escuchado que hay personas que cargan un muerto sin saberlo, conmigo no cuentes.

Tomás riéndose de Beto, dice, –no seas miedoso, no creo lo que esa mujer dijo, pero te diré la verdad, me quede con la curiosidad y si tu no lo haces conmigo, lo hare yo solo.

Pero como decimos, la curiosidad fue grande para Beto y le dice a su amigo, — Esta bien, dime que tenemos que hacer, ya me llenaste de curiosidad.

Tomás riendo le dice, ya vez, a ti te paso lo que a mí, primero me dio temor, pero al poco rato me decidí para que me contar que tenía que hacer, y es algo muy sencillo amigo.

Esa mujer me dijo que los perros siempre ven a los muertos y que lo único que debemos hacer es fijarnos si tu perro o el mío tienen lagañas en sus ojos, y si tienen lo que tenemos que hacer es ponérnoslo nosotros a las 12 de la noche y solo con eso, podremos ver pasar a los muertos.

Beto le dice a su amigo, mira Tomás, yo estaré contigo, pero yo no me pondré nada, tu lo harás y yo veré que reacción tienes y estaré al pendiente de lo que tú me digas, o lo que ves, ¿te parece?

–Bueno dice Tomás, tienes razón, alguien tiene que escribir y ver mi reacción.

Así que los dos amigos, esperaron cada uno por su lado de estar observando a sus mascotas caninos por la mañana, para ver si tenían lagañas en sus ojos, hasta que al paso de los días, Tomás fue a ver a Beto, para decirle que su perro había amanecido con muchas lagañas en sus ojos y que ya lo había limpiado con cuidado para poder usarlas en la noche, así que los dos jóvenes quedaron de verse en el panteón más cercano para usar las lagañas del perro.

En la noche, llegaron ambos jóvenes al panteón Beto iba con más miedo que su amigo, Beto sin embargo, se sentía emocionado y seguro pero no dejaba de burlarse de su amigo por la cara que llevaba y por el temblor de su cuerpo. Pero aún así, esperaron a que dieran las doce de la noche y sigilosamente entraron al panteón.

Tomás, que era el más ansioso, se apresuro ante una tumba y presto saco de su bolsillo una cajita donde llevaba las lagañas del perro y sacándolas, se las puso en ambos ojos diciendo.

–Yo pienso que esa mujer me engaño, no siento ni veo nada– Su amigo le dice, espera no seas impaciente, todo debe llevar un tiempo, espera y tranquilízate.

De pronto, Tomás empezó a temblar, su cuerpo se estremecía sin poder evitarlo y de pronto un grito desgarrador salió de su garganta, diciendo.

–No pero que es esto, es horrible, no quiero ver más, esto es espantoso, no, no, se acerquen, no me hagan daño por favor, perdón por venir a molestarlos, mi curiosidad fue muy grande, perdónenme, yo les pido perdón y no volveré a tratar de ver lo que no debo, pero no me hagan daño, no se me acerquen más, el pobre Tomás siguió gritando en esa forma tan espantosa hasta que su cuerpo se desvaneció lleno de terror en su rostro y con todo su cuerpo temblando.

Beto al ver a su amigo, estaba lleno de miedo, pero él no veía nada, y como pudo saco a su amigo del panteón y espero a que Tomás se repusiera, pero tardo mucho tiempo para que el joven curioso pudiera despertar.

Cuando Tomás logro despertar, su rostro no era el mismo, su cara demostraba el horror que había vivido momentos antes.

Beto presuroso le pregunto, pronto Tomás, dime que viste, te pasaste todo el tiempo pidiendo perdón y llorando y luego te desmayaste.

–Ay amigo, fue algo horrible, sentí que me iban atacar esos muertos, muchos de ellos con rostros demoniacos, los cuales parecían que me querían llevar con ellos, otros sin embargo eran seres tranquilos, que aunque yo sabía que eran muertos no me inspiraron temor alguno, pero los otros eran horribles, daban miedo ya que de sus ojos salía lumbre.

Ay amigo, a partir de hoy dejare de pensar en casos de ultratumba y querer saber cosas de las cuales no estamos preparados para saber y ver.

Ya más tranquilos, los dos jóvenes tomaron rumbo a su casa, pero en el camino Tomás seguía viendo muertos que lo llamaban y que él solo veía, el pobre Tomás lo único que hacía era santiguarse y pedir perdón y descanso eterno para esas almas que aun no descansaban.

Sin dejar de temblar, tanto en su cuerpo como en su voz, Tomás dice a su amigo.

–Beto, no sé hasta cuando dejaré de ver a los muertos, llegaré a mi casa y me lavare perfectamente mi cara y mis ojos, y mañana muy temprano, iré a ver a un cura para que perdone mi insolencia y para que me ponga agua bendita en mis ojos, ojala y así deje de ver muertos.

Esta historia parece imposible de creer, pero más vale dejar que la curiosidad no nos gane, y sobre todo no jugar o querer saber cosas que nos puede dañar en nuestra vida.

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