¿Aliens pudieron haber salvado a los dinosaurios?

¿Aliens pudieron haber salvado a los dinosaurios?
Una de las teorías mayormente aceptadas entre la comunidad científica es que hace aproximadamente 65 millones de años, cuando los dinosaurios dominaban la Tierra, un asteroide de unos 7,5 km de diámetro colisionó con nuestro planeta.

El impacto fue de tales dimensiones que la enorme energía liberada expulsó a la atmósfera ingentes cantidades de polvo y rocas que ocultaron la luz solar durante mucho tiempo, tanto que las plantas, primero, y los grandes animales herbívoros que de ellas vivían, después, desaparecieron rápidamente.

Finalmente, la extinción de éstos supuso la desaparición, asimismo, de los dinosaurios carnívoros.

Pero no me entretendré ni distraeré su atención con detalles históricos ni paleontológicos, que luego me acusarán de “cultureta” y perderán interés.

No, lo que yo quiero contarles aquí y ahora es algo muy diferente. Presten atención, que esto merece la pena.

Verán, siempre he creído (y por fin me he decidido a confesarlo, ahora que a este blog le faltan algo menos de cinco meses de vida y ya todo me da igual) que desde hace eones el planeta Tierra ha sido visitado asiduamente por razas alienígenas laboriosas que han dedicado sus esfuerzos a construir pirámides, monumentos megalíticos, arar los campos de formas harto artísticas y un sinfín de toda clase de obras de arte que los simples terrícolas nunca hubieran sido capaces.

Estos visitantes de otros mundos allende las estrellas de neutrones conocían, desde casi antes del Big Bang, los secretos de la propulsión hiperdimensional, disponían de naves espaciales en forma de platillo volante que camuflaban muy inteligentemente entre nubes con forma de platillo volante (una idea genial para pasar desapercibidos completamente) o bajo la apariencia de planetas de nuestro sistema solar, como Venus.

Por no hablar de su extraordinaria habilidad para no dejar nunca huellas u otras evidencias indiscutibles de su paso y así fomentar la confusión entre nosotros como parte de un oscuro plan conspiranoico para sembrar la desconfianza, la paranoia y la locura que conducirán inevitablemente a la aniquilación silenciosa de la raza humana.

Sí, tengo que reconocer ante todos ustedes, mis fieles lectores, que siempre he pensado y creído en todo lo que cuento en el párrafo anterior y, sinceramente, espero que no me lo tengan en cuenta ahora que el final está cerca. Sin embargo, no quisiera dejarles hoy con amargura ninguna en su ser.

Me permitirán, pues, que les plantee unas inquietantes cuestiones que a menudo se me han pasado por la cabeza en momentos de debilidad y molesta carencia de fe. Estos interrogantes que me martirizan una y otra y otra vez son los siguientes:

¿Fueron los alienígenas los causantes de la extinción de los dinosaurios?

 ¿Lo hicieron a propósito para que los mamíferos pudiésemos prosperar? ¿Albergaban la esperanza de que les preparásemos la Tierra para que, posteriormente, millones de años después, ellos pudieran finalmente ocuparla?

Si no fue así, ¿por qué no utilizaron su tecnología para destruir el inmenso asteroide asesino? ¿Tenían algo en contra de los dinosaurios? ¿Eran alérgicos a la carne de reptil?

Lo cierto es que no tengo respuestas a las preguntas anteriores.

Al fin y al cabo, basta hacer unas sencillas cuentas para darse ídem (sin la “s”) de que aprovechando las leyes físicas al alcance de cualquier homínido adolescente actual medianamente desarrollado (llamémosle estudiante, para abreviar) y que sería ampliamente superado intelectualmente por los extraterrestres que visitaban nuestro planeta durante el Cretácico superior (perdón por el detalle “cultureta”, no era mi intención), sin más que hacer unas simples suposiciones razonables, se puede llegar a la conclusión de que con un láser cuya potencia por unidad de área hubiese ascendido a 2 trillones de W/m2 el asteroide podría haber sido desviado de su rumbo de colisión con la Tierra.

Y todo ello, incluso aunque los alienígenas se hubieran arrepentido de su maligno y sibilino comportamiento y decidiesen disparar su devastadora arma en el último momento, justo en el instante en que la gigantesca mole de piedra, con una densidad media de 2,5 g/cm3, una masa de 4,5 billones de toneladas a la velocidad de 20 km/s, se encontrase a una distancia de la superficie del planeta equivalente a la altura de la órbita geoestacionaria (unos 36.000 km, aproximadamente), más o menos a falta de 30 minutos escasos para el impacto.

¿Por qué no lo hicieron? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

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