¿Donde estarán los últimos seres vivientes del planeta ?

¿Donde estarán los últimos seres vivientes del planeta ?Será en miles de millones de años más ...el momento en que la Tierra se extinga, producto del Sol moribundo que quemará su superficie.

Recientes investigaciones se han enfocado en determinar cuáles serán las últimas formas de vida que habitarán la Tierra, y a qué tipo de hábitat se aferrarán antes de que el planeta se convierta en uno estéril.

Somos afortunados de que nuestro planeta orbite una estrella con una secuencia principal duradera.

Aun así, la luminosidad del Sol aumenta gradualmente, y en unos mil millones de años los efectos de este hecho comenzarán a sentirse sobre la Tierra.

Las temperaturas de la superficie aumentarán, lo cual incrementará la cantidad de vapor de agua presente en el aire.

Esto a su vez fomentará el ascenso de la temperatura y significará, por tanto, el comienzo del fin de la vida en la Tierra.

Las altas temperaturas traerán consigo cantidades excesivas de lluvia y viento, aumentando de paso la erosión en rocas de silicato, las que absorberán el carbono extra de la atmósfera.

Normalmente, en el ciclo del carbono-silicato, el carbono es reemplazado a través de las placas tectónicas y liberado en los gases volcánicos.

Sin embargo, los océanos se evaporarán al tiempo que aumenten las temperaturas, lo cual probablemente representará un alto para la tectónica de placas, esto porque los científicos creen que el agua es un lubricante esencial para su movimiento.

Así, el número de volcanes activos disminuiría y el carbono dejaría de ser devuelto a la atmósfera.

La falta de dióxido de carbono destruiría la vida vegetal en la Tierra, pues las plantas dependen del CO2 atmosférico para realizar su proceso de respiración.

La muerte de plantas productoras de oxígeno conllevaría evidentemente a una disminución del oxígeno en la atmósfera durante unos cuantos millones de años.

Esto se traduciría en un desastre para la vida animal restante, siendo aves y mamíferos los primeros en extinguirse.

Tanto peces como anfibios y reptiles sobrevivirían por más tiempo, pues necesitan menos oxígeno y poseen una mayor tolerancia al calor.

Los últimos tipos de seres vivos que sobrevivan muy probablemente sean los invertebrados. Una vez que los insectos sucumban ante el incremento de temperaturas, la Tierra se hallará otra vez únicamente poblada por microbios, tal como era en los primeros miles de millones de años de su historia.

Estos últimos sobrevivientes buscarán nichos aún habitables, aunque incluso para seres extremófilos dicha búsqueda podría representar un reto.

Un nicho habitable en un mundo inhóspito

Mientras los océanos se evaporan, los pocos sitios que vayan quedando con agua podrían servir de refugio para algunos microbios.

Actualmente, la profundidad promedio de los océanos es de 4 kilómetros, pero llega hasta los 11 kilómetros en la Fosa de las Marianas, la fosa oceánica más profunda de la cual se tiene conocimiento.

Las fosas ubicadas en el lecho marino podrían contarse entre los últimos sitios en contener agua, con sus paredes ayudando a generar algo de sombra para enfrentar el implacable sol.

Pero este potencial refugio no resulta ser tan acogedor como pareciera: el aire que ingrese a la fosa se irá comprimiendo a medida que vaya bajando, aumentando aún más la temperatura sobre el agua.

“Para cuando lleguemos al punto en que haya una fosa con un pequeño charco de agua en el fondo, una gran cantidad de agua oceánica ya se habrá evaporado, así que la temperatura de la superficie del planeta aumentaría con rapidez,” comentó Jack O’Malley-James de la Universidad de St. Andrews, autor principal del reciente estudio.

“Por lo mismo, el agua al fondo de la fosa no permanecería helada por el tiempo suficiente como para que el sitio sirviera de refugio para la vida.”

Otro posible refugio podría estar en cuevas bajo tierra. Se han encontrado microbios que en la actualidad viven en cuevas y no requieren de luz solar para subsistir.

En esta “Tierra del futuro,” la mayoría de las cuevas no serían apropiadas para albergar vida, puesto que a mayor profundidad habría mayor temperatura.

Sin embargo, las cuevas con grandes cámaras y entradas estrechas podrían ser algo más heladas, ya que el denso aire frío tendería a ingresar, mientras que el aire menos denso y tibio, saldría.

Tales cuevas se forman a partir del colapso de túneles de lava, y debido al aire frío contenido en su interior, el agua que llegase a ingresar durante el invierno se congelaría.

Para cuando la temperatura exterior se incrementara nuevamente, el aire frío se mantendría atrapado, pero el hielo eventualmente se derretiría debido a la conducción del calor a través de las paredes de la cueva, por lo cual una fuente de agua seguiría siendo necesaria para que se mantuviera un clima fresco.

También podría existir vida en ambientes bajo tierra que no fueran necesariamente cuevas: hoy en día se tiene conocimiento de microbios que viven a 5,3 kilómetros de profundidad.

El incremento de la temperatura con respecto a la profundidad es de unos 48 grados Celsius por cada 1,6 kilómetros (aunque este incremento depende del tipo de roca). Tal refugio subterráneo podría ser uno de los últimos en contener vida en la Tierra.

Hacia el otro extremo de la escala, tenemos un descenso de unos 10,5 grados Celsius por cada 1,5 kilómetros por encima de la superficie terrestre.

Esto se debe a que la superficie re-irradia el calor recibido desde el Sol, calentando así la baja atmósfera.

Teniendo menos temperatura a mayores alturas, la vida microbiana, en un intento por escapar del calor, se empezaría a trasladar y a buscar refugio en los últimos lagos existentes entre las montañas.

Pero con la disminución de los choques entre placas tectónicas ya no habría fuerza que mantuviera de pie las montañas.

De hecho, éstas sucumbirían ante la erosión y eventualmente comenzarían a haber menos regiones de grandes altitudes en el planeta.

Las regiones altas que queden probablemente consistan en volcanes, puesto que la convección de roca fundida en el manto terrestre aún ocurriría, incluso después del término del movimiento de placas.

El hecho permitiría que estos volcanes alcanzaran alturas que en la actualidad se nos harían imposibles.

“Hoy en día, los sitios alrededor de volcanes activos albergan vida, así que vivir cerca de un volcán en actividad no debería representar un gran desafío para los microorganismos extremófilos,” aseguró O’Malley-James.

 “Es probable que la actividad volcánica descienda a medida que el planeta se enfríe, pero no se detendría por completo durante un periodo de tiempo en el cual la Tierra seguiría siendo habitable.”

Los charcos formados por los “restos” del océano poseerían altas concentraciones de sal, lo que obligaría a las bacterias a subsistir en un ambiente con mucha sal y altas temperaturas. 

Este tipo de microbios existe, se conocen como termófilos y en la actualidad viven bajo condiciones extremas, como en respiraderos hidrotermales.

En el futuro, las bacterias tendrán que además resistir la exposición a altas dosis de radiación ultravioleta, pues con el descenso del oxígeno en la atmósfera, la capa de ozono desaparecería.

Firmas biológicas de un planeta moribundo

Estudiar cómo será la vida en la Tierra en sus últimos días como planeta habitable, ayuda a los científicos a dilucidar el tipo de firmas biológicas que debieran encontrar en exoplanetas similares al nuestro y que orbitan estrellas viejas, cercanas al fin de su secuencia principal.

Entonces, ¿qué firmas biológicas dejarían en la Tierra los últimos organismos que vivan en ella?

Los seres termófilos, como aquellos que se encuentran en los volcanes del desierto de Atacama en Chile, utilizan el monóxido de carbono para obtener energía, mientras que los subproductos de sus procesos metabólicos incluyen dióxido de carbono, hidrógeno y etanol.

El dióxido de carbono podría ser visto como un indicador de vida, considerando que el CO2 inherente al planeta debería ser reducido en gran cantidad con millones de años de anterioridad.

Por sí mismo, sin embargo, no representa una firma biológica, y su presencia (en Marte, por ejemplo) no quiere decir que exista vida en el planeta.

Aun así, el dióxido de carbono producido biológicamente causaría un desequilibrio en el CO2 atmosférico, hecho que podría revelar la presencia de vida microbiana.

Análogamente, la producción biológica de hidrógeno ocasionaría un exceso de éste en la atmósfera, el cual podría interpretarse como un indicador de vida.

Pero todas estas firmas probablemente sean débiles, pues la productividad biológica sería considerablemente baja en un mundo moribundo.

Los microbios pueden adaptarse a condiciones extremas como las que existieron en la Tierra primitiva.

Las primeras formas de vida que aparecieron en el planeta, hace 3,8 mil millones de años, fueron organismos unicelulares. 

De la misma manera, serán los microbios quienes ocupen la Tierra durante sus últimos días como planeta habitable.

Las biósferas microbianas contendrán firmas biológicas bastante diferentes a las que existen en la Tierra de hoy en día, pero existe la interrogante con respecto a la posible similitud entre las biósferas “de tipo tardío” y las “de tipo primitivo.”

“Da la impresión de que las firmas biológicas de tipo tardío tendrán un parecido con las de la biósfera microbiana de tipo primitivo, pero se manifestarán más débilmente,” mencionó O’Malley-James.

“Así que podría ser posible distinguir entre biósferas primitivas y tardías, simplemente fijándonos en qué tan “notorias” son las firmas biológicas de gases en el espectro atmosférico de los planetas similares a la Tierra.”

A futuro se espera determinar con mayor precisión cuáles serían estas firmas, y con ello hallar mundos moribundos entre los planetas habitables y similares al nuestro que hasta ahora se han descubierto.


Los tardígrados serán los últimos en desaparecer.

Los tardígrados serán la última vida pluricelular en desaparecer en la Tierra y sobrevivirán a posibles castástrofes astrofísicas.

Todo tiene un fin. El propio Universo tal y como lo conocemos tendrá un fin algún día. También lo tendrá el Sol y este planeta en el que vivimos. Antes habrá desaparecido todo humano, al que seguirá en destino la vida de la Tierra en su conjunto.

La vida, además, se puede ver comprometida por catástrofes astrofísicas que pongan en aprietos la supervivencia de los humanos o de la vida en general.

tardígrados

Aunque sí se han realizado estudios sobre el efecto que tendrían estas catástrofes sobre la civilización humana, poco se ha publicado sobre el efecto que tendrían sobre la vida terrestre en general.

Un grupo de investigadores ha estudiado precisamente qué formas de vida terrestres podrían sobrevivir a esos eventos y a la evolución natural del planeta Tierra. Llegan a la conclusión de que los animales que sobrevivirían hasta el final serían los tardígrados, por lo que estas criaturas estarán por aquí al menos 1000 millones de años más, cuando las condiciones de habitabilidad de la Tierra sean totalmente destruidas. 

Aunque se sabe que algunos tipos de microorganismos extremófilos podrían sobrevivir a condiciones muy duras, que lo puedan hacer unos seres pluricelulares no deja de ser sorprendente.

Los tardígrados (también llamados osos de agua) son un filo de pequeños invertebrados con un tamaño de 0,1 a 1,5 mm que habitan en lugares húmedos. Los hemos mencionado en NeoFronteras en varias ocasiones (ver referencias del final). 

Se conocen más de 750 especies de tardígrados y son especialmente abundantes en la película de humedad que recubre musgos y helechos. Estos seres de ocho patas están extendidos por todo el mundo, desde las cumbres del Himalaya a las profundidades oceánicas y desde las regiones polares a las ecuatoriales.

Estos invertebrados pueden sobrevivir en ambientes extremos y las pruebas de laboratorio así lo atestiguaban. Resisten una irradiación de 5000–6200 Gy. Son capaces de sobrevivir 30 años sin comida o aguantar temperaturas de 150 grados, resistir a las condiciones del fondo del océano o a las del vacío del espacio exterior. Además pueden sobrevivir a casi el cero absoluto de temperatura durante unos minutos o a -20 grados durante décadas. Pueden incluso vivir hasta 60 años.

Estos investigadores han deducido a partir de estas características que estos seres de ocho patas podrían sobrevivir a todo tipo de calamidades astrofísicas plausibles incluidas el impacto de meteoritos. 

El límite está en que todos estos eventos no pueden hacer hervir los océanos o hacerlo con una probabilidad despreciable. Estas catástrofes, además del impacto meteorítico, incluyen las explosiones de supernova o los estallidos de rayos gamma.

Para que un impacto evapore los océanos terrestres, el asteroide tendría que tener el tamaño de Vesta o Plutón y como estos cuerpos tienen órbitas estables no es probable que terminen impactando sobre la Tierra y eliminando a los tardígrados.

Una supernova tendría que explorar a menos de 0,14 años luz para hacer hervir los océanos, así que también se puede descartar porque no estrellas tan cerca de nosotros.

En cuanto a los estallidos de rayos gamma, la fuente tendría que estar a menos de 40 años luz y, de nuevo, la probabilidad de se dé algo así es muy reducida.

“Sin nuestra tecnología para protegernos, nosotros los humanos, somos una especie muy sensible. Cambios sutiles en nuestro ambiente nos pueden impactar dramáticamente. Hay muchas especies más resistentes sobre la Tierra. La vida sobre este planeta puede continuar tiempo después de que los humanos hayan desaparecido”, dice Rafael Alves Batista (Oxford University).

Este investigador sostiene que, aunque los tardígrados están muy cerca de ser indestructibles en un planeta como la Tierra, es posible que haya especies tan resistentes o más en el Universo. “Quién sabe lo que puede haber ahí afuera”, añade.

El otro autor del estudio, David Sloan (Oxford University), añade que en trabajos previos sobre este tipo de catástrofes se habían centrado sobre el efecto que tendrían sobre el ser humano, pero no en especies más resistentes como los tardígrados

“Como ahora estamos entrando en una era de la Astronomía en la que pronto podremos ver exoplanetas y tomar espectros de ellos en busca de bioindicadores, deberíamos intentar ver cómo de frágil es la vida más resistente. Para nuestra sorpresa hemos encontrado que una supernova cercana o el impacto de una gran asteroide tendría un efecto catastrófico sobre la gente, pero no afectaría a los tardígrados”, añade.

Por tanto, parece que la vida, una vez se pone en marcha, es difícil de ser barrida completamente. Una gran número de especies e incluso géneros enteros pueden extinguirse, pero la vida continuará.

El estudio podría tener consecuencias sobre las posibilidades de vida fuera de la Tierra, ya que en cuerpos como el interior de Europa o Encelado los tardígrados terrestres podrían vivir, así que a una hipotética vida local evolucionada allí le sería aún más fácil. Incluso podría vivir en el suelo marciano, la pregunta es por qué todavía no se han visto organismos equivalentes en el planeta rojo. 

Aunque puede que nunca haya aparecido la vida en ese planeta.

En todo caso, los tardígrados y lo que ellos significan podrían alterar la idea que tenemos sobre habitabilidad en planetas alrededor de otras estrellas.

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