Visión de los animales ,empatía y análisis racional

Visión de los animales
Visión de los animales ,empatía y análisis racional.

Dos trabajos nos hablan sobre el origen de la visión ,
empatía y análisis racional sobre la evolución de éstas en los mamíferos.

Es instructivo observar con una lupa un fósil de trilobites que tenga ojos.

Si nos fijamos en esos ojos veremos que son facetados, es decir, están compuestos por lentes individuales de calcita.

No deja de ser fascinante pensar que la luz atravesó una vez esas mismas lentes y que el animal pudo contemplar el mundo que le rodeaba.

Pero para poder ver se necesita muchos más que una lente o un conjunto de ellas. Además de un cerebro para procesar la información, hacen falta pigmentos que sean sensibles a la luz y que permitan disparar la primera señal nerviosa.

Desde la visión de ese trilobites hasta nuestra visión la evolución ha producido muchos tipos de ojos que han dotado de visión a los animales, pero los pigmentos tipo opsinas implicados han sido muy parecidos.

Sin embargo, los distintos informes relativos a las relaciones filogenéticas entre los primeros animales que poseían estos pigmentos son contradictorios.

Para solucionar este problema Davide Pisani y sus colaboradores de las Universidades de Bristol y Nacional de Irlanda han usado un modelo computacional para así recrear en detalle la historia de cómo y cuándo evolucionaron las opsinas.

Esto ha permitido arrojar luz sobre el origen de la visión, lo que incluiría también el origen de la visión en los antepasados remotos de los seres humanos.

Con ese modelo computacional estos investigadores pusieron a prueba las distintas hipótesis sobre el origen evolutivo de estos pigmentos.

El análisis tuvo en cuenta la información genética disponible sobre los linajes animales más relevantes, incluyendo un grupo de esponjas (Oscarella carmela) y los cnidarios.

Son los animales más simples que presentan células nerviosas y órganos de los sentidos como los estatocistos y ocelos.

Los ocelos son pequeñas estructuras fotorreceptoras que funcionan como órganos simples de la visión.

Estos investigadores pudieron reconstruir una historia evolutiva de estos pigmentos que se originaría en una opsina ancestral que produjo hace 700 millones de años.

Esta opsina no era sensible a la luz, pero unos cambios genéticos durante 11 millones de años hicieron que adquiriera la habilidad de detectar la luz.

Según Pisani el hallazgo más importante del estudio es que la capacidad fotosensible de estos pigmentos se originó sólo una vez en la historia evolutiva de los animales. Por tanto, el origen de nuestra visión también se remontaría a ese evento único.

En otro estudio distinto investigadores de las universidades de Texas y Midwestern aclaran que desde la era de los dinosaurios la mayoría de las especies de mamíferos que están activos durante el día todavía retienen estructuras en sus ojos de visión nocturna de cuando sus antepasados tenían hábitos nocturnos, hace más de 65 millones de años.

Sólo los primates antropoides como los monos y simios se desvían de este patrón, lo que incluye también a los humanos.

Se cree que durante el Mesozoico los mamíferos tenían hábitos nocturnos y que este largo periodo de tiempo de adaptación a la oscuridad habría dejado rasgos que habrían perdurado durante mucho tiempo en el sistema de visión.

A los mamíferos les costó mucho adaptar su visión, al pasar su actividad de ser nocturna a ser diurna, porque no sufrían mucha presión de selección.

Es lo que se llama la teoría del “cuello de botella nocturno”. El hecho de que los mamíferos actuales tengan una forma de ojo que parece nocturna si los comparamos con reptiles u aves es una prueba de la fuerte influencia de la historia evolutiva sobre la anatomía moderna.

No deja de ser sorprendente esta influencia después de 65 millones de años, pero es precisamente lo que han descubierto en este estudio.

El Mesozoico (Triásico, Jurásico y Cretácico) comenzó hace 250 millones de años y duró hasta hace 65 millones de años.

Los mamíferos serían nocturnos en esa época, entre otras razones, para evitar ser depredados por los dinosaurios que eran predominantemente diurnos.

A partir del fin del Cretácico los dinosaurios desaparecieron y dejaron muchos nichos ecológicos vacíos que fueron conquistados por aves y mamíferos.

Para poder sobrevivir en la oscuridad de la noche, los mamíferos mesozoicos tenían unas capacidades de visión especiales, como una buena visión de color y gran agudeza visual que se perdieron al pasar por el “cuello de botella” evolutivo.

Estos investigadores analizaron mediante métodos estadísticos multivariantes grandes cantidades de datos sobre la anatomía de los ojos de distintos animales.

En concreto sobre 266 especies de mamíferos. Además, compararon estos resultados con los ojos de aves y reptiles.

Encontraron que la actividad nocturna o diurna de los mamíferos produce muy pocas diferencias en la morfología del ojo, pero a la vez los ojos de los mamíferos, incluso los diurnos, se parecían a los ojos de aves y reptiles nocturnos.

La explicación seria que después de la desaparición de los dinosaurios los mamíferos que pasaron a tener vida diurna en lugar de nocturna no sufrieron una gran presión de selección para adaptar mejor su visión a las nuevas condiciones.

La excepción serían los primates antropoides que sí desarrollaron un ojo mejor diseñado para la visión diurna.

Al igual que las aves y lagartos estos mamíferos tienen (tenemos) córneas pequeñas comparadas con la longitud del ojo como adaptación a una mejor agudeza visual.

Los humanos y otros antropoides son muy dependientes de la visión para casi todo y por esta razón nuestros ojos son distintos a los de otros mamíferos.

En el pasado nuestros antepasados remotos sufrieron una presión de selección que hizo que sus ojos evolucionaran hacia una mejor adaptación a la luz del día.

Así que, amigo lector, si ha podido leer esto se debe a que hace un poco menos de 700 millones de años se desarrolló la primera opsina fotosensible y lo ha podido ver bien porque hace no tanto tiempo el antepasado de los primates antropoides se separó evolutivamente del resto de los mamíferos y necesitó ver mejor.

El pensamiento empático y analítico son, al menos hasta cierto punto, mutuamente excluyentes en el cerebro.

¿Cómo puede ser tan insensible el directivo de un banco o el presidente del consejo de administración al sufrimiento que pueden causar entre sus clientes o trabajadores cuando toman sus decisiones?

Un estudio muestra que incluso las mentes más inteligentes pueden ser seducidas por una historia sentimental.

En esos casos cuando la parte del cerebro encargada de procesar las emociones toma el control suprime la parte dedicada al pensamiento analítico.

También puede ocurrir al revés y que un directivo despida a parte de su plantilla aunque la empresa no presente pérdidas sin tener en cuenta el drama que pueden vivir los que son despedidos.

En este caso sería la parte fría y analítica de su cerebro la que tomaría el control y reduciría la habilidad de apreciar el coste humano de sus acciones.

En reposo nuestros cerebros oscilan entre la red neuronal social y analítica. Pero cuando se les presenta una tarea los cerebros de individuos sanos eligen la red cerebral más apropiada.

Ahora un estudio muestra por primera vez que tenemos limitaciones a la hora de presentar habilidades empáticas y analíticas a la vez.

Además sugiere que la teoría establecida que propone esta competición entre distintas redes cerebrales debe ser revisada y proporciona pistas sobre las diferencias de funcionamiento entre mentes sanas y enfermas.

Según Anthony Jack (Case Western Reserve) el pensamiento empático y analítico son, al menos hasta cierto punto, mutuamente excluyentes en el cerebro y que esta es la estructura cognitiva con la que hemos evolucionado.

En estudios previos se mostró que estas dos grandes redes del cerebro están en tensión y compiten entre sí, pero se han propuestos diferente mecanismos para dirigir esta tensión.

Según una teoría la red en funcionamiento está directamente involucrada en la tarea mientras que la otra simplemente vaga.

En la segunda teoría una red se dedica a atender el exterior mientras que la otra atiende el interior.

Los nuevos hallazgos sugieren que los mismos fenómenos que determinan este tipo de problemas se dan cuando miramos la típica ilusión óptica del pato-conejo.

O bien vemos un conejo o bien vemos un pato, pero no vemos ambos a la vez.

Esto se da porque ocurre una inhibición neuronal entre las dos representaciones.

Según Jack lo que se ha visto en este nuevo estudio es algo similar, pero a una escala mucho más amplia.

Han podido observar inhibición neuronal entre la red cerebral encargada de la parte social, emocional y moral y la red encargada del razonamiento lógico, matemático o científico.

En este estudio se solicitó a 45 adultos voluntarios resolver 20 problemas presentados en vídeo y 20 escritos.

Estaban diseñados o bien para mantener ocupada a la parte social o bien para mantener ocupada la parte analítica del cerebro, reprimiendo la opuesta.

Estas tareas estaban planteadas para ser completadas en turnos de 5 o 10 minutos y había periodos de descanso.

La actividad cerebral de estos voluntarios fue vigilada por un sistema de resonancia magnética nuclear (RMN). Sus respuestas se debían circunscribir a contestar sí o no en un plazo de 7 segundos.

Las imágenes de RMN mostraron que los problemas sociales desactivaban las regiones asociadas con el pensamiento analítico y activaban la red social y viceversa.

El estudio tiene un impacto también para el tratamiento de desórdenes como la ansiedad, depresión o esquizofrenia, que están caracterizados por una disfunción social.

Los tratamientos, según Jack, necesitan fijarse como meta el reestablecimiento del equilibrio entre estas dos redes.

También se podría aplicarse al autismo o al síndrome de Williams, que son dos casos totalmente opuestos de desequilibrio de este tipo.

Estos investigadores siguen trabajando sobre esta teoría y qué aspectos pueden afectar a nuestra brújula moral.

Puede que el directivo jefe de una compañía que despide gente necesite ser analítico para mantener los beneficios de su empresa, pero según Jack puede perder su brújula moral si se queda atascado en una forma de pensar analítica.

Según él es necesario oscilar entre una red cerebral y otra de manera eficiente y usar la red adecuada en el momento oportuno.

En los ejemplos dados este investigador asume que el sujeto es un individuo sano, pero no siempre es así.

Algunos psicólogos sostienen que el mundo moderno favorece el éxito de individuos que son psicópatas (un 1% de la población) y que éstos medran en el mundo de la política o de la empresa fácilmente.

Aunque no se dedican a asesinar gente en sus ratos libres, sí hacen daño y presentan rasgos mentales psicopatológicos claros. 

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