Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

La mente es como un paracaídas. Funciona mejor cuando está abierta

La mente es como un paracaídas. Funciona mejor cuando está abierta
Mario Alonso Puig: “La mente es como un paracaídas. Funciona mejor cuando está abierta”

Mario Alonso Puig se volvió a comer el escenario. Lo hace siempre.

Y lo hizo, en el III Congreso de Mentes Brillantes El Ser Creativo.

E l esplendor de la retórica griega saltó al presente cuando este cirujano habló sobre el cerebro humano.

Fue tajante.

“La mente se puede moldear”. Como la plastilina. Aunque no sea tan fácil.

El especialista en aparato digestivo dijo que “las personas que cuidan su mente son capaces de cambiar su forma de ser y reestructurar su cerebro”.

Pero antes de ahondar en esta idea se ciñó al guión. La pregunta que tenía que responder en este evento, patrocinado por Pepsi, era:

 “¿Está el alma en el cerebro?”. Y a la pregunta contestó él mismo con otra cuestión: “¿Somos seres exclusivamente materiales o hay algo regido por otras leyes que no son las de la materia?”.

El cerebro es materia. “Pesa unos 1.200 gramos y está formado por neuronas”, dijo.

El alma es “una realidad metafísica”. “Ni la física, ni la química, ni ninguna ciencia pueden decir nada sobre el alma. Tratan de lo material y no pueden decir nada sobre lo que no es materia”.

“Si fuéramos seres únicamente materiales, no tendríamos libertad. Seríamos máquinas de respuestas”, comentó. “Si pensáramos que el humano es solo material, creeríamos que somos utilitarios y nos usaríamos unos a otros”.

Pero, además, el cirujano planteó una cuestión. “Pensad en una persona que queráis. Vuestro padre, vuestro hijo, vuestra pareja… vuestro jefe ☺… Al pensar en ellos os llenáis de dopamina, de alegría… ¿Cómo se puede explicar eso si solo fuésemos materia?”.

Alonso Puig aclaró que hablar de alma no implica ningún credo ni dogma. “Hablo de entrar en contacto con lo más íntimo del ser humano”, concretó.

Y de ahí pasó al estrés y la ansiedad que se expande, como mancha de aceite, en las sociedades occidentales. “¿No nos ayudaría a estar más serenos recuperar esta dimensión?”.

El cirujano tomó unas palabras de Víctor Hugo como respuesta: “Siéntete por un instante como un frágil pajarito. Estás en un árbol. Cantando.

Y aunque la rama puede caerse, estás tranquilo porque sabes que puedes volar”. “El sentido de la vida”, prosiguió, “es que los latidos del corazón sintonicen con los latidos del universo”.

Y de ahí pasó a la plasticidad del cerebro.

A la plastilina que nos hace ser de un modo u otro. Alonso Puig utilizó una frase de Sakyamuni (Buda) para pasar al nuevo territorio de su discurso. “Acabamos convirtiéndonos en lo que pensamos”.

Para empezar, una advertencia. Pensar en negativo ataca al cuerpo. “Los pensamientos perturbadores activan sentimientos como el miedo, la desesperanza, la desconfianza…

Y si las sensaciones aflictivas se mantienen en el tiempo, bloquean el proceso creativo, generan insomnio e hipertensión, aumentan la grasa abdominal, provocan colon irritable y osteoporosis, destruyen masa muscular…”.

El pensamiento es absolutamente poderoso. “Pensar nos altera”, aseguró. “Vivimos las sensaciones como creencias y modifican nuestra percepción de las cosas.

Acabamos viendo según pensamos. Es como si nos pusiéramos unas gafas que tiñeran todo lo que miramos del sentimiento que tenemos. Es como imaginar un drama y convertirnos en el protagonista.

Lo más importante es lo que ocurre dentro de nosotros”.

Esa nueroplasticidad que da poder a un individuo para cambiar su conducta y su forma de afrontar la vida “no desaparece jamás”. “A ninguna edad”, recalcó.

Las personas siempre están a tiempo de construirse como realmente quieren ser.

“Podemos utilizar nuestras mentes para hacer nuestras vidas más plenas y felices”, dijo el fellow de Harvard University Medical School.

Aunque ayuda mucho tener algo en cuenta. “La mente es como un paracaídas. Funciona mejor cuando está abierta”.

Reestructurar el cerebro es posible. Pero exige, según el cirujano, tres tareas irrenunciables:

✓ “Has de creer que puedes cambiar tu mente”
✓ “Has de querer hacerlo”
✓ “Has de sentirte capaz de hacerlo”

El esfuerzo diario, por mínimo que sea, es infalible. Y si no, como dijo Alonso Puig, “preguntad a un marino si cambiar todos los días un grado no te lleva a otro destino”.

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