La leyenda del cuarto rey mago...Artabán

cuarto rey mago...Artabán
¿Los cuatro reyes magos?

Los tres Reyes Magos no eran tres, no eran reyes, ni eran magos.

La historia de los Reyes Magos se encuentra sólo en el evangelio de Mateo. Según Mateo (Mateo 2, 1-12), estos Reyes Magos fueron un grupo de un número indeterminado de magos que visitaron al niño Jesús después de ver una estrella en el cielo que creían que profetizaba el nacimiento del nuevo rey de el pueblo judío.

Los magos fueron informados por Herodes de la profecía de que el Mesías nacería en Belén, por lo que los magos establecieron Belén como destino.



El autor del evangelio no dice que en realidad llegasen a Belén, sólo que los magos encontraron una casa y creyeron que el niño que residía en ella era el nuevo rey que buscaban y le regalaron oro, incienso y mirra.

Aunque en el evangelio de Mateo no se especifica el número de los visitantes magos, la mitología cristiana afirma a menudo que fueron tres y que fueron reyes que aceptaron a Jesús como el Mesías. Con el tiempo a estos «tres reyes» se les dieron los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar.....y según esta la leyenda ,Artabán era el cuarto rey mago.
¿Qué dice en Nuevo Testamento sobre ellos?
Sólo el Evangelio según San Mateo los menciona, en los versículos del 2, 1 al 2, 12: Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: "Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel". Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Como vemos, apenas da información sobre ellos. Otros evangelios apócrifos, como el Pseudo Tomás, ofrecen más detalles, como que estaban emparentados y procedían de Persia, Babilonia y Asia.

¿Cuántos eran? No se menciona el número, pero el teólogo cristiano del siglo IV Orígenes fija su número en tres (quizá por concordancia con el número de presentes: tres regalos, tres magos) y el papa León I (440-461) fija definitivamente su número en tres. 

Lo que no quita que haya otras interpretaciones; por ejemplo, la tradición armenia habla de hasta una docena.

¿Tampoco eran reyes? Es un dato que no se menciona por ninguna fuente hasta varios siglos después. Posiblemente, convertirlos en reyes fue una manera de subrayar la divinidad de Jesucristo, al hacer que fuesen a postrarse ante él reyes, los más poderosos de entre los hombres.

El zigurat de Borsippa, con sus altos muros y siete pisos, era el punto de encuentro de los cuatro reyes e inicio de la travesía conjunta.

Hacia allí acudía Artabán, con un diamante protector de la isla de Méroe, un pedazo de jaspe de Chipre, y un fulgurante rubí de las Sirtes como triple ofrenda al Niño Dios.

Cuando topó en su camino un viejo moribundo y desahuciado por bandidos: interrumpió el rey su viaje, curó sus heridas y le ofreció el diamante al viejo como capital para proseguir el camino.

Llegado a Borsippa, sus compañeros de viaje habían partido.

Continuó en soledad en pos de su destino, pero arribado a Judea, no encontró ni a los Reyes ni al Redentor, sino hordas de soldados de Herodes degollando a recién nacidos: a uno de ellos, que con una mano sostenía a un niño y en la otra blandía afilada espada, ofrece el rubí destinado al Hijo de Dios a cambio de la vida del niño.

En esta actitud es sorprendido: es apresado y encerrado bajo llave en el palacio de Jerusalén.

La leyenda del cuarto rey mago...Artabán

Treinta años duró el cautiverio, y fueron llegando ecos de los prodigios, consejos y promesas de un Mesías que no era sino el Rey de Reyes al que fue a adorar.

Con la absolución y errando por las calles de Jerusalén, se anunció la crucifixión de Jesucristo; encamina sus pasos al Gólgota para ofrecer la adoración largamente postergada, cuando repara en un mercado en el que una hija es subastada para liquidar las deudas su padre.

Artabán se apiada de ella, compra su libertad con el pedazo de jaspe, la última ofrenda que le quedaba es ofrecida y Jesucristo muere en la Cruz: tiembla la tierra, se abren los sepulcros, los muertos resucitan, se rasga el velo del templo y caen los muros.

Una piedra golpea a Artabán y entre la inconsciencia y la ensoñación, se presenta una figura que le dice: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”.

Desorientado y exhausto pregunta: “¿Cuándo hice yo esas cosas?”, y con la misma expiración recibe la respuesta: “Lo que hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí”. Con él se elevó a los mismos cielos que en su juventud le guiaron en pos del Destino finalmente alcanzado.

En realidad, pese a que en algunos lugares se atribuye esta leyenda a antiguos textos, su origen es mucho más cercano y no tiene ninguna base bíblica. Artabán es un personaje ficticio protagonista del cuento navideño The Other Wise Man (El otro rey mago), escrito en 1896 por Henry van Dyke (1852 – 1933), teólogo presbiteriano estadounidense.

Cuenta el relato que Artabán era el cuarto Rey Mago que encaminó sus pasos hacia Occidente, siempre guiado por el fulgurante mapa celestial, en busca del niño Jesús.

El nombre “Artabán” proviene del persa y corresponde a cuatro reyes partos, así como a un hermano de Darío I y un general de Jerjes.

Los estudios afirman que Los Magos se asocian con sabios o sacerdotes persas. El término «magi», o la palabra griega «magoi», se traduce generalmente como hombres sabios, astrólogos o magos. «El Oriente» del que venían ha sido diversamente identificado como un país desde Arabia a Persia, pero no más al este.

La leyenda del cuarto rey mago...Artabán

¿Eran ellos magos?

No. Al menos, no con el sentido que le damos hoy a la palabra. No eran magos como Harry Potter, ni siquiera eran magos como Juan Tamariz.

El término griego μάγος (magós) también se usaba para referirse a hombres sabios y eruditos. El que conocieran las escrituras bíblicas (que citan ante Herodes) y el que llegaran a Israel siguiendo una estrella, refuerza esa idea.

Pero al menos, serían de Oriente ¿no?  Es difícil saber si el autor del Evangelio de San Mateo se refería efectivamente a Oriente como tal o sólo quería señalar que procedían de tierras lejanas y exóticas. Porque diversas tradiciones atribuyen su origen a Persia, Arabia, Pakistán, la India, Nubia (en el actual Sudán), o incluso dicen que procedían uno de Europa, otro de Asia y otro de África. Para confundir mas el asunto, en su libro sobre la infancia de Jesús, el ex-papa Benedicto XVI señala como posible origen a Tartessos (en Andalucía).

¿Y sus nombres? No es hasta el siglo V, en que dos textos son los primeros en atribuírselos. El Excerpta latina bárbari les llama Melichior, Gathaspa y Bithisarea; el Evangelio armenio de la infancia (apócrifo) les llama Melkon, Gaspard y Balthazar. Hasta entonces, no se habían citado sus nombres.

¿Y tampoco Baltasar era negro? Lo cierto es que las representaciones más antiguas que hay son siempre de tres hombres blancos; pero a partir de la Edad Media, Baltasar empieza a ser retratado como un hombre negro, supuestamente por la intención de la Iglesia de señalar la universalidad del cristianismo.
 
Entonces no fueron tres, sino bastantes más, alrededor de doce. Tampoco vieron una «nueva estrella», sino una alineación planetaria o conjunción, y no aceptaron a Jesús como su Mesías. Debido a que la historia de los reyes magos sólo se encuentra en el evangelio de Mateo, algunos eruditos especulan que nunca ocurrió y que no fue más que una invención posterior de el autor o autores del evangelio de Mateo.

Ahora, un antiguo documento encontrado en los archivos del Vaticano ha sido traducido del siríaco antiguo por Brent Landau, un profesor de estudios religiosos de la Universidad de Oklahoma, que ha pasado dos años para descifrar el manuscrito.

Se trata de una copia del siglo VIII de una historia escrita hace casi medio milenio, menos de 100 años después que el evangelio de Mateo. El profesor Landau cree que sus autores anónimos están estrechamente identificados con la mística y con la secta a la que pertenecían los magos.

«Nadie sabe de donde Mateo sacó la historia, por lo que junto con el Evangelio de Mateo esto lo más cercano que se puede llegar a los Reyes Magos.»
La historia relata que el dios Seth transmitió la profecía que una estrella aparecería para señalar el nacimiento de Dios en forma humana. Los Reyes Magos esperaron miles de años hasta el día de la aparición de esta estrella.

«Ésta se transformó en un pequeño ser humano luminoso que era el mismo Cristo mismo en una preexistente forma celestial.», afirma el profesor Landau. «Es decir, que Jesucristo  y la estrella de Belén son la misma cosa y que Jesucristo puede transformarse en cualquier cosa.»

«La estrella los guía a Belén y a una cueva en la que se transforma en un bebé humano que les dice que deben volver como predicadores del Evangelio.»

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