Cazadores de espectros en las alturas

Cazadores de espectros en las alturas Durante mucho tiempo se consideró que no existían, aunque ya a principios del siglo XX se postuló que, al menos teóricamente, podrían ser posibles.

Con la llegada de la aviación fueron muchos los pilotos que afirmaron haber visto fantasmales figuras de bellos colores apareciendo como fantasmas fugaces en las alturas durante vuelos nocturnos.

Tampoco se les creyó, y los meteorólogos siguieron considerando que aquello no existía.

Pero, diversas grabaciones de finales de los años ochenta y, sobre todo, las tomas realizadas por vuelos del transbordador espacial y, más tarde, desde la Estación Espacial Internacional (ISS), terminaron por confirmar que en el filo del espacio suceden fenómemos singulares de los que poco o nada se conocía.

Hoy ha aparecido incluso toda una subespecie dentro de los cazadores de tormentas que tratan de filmar los esquivos sprites celestes, son los cazadores de espectros de las alturas.

Ahora bien, ¿de qué va todo esto? Se trata de destellos luminosos localizados a gran altitud, muy por encima de las tormentas, por lo general en la mesosfera, entre cincuenta y cien kilómetros de altitud aproximadamente.

No son muy comunes, pero las grandes tormentas pueden generarlos fugazmente en abundancia y es, precisamente, ese tipo de situaciones, la que son buscadas por los cazadores de sprites.

Por lo general, la porción superior de las nubes que forman una tormenta tiene una carga positiva y, al contrario, tendrá carga negativa la parte inferior.

Por ello, lo normal es que sea en la base de las tormentas donde se generen las descargas que forman los rayos que buscan el suelo.

Ahora bien, ocasionalmente, es la parte superior de las tormentas, cargada positivamente, la que descarga de forma directa hacia el suelo, creando rayos de gran intensidad.

Esos impresionantes rayos generan, en contadas situaciones y dado lo energético del fenómeno, los espectros en altura que son tan codiciados por los cazadores y que se consideró que no existían hasta la llegada de la era espacial.

Desde luego, no se trata de nada muy común pues las condiciones para que se produzcan son excepcionales, pero no por ello son tan raros como pudiera pensarse.

Aunque la mayor parte de los rayos que caen a tierra son “normales”, esto es, parten de la base con carga negativa de las nubes, ocasionalmente las potentes descargas directas al suelo desde lo alto de las nubes, cargadas positivamente, crean una situación particular en la atmósfera.

Por unos instantes la carga positiva de la cima de las nubes desaparece en grandes áreas de la tormenta pasando a descargar con un potente rayo hacia el suelo, mientras la perturbación en el campo eléctrico entre la cima nubosa y la ionosfera arrastra electrones hacia las alturas.

Allí, esos electrones chocan a gran velocidad con los átomos, por ejemplo de nitrógeno, de la enrarecida atmósfera superior, excitándolos y haciendo que emitan luz en forma de rapidísimos fogonazos. Se crean así los esquivos espectros de las alturas.

No son todos iguales, es más, existen diversas familias en este grupo de fantasmas luminosos. Ahí están, por ejemplo, los duendes o elfos (de ELVES, el acrónimo en inglés referido a “Emissions of Light and Very Low Frequency Perturbations from Electromagnetic Pulse Sources”).

En este caso los impulsos electromagnéticos procedentes de los potentes rayos que he comentado antes crean una especie de corazas semiesféricas que toman forma luminosa como anillos al chocar los electrones acelerados con los átomos de la atmósfera superior.

Apenas duran fracciones de segundo, pero cuando son observados presentan un inconfundible aspecto de “platillo volante” de incluso varios cientos de kilómetros de diámetro. 

En áreas más cercanas a la superficie, hasta los cuarenta kilómetros de altitud, suelen aparecen sobre las tormentas los chorros o surtidores azules. Se trata de fenómenos esquivos muy codiciados por los cazadores de sprites.

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