Sonríe, la gente lo entenderá

 Sonríe, la gente lo entenderá
¿Cuántas risas hay?
¿ Por qué nos reímos?  
¿Qué nos ocurre al hacerlo?

De los aproximadamente 600 músculos que tiene el cuerpo, cerca de 40 están en la cara.

Una de sus funciones más importantes es la expresión de las emociones, lo que nos permite comunicar nuestro estado anímico de forma fácil, rápida e inequívoca.

La risa es una facultad maravillosa y compleja

De hecho, siempre se ha considerado que la expresión facial de las emociones básicas es universal, y que en todas las culturas y países del mundo se manifiestan e interpretan de la misma manera.

Sonríe, eso sí lo entenderán

Pues bien, según parece esta idea puede no ser del todo cierta. Clásicamente, se ha considerado que hay seis emociones básicas universales (aunque según los distintos autores esta clasificación puede variar), que son miedo, sorpresa, asco, ira, alegría y tristeza.  

Las emociones son estados afectivos acompañados de cambios fisiológicos, cuyo origen es innato pero que a su vez están influidos y modelados por la experiencia.

Todas y cada una de ellas cumplen una función esencial en nuestra supervivencia, por lo que han existido prácticamente desde que el hombre es hombre.

Y diversas investigaciones habían demostrado que en culturas muy distintas todas ellas se manifiestan básicamente igual.

Sin embargo, un reciente estudio ha puesto en duda que realmente todas se entiendan de la misma manera.

La risa es un comportamiento universal. Todas las culturas ríen. Allí donde vamos reconocemos lo que pasa por la cabeza del otro cuando se ríe y sabemos lo que significa.  

Sonríe, la gente lo entenderá

La risa es innata. Los niños ciegos y sordos de nacimiento ríen. Más aún, la risa no es exclusivamente humana. Nuestros primos, los grandes simios como el gorila o chimpancé ríen. Ríen incluso las ratas.

Porque si hay algo claro de la risa es que es un comportamiento social. La risa no solo ocurre cuando se hacen o se leen bromas. Sucede sobre todo cuando estamos con otros.

Hasta 30 veces más nos reímos en su presencia. Nos reímos más si nos gusta la gente con la que estamos o si queremos gustarles. Cuando estamos con los amigos y nos reímos, manifestamos nuestros lazos de unión con ellos mediante la risa.

Las Universidades de Glasgow (Escocia) y Fribourg (Suiza) estudiaron el modo en que varios grupos de jóvenes occidentales y orientales interpretan las expresiones faciales de las emociones.

Se les mostraba una serie de rostros animados por ordenador, y cada participante debía indicar a qué emoción básica correspondía cada expresión, clasificándolas también en función de su intensidad.

El resultado fue que ambos grupos identificaron de manera diferente las distintas emociones. Los occidentales las clasificaban de forma muy homogénea, de forma que casi siempre coincidían entre ellos, pero los orientales tendían a discrepar en mayor medida.

Esto sucedía especialmente en las expresiones de sorpresa, miedo, asco, ira y tristeza, donde cada participante oriental interpretaba diferentes emociones y sus apreciaciones tendían a solaparse.

La risa es físicamente muy contagiosa. Existe un cierto tipo de neuronas llamadas neuronas espejo. Si veo a alguien agarrar un objeto, en mi cerebro se activan las neuronas responsables de los movimientos de agarrar objetos.

Ponerme en lugar del otro significa reproducir mentalmente su acción. Las neuronas espejo están muy presentes en la risa.

Cuando oyes una risa se activan las mismas regiones cerebrales que controlan el movimiento facial de la propia risa. Esta activación es una incitación a unirnos a la risa de los otros.

Según esto, parece que sí hay una cierta especificidad cultural en la interpretación y expresión facial de las emociones, incluso en las más básicas.

De hecho, podría suceder que la clasificación de emociones universales conocida hasta ahora esté en realidad ignorando otras emociones que para diferentes entornos culturales sean más importantes de lo que creemos, como pueden ser la vergüenza, el orgullo o la culpa en el ámbito oriental.

Es también posible que esta expresión de las emociones haya sufrido un cambio a lo largo de nuestra evolución, dando mayor peso a las interacciones sociales específicas de cada entorno.

Sin embargo, hubo una emoción que sí fue correctamente interpretada tanto por orientales como por occidentales: la alegría.

Como sabemos, uno de los rasgos esenciales de la alegría es la sonrisa, y si bien es cierto que los orientales parecían fijarse más en los ojos y los occidentales en otras partes de la cara como la boca, se trata de una emoción que en todos los casos se identificaba de igual forma.

La risa es una facultad que se va perdiendo con la edad. Los niños ríen 300 veces al día y los adultos apenas 80. Muchos adultos no ríen en absoluto.

Quizá porque ya nada les sorprende. Quizá porque faltan las hormonas o las fuerzas. Quizá por el cambio de su comportamiento social.

La sonrisa provoca reacciones positivas en el interlocutor. Nos sentimos mejor cuando alguien nos sonríe, y tendemos a valorar más positivamente a una persona sólo por el hecho de que esté sonriendo.

No es un hecho exclusivo de los humanos: también primates como los simios y los monos se sonríen los unos a los otros, a modo de mensaje de amistad.

La risa es una fuerte expresión vocal de emoción positiva. La risa involucra la respiración, la fonación, los movimientos de la cara y a veces todo el cuerpo.

En el cerebro se activa el sistema límbico, responsable de las emociones.

Cuando nos reímos los músculos intercostales se contraen repetidamente, lo que fuerza al aire a salir con más fuerza que al hablar e interfiere en el habla que es una expulsión más controlada de aire.

El sonido de la risa es más fuerte y agudo que el del habla.

Los efectos positivos se notan incluso a nivel fisiológico, ya que el hecho de ver a alguien alegre provoca una mayor secreción de endorfinas, neurotransmisores relacionados con efectos analgésicos y la sensación de bienestar.

El estudio de su comportamiento indica unas grandes similitudes con la risa humana. Tanto en ratas como en humanos la risa aparece en los primeros contactos con sus cuidadores.

Existen dos tipos de risa. ¿Solo dos? Al menos dos distinciones muy claras. Una es la risa espontánea, natural incontrolable, que surge de manera inconsciente y que apenas sabemos explicar su motivo.

La otra risa es la risa social, la risa fingida, la risa de agradar. Se están realizando estudios con resonancia magnética fMRI en la que cómicos hacen reír a los sujetos y se mide su actividad cerebral. Existe una distinción muy clara.

La risa espontánea es simple. Su firma neuronal se está identificando. Existe una red neuronal de la risa. La risa social es más compleja. Involucra áreas mucho mayores del cerebro.

Tratamos de saber lo que el otro está pensando con la risa falsa, por qué se ríe. Si la risa es real, es fácil entender el motivo. En general distinguimos perfectamente las dos risas, la espontánea y la social.

¿Por qué nos reímos? Es una incógnita por qué un hecho simple provoca esa incontenible expresión, a menudo contra la propia voluntad que tiende a reprimir una manifestación tan escandalosa. Nadie tiene la formula para crear el mejor chiste, la mejor broma.

Nos reímos de una situación absurda, de un choque entre lo que esperamos y lo que resulta ser, de una expectativa no cumplida, de una asociación no esperada.

La risa se asocia con momentos de felicidad, una alegría en ocasiones tan incontrolable que estremece todo el cuerpo en una expresión dominada por nuestro bienestar emocional, y aunque con frecuencia ese tipo de emoción es pasajera, deja tras de sí un sentir de satisfacción.

Al contrario la mayoría de las personas asocia la terapia con lo opuesto a la risa; pensamos en accidentes, heridas y dolor. Para muchos recuperarse de una enfermedad o lesión grave es un proceso angustiante, una situación de dolor prolongado. 

Sin embargo en Estados Unidos, Mike Lewis que sufrió dos lesiones cerebrales serias ha volteado la moneda al fomentar terapia de risa, demostrando que la risa, en efecto, es la mejor medicina.

 Después de sufrir dos accidentes viales que destrozaron la parte frontal de su cerebro, así como la parte del cerebro responsable de la función ejecutiva, Lewis tuvo que dejar su trabajo y su matrimonio se desintegró. 

Después de conseguir varios trabajos a través de una organización que ayuda a personas con ese tipo de lesiones, On With Life, Lewis comenzó a desempeñarse como consejero de la misma.

Lewis ayuda a pacientes con ese tipo de lesiones al enseñarles como rehabilitarse, funge como consejero personal de algunos de ellos y da “clases de yoga riendo”, que ayuda a los pacientes ya que tiene beneficios físicos, psicológicos y emocionales.

En la clase Lewis comienza con una risilla tonta y se expone como un cómico al hacer gestos y movimientos graciosos para ayudar a los otros a reír, con el progreso de la clase todos deben estar carcajeándose si es posible, ya que según estudios la risa (fingida o natural) afecta de manera positiva nuestro estado físico y emocional.

Pero también nos reímos de la desgracia ajena. Alguien se cae y se da un golpe terrible y la risa brota de la boca de todos los asistentes.

Se ha hecho mucho daño, pero tú te retuerces de la risa hasta tener que apoyarte o caer. Entiendes que no es humanitario reírte del tremendo porrazo, pero no puedes parar

Y tú, ¿cuándo te has reído la última vez? ¿cuándo te has reído sin control? ¿cuándo te has reído tanto que has estado a punto de tener un problema?


La risa ayuda a construir nuevas relaciones

La risa es beneficiosa en todos los sentidos. Ya Sigmund Freud atribuyó a las carcajadas el poder de liberar al organismo de energía negativa.

Se ha constatado que la risa mejora la calidad del sueño, es antiinflamatoria y analgésica, fortalece los pulmones y el corazón, rejuvenece la piel, reduce la presión arterial, refuerza el sistema inmunitario y mejora el estado de ánimo.

Y la risa también mejora las relaciones interpersonales, y ayuda a crearlas y a fortalecerlas, según un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del University College London, en el Reino Unido, y publicado en la revista Human Nature.

Los científicos han concluido que, si quieres que alguien te ofrezca su confianza y se abra más, debes hacerle reír, porque compartir unas buenas risas predispone más a las personas a hablar a otros sobre algo personal sobre ellas mismas, sin siquiera ser necesariamente conscientes de que lo están haciendo.

El acto de abrirse y hablar más íntimamente a alguien es un paso esencial en la construcción de nuevas relaciones y la intensificación de los lazos sociales.

Esta apertura puede ir de revelar cuestiones más sensibles, como compartir convicciones religiosas o temores personales, a contar algo más superficial, como nuestra comida favorita.

El papel de la risa en la confianza

Los investigadores han querido investigar el papel de la risa en todo este proceso de apertura Para ello, concentraron a 112 estudiantes de la Universidad de Oxford, que no se conocían entre sí, en grupos de cuatro. Todos los grupos visualizaron un video de 10 minutos juntos sin hablar entre ellos.

Los videos diferían en la cantidad de risas que se pretendía provocar con ellos, así como en la cantidad de sentimientos positivos o emociones que suscitaban.

Después se midieron los niveles de risa que habían provocado los videos y el estado emocional de los participantes después de su visionado.

Además, cada miembro del grupo tuvo que escribir un mensaje a otro participante, con objeto de conocerse mejor.

Los participantes que habían reído más conjuntamente compartieron información significativamente más íntima que los grupos que habían visualizado vídeos más neutros.

Los investigadores sugieren que esto no sólo se da por la experiencia positiva, sino a los cambios fisiológicos que se producen cuando se libera una buena carcajada: ésta provoca la liberación de la llamada endorfina, de otro modo denominada “hormona de la felicidad”.

Los resultados apoyan la idea de que la risa estimula a las personas a hacer revelaciones más íntimas ante extraños, así como está directamente relacionada con el fomento de comportamientos que favorecen el desarrollo de relaciones. 

Además, indican los científicos, la persona que revela la información rara vez es consciente de haberlo hecho, y tan sólo es el oyente el que se da cuenta de lo que ha sucedido.

Es decir, que sonreír sinceramente mejora tu bienestar y el de quienes te rodean, y se entiende igual de bien estés donde estés.

Así que ya sabes...es mejor si sonríes.


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