La Fe ciega en la tecnología

Fe ciega en la tecnología
Al igual que los mercados, el humano ha elevado la tecnología al nivel de dios. 

Pero la fe ciega en ella como un fin por sí solo, es una apuesta segura para estar abocados al fracaso. 

Lo dijo Malcolm Gladwell en una ponencia en TED y a continuación explicamos por qué.

Para ilustrar este punto de vista, Gladwell hace lo que mejor se le da: redescubrir personajes olvidados que han tenido una transcendencia crucial en la historia.

Esta vez, su atención se centra en la figura de Carl Norden, un ingeniero americano de origen suizo.

Norden fue el inventor de la Mira Norden, un dispositivo para ayudar a las tripulaciones de los bombarderos a mejorar la precisión de sus bombas y que se empleó principalmente durante la Segunda Guerra Mundial. 

“En la era antes del GPS y el radar, eso era algo muy complejo. Tienes un avión a miles de pies en el aire, viajando a cientos de millas por hora. 

Estas intentando lanzar un elemento sobre un objetivo estático con todo tipo de impedimentos como el viento y la obstrucción de las nubes”, cuenta Gladwell en su ponencia.

Mejorar este proceso fue un problema en el que trabajaron numerosos científicos pero nadie encontró la solución hasta la llegada de este aparato. “El ingeniero desarrolla un 

dispositivo increíblemente complejo que pesa más 20 kilos (…) Permite que el responsable de lanzar las bombas visualice el objetivo desde el morro de plexiglás del bombardero. 

Introducen la altitud del avión, la velocidad en la que viaja el avión, la velocidad del viento y las coordenadas del objetivo. 

La mira informaba sobre el momento idóneo para lanzar la bomba”, añade.

Antes de la llegada de este artilugio, Gladwell explica que  no era inusual que un bombardero fallara en alcanzar su objetivo en más de un kilómetro.

El Santo Grial

El ejercito de EEUU puso tanto interés en el dispositivo que llegó a invertir más de 1.500 millones de dólares en el proyecto en los años 30 y 40. “Para ponerlo en perspectiva, es la mitad del presupuesto del Proyecto Manhattan, el más importante del siglo 20. Una enorme cantidad de dinero”, explica Gladwell. 

“Estaban convencidos de que marcaría la diferencia durante la Segunda Guerra Mundial”.
Durante el transcurso del conflicto el ejército se hace con más de 90.000 de estos dispositivos. Todo que tiene que ver con la Mira Norden se rodea de un secretismo extremo. 

Cada uno de los militares que lo utiliza tiene que hacer un juramento diciendo que si son capturados, no revelarán ni un detalle de su existencia. Se prohíbe terminantemente hacer fotos del aparato.

Norden, un hombre de profundas convicciones cristianas, también pensó que la Mira Norden tenía una dimensión moral. La precisión del invento ayudaría a limitar el sufrimiento de los civiles en la guerra.

En definitiva: “La mira de Norden era el SANTO GRIAL de la época”, exclama Gladwell. “Excepto una cosa. Resultó no ser el Santo Grial”, matiza enseguida el escritor canadiense.

El humano había vuelto a caer en el mismo error. Confiar más en la práctica que en la realidad. ”Su funcionamiento estaba pensado para condiciones perfectas pero las condiciones nunca son perfectas durante una guerra. 

Era muy difícil de utilizar (…) se estropeaba mucho y no funcionan muy bien en las batallas. Necesitaba cielos despejados para ser efectivo”.

En realidad, su efectividad era tan deficiente, que de las más de 85.000 bombas que se lanzaron sobre una planta química de 300 hectáreas propiedad del régimen Nazi, solo un 10% cayeron dentro del perímetro de la planta.

La obsesión por el secretismo tampoco valió para mucho. Durante los años 30 Norden trabajó con muchos ingenieros alemanes. “Uno de ellos llamado Herman Lang en 1938 se reunió con los Nazis y reconstruyó de memoria todos los planos del proyecto. 

Durante toda la guerra ellos también tuvieron su propia Mira Norden que tampoco funcionaba muy bien”.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Según el pensador canadiense tenemos que dejar de tener fe ciega en la tecnología. “Vivimos rodeados de gente inteligente que hoy en día sigue diciendo que ha inventado gadgets que cambiarán el mundo para siempre”.

El Pentágono está lleno de Carl Norden’s actuales y la tecnología ya existe para lanzar bombas con extrema precisión. Pero el colaborador del New Yorker dice que esto tiene mucha menos relevancia de lo que pensamos.

“Ya en la primera guerra del golfo el ejercito estadounidense mandó dos escuadrones de aviones F-15 al desierto iraquí equipados con cámaras que costaban 5 millones de dólares. Su misión era destruir todos los sistemas SCUD de misiles anti aéreos (…) 

Después de la guerra hicieron una auditoría para analizar cuantos SCUDs habían destruido. La respuesta fue cero. Ni una”.

El fracaso de la misión no tenía nada que ver con la falta de precisión de las bombas estadounidenses. Eso estaba ampliamente demostrado. 

El problema es que no tenían ni idea donde estaba el objetivo. “El problema no es lanzar una bomba sobre un barril de pepinillos, el problema es saber como encontrarlo”, enfatiza.

En Afganistán la cosa no ha ido mucho mejor en su opinión, a pesar de contar con la tecnología más avanzada. 

Allí, el arma más utilizada son los drones, que no requieren piloto y son capaces de lanzar misiles con una precisión del 95%. 

Durante los últimos años han operado centenares de estos aparatos para atacar a militantes en la parte norte de Pakistán y la frontera de Afganistán.

Pero no han sido la panacea, ni mucho menos. “En ese mismo periodo el número de ataques suicidas en Afganistán se ha multiplicado por 10. 

A medida que hemos sido más eficientes para matarlos a ellos, ellos han tenido más rabia y motivación para matarnos a nosotros. No he descrito una historia de éxito. He descrito lo opuesto a una historia de éxito”.

¿Su conclusión?

“Este es el problema con nuestra enamoramiento con las cosas que fabricamos. Pensamos que pueden solucionar nuestros problemas. 

Pero nuestros problemas son mucho más complejos que eso. La cuestión no es la precisión de las bombas que tienes. Es cómo utilizas las bombas que tienes o si realmente es necesario utilizar las bombas”.


El sentido de la fe

¿Qué es la fe? ¿Para qué sirve? ¿Supone una ventaja o una desventaja?

La fe se puede definir como el conjunto de creencias de una persona o de un grupo.

Y nadie se libra de ella. Ni siquiera los flamantes científicos armados con su brillante método: 2 de cada 3 de los estudios que se publican se muestran falsos al intentar replicarlos.

Incluso las personas mejor preparadas se dejan llevar por sus creencias y manipulan o tergiversan los resultados de sus experimentos para que estén de acuerdo con sus hipótesis iniciales.

Y si el porcentaje de errores, aplicando la mejor herramienta que conocemos para ser objetivos, es de un 67% ¿a cuánto se elevará en la vida cotidiana la influencia de la fe?

¡Pero oiga! El hombre es un animal racional, ¿no?

La respuesta es básicamente ésa: no. Es cierto que resulta mucho más agradable pensar que sí lo somos, pero la mayoría, la inmensa mayoría de nuestros razonamientos, son a posteriori.

Es decir, razonamos después de actuar. Intentamos explicarnos a nosotros mismos por qué hemos hecho algo de una u otra forma, pero casi siempre después de, no antes.

Y, al igual que nos gusta pensar que somos racionales (porque la alternativa no es muy agradable), también nos gusta dar razones placenteras, que concuerden con nuestras creencias o valores, a nuestros actos pretéritos.

Lo curioso es que todos somos así.

Ese no ser racional está en nuestros genes. Nuestro cerebro no es una máquina sino que funciona tomando decisiones por la vía emocional.

Y no le ha ido mal. Hemos sobrevivido. Con lo cual, de alguna forma, esta forma de funcionar ha de ser adaptativa, útil. O lo que es lo mismo, sin la fe nos habríamos extinguido.

Ésta es la hipótesis del documental Homo Sapiens-Prehistoria, de Juan Luis Arsuaga. En él se ofrece una explicación a por qué el ser humano se aventuró más allá de las más altas montañas y los más profundos océanos.

Normalmente se da por cierto que de África salieron los primeros hombres obligados por la enorme sequía que asolaba el continente.

Pero ¿qué les llevó a cruzar el congelado estrecho de Bering a pie? ¿y a escalar los Alpes, o el Himalaya?

¿Qué les impulsó a enfrentarse al océano y navegar durante días sin rumbo hasta llegar a Australia?

¿Fueron impulsados por una fe irracional, pero útil para la especie?

¿Les guiaron los más fervientes de entre ellos haciendo del Sol, Las Montañas o el Océano su dioses? Es posible.

¿Entonces está el ser humano preparado para ser un creyente?

No sólo eso, sino que ser un gran creyente le ofrece una ventaja a quien lo es. ¿Ejemplos?

Una de las características principales de las personas creativas es la enorme fe que depositan en sus ideas.

Una persona muy segura de si misma (algo que objetivamente no podría darse), atrae mucho más que una dubitativa.

Este deseo de seguridad lo utilizan las religiones o, más bien, los líderes religiosos.

Imponen un orden, que les suele beneficiar más pronto que tarde, a cambio de ese plus que da creer en algo.

Y, sin embargo, ninguno de los dioses que se han ido revelando, a los distintos profetas que han existido, han tenido a bien contarnos nada acerca de las características del mundo que no podemos captar con nuestros sentidos.

Ninguno de esos dioses nos habló nunca del espectro electromagnético no visible (de los Rayos X, por ejemplo) o de los electrones.

Ninguno nos explicó la fotosíntesis, las vacunas, la penicilina o el ADN. Curiosamente, ninguno de esos dioses nos descubrió nada que no fuera conocido ya en la época de sus apariciones.

Si estamos donde estamos es gracias a gente que tuvo más fe en si misma que la que le ofrecían sus dioses. Los seres humanos sobrevivimos como especie gracias a creencias inquebrantables, personales o grupales (aunque no fuera lo único que nos ayudó).

Y, aunque se equivocaran en un 67% de las veces, los científicos han hecho nuestro planeta mucho más habitable.

La pregunta es, ¿ahora que nuestra especie no corre peligro, no convendría alimentar nuestra capacidad de creer con nuevos objetivos? ¿Por ejemplo, con el de incrementar un poco ese 33% de resultados válidos alcanzados gracias a la fe y al método científico?
Aunque hay que tomar en cuenta, el poder de la " fe " , la sugestión , efecto placebo , o como quieran llamar al echo de que creer en algo ,le ...




Pero también es cierto que cada vez más se considera difícilmente conciliable la fe en valores sobrenaturales con una capacidad lógica y el ...




Y aunque puede pensarse ingenuamente que Dios es sólo una cuestión de fe, puesto que contra la apelación a la fe, el argumento racional y la evidencia son ...

Fotos: Wikipedia
Fuente : el-problema-con-nuestra-fe-ciega-en-la-tecnologia/
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