Esperanto ... la lengua del futuro

David de Ugarte subió al escenario. 

El economista y tecnólogo empezó a pronunciar palabras que nadie entendía. Iban apareciendo, escritas a su espalda, mientras él las pronunciaba. 

Debajo estaban esas mismas palabras traducidas al español. 

¿Finlandés? ¿Un idioma de hobbits? ¿Una lengua diseñada por las indias? 

Esperanto ... la lengua del futuro
Imagen de Wikimedia Commons.



No. Era un lenguaje que pretende hacer a todo el mundo igual y al que, según el fundador de la Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas, se le puede “pedir lo mismo que a un software: funcionar bien y ser libre, pero también que nos permita estar a todos al mismo nivel y, especialmente, que nos permita estar y colaborar como pares”.

Fue en TEDxMadrid y esto fue, literalmente, lo que contó…

“En 1982, cuando tenía 12 años, mis padres me regalaron mi primer ordenador. Era el famoso Spectrum, el primer ordenador accesible para las familias de clase media en Europa.

Ya la primera mirada era increíble. Imaginad: ¡¡tenía 48 kb de RAM y la pantalla tenía 256 puntos de ancho!!

Mi sueño de entonces, crear videojuegos, parecía por fin posible, porque el Spectrum tenía una lengua de programación fácil. Aprendí a programar en ella. Solo necesité tres semanas y mi vida cambió completamente.

Aquel pequeño ordenador y su lengua sintética eran lo contrario de mis profesores. Nunca gritaba, nunca me avergonzaba, nunca fue injusto ni arbitrario. De hecho, nunca se equivocaba. Si algo no funcionaba, la causa era de seguro que yo había hecho algo mal.

Gracias al Spectrum aprendí a resistir la frustración, aprendí a aprender. Aprendí que con un buen software podía hacer cualquier cosa. Por eso hoy quiero hablaros del software más usado en el mundo: la lengua.

La lengua es el software que usamos para debatir y pensar. Es el protocolo que usamos para encontrar a nuestros pares. Es la herramienta que usamos para construir contextos juntos. Por eso, la lengua es muy importante para mí.

Soy miembro de una cooperativa de trabajo. Las cooperativas, como cualquier forma de democracia económica, solo funcionan de verdad si descansan sobre una verdadera comunidad de pares.

Todos entendemos que lo que nos hace complementarios de otras personas, lo que nos hace sentirnos pares de nuestros compañeros, no es que usen el software que usaba nuestra antigua escuela o el software que conocen nuestros padres, sino las ideas, los modos de hacer y las maneras de pensar.

Del mismo modo, la proximidad física o lingüística no debería limitar quién es parte de nuestra comunidad. Las cooperativas de nuestro grupo no buscan ni connacionales ni personas de una cultura u origen particular. Buscamos pares.

Así que el problema no es qué lengua hereda cada cual de sus padres o qué lengua aprendieron en la escuela, sino qué lengua elegimos para nuestra comunidad.

Muchos criterios parecen posibles: el valor comercial de la lengua, el número de hablantes, la lengua de los creadores de la comunidad… Así que cuando en nuestro grupo de cooperativas, los indianos pensamos sobre esto, la primera tentación fue elegir una lengua natural. Pero el español, el alemán, el inglés u otras lenguas naturales tenían fundamentalmente dos problemas:

En primer lugar, los hablantes maternos siempre hablan mejor que los otros, siempre parecen más seductores, más inteligentes que los demás.

En segundo lugar, como usan el mismo software de pensar que usaron siempre, la herramienta misma no les ayuda a imaginar cosas nuevas. Por el contrario, probablemente les retrotraiga a sus contextos originales.

Por tanto, si aceptamos una lengua natural como software básico de nuestra comunidad, los nativos pensarán como siempre y los demás, peor. Simplemente, las lenguas naturales no son óptimas para una comunidad transnacional, no son un buen punto de partida.

¿Por qué no usar una lengua que nos ayude a estar al mismo nivel y pensar mejor?

Ahí fuera hay lenguas que se definen como el software libre de las lenguas. Se llaman lenguas planificadas. Además, son parte del procomún y están desarrolladas por comunidades de hackers que las mejoran y las usan.

De hecho, la mayor y más importante de todas ellas, Esperanto, se organiza como una comunidad de software libre: listas de correo, fundaciones, redes distribuidas de contactos, grupos locales de usuarios…

La principal diferencia es que ellos comenzaron casi un siglo antes de que la WWW cambiara nuestras vidas. Además, el creador, Lazaro Zamenhof, como los programadores actuales, se preocupó mucho por su usabilidad.

Puedes aprenderlo en tres meses y alcanzar el bilingüismo pleno antes de un año, pues es perfectamente regular y el vocabulario tiene su origen principalmente entre lenguas europeas. Zamenhof pensó el esperanto como lengua auxiliar internacional, la segunda lengua de cada uno.

No es un secreto que fracasara en ese objetivo… como aquellos que pensaron que el éxito de Linux servirá para convertir a Windows y Apple en sistemas operativos minoritarios.

Aquello que hace a una lengua internacional no tiene relación con la lengua misma, sino con el peso geopolítico y económico de los estados que la usan como lengua comercial y oficial.

Por desgracia, en las relaciones internacionales todavía los ejércitos y los bancos son más importantes que la gramática. Pero vuestro mundo, nuestro mundo, no es el mundo de las relaciones entre estados. Nuestro mundo no es internacional, sino P2P.

La UE usa Windows pero los indianos usamos Linux, porque Linux nos permite trabajar mejor y ser más libres. No nos preocuparnos de la lengua de los consejos de administración ni de la lengua de los estados mayores de los grandes ejércitos del mundo.

Debemos preocuparnos solo de… qué herramienta es más útil y hace más libre a nuestra comunidad.

Linux nos enseñó algo. No es necesario que una herramienta sea usada universalmente o usada por el estado o preferida por las grandes empresas para que sea la mejor para nosotros. Por el contrario, lo que se impone universalmente muchas veces está relacionado con las gigantescas e inhumanas escalas del poder.

Pero no responde a las necesidades de comunidades hacker, que solo quieren aprender más, pensar mejor, producir más al modo P2P y encontrar nuevos pares.

Así que, hace tres meses, en nuestra cooperativa, comenzamos a aprender esperanto. No fue difícil pues, gracias a su regularidad, aprovecha el proceso natural de aprendizaje.

Por ejemplo, si sabes que todos los sustantivos terminan en o, todos los verbos terminan en i y todos los adjetivos terminan en a, si aprendes la palabra…

helpo = ayuda

Automáticamente aprendes también el verbo…

help = ayudar

Y el adjetivo…

helpa = auxiliar

De hecho, normalmente aprenderás a hacer todos los tiempos verbales en tu primera semana. Y con aprender 14 elementos, sin gran esfuerzo, podrás expresar 45 ideas distintas. Necesitas solo una docena de raíces para construir millones de palabras.

¡Ah! ¡Y en esperanto no existe acento correcto! ¡¡El tuyo es el acento correcto!! ¡Otra vez la maravilla del software libre! ¿No creéis?

Los indianos pensamos que nuestra experiencia muestra que podemos pedir a las lenguas lo que pedimos al software. Funcionar bien y ser libre, pero también que nos permita estar a todos al mismo nivel y, especialmente, que nos permita estar y colaborar como pares.

Fue un honor para mí”.


El esperanto no es la única: lenguas artificiales con comunidad de hablantes.

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«Las lenguas habladas de la gente no sorda son verbales. Las de signos se llaman gestuales. ¿Cómo llamaríais a las lenguas de los extraterrestres que se comunican a través de la piel?». 

Esta es una de las preguntas que proponía hace unos días un miembro del grupo de Facebook Linguistics and Conlangs. Sus más de 10.000 usuarios se dedican a compartir y pedir consejo sobre sus lenguas inventadas.

Se trata en su mayoría de escritores de ciencia ficción o fantasía, uno de los ámbitos más activos a la hora de crear nuevas lenguas en los últimos años. 

No obstante, no son ni los únicos ni los primeros en embarcarse en esta ardua tarea: se considera que el primer idioma construido o artificial fue la Lingua Ignota, creada en el siglo XII por la abadesa, inventora, compositora, botánica y cualquier cosa que te puedas imaginar Hildegarda de Bingen. Con un alfabeto nuevo de 23 letras y fines aparentemente místicos (no se sabe realmente por qué la creo), fue la primera en intentar diseñar una lengua sin los inconvenientes de los idiomas naturales.

Nadie habla Lingua Ignota (literalmente, lengua desconocida) en la actualidad y probablemente su única hablante haya sido la propia Hildegarda, pero muchas otras de estas lenguas artificiales sí cuentan con comunidades de hablantes bastante activas. 

La más conocida es, cómo no, el esperanto, que aunque es vista por el público general como una historia de fracaso (lo es si tenemos en cuenta cuál era su objetivo cuando nació: ofrecer una lengua universal y neutral a la humanidad para conseguir la paz mundial), es en realidad la que ocupa el primer puesto en todos los rankings de lenguas artificiales: se calcula que tiene entre 2 y 10 millones de hablantes, de los que unos 2.000 serían hablantes nativos. Es decir, personas a las que sus padres hablaron siempre en esperanto.

Pero el esperanto no es la única lengua construida que ha logrado tener hablantes. El segundo caso de éxito, mucho más extraño y sorprendente, es el del klingon (sí, la lengua de StarTrek). Su creador, el lingüista Mark Okrand, la diseñó por encargo: los responsables de StarTrek querían que los klingons tuviesen una lengua estructurada y le pidieron que la desarrollara. Okrand se puso a ello intentando conseguir algo lo más lejano posible a una lengua humana.

El klingon no se diseñó para ser hablado por gente (más allá de los pobres actores) ni para ser fácil. De hecho, es especialmente complicada, además de tener un vocabulario perfecto para hablar de temas interestelares, pero poco práctico para el día a día terrícola. 

Y, sin embargo, cuenta con un par de docenas de hablantes fluidos y miles de estudiantes repartidos por todo el mundo. Hubo hasta un intento —fallido— de un hablante para que su hijo fuese nativo en klingon, pero el niño prefería de forma abierta el inglés que le hablaba su madre, por lo que el padre acabó por desistir.

Otra lengua especialmente complicada pero con una comunidad bastante activa es el lojban, cuyo objetivo principal deja claro por qué no es fácil: quiere ser pura, reflejar los principios de la lógica y mantenerse neutral culturalmente. Más que de hablantes de lojban habría que referirse a «hablantes» de lojban: en el libro In theLand of Invented Languages, la autora Arika Okrent cuenta que fue a un Logfest, una convención de lojbanistas, y que la poca conversación espontánea que presenció en el idioma era muy muy lenta. 

«Es como ver a varias personas hacer divisiones largas de cabeza», cuenta, explicando que en realidad la gente a la que atrae el lojban son precisamente «los tipos que son buenos haciendo largas divisiones de cabeza». Ingenieros, matemáticos, etc.

Las (más) minoritarias

De la escuela del esperanto —lenguas que buscan ser fáciles de aprender y aspiran a convertirse en un idioma auxiliar universal— son otras como el ido y la interlingua. La primera, de hecho, fue concebida como una mejora del esperanto a principios del siglo XX (una especie de cisma, porque sí, en el mundo de las lenguas artificiales también hay problemas políticos). 

Se calcula que tiene entre 100 y 200 hablantes, que no está mal, pero si el objetivo era sustituir al esperanto, se trata de un completo fracaso. En cuanto a la interlingua, una especie de lengua paneuropea, con vocabulario grecolatino y una gramánita anglorrománica simplificada, cuenta con entre 100 y 1.500 hablantes, según, ejem, la Wikipedia.

Pero no todo son proyectos lingüísticos con pretensiones de dominio mundial: existen también lenguas construidas con objetivos mucho más modestos (a veces la simple y pura diversión) que han logrado hacerse con una comunidad de hablantes digna de mención. El toki pona, una lengua minimalista basada en «las cosas buenas de la vida» que buscaba simplemente ser una especie de «yoga mental», tiene unos 3.000 hablantes; el solresol, basado en las notas musicales, puede además de hablarse, cantarse o tocarse con algún instrumento musical y, aunque murió más o menos cuando nació el esperanto, hay foros por internet que buscan revivirlo. 

Y todavía hay unos 25-30 hablantes de volapük, una lengua artificial del siglo XIX que podría haber llegado a los 100.000 hablantes en sus buenos tiempos, pero que fue exterminada por el esperanto, que tenía los mismos objetivos de paz mundial y era mucho más fácil de aprender.

El mundo de las lenguas artificiales es un mundo lleno de idealistas: están los creadores, héroes trágicos que en muchos casos dedicaron su vida al desarrollo de algo que creían que sería la respuesta a todos los problemas del mundo (un gran ejemplo de dedicación es el de John Wilkins, un señor que en el siglo XVII llevó a la imprenta su manuscrito de 600 páginas con todos los detalles de su lengua universal solo para que ardiera en el gran incendio de Londres de 1666, pero que dedicó los dos años siguientes a reescribirlo). 

Y están los hablantes, personas que, por la razón que sea (lingüística, lúdica, idealista, por puro fanatismo de la ciencia ficción), hacen que todo ese esfuerzo no sea completamente en vano.

El esperanto no es la lengua universal de la paz que aspiraba a ser, pero tener hablantes nativos es mucho más de lo que cualquier lengua construida puede desear. 

Y otros detalles apuntan a que ha pasado esa frontera de la rareza al éxito: hay expresiones que los hablantes definen como intraducibles y, señal de que se está convirtiendo en una lengua natural (suponiendo que eso sea posible), ya ha evolucionado con el uso y se han ido introduciendo irregularidades. Entenderlo, dicen sus hablantes y estudiantes, es fácil. 

Y, si no se entiende algo, no hay más que decir que «ĝi estas laŭ mi Volapukaĵo!». Como si te sonara chino, solo que, si hablas esperanto, te suena a volapük.
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FUENTE : http://www.yorokobu.es/esperanto/
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