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El músico negro del Ku Klux Klan

El músico negro del Ku Klux Klan
El pianista negro que supo tocar la tecla sensible del Ku Klux Klan.

    “Después de 134 años de violencia y odio, es el momento de llegar a conocerse unos a otros sobre una base social, no bajo una cubierta de oscuridad”

Aunque el músico norteamericano Daryl Davis ha ganado un Grammy  y llegó a tocar en la banda de Chuck Berry, su logro más notable no tiene nada que ver con la música.

Su salto a la fama es mucho más improbable: fue un hombre negro que se hizo íntimo amigo de la cúpula del Ku Klux Klan. Tanto, que convenció incluso al Gran Dragón, la máxima autoridad, para que dejara la organización.

Como se puede observar Daryl Davis no es blanco. Ni siquiera es de piel clara. Sin embargo, siendo negro llegó a tener más contacto con los miembros del Ku Klux Klan que la mayoría de los blancos.

Porque este músico norteamericano, en un intento de recopilar información para un libro, un libro que escribió en parte para combatir la ignorancia sobre el Ku Klux Klan, llegó a ser el destinatario de las túnicas y capirotes que los miembros se quitaron ante él para renegar de sus creencias.

Davis había tropezado, sin querer, con un método infalible para hacer amigos entre los enemigos jurados de los negros, un método con el que les podía hacer salir del redil del odio racial para empezar una nueva vida. Un método basado en la amabilidad, en compartir vivencias, en tratarse con respeto y educación, de igual a igual y sin miedo. Como el que hace música.

La historia de Daryl Davis comenzó en un desfile de los Boy Scouts en 1968, cuando sufrió un ataque racista con botellas y piedras mientras marchaba. Nunca había experimentado el racismo antes, porque la mayor parte de su infancia la pasó en Europa como hijo de un diplomático estadounidense, donde el multiculturalismo era la “normalidad”.

Como resultado de estos enfrentamientos, su interés por este fenómeno creció, impulsado ​​por la necesidad de comprender quienes, sin haberlo conocido, le odiaban por el color de su piel. Así que decidió buscar las raíces del racismo a cuerpo descubierto.

Al graduarse en el conservatorio en 1980 se unió para tocar el piano con artistas como Chuck Berry, Muddy Waters o George Clinton, realizando giras por el oeste del país o participando en bandas de country y R&B en las zonas rurales de Maryland y Virginia, donde se encontró con frecuencia como el único hombre negro en los clubs.

Una noche en 1983, mientras descansaba de una actuación en Frederick, Maryland, un hombre se sentó en su mesa y se puso a conversar con él. Resultó ser un miembro del Klan, pero los dos rápidamente conectaron a través de la música y acordaron mantener el contacto.

Davis le invitó a sus conciertos, y este también asistió a los conciertos de los miembros del Klan. Davis quería mostrar a su amigo que un hombre negro como él podía tocar el piano tan bien como un blanco como Jerry Lee Lewis. Lo consiguió. Y ellos le trataron de manera diferente; de alguna forma, por su condición de músico. Un buen pianista que gracias a la música logró encontrar una forma de romper el aparentemente infranqueable abismo que separaba a los afroamericanos del KKK.

A la vez comenzó a escribir un libro sobre el racismo y los grupos de odio, que luego titularía Klan-destine Relations: A Black Man’s Odyssey in the Ku Klux Klan. Utilizó que ya tenía metida una pierna entre los miembros del Klan para entrevistar al líder estatal de la organización, Roger Kelly, el Gran Dragón de Maryland, el jefe de los Caballeros del Imperio Invencible del Ku Klux Klan.

Su amigo le advirtió que Kelly podría matarlo nada más verlo, pero concertó la entrevista por teléfono sin decir que era negro. Aparte de algunos momentos tensos durante el encuentro y la posterior entrevista de tres horas, ésta fue catártica y ambos desarrollaron un respeto mutuo que terminaría a la postre en una gran amistad.

Kelly llevó a Davis a docenas de mítines del Klan, para proporcionarle más material para su libro, obteniendo una visión real de su funcionamiento y las mentes de los miembros.

A cambio, Davis le ayudó a salir de la organización, sirviendo como catalizador para que se replanteara sus ideales, ideales que empezaron a tambalearse cuando un corpulento y sonriente hombre negro le tendió la mano para saludarle en persona y le pidió si se podían hacer una foto juntos: terminaría convirtiéndose en el padrino de su hija blanca recién nacida.

Dada la historia de los linchamientos y otros actos horribles de violencia asociada con el Ku Klux Klan, cabría pensar que Davis estaba loco. Sin embargo, su acercamiento a los racistas fue motivado por simple cuestión de curiosidad, según afirma en el libro.

“La ignorancia engendra miedo. Si uno no mantiene el miedo a raya, produce el odio. Si no se mantiene el odio a raya, se produce la destrucción. “

Con esta máxima, Davis ayudó a convencer a por lo menos una docena de líderes racistas redomados para salir del Klan. Once de ellos le dieron a Davis sus ropas y demás parafernalia KKK, objetos que gustaban de mostrar como tótems de la victoria y que ahora descansan, como símbolos de su lucha por mejorar las relaciones raciales, en un armario de su casa.

Y allí, en una mesa de café que de otra forma pasaría inadvertida, Davis tiene una caja verde donde pone “Robert White”. Son las cenizas de un ex miembro del Klan que conspiró para volar una sinagoga en 1978. Robert White era ese hombre blanco con bigote del KKK que, por primera vez, le dio la mano para charlar con él en el club donde actuó.

Al final de su vida, el pianista Daryl Davis era el único amigo que conservaba. El último deseo del hombre que le abrió las puertas de la organización era que sus cenizas reposaran en Stone Mountain, en Georgia, donde el Ku Klux Klan realizó sus manifestaciones anuales durante 50 años, hasta 1981.“Cuando la esposa de Bob esté preparada, iremos juntos a esparcirlas”.

    “Después de 134 años de violencia y odio, es el momento de llegar a conocerse unos a otros sobre una base social, no bajo una cubierta de oscuridad”

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Fuente:http://www.yorokobu.es
Fotos: daryldavis.com
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