¿El pensamiento analítico reduce la credulidad religiosa?

pensamiento analítico
Hace un tiempo, se publicó un estudio de la Universidad de la Columbia Británica (Canadá) que ponía a prueba la credulidad religiosa de personas que habían realizado una tarea analítica.

Ha sido un estudio muy comentado, ya que los resultados parecían demostrar que el pensamiento analítico provoca una disminución de la religiosidad incluso en personas con una fuerte fe previa.

Ya hemos hablado de cómo poseer creencias religiosas puede tener una clara utilidad emocional y psicológica.

Pero también es cierto que cada vez más se considera difícilmente conciliable la fe en valores sobrenaturales con una capacidad lógica y el conocimiento crítico y racional.

Sabemos desde hace tiempo que las creencias religiosas están muy vinculadas con estilos de pensamiento rápidos y en los que es habitual el uso de heurísticos (reglas simples que permiten inferencias rápidas a modo de atajo mental, aplicadas a decisiones complejas y cuya respuesta no siempre es precisa pero sí es casi siempre eficiente, ya que ahorra tiempo y recursos cognitivos).

Ese estilo de pensamiento se denomina intuitivo, y facilita la creencia en lo sobrenatural.

Por oposición, el pensamiento analítico dedica mayor esfuerzo y tiempo a dar respuestas razonadas, fundamentadas en los datos y las evidencias y con capacidad crítica.

De forma que si la creencia religiosa se ve facilitada con el pensamiento intuitivo, el procesamiento analítico socava su soporte intuitivo. Son posturas contradictorias, y la realidad es que en efecto a medida que avanzamos en nuestros conocimientos disminuyen las creencias religiosas.

Sin embargo, ¿realmente el estudio de la Universidad de la Columbia Británica sirve para demostrar este efecto? Conviene detenerse en la metodología de la investigación, analizando si aporta pruebas suficientes y si la difusión que se le ha dado está justificada.

En total se hicieron cinco experimentos, con un total de 650 participantes. En primer lugar, un grupo de voluntarios resolvió tres problemas simples en los que la intuición llevaba a una solución rápida pero errónea, del estilo de:

“Un bate y una pelota cuestan 1,10 dólares. El bate cuesta 1 dólar más que la pelota.

¿Cuánto cuesta la pelota?”. Después, los voluntarios respondieron tres series de preguntas sobre sus creencias religiosas.

Quienes demostraron haber realizado un cierto análisis de los datos dando la respuesta correcta (1,05 dólares), tendían a mostrarse menos religiosos en el cuestionario. Y quienes habían respondido intuitivamente (en cuyo caso lo habitual era responder que la pelota cuesta 1 dólar), se mostraban más religiosos.

Dado que estos datos se pueden interpretar como una simple correlación y no una causalidad (el religioso es más intuitivo, pero no necesariamente una cosa causa a la otra), se realizaron otras pruebas en las que se inducía a los sujetos a pensar analíticamente.

Para ello, se mostraba una figura pensativa, como el Pensador de Rodin, frente a otra que no pensaba, como El Discóbolo de Mirón; se les hacía completar frases en las que las palabras a elegir eran del estilo de “pensar”, “analizar” o “racional”; o se utilizaban cuestionarios con un tipo de letra de más difícil lectura de lo normal.

Con ello, descubrieron que independientemente de las creencias religiosas medidas en el cuestionario inicial, quienes se veían inducidos a pensar más analíticamente terminaban mostrando una menor credulidad religiosa, en comparación con quienes habían realizado tareas que no requerían pensamiento analítico.

Dicho de otro modo y en palabras de los propios investigadores, “la activación del sistema cognitivo analítico en el cerebro puede socavar el apoyo intuitivo de las creencias religiosas, al menos temporalmente“.

Según estos datos, en un primer momento puede parecer que en efecto el pensamiento analítico reduce la religiosidad.

No obstante, el estudio presenta por lo menos dos limitaciones que podrían dar al traste con su validez. Por un lado, la religiosidad se medía a través de un cuestionario, en el que los participantes expresaban sus opiniones y valores de fe.

Es cuando menos cuestionable que este método sea realmente fiable.

De hecho, sabemos que las creencias religiosas de la gente no varían con facilidad (tienden a mantenerse estables a lo largo del tiempo y el cambio sólo se produce normalmente tras largos procesos de reflexión o al enfrentarse a experiencias extremas que ponen en duda todo el sistema de creencias de la persona), por lo que los resultados del experimento son cuando menos sorprendentes: ¿sólo por el hecho de haber realizado una tarea analítica ya se produce una disminución de la fe?

Dicha afirmación es contraria a mucho de lo que conocemos, por lo que requiere pruebas más sólidas.

Por de pronto, lo más razonable es pensar que en realidad el cuestionario no es un buen método para medir la religiosidad, y que las variaciones de un cuestionario a otro están reflejando otro tipo de cuestiones más relacionadas con el estilo de razonamiento al que se ha inducido a la persona, en lugar de con sus creencias religiosas más profundas.

La segunda limitación es la relacionada con las estrategias experimentales utilizadas para inducir el estilo de pensamiento analítico.

¿Realmente se puede considerar fiable que el hecho de ver una figura pensativa como el Pensador, completar frases con palabras con significado “racional” o entender una letra más difícil de leer es suficiente para provocar el pensamiento analítico?

Por supuesto, no es descartable que así sea, pero dado que estamos hablando de una tendencia cognitiva asentada en las personas (quienes son analíticos lo suelen ser en todos los ámbitos de su vida, y quienes son más intuitivos lo aplican también en general), suponer que esas estrategias son suficientes no parece adecuadamente fundamentado.

En definitiva, lo aceptable es que el estudio de la Universidad de la Columbia Británica demuestra que el pensamiento analítico sí reduce la credulidad religiosa, pero sólo a un nivel muy superficial de las creencias de las personas, durante un corto espacio de tiempo y en un contexto (el experimental) muy concreto.

Y es que, como dicen los autores, los resultados deben interpretarse con cautela y es necesario realizar más estudios antes de llegar a conclusiones definitivas. Como siempre en ciencia, las afirmaciones de tanta relevancia y calado requieren pruebas muy bien fundamentadas.

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