Cadáveres estelares y vida exoplanetaria


Las enanas blancas pueden estar “muertas”, pero su luz podría ser la adecuada para sustentar vida como la conocemos. Esto podría hacer a los planetas habitables aún más comunes de lo que pensamos. 

Foto :Representación de un planeta de hierro orbitando la estrella enana blanca GD 356. Crédito: Edasich/Celestia. 

Muchas misiones cazadoras de planetas se han centrado en la búsqueda de exoplanetas rocosos alrededor de estrellas similares al Sol, basándose en la idea de que un gemelo exacto de la Tierra sería un excelente lugar para el desarrollo de vida extraterrestre.

Las enanas blancas, por el contrario, parecerían anfitriones poco probables. Estos núcleos que arden lentamente se forman cuando las estrellas con una masa similar a la del Sol alcanzan el final de sus vidas.

Primero, las estrellas se hinchan hasta convertirse en gigantes rojas, luego pierden sus capas de gas externas y dejan atrás orbes tenues y ultradensos no mucho más grandes que la Tierra.

Sin embargo, un trabajo anterior sugirió que los cadáveres estelares podrían mantener zonas habitables, regiones donde puede existir agua líquida en la superficie de un planeta, durante más de 8.000 millones de años.

Como nuestro propio sistema solar tiene 4.500 millones de años de edad, un mundo habitable alrededor de una enana blanca debería tener mucho tiempo para dar lugar a alguna forma de vida.

Ahora, un nuevo estudio demuestra que un planeta similar a la Tierra en la zona habitable de una enana blanca recibiría luz en las longitudes de onda adecuadas para sustentar la fotosíntesis.

Fundamentalmente, dicho mundo no recibiría demasiada radiación ultravioleta dañina, la que podría detener la vida en su camino.

Luca Fossati de la Universidad Abierta de Reino Unido y sus colegas comenzaron asumiendo que este hipotético planeta tiene una atmósfera similar a la de la Tierra.

Simulando las condiciones creadas por una enana blanca, el equipo calculó la cantidad de luz estelar que alcanzaría la superficie del planeta.

Luego compararon los resultados con las longitudes de onda de luz que el ADN absorbe, particularmente las ondas UV conocidas por dañar el ADN.

Los investigadores descubrieron que el planeta recibiría apenas 1,65 veces la luz UV que recibe la Tierra. “La dosis es sorprendentemente benigna desde una perspectiva astrobiológica”, dice Fossati.

Para las longitudes de onda ópticas que desempeñan roles en la fotosíntesis, el equipo descubrió condiciones casi idénticas a las de la Tierra.

Los planetas que orbitan estrellas enanas rojas también han sido propuestos como lugares alternativos para el desarrollo de la vida, dice Fossati, en parte debido a que estas estrellas pequeñas y frías son las más comunes en nuestra galaxia.

Sin embargo, pueden experimentar actividad estelar intensa, incluyendo llamaradas de radiación más grandes que las que afectan a la Tierra.

Las enanas blancas son menos temperamentales, y proporcionarían a la vida un hogar más estable, dice Fossati.

“La evaluación del equipo de los planetas habitables en enanas blancas es una excelente manera de derribar las ideas preconcebidas sobre estos sistemas”, dice Jay Farihi de la Universidad de Leicester en Reino Unido.

Una cuestión persistente es cómo un planeta del tamaño de la Tierra llegaría a estar en la órbita adecuada alrededor de una estrella enana blanca.

En nuestro sistema solar, el Sol se expandirá hasta convertirse en una gigante roja en unos 5.000 millones de años, y los astrónomos creen que esto pulverizará todo hasta más allá de la órbita de la Tierra antes de contraerse y convertirse en enana blanca.

Aunque se ha observado lo que parecen ser remanentes planetarios alrededor de enanas blancas, hasta ahora no se ha encontrado planetas intactos.

“Esta es la parte más difícil”, dice Fossati. “Aún no sabemos si un planeta completo podría sobrevivir”.

Buscando una “Canica Azul”

La luz estelar podría decirnos más acerca de un exoplaneta una vez que el mundo ha sido detectado.

Una nueva técnica demuestra cómo el análisis de la luz reflejada por un mundo extraterrestre puede darnos una idea de las condiciones de su superficie, con una clara distinción entre nubes, continentes y océanos, como la imagen “Canica Azul” de la Tierra vista desde el espacio.

Hajime Kawahara de la Universidad Metropolitana de Tokyo y Yuka Fujii de la Universidad de Tokyo en Japón, usaron datos del satélite Terra para modelar la variación anual de la luz reflejada por nuestro planeta.

Luego lo usaron para crear mapas 2D de la luz proveniente de hipotéticos planetas similares a la Tierra variando las características de sus superficies.

Estos mapas pueden ser comparados con las variaciones de luz de exoplanetas reales para comprender los tipos de hábitats que podrían tener.

Al principio, un planeta rocoso cercano podría parecer un punto azul pálido, dice Kawahara. “Al observar este punto en el tiempo, nuestro método puede obtener una imagen más similar a la ‘Canica Azul’”, dice.

El método también podría descubrir si están creciendo plantas en los mundos lejanos revelando algo llamado “borde rojo”, dice Fujii.

Este salto abrupto en la cantidad de luz cerca del extremo rojo del espectro es una característica inconfundible de la vegetación en la Tierra.

Aunque los telescopios actuales no pueden distinguir la luz de los mundos rocosos pequeños del resplandor de las estrellas anfitrionas, misiones propuestas como el Occulting Ozone Observatory (Observatorio de Ocultación de Ozono, en español) pronto podrían ser capaces de usar esta técnica.

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Fuente: New Scientist
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