Sonidos producidos por las auroras boreales

Sonidos producidos por las auroras boreales

Los coloridos espectáculos de las auroras se producen cuando las partículas del viento solar, con carga eléctrica, son canalizadas por las líneas del campo magnético terrestre hasta chocar con los átomos de las capas más altas de nuestra atmósfera. 

Cuando impactan con átomos de oxígeno se produce un resplandor verde, como el de esta imagen. 

Pero lo nuevo es que se ha detectado un tipo de sonido emitido o producido por este espectáculo celestial aquí en la tierra.

Científicos sitúan la fuente de los sonidos de las auroras boreales a unas decenas de metros sobre el suelo. 

Las auroras boreales están entre los espectáculos más impresionantes que la Naturaleza nos regala de vez en cuando.

Sobre todo si se vive en latitudes cercanas al círculo polar ártico. Básicamente se producen cuando partículas cargadas del viento solar son desviadas por el campo magnético terrestre hasta las altas capas de atmósfera cercanas al polo norte.

Estas partículas transfieren parte de su energía a los átomos de nitrógeno u oxígeno y estos quedan excitados.

 Cuando vuelven a su estado fundamental de mínima energía emiten luz de determinadas longitudes de onda. De ahí los colores verde y rojo que aparecen en las auroras.

Obviamente existe también la versión austral, que son más difíciles de ver porque hay poca tierra firme habitada en las cercanías del polo sur.

La presencia de auras depende de la actividad solar. A veces, si el Sol está en su máximo de actividad (algo que se da cada 11 años), el viento solar es tan intenso que las auroras son visibles a latitudes más meridionales.

Son los pueblos, como los inuit y otros similares, que viven en esas regiones árticas los que han elaborado toda una mitología sobre las auroras. También existe una tradición que habla de los ruidos que producen las auroras *.

Los científicos han negado esa posibilidad de ruidos producidos por las auroras porque éstas se producen a mucha altura y sería imposible que un ruido allí generado (en donde además la presión es tan reducida que el sonido viaja muy mal) llegue hasta la superficie.

Naturalmente siempre se pueden captar las ondas electromagnéticas producidas por el fenómeno y traducir la señal eléctrica del recepto a sonido, pero este no es el caso.

Los testigos dicen escuchar un ruido real.

Para explicar el fenómeno se argumentaba que el supuesto ruido de las auroras se debería a alguna clase de sugestión causada por la leyenda o la tradición cultural.

 Otra explicación que se propuso sugería que los campos electromagnéticos asociados a este fenómeno alteraban el impulso nervioso en el oído humano y hacían creer a los testigos de las auras que estaban escuchando un ruido real.

El problema es que el fenómeno no siempre es reproducible y no siempre se da. Puede haber una aurora y que nadie afirme escuchar nada.

Ahora investigadores de la Universidad Aalto de Finlandia dicen haber localizado la región de la que parecen provenir estos sonidos. Según los registros que han efectuado, los sonidos provendrían de muy cerca del suelo, formándose a sólo 70 metros de altura.

Lo han averiguado gracias a la instalación de tres micrófonos separados espacialmente que registraban el sonido mientras que se producía una aurora. Por triangulación y comparando los sonidos grabados pudieron determinar la ubicación de la fuente sonido.

Estos sonidos son al parecer muy sutiles, pero si el testigo escucha con cuidado puede distinguirlos del ruido ambiental.

Por tanto, es físicamente posible que la gente oiga este tipo de ruidos, porque no se producen en las altas capas de la atmósfera, sino casi a ras de suelo. Sin embargo, esto contradice la percepción subjetiva de aquellos que afirman haber oído estos sonidos, pues dicen que dichos ruidos sonaban muy lejanos.

En todo caso, no se ha demostrado definitivamente que las auroras estén relacionadas físicamente con estos ruidos. Aunque estos investigadores han encontrado cierta correlación estadística.

Estos investigadores creen que el sonido está asociado a las mismas partículas cargadas provenientes del Sol que producen las auroras.

Sonidos producidos por las auroras boreales
Una instantánea que parece de cualquier lugar menos de nuestro conocido planeta Tierra.
Esta fotografía ha sido tomada por Stéphane Vetterel el pasado 12 de septiembre en Hverir, una región volcánica situada al noreste de Islandia. 
En el cielo nocturno y estrellado podemos ver una aurora boreal. En el suelo fumarolas  de vapor y agua que revelan la actividad volcánica del subsuelo.

Quizás generan algún tipo de alteración geomagnética que es la que en realidad produce el sonido. De todos modos no saben exactamente cómo se produce el sonido.

Las descripciones de estos sonidos aportadas por los testigos son a veces bastante diferentes entre sí y esto hace que los investigadores sospechen que detrás de estos sonidos hay mecanismos generadores de distintas clases.

Lo malo es que para poder ser testigo de estas cosas uno tiene que viajar a regiones árticas en la estación del año adecuada durante un máximo solar y así tener una alta probabilidad de ver una aurora boreal y quizás escuchar su llanto.

* Según una leyenda de los inuit de Labrador las tierras y mares están rodeados por un inmenso abismo y un estrecho y peligroso camino lleva a las regiones celestiales.

El firmamento es una gran cúpula que de duro material que está sobre la Tierra. Hay un agujero a través del cual los espíritus pueden ir al Paraíso. Sólo el Cuervo y los espíritus de aquellos que han muerto violenta o voluntariamente han pasado y conocen el camino.

Los espíritus que están en el Paraíso encienden antorchas para guiar a los recién llegados que acaban de morir y que están en el abismo. La luz de estas antorchas es la aurora boreal.

El ruido producido durante las auroras son las voces de los espíritus intentando comunicarse con la gente en la Tierra. Tienen que ser siempre respondidos con una voz susurrante.

Hace siglos que se conoce la relación entre las auroras y la actividad solar, pero los satélites han permitido a los científicos empezar a descifrar los mecanismos físicos que las provocan.

El cuarteto de satélites Clúster de la ESA vuela en formación en órbita a la Tierra, surcando su entorno magnético para estudiar la conexión entre el Sol y nuestro planeta.
 
En un nuevo estudio, Clúster ha analizado unos violentos fenómenos magnéticos conocidos como subtormentas, que provocan variaciones en la corriente de viento solar que colisiona con el escudo magnético de la Tierra: la magnetosfera.

auroras boreales

Durante una subtormenta, la cola de la magnetosfera terrestre se comprime y emite potentes chorros de plasma de alta energía hacia el planeta, a una velocidad que puede alcanzar varios kilómetros por segundo. Este fenómeno ayuda a las partículas de plasma a infiltrarse en las capas superiores de la atmósfera, generando auroras.

Estas ráfagas de plasma, conocidas como BBFs (siglas en inglés de ‘bursty bulk flows’), duran muy poco, de 10 a 20 minutos.

El estudio realizado con Cluster descubrió que, a pesar de su brevedad, las BBFs transportan mucha más energía de la que se pensaba; casi un tercio del total que termina llegando a la Tierra durante una aurora.

Hasta ahora se pensaba que su contribución era algo marginal, apenas un 5%.
Los nuevos datos demuestran que se había subestimado la importancia de las BBFs, y nos podrían ayudar a comprender mejor los efectos de la meteorología espacial sobre nuestro planeta.

La misión Swarm de la ESA, que se lanzará en junio de este año, estudiará en detalle la complejidad del campo magnético de la Tierra y su relación con el Sol.

La colorida danza de una aurora boreal (en cinco imágenes)

El pasado siete de diciembre de 2013 se produjo una aurora boreal especialmente intensa en Ester, un pueblo de Alaska (EEUU).

Las cinco fotografías de esta composición fueron tomadas durante un espacio de unos 30 minutos.

Sonidos producidos por las auroras boreales

Cada una de ellas cubre 150º, casi todo el cielo visible, y nos ilustran de cómo cambian rápidamente los colores y formas de estos fenómenos; que se originan a 100 kilómetros de altitud, en la magnetosfera terrestre.

Las fotografías han sido tomadas y montadas por LeRoy Zimmerman, y publicadas en la página de la NASA.

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Foto: Universidad Aalto.
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