¿Porque nos sonrojamos?

carita sonrojadaHay muchas y muy variadas causas para que alguien se ponga colorado: calor y esfuerzo, ira y vergüenza.

Cuando hablamos en público, al sentir la mirada de la persona que nos gusta, en las entrevistas de trabajo… cualquier momento vale. 

Y si encima sois de piel clara, vuestra cara delatará la vergüenza antes de que vosotros mismos seáis conscientes de ella. Vale, todos hemos sentido la sensación.
¿Pero qué es lo que sucede realmente en el organismo?

Quien sale de la sauna suele estar colorado como un pavo, y con motivo.



Con temperaturas de 85-95°C, la temperatura del interior del cuerpo aumenta aproximadamente en un grado y la de la piel era 10 grados.

Para evitar un exceso de calor en el cuerno se dilatan los vasos sanguíneos para que la sangre pueda fluir con más velocidad y disipar el exceso de calor.

En consecuencia, los vasos subcutáneos, rebosantes de sangre, se traslucen tras la piel y la persona se ruboriza, especialmente en la cabeza y el cuello, donde hay muchos capilares sanguíneos a flor de piel.

Ya tenemos el primer mecanismo desencadenante del rubor: el calor exterior.

El mismo afectó produce el calor interior. La fiebre, por ejemplo, hace subir la temperatura corporal.

También en este caso el cuerpo intenta disipar el calor excesivo hacia el exterior aumentando el riego sanguíneo en los vasos subcutáneos.

Como en el caso de la sauna, el resultado es un sonrojamiento general.

MARATONIANO COLORADO

El calor exterior y la fiebre no son las únicas causas del rubor. También el esfuerzo físico puede ruborizar la cara, como se aprecia por ejemplo en el caso de los maratonianos.

Cuando se exige al cuerpo más rendimiento, aumentan el ritmo cardíaco y la presión sanguínea, y la actividad muscular genera más calor.

Los latidos de nuestro corazón y nuestra frecuencia respiratoria se aceleran, liberamos altas cantidades de adrenalina y los vasos sanguíneos se comprimen, permitiendo que la sangre circule a mayor velocidad, de modo que los nutrientes y el oxígenos llegan más eficientemente a las células, que se preparan “por lo que pueda pasar”. Es precisamente este aumento de la circulación sanguínea el que causa el rubor, por un mayor flujo de sangre en los vasos que irrigan la cara.
Esta elevada producción de calor obliga a los vasos sanguíneos a dilatarse, y el acelerado ritmo cardíaco y la elevada presión hacen circular la sangre con más velocidad.

Consecuencia: el deportista se pone colorado.

Los responsables de la coloración de la cara son, por tanto, los vasos sanguíneos
dilatados; cuando, en cambio, los vasos se constriñen la piel palidece.

El estrecha miento y la dilatación de los vasos sanguíneos se controlan sobre todo a través de las hormonas y los nervios.

EL CONTROL DE LOS VASOS 

En las hormonas se distingue entre vasodilatadores como la histamina y la bradiquinina, y vasoconstrictores como la adrenalina y la noradremauna, o la vasopreSifla y la angiotensifla.

Además, las paredes de las arterias llevan integradas unas fibras musculares que a impulsos de la médula espinal pueden modificar el diámetro de los vasos sanguíneos, según se contraigan más o menos. 

Los vasos sanguíneos también pueden autocontrolar su diámetro: en algunos de ellos existen unos receptores que miden la presión en el vaso y la comunican al cerebro; éste ordena una dilatación o constricción para adaptar la presión a las circunstancias requeridas.

Aparte de estos mecanismos de control orgánico, el diámetro de los vasos sanguíneos se puede ver alterado también por sustancias ingeridas o consumidas, como son el alcohol, la cafeína o la nicotina, cuya intervención suele perturbar a menudo el sensible sistema de regulación biológico del cuerpo.

RUBOR POR RABIA O VERGÜENZA

 No sólo el calor y el esfuerzo, sino también emociones tan dispares como la ira y la vergüenza, pueden hacer que nos sonrojemos.

En este caso son órdenes neuronales las que a través de los nervios vegetativos alcanzan los vasos subcutáneos y provocan su dilatación. Al mismo tiempo, la presión sanguínea aumenta por el mayor ritmo cardíaco.

A diferencia de lo que ocurre en situaciones de estrés, en las cuales el cuerpo se prepara para una posible huida, la vergüenza y la ira no representan situaciones de emergencia sino emociones que provocan un aumento de la presión sanguínea, que se manifiesta a su vez en un mayor riego sanguíneo en los vasos subcutáneos .

A pesar de las diferencias entre ambas emociones, el efecto es el mismo: el rostro y el cuello se ruborizan visiblemente.

Como veis, el rubor es una reacción totalmente normal, de la que no hay por qué preocuparse. Sin embargo, también aparece a consecuencia de mecanismos como la fiebre y existen algunos casos en los que funciona como señal de algún otro tipo de trastorno.

Por ejemplo, hay personas cuya piel se enrojece enormemente al consumir alcohol, dando lugar al conocido como rubor asiático.

Si os pasara, debéis tener mucho cuidado con este tipo de bebidas, pues significa que el alcohol os está afectando más gravemente que a otras personas. 

Por otro lado, resulta curioso que a veces el propio enrojecimiento llega a convertirse en trastorno, en aquellos pacientes que sienten fobia a ruborizarse. 

En estos casos la situación se retroalimenta y puede ser necesaria la ayuda de un psicólogo para solucionarlo.

Por lo tanto, ahora sabemos que es muy posible que Heidi estuviese en un continuo estado de alerta. Que si os paráis a pensarlo, viviendo en mitad de los Alpes, podría tener su explicación.

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Autor: Pedro J. Altamirano Esc. 11 EET-Salta-Argentina
Fuente Consultada: El Asombroso Cuerpo Humano
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