¿Cuánto tiempo tenemos si nos entierran vivos?

Paul Conroy es un camionero estadounidense que trabaja en Irak y que se despierta, de repente, un día, sepultado en un ataúd, al parecer por una banda de insurgentes que le dejan únicamente un encendedor y un teléfono móvil con escasa batería.

¿Cuánto tiempo tenemos si nos entierran vivos?¿El motivo? Un rescate de 5 millones de dólares, a cambio de su vida.

El tiempo corre...

El argumento descrito en el párrafo anterior corresponde a la película Buried (Buried, 2006) y apela a uno de los miedos más ancestrales en la historia de la humanidad: el ser enterrado vivo.

En el siglo XIX el asunto llegó a convertirse en obsesión, tras conocerse o creer conocerse (hay explicaciones científicas y racionales para determinados signos en los cuerpos de los cadáveres que aparentan una sepultura en vida) una gran cantidad de casos reales.

Incluso en la época victoriana se llegó a fundar la Sociedad para la prevención del enterramiento prematuro.

 Quizá el mito vampírico y los no-muertos tuvo mucho que ver en todo ello.

Pero vayamos a la parte científica, que la hay. Supongamos que alguien fuese sepultado, por la razón que fuera, en vida.



¿Cuánto tiempo podría sobrevivir hasta agotar el oxígeno contenido en el ataúd?

Veamos.

Lo primero que hay que saber son las dimensiones del recipiente donde hemos introducido al incauto del que nos queremos librar con una de las torturas y muertes más crueles que uno se puede llegar a imaginar.

Si entramos en la página web de alguna empresa dedicada a la fabricación de estas maravillosas y confortables "camas para la eternidad" veremos que las hay de distintas dimensiones, aunque todas ellas muy parecidas.

Cojamos, por ejemplo, una caja en forma de prisma rectangular (no nos vamos a complicar la vida con la geometría, que al enterrado tampoco le va a preocupar demasiado) con una longitud de 210 cm, una anchura de 70 cm y una altura de 60 cm.

Esto arroja un volumen aproximado de 882.000 cm3, es decir, unos 882 litros.

A continuación hay que averiguar el volumen ocupado por la víctima. Esto es fácil si tomamos como valor medio para la densidad del cuerpo humano unos 933 kg/m3. Supongamos que Paul Conroy pesa 75 kg y tiene una estatura de 1,80 metros.

Su volumen corporal asciende a 0,08 m3. Restando esta cantidad a los 0,88 m3 del espacio total en el interior del ataúd encontramos el aire disponible: 0,802 m3, o sea, 802.000 mililitros.

Este número parece enorme pero, sin embargo, recordemos que la atmósfera de nuestro planeta está constituida por una mezcla de gases, como el nitrógeno y el oxígeno, mayormente, en unas proporciones del 78% y 21%, respectivamente.

En consecuencia, nuestro infortunado señor Conroy únicamente dispone de 168.000 mililitros de oxígeno para respirar antes de que se agote su tiempo. 

El siguiente paso consiste en conocer el gasto energético del cuerpo humano y la cantidad de oxígeno que insuflamos en nuestros pulmones cada vez que respiramos.

En efecto, la energía mínima que requiere el cuerpo humano para llevar a cabo sus funciones metabólicas se denomina ritmo metabólico basal o, simplemente, metabolismo basal. Existen fórmulas empíricas para determinarlo, como las ecuaciones de Harris-Benedict.

Si aplicamos una cualquiera de las versiones de éstas obtenemos para nuestro desdichado camionero un valor aproximado de unos 88 watts (1834 kilocalorías diarias).

Como quiera que la energía liberada durante el proceso de oxidación asciende a unos 20 joules por mililitro (4,78 calorías por mililitro) se deduce de aquí que la cantidad de oxígeno que debe inhalar Paul Conroy para poder mantener su metabolismo basal es de 3,5 mililitros por cada kilogramo y cada minuto.

Una sencilla operación nos desvela el misterio que nos ocupaba desde el principio: 168.000 mililitros de oxígeno disponibles y una inhalación de 3,5 por cada kilogramo de Conroy en cada minuto, arroja un tiempo de supervivencia de 636 minutos (algo más de 10 horas y media).

Por supuesto, todos los cálculos y cifras anteriores se han realizado en condiciones ideales, es decir, para un sujeto completamente tranquilo y sin ningún estrés (por ejemplo, si estuviese dormido o no fuese consciente del lugar y la situación dramática en que se encuentra). Ahora ya sabemos cuánto tiempo puede llegar a dormir un vampiro durante el día...

Obviamente, en situaciones de máximo estrés, como puede ser el caso de Paul Conroy, el ritmo de respiración aumenta considerablemente, lo que acortaría en consecuencia su tiempo de supervivencia.

A no ser que se trate de un deportista de élite en su momento de máxima exigencia, un ser humano promedio puede alcanzar un requerimiento de oxígeno en situaciones apuradas de hasta 52 mililitros por cada kilogramo y por minuto.

Un valor así reduciría la duración de la película hasta los 43 minutos.

Al precio que van ahora las entradas de cine, con un IVA nuevo del 21% recién aprobado por nuestro ínclito gobierno del Partido Popular, ¿quién va a pagar por una película medianamente realista de 43 minutos de duración?

Ya nos recortan hasta en el metraje...

Fuente original:
Buried Alive T. Kerr, N. Brewster, J. Smith and N. Adams. Journal of Physics Special Topics, Vol. 10, No. 1, 2011.
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