Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

Choque de altura

Choque de altura
Cuando vuelas en un avión comercial a más de 10.000 metros de altitud, no esperas encontrar ningún pájaro que se cruce en tu ruta… ¿o sí?

En tan calmados espacios, allá arriba donde el aire está tan enrarecido que ya ni merece tal nombre y donde lo único que cabe esperar encontrar vivo, si acaso, es alguna bacteria capaz de resistir condiciones extremas.

A veces pueden darse choques increíbles.

Se han registrado casos de ciertos tipos de cisne volando a más de 8.000 metros de altitud y, en el Himalaya, no son raros los casos de algunas aves que se acercan a los 9.000 metros.

Pero hay un caso realmente excepcional en el que un avión tuvo la mala suerte de encontrar un ave donde nunca lo hubiera esperado.

Bien, realmente quien tuvo peor suerte fue el pájaro, que no acabó nada bien, veamos cómo aparece citado el caso, que he traducido desde la fuente original que he consultado sobre este curioso encuentro a gran altitud:
Colisión entre un buitre y un avión a una altitud de 37.000 pies.
El 29 de noviembre de 1973, un buitre de Rupell (Gyps rueppellii) chocó con un avión comercial a 37.000 pies sobre Abiyán, Costa de Marfil, África occidental. La altitud fue anotada por el piloto poco después del impacto, que dañó uno de los motores de la aeronave (…)
El avión aterrizó sin problemas en Abiyán sin más incidentes. Los restos del buitre [analizados] consistieron en cinco plumas completas y quince parciales de las alas (…), la cola, el cuello y el pecho.
Los detalles de las plumas fueron suficientes como para permitir una identificación empleando material comparativo en el Museo Nacional de Historia Natural de los Estados unidos…
En todas las épocas, en todos los tiempos, además de la burocracia hay algo que ni ha cambiado ni parece que vaya a cambiar. Se trata de los bulos. Y es que, noticias falsas aparecen por todas partes y no hay día que no salten por acá o por allá.

Me encontré hace poco con un ejemplo muy curioso que vendría a ser el típico bulo de causa y efecto, solo que la relación, que tan lógica parecía para algunos, no tenía ni pies ni cabeza. Todo comenzó con la admiración de los madrileños ante el paso por las alturas de un gigantesco dirigible. El más famoso de todos los diribibles, con permiso del tristemente célebre Hindenburg (LZ 129), fue sin duda alguna el Graf Zeppelin (LZ 127).

El gran pájaro de 236 metros de longitud, repleto de hidrógeno en sus entrañas, era capaz de transportar cómodamente a una veintena de pasajeros en viajes intercontinentales. Cruzó el Atlántico en decenas de ocasiones y realizó viajes alrededor del planeta y vuelos polares.

El miércoles 21 de septiembre de 1932, y en jornadas posteriores, la prensa española mostró su admiración por esa gran nave aérea. A su paso por Madrid, las gentes quedaron asombradas. He aquí, por ejemplo, lo publicado en el diario Luz, aquel mismo día…
A las siete de la mañana de hoy el vecindario madrileño se vio sorprendido con la presencia sobre la capital del “Graf Zeppelin”. El ruido de los motores de la aeronave despertó la curiosidad de mucha gente, que se asomó a los balcones o se lanzó a la calle para contemplar al enorme aparato. (…) Regresa de América y ayer fue registrado su paso por Tenerife. Voló sobre Madrid muy bajo, y la gente se detuvo en las calles para admirarlo. En cuanto fue advertida su presencia, se elevaron cuatro aparatos en Cuatro Vientos, que escoltaron al “Zeppelin” durante sus evoluciones sobre Madrid.
Apareció por la parte sur y llegó hasta el norte de la capital. Evolucionó por los Cuatro Caminos a la hora citada, en que en dicha barriada hay gran animación por ser el momento en que los obreros acuden al trabajo. Después voló sobre Vallehermoso y dio otra vuelta y desapareció por la Prosperidad, rumbo nordeste.
Como hemos dicho, la aeronave volaba bajísima y era fácil distinguir a los viajeros, que saludaban a los millares de curiosos. (…) A las diez de la mañana el público que transitaba por la plaza de Herradores se vio sorprendida con el descenso de un enorme buitre. Alrededor del animal se agruparon muchísimas personas, haciéndose los naturales comentarios. (…) Abundaban las explicaciones al hecho. Entre ellas destaca la de que el buitre debió ser víctima de los disparos de los pasajeros del “Graf Zeppelin” que poco antes había volado sobre Madrid. El buitre mide dos metros de punta a punta de las alas. Un barrendero que pasaba por aquel lugar, más oportuno que el resto del público, cogió el buitre y se marchó tranquilamente con él, ignorándose el destino que le habrá dado.
Veamos, la historia del pobre buitre se repitió por doquier aquella jornada. El asunto de la lógica sencilla de causa y efecto no admitida dudas para muchos. Había pasado un gran dirigible sobre Madrid y, al poco, un gran buitre aparecía en una calle de la ciudad. Estaba claro, o le habían disparado desde la nave volante o se había estrellado contra ella. El culpable, sin duda, era el dirigible alemán. Pero claro, las identificaciones de causa y efecto no suelen ser tan simples. Así, la solución llegó al día siguiente. El diario La voz publicó el jueves 22 de septiembre de 1932 la siguiente aclaración…
La aparición de un buitre en las calles de Madrid fue ayer tema periodístico que estuvo a punto de eclipsar las informaciones sobre la visita del “Graff Zeppelin”, y el caso no era para menos, ya que tal descubrimiento era bastante singular. (…) Algún diligente repotero se ha empeñado en meter la nariz en el extraño asunto y ha dado al traste con la leyenda que corrió ayer por todas las calles de la villa. (…) Y el caso no puede ser más vulgar. El desdichado buitre, ni cayó en la plaza de Herradores ni siquiera fue cazado a escoba por el barrendero aprehensor, sino que vino hace días por ferrocarril en una jaula de gallinas, remitido como obsequio de un industrial de aves a un abastecedor de Madrid.
Pero el abastecedor, que por lo visto no es aficionado a esa clase de ejemplares, al ver que el buitre era cojo, lagrimeaba del ojo izquierdo y además estaba plagado de piojos, temeroso de que infestara de parásitos a sus excelentes gallináceas, decidió deshacerse del corbirrostro, y como en Madrid no hay asilo para cierta especie de seres vivientes, se lo entregó al primero que pasaba por la calle y que en esta ocasión fue el barrendero. He aquí, pues, explicada la historia del buitre, que ni regalado siquiera lo ha querido admitir don Cecilio en el Parque del Retiro. Respecto a que todos dijéramos que había volado sobre la plaza de Herradores, nada hemos de rectificar, ya que la leyenda, cuando llegó a nosotros, había volado por todo Madrid. Después de todo, vuelan a diario tantas cosas…
Imagen: Un buitre de Rupell (Gyps rueppellii) en el Parque Nacional de Nairobi (Kenia). Fotografía de Jorge Lascar.

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