Órganos trasplantados sin rechazo

Órganos trasplantados sin rechazo
Tres equipos de investigadores han conseguido de manera independiente trasplantar órganos de tal modo que el receptor no necesite tomar inmunodepresores de por vida como hasta ahora sucede.

La nueva técnica consigue educar al sistema inmunitario para que no rechace el nuevo órgano y lo considere como propio.

Los tres estudios se publican en New England Journal of Medicine, son preliminares y en ellos han participado sólo unos pocos pacientes, así que hay que tomar esta noticia con las debidas precauciones.

Hasta ahora cada vez que se trasplantaba un órgano había que administrar al paciente inmudepresores, que como su nombre indica reducen la actividad del sistema inmunitario.

De este modo se evita que el órgano trasplantado se vea atacado por dicho sistema y sea deteriorado.

Lo malo es que al tener debilitado el sistema inmunitario las personas con órgano trasplantado son más susceptibles de padecer infecciones.

Además, esta medicación la tienen que tomar de por vida. Aunque el riñón sea de un familiar se necesitan fármacos inmunodepresores que eviten el rechazo.

Se efectúan miles de trasplantes de riñón cada año y un 99% de los pacientes están vivos un año después de la operación.

En otros casos también hay un porcentaje elevado de éxito, pero siempre a costa del uso de inmunodepresores.

En anteriores trabajos en animales se sugería que se podría evitar el uso de estos fármacos.

Ratones y monos a los que se había realizado un trasplante y se les había administrado células troncales podían algunas veces sobrevivir sin inmudepresores.

Las células sanguíneas procedentes de la médula ósea generan los glóbulos blancos, como las células B que producen anticuerpos y las células T que son importantes a la hora de distinguir al anfitrión del donante.

Los investigadores descubrieron que trasplantando este tipo de células en el receptor se creaba un sistema inmunitario híbrido y el órgano trasplantado no era reconocido como extraño.

Aunque los métodos difieren un poco en los tres casos los resultados se basan en las mismas premisas.

El grupo de Michael Stormon del Children’s Hospital (Sydney, Australia) informa haber trasplantado un hígado de una niña de 9 años con hepatitis.

En este caso su sistema inmunitario estaba muy debilitado por el tratamiento, y las células inmunes foráneas procedentes del donante del hígado casi reemplazaron las funciones del sistema inmunitario de la paciente.

Hubo incluso que revacunar a la paciente frente a ciertas enfermedades que no había pasado el donante.

La niña fue capaz de dejar el tratamiento con inmudepresores un año después de la operación y no ha experimentado ningún problema en los cuatro años transcurridos desde entonces.

El segundo equipo de investigadores pertenecen a la Universidad de Stanford (California, EEUU) e informan de un éxito similar sobre un paciente que recibió un riñón de su hermano.

El paciente fue tratado con radiación y fármacos que destruyeron sus células T.

Después recibió el riñón y una transfusión de sangre enriquecida con células troncales productoras de células sanguíneas procedentes del mismo donante.

Las pruebas genéticas revelan que las células inmunitarias del hermano circulan por el cuerpo del receptor después de más de dos años de la operación.

El paciente dejo de tomar inmunodepresores y no ha experimentado rechazo hasta el momento.

El tercer grupo dirigido por David Sachs del Massachusetts General Hospital (Boston, EEUU) informa de un éxito similar en trasplante de riñón sobre cinco pacientes.

En este caso los donantes no estaban emparentados con los receptores.

En sistema inmunitario de uno de los pacientes rechazó el trasplante, así que los médicos añadieron al protocolo de los cuatro restantes la destrucción de sus sistemas inmunitarios propios.

Los cuatro admitieron bien el trasplante de médula ósea de los donantes de sus riñones y ahora llevan una vida normal sin usar inmunodepresores a casi un año después de la operación.

Sorprendentemente estos individuos ya no producen células inmunitarias de los donantes, produciendo sólo las propias. La razón por la que no rechazan el órgano trasplantado es un misterio.

Pero no todo es perfecto.

El trasplante de médula ósea entraña ciertos riesgos, así que queda trabajo por hacer. Estos tres estudios ilustran que se empieza a comprender cómo se puede entrenar al sistema inmunitario para que pueda tolerar células foráneas.

Una vez se comprendan los mecanismos implicados será mucho más fácil evitar el rechazo en caso de trasplante de órganos.

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