Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

La teoría de los cromos


La teoría de los cromosComo si de un beato leyendo la biblia se tratara, los científicos y los no científicos seguían lo escrito por Darwín como una profecía. 

Decía el texto de la época que los genes pululaban de especie en especie transmitiendo sus virtudes e imperfecciones.

 Al texto le hubiera ido a la talla cualquiera de esas comedias de los grandes teatros que recogían las carcajadas del público.

Con sus frases de época y sus metáforas sobre la información genética resultaba de lo más ameno para leer, aunque el que lo hacía seguramente buscaba entender algo del caos que le rodeaba.

El viajero Darwín, el descubridor, primero creyó que las especies evolucionaban en función de lo que les rodeaba.

 ¡Qué bonita sonaba esa teoría en la que explicaba cómo los animales se adaptaban, con la misma facilidad que el marido infiel se acomoda a la vida de casado!.

Recibió el nombre de Teoría de la Evolución.

Probablemente más de una reacción química de algún cerebro del pueblo habría fructificado en un sentimiento de respeto hacia esa teoría, de tan rimbombante nombre.

Pero la verdad acabó filtrándose entre los entresijos de la maraña de hipótesis.

No evolucionaban las especies, sino que se intercambiaban cromos.

Cromos genéticos. En ellos había la información del individuo.

Pero mejor no privemos al lector de leer la teoría, comentada por el mismo Darwín en su diario.

“A pesar de estar con el estómago totalmente lleno, había comido de nuevo contento de saber que yo había descubierto la que llamaría la Teoría de la Evolución.

Pero yo no dejaba de hacerme preguntas. ¿Quién creía que era yo? Acaso era yo algo más que mi propio cerebro.

Yo tenía claro que no era más que el envoltorio de mi cerebro.

Así que no le respondía porque tampoco podía. Él mismo debía responderse.

Con estas convicciones conseguí dar esquinazo a los ajetreados vaivenes del conexionado neuronal hiperactivo.

Pero un día, cuando estaba durmiendo, la solución me vino a la cabeza clara como el agua.

¿Cómo va una especie a cambiar con mutaciones genéticas aleatorias que casualmente la mejoren en aspectos físicos que le ayuden a adaptarse al entorno local?

En esos momentos de meditación en que las preguntas correteaban por mi mente, justamente me encontraba comiendo porque era un hombre de mal dormir.

Lo hacía muy deprisa. Me atragantaba pero seguía comiendo.

Ni me acordaba a qué sabían los alimentos, había que apaciguar el hambre. Y continuaba pensando. “¡La teoría de la evolución es un parche!” me dije.

Así que decidí que esa teoría alabada por la mayoría de mis creyentes era falsa.

Y me di cuenta de la verdad.

No había mutaciones, y si las había apenas importaban.

Mientras razonaba en mi cerebro, acabada la comida, me relamía la boca como un perro.

Entonces lo vi allí sentado mirándome. Me miraba como yo le había mirado infinidad de veces.

Con cara de ser superior, templado, observando mis movimientos compulsivos e instintivos. ¡Mi propio perro me había contagiado sus cromos genéticos!

Por eso me miraba con soberbia.

Seguro que se había quedado con algún gen típicamente humano. Ahora era amo de las dudas que me habían apabullado.

La nueva teoría la llamaría La Teoría de los Cromos (entiéndase por cromos genéticos).” querido cerebro no dejaba de formularme preguntas.

“Este gran descubrimiento me abrió los ojos. No podía tolerar ninguna relación con mi perro, o acabaría contagiándome todos sus genes perrunos a través del aliento o del contacto.

Quería dar a conocer mi teoría pero antes tenía que solucionar los problemas con mi perro.

O si no, acabaría en la cama pensando en lo que piensa un perro: comer y dormir y buscar una novia de vez en cuando. Además quería vengarme.

El muy sabueso se divertía apreciando cómo sus capacidades facultativas aumentaban a costa mía, mientras contemplaba cómo yo saboreaba a diario y con más gusto sus nuevas galletas, en vez de tomarme una simple taza de leche.

Vengarme era la solución.

Mi territorio había sido ridiculizado por otro macho y yo tenía que hacer algo.

Lo interné en una granja de gallinas.

 ¡Como reí ese día! Pensando en todos los cromos que las gallinas le pasarían al perro.

Salté, mordí, ladré de alegría.

Me imaginaba al perro viendo como le crecía una pluma por aquí o una cresta por allí. Por fin podría dormir tranquilo.”

“A los científicos les costó, pero una vez la teoría despegó fue imparable.

Se extendió por toda la comunidad científica internacional.

Lógicamente yo, Darwín, era un elemento de alto rango y mis estudios calaban hondo.

Otros animales siguieron el mismo camino que mi perro y los internaron en gallineros.

Los amos de estos se ponían contentos porque,gallinas a base de intercambiar cromos genéticos con sus gallinas. Pobrecitos.

Cómo dejaban que les engañaran…

¡No habían caído en la cuenta que sus gallinas cogerían genes de perro!

A lo mejor muy repartidos entre todo el gallinero, pero suficientes por individuo como para volverse agresivas y más inteligentes.

Aunque nunca oí ningún caso, siempre podía pasar que a las gallinas más perras les empezara a gustar la carne e intentasen comerse las otras gallinas a base de picotazos.” creyendo ciegamente en mi teoría, decían que esos perros se convertirían ...

El diario de Darwín refleja la extremista opinión que se extendió por el mundo entero, el cual entró en un estado de shock.

Tanto tiempo que llevábamos y resultaba que estábamos intercambiando nuestros genes por los de los animales.

Aunque el contacto tenía que ser constante y duradero para que los cromos se llegaran a contagiar a otra especie.

El mundo se tomó muy a pecho la teoría y todo tipo de organizaciones decidieron actuar por su cuenta.

El lema era sencillo: había que minimizar el contacto humano con otras especies.

Unido como estaba nuestro presente a la Tierra y su respectiva biodiversidad, la tarea era imposible de llevar a término.

La sociedad se preguntaba si muertos de otras especies podían todavía intercambiar cromos con los humanos.

Los científicos no sabían qué sobre todo por el poco fundamento de la teoría en general.

Así que surgió la embriagadora idea de linchar a personajes famosos por su talento, para después llevárselos a casa y usarlos como simples ambientadores.

Unos aromas posiblemente repletos de genes de alto standing.

Las altas esferas, apremiadas por el temor, se apresuraron a revelar que no se podían contagiar una vez muertos, aludiendo a un comportamiento paralelo en los colegios: nunca se había encontrado el caso de un niño muerto intercambiando sus cromos.

Esto tranquilizó sobremanera a los ciudadanos de cada país.

No obstante, antes de saberse la respuesta de los científicos algunas personas habían decidido omitir algunas carnes; sobre todo la de gallina que había cogido mala fama por sus historias con los perros.

Pero en seguida, las mentes un poco despiertas se dieron cuenta que no estaban frenando el intercambio de cromos, porque sino comían carne, debían comer vegetales, y...

 ¿Quién quería tener genes de vegetal?

 A raíz de esta opinión surgieron algunos linchamientos a vagos, a los que se les acusaba de haber comido alguna planta.

Lógicamente se extendió una hambruna entre estas familias y muchos murieron, consiguiendo preservar su honor en frente de otras especies.

Estos no muy felices seres ,no sabían que un poco más tarde los científicos responderían que la carne muerta no podía escupir genes.

El mundo entero se calmó después de la noticia y un pellizco de estabilidad pareció extenderse entre los pueblos. responder,

Sin embargo no fue más que una tregua momentánea a la psicosis.

Qué había de los mosquitos y todos los bichitos que vivían alrededor de los humanos.

La teoría puntualizaba que las especies a intercambiar sus cromos debían ser de características parecidas, al menos en cuanto a tamaño.

O sea que si hubiéramos querido que el mosquito nos transmitiera su particular garganta productora de ceceos habríamos tenido que acostarnos con él como si de nuestro cónyuge se tratara, de por vida, y probablemente nada hubiéramos notado, a excepción de que el mosquito yacía putrefacto debido a su corta vida.

Pero como es sabido, toda teoría tiene también los hijos nacidos del emparejamiento de la misma teoría científica contrastada y de la imaginación irracional del pueblo.

Se conocían familias que creían que si el mosquito intercambiaba la sangre durante la picadura significaba que los genes se debían transmitir como si de un torrente se tratara.

Los miembros de estos se bunkerizaron en contra de cualquier elemento volador no identificado que apareciera por su hogar.

Hay otros ejemplos de extremismo: por ejemplo,el hijo de un compañero mío.

Al chico lo encontraron muerto debajo de un árbol.

Según dicen, lo que ya podría catalogarse como leyenda de la villa, el chaval fue a otear un posible nido de gorriones, cerca de casa, que habían perdido sus padres.

Durante varios días permaneció con ellos, cuidándoles y cubriendo todas sus necesidades como amante de los pájaros que era.

Las malas lenguas dicen que al cabo de un tiempo al chico le crecieron alitas de gorrión.

Él, muy emocionado por su metamorfosis, pensó en el cuento de la lechera y se fue levitando hacia un nido de águilas.

Algunos del pueblo se empeñan en decir que eran avestruces…¡que tonterías!

 Si los avestruces en esa época, creo, están hibernando.

El niño permaneció un tiempo también con las águilas, aunque no el suficiente para conseguir un cuerpo hombre-águila.

Así, sus genes de gorrión se mezclaron con los de águila y surgió otra metamorfosis.

Cuando intentó saltar para comprobar el poder de sus nuevas características físicas (mentales no, porque básicamente ya no tenía cuando todo empezó) cayó, pues la mezcla de genes no dieron el efecto deseado, las alas no eran las idóneas.

De esta forma dicen que murió el chico. No falta comentar que la leyenda es un tanto falsa.

Probablemente se subió al árbol y cayó desde lo alto.

Personalmente creo que todo es falso porque…¿ cómo iba a volar con unas alas tan pequeñas como las del gorrión? recuerdo era imposible

Pasito a pasito, unos cuantos científicos que formaban parte del Proyecto Darwín empezaron una serie de elucubraciones.

Mientras el mundo se debatía contra cualquier bicho que osara invadir el territorio humano, o sea tres cuartas partes del planeta, los del Proyecto Darwín, fieles seguidores de la Teoría de los Cromos, buscaban los cimientos de la teoría.

La sede estaba instalada en medio de un bosque extraordinariamente poblado de zorros y no apto para alérgicos a los genes de astucia producidos por estos animales.

Trabajaban con mucha garra durante el día y por la noche dormían en su madriguera de hormigón.

Ellos investigaban aislados de un mundo en el que algunas personas habían cambiado sus plantas y sus mascotas menos inteligentes, como puede ser un gato, por un delfín que era entrenado especialmente para caber en una pecera.

La suerte del animal estaba echada, y se podía resumir en que era mala, tremendamente mala.

Si aceptaba las exigencias de sus nuevos amos permanecía en una pecera que a su vez le hacía de cinturón de adelgazamiento.

Por el contrario si se rebelaba, los humanos entendían que el animal no era suficientemente inteligente y hacían entonces un estofado de filete de delfín.

Volviendo al tema de los científicos perdidos en el bosque, estos siguieron con su línea de trabajo y dedujeron la siguiente hipótesis:

“Aceptando la Teoría de los Cromos como contrastada, eso significa que, desde tiempos inmemoriales, los humanos llevamos despachando y recogiendo genes.

Por lo que en tiempos pasados éramos más diferentes a las especies actualmente existentes en el planeta.

De este modo las especies han seguido un proceso evolutivo que las ha asemejado más entre ellas a cada siglo que pasaba. Nuestras observaciones nos permiten pensar que andamos en lo cierto.

Cómo se entendería, si no, que mayoritariamente todas las especies tengamos una cabeza, con su respectivo cerebro más o menos grande, unas extremidades, un corazón en la parte central y un sinfín de cosas que harían pensar que solo existe una posible forma de vida, estandarizada según este patrón ya dicho.

Si todas las especies resultaban ser disparatadamente diferentes significaba qué los humanos habíamos tenido una época de esplendor en la que todavía éramos más inteligentes.

Particularmente deducimos desde nuestra cuna (¿?) del Proyecto Darín que éramos los únicos inteligentes en la Tierra y que las otras especies eran endiabladamente bobas.

Estas corrieron detrás de nuestros cromos consiguiendo mejorar su capacidad neuronal hasta llegar a la situación actual.

Los monos, por ejemplo, pensamos que fueron producto del intercambio de cromos, y probablemente fueron algunos humanos que, debido al roce con los animales, más rápido evolucionaron convirtiéndose en monos, gorilas u otros simios parecidos.

Incluso creemos conocer un descendiente del hombre europeo que sin duda ha conservado uno de los rasgos más llamativos: el mono narigudo.

Volviendo a nuestro tema principal,éste no podía aparecer de la nada significa que fue introducido en la Tierra por algún ente.

Ya sin vacilar en agacharnos a comprobar que se verifique lo que pensamos, creemos que los humanos éramos extraterrestres condenados a los que usaron para experimentar en la Tierra.

Estos hermanos nuestros crearon formas de vida totalmente primitivas y muy sencillas, las cuales se habían observado en algún planeta.

Los extraterrestres cogieron los individuos criminales y los pusieron en un planeta lleno de formas de vida con una actividad cerebral dignas de un culebrón sudamericano.

Probablemente nuestros hermanastros alienígenas estarán celebrando la prueba de que los genes se intercambian y viendo cómo los humanos, descendientes de los extraterrestres, nos hundimos más y más en esa marea de genes animales y vegetales.” extrapolamos que hubo un estado inicial en el que el hombre era lo más inteligente que nunca ha sido.

 ¿Como?

Al menos por suerte contábamos en nuestra sociedad con un hombre que supo ver la luz aún estando los humanos en estado terminal.

Un poco más de tiempo y no hubiéramos podido ni descubrir la Teoría de los cromos.

Gracias a la Fuente :-CC http://pareceazul.wordpress.com
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