Hablar solo no es cosa de locos

 Hablar solo no es cosa de locosLo reconozco: yo a veces hablo solo. 

Y estoy seguro de que no soy el único. ( ¿ o sí ? ) 

Cada vez es más frecuente cruzarse por la calle con personas que musitan palabras apenas inteligibles para los demás mientras cruzamos el paso de cebra, o al recorrer los lineales del supermercado, o al entrar en un bar.

Están por todas partes. 

Puede que estén recitando la lista de la compra para no olvidar nada o ensayando la excusa que dirán a sus parejas por volver a casa a deshoras.

Puede que estén hilando una solución a un problema que les acucia. Puede que estén memorizando el texto que deberán recitar al día siguiente en algún examen.

Puede que estén rezando.

O simplemente poniendo las ideas en orden.

O puede que estén locos.



Pero, contrariamente a lo que se cree, los locos no hablan solos, son los cuerdos quienes lo hacen.
Podremos decir que sólo estamos pensando en voz alta o algo así, pero lo cierto es que si cualquiera nos viese seguramente pensaría que estamos locos.

Y es que si en los niños esa costumbre no nos resulta rara, en un adulto es un tanto extravagante.

Nos han enseñado a guardar nuestros pensamientos y a no hablar en voz alta si no es para comunicarnos con otros.

Sin embargo, quizás este hábito pueda tener efectos positivos también en los adultos, como los tiene en los niños.

Hace poco se ha publicado un estudio conjunto de las universidades de Wisconsin y de Pensilvania (EEUU), con el que pretendían demostrar si repetir el nombre de un objeto era realmente útil para facilitar la búsqueda de dicho objeto.

Para ello contaron con la participación de varios grupos de voluntarios (un total de veintiséis personas), a los que se mostraba imágenes de distintos objetos entre los que debían hallar uno de ellos (por ejemplo una pinza de la ropa en un estante de supermercado, o un limón en una nevera).

A un grupo de ellos, se le indicaba que debían decirse a sí mismos en voz alta el nombre del objeto, mientras que el otro debía permanecer en silencio.

El resultado fue que quienes hablaban solos encontraron los objetos más rápidamente, y ello a pesar de que hablar en voz alta durante la búsqueda podría suponer una distracción.

La costumbre de hablarnos a nosotros mismos es más habitual de lo que creemos, aunque la mayoría de las veces lo hagamos en voz baja o a través del pensamiento.

Esa especie de “auto-discurso” tiene el objetivo de guiarnos en nuestro comportamiento, sirviendo de instrucciones que nos orientan en la forma correcta de actuar.

Así, al buscar un objeto es habitual la tendencia a pensar o decir en voz baja el nombre de dicho objeto, lo que ayuda a encontrarlo con más facilidad.

En palabras de los investigadores, “el lenguaje es más que una herramienta de comunicación y puede llegar a alterar el curso de pensamiento e incluso la percepción, facilitando una más rápida localización de los objetos”.

De hecho, distintos experimentos ya habían puesto de manifiesto que el mero hecho de decir una palabra puede provocar el movimiento de los ojos hacia el objeto nombrado tan sólo 100 ms después del inicio de la palabra.

Con este nuevo estudio, parece demostrarse que este efecto es aún mayor si la palabra se dice en voz alta, frente a si sólo se piensa en ella.

La explicación podría estar en que repetir el nombre ayuda a mantener activa la representación mental del objeto, lo que a su vez facilita el proceso de atención y concentración sobre dicho objeto.

Esta estrategia es más eficaz cuanto mayor sea la asociación entre el nombre y el objeto, es decir, con objetos que tienen características visuales más claramente asociadas con la etiqueta verbal.

Por ejemplo, repetir la palabra “casa” es de ayuda para localizar un edificio con puerta, ventanas y un tamaño adecuado para albergar viviendas.

Si el objeto es menos típico de su categoría o tiene unas propiedades visuales menos predecibles (una casa con un diseño que se salga de lo habitual), el hecho de repetir el nombre ayudará menos.

El estudio llegó también a la conclusión de que, en este tipo de tareas, las mujeres demostraron mucha mayor habilidad que los hombres: eran más rápidas y acertaban más.

Nos queda la duda de si esto tiene que ver con el hecho de que pudiera haber otras mujeres mirando…

contrariamente a lo que se cree, los locos no hablan solos, son los cuerdos quienes lo hacen.

Un ejercicio muy saludable consiste en verbalizar ideas o sentencias totalmente inaceptables para nuestra moral o nuestras creencias, políticas, religiosas o deportivas. Estamos solos. Nadie nos va a escuchar. Nos sobresaltará escuchar con nuestra propia voz opiniones totalmente ajenas y nos ayudará a poner en valor nuestras convicciones, si las hubiera.

Es como jugar al ajedrez contra uno mismo, no es fácil, pero es posible. Y no son pocos los aficionados al milenario juego que se entregan a estas prácticas un tanto solipsistas.

Cuando hablamos sin espectadores ni receptores, nos sentimos más libres. Decimos cosas que ni siquiera sabíamos que pensábamos porque nadie coarta nuestra libertad de expresión.

Si usted además tiene la suerte de ser políglota, puede ensayar ingeniosos métodos en los que cambie de idioma según varíe de argumento, pero manteniendo el timbre de voz y la apariencia física. Y echar la tarde tan ricamente y sin gastar ni un euro.

Los autónomos o freelances que trabajamos en casa necesitamos verbalizar las ideas que surcan nuestro cerebro como estrellas fugaces para atraparlas al vuelo, y así guardarlas en un frasquito imaginario al que recurrir más adelante, cuando no se nos ocurra nada.

Para hablar consigo mismo utilizando el Whatsapp (probablemente la herramienta de destrucción masiva de parejas más efectiva), nos atenaza la servidumbre de si hay doble check azul, de si han visto o no el mensaje a tiempo, de si la otra persona está en línea…, y si es así, ¿con quién está wasapeando? Aunque la otra persona seamos nosotros, la opción de grabar el mensaje de voz está muy bien, pero debemos tener dos números de móvil diferentes. 

Ello nos permitirá hablar solos, mientras caminamos de forma compulsiva sobre la mullida alfombra del salón, y enviarnos mensajes de voz a los dos móviles alternativamente.

Hablar solo (o sola) es un ejercicio que todo el mundo debería probar y disfrutar. Mejora la autoestima, las habilidades retóricas, la salud vocal y el hígado. Pero, sobre todo, está especialmente indicado para heridas del alma, esas que en silencio duelen más.

Porque a veces la soledad y el desamor sólo se pueden aliviar con nuestras propias palabras.
A los 17 años de edad, dejó los estudios para hacerse cargo de la empresa familiar “La Hughes Tool Co.”, por la muerte de su padre, quien ...

Loco como una cabra. Las cabras fueron domesticadas por el hombre hace unos 10.000 años para aprovechar su carne, su cuero y su leche.


El sultán loco y el científico que no lo estaba tanto. Abu Alí al-Hasan Ibn al- Haitam (965-1040), conocido en Europa como Alhazen, fue sin ...
 
Fuente : http://www.elefectogalatea.com/
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