Comida ,cáncer y estrés

Comida ,cáncer y estrés
El placer producido por la comida sabrosa o por el sexo reducen los efectos perniciosos del estrés en ratas de laboratorio.

Describamos una situación determinada.

Usted llega tarde a casa después de una jornada laboral miserable en la que ha odiado, una vez más, su trabajo.

Viene estresado y, pese a que su ocupación habitual es más bien sedentaria y no consume muchas calorías, se prepara una buena cena.
Pero un rato después no puede quitarse las preocupaciones de la cabeza y, pese a que no tiene hambre, va a la cocina a devorar un flan, un helado o cualquier otro producto que le guste.

Quizás en ese momento, además de darse cuenta de que todo trabajo es una cárcel física y mental, sea consciente de que está usando la comida como si fuera un ansiolítico, echando a perder, otra vez, su dieta.

Resulta que, según un estudio, este comportamiento tiene una base biológica. Una actividad que proporciona placer como es la comida o el sexo (seguimos siendo animales muy básicos) reduce el estrés mediante la inhibición de las respuestas de ansiedad del cerebro.

Además, esta reducción del efecto del estrés se prolonga a lo largo de varios días, lo que sugiere un beneficio a largo plazo.

Al menos así se afirma en este estudio.

El hallazgo ha sido realizado por Yvonne Ulrich-Lai de la Universidad de Cincinnati y sus colaboradores y ha sido publicado en PNAS hace unos días.

En los experimentos se administró a ratas de laboratorio una disolución azucarada (de sacarosa) dos veces al día durante dos semanas y se estudio su comportamiento y respuesta al estrés.

Comparadas con las ratas del grupo de control, a las que no se les administró esa disolución, exhibían un ritmo cardíaco más reducido y sus niveles de hormonas de estrés también eran menores.

Además, estaban más dispuestas a explorar ambientes no familiares y a interaccionar socialmente con otras ratas.

La situación de estrés provocada se conseguía introduciendo a las ratas en “tubos de restricción”, aunque ventilados para que no se asfixiaran.

A las ratas a las que se les administró una disolución de sacarina en lugar de azúcar mostraron un comportamiento similar, mientras que a las que se les administró una disolución azucarada directamente en el estómago no manifestaron ese tipo de respuestas.

Esto significaría que el comportamiento observado dependería de la sensación de placer obtenida y no de las calorías obtenidas o de la nutrición conseguida.

Este punto se vio confirmado con un grupo de ratas a las que les dio acceso a parejas sexuales receptivas. En este caso también había una respuesta reducida al estrés.

La respuesta psicológica al estrés incluye la activación del eje hipotalamo-pituitaria-adrenocortical (HPA), que es regulado por una estructura cerebral denominada amígdala basolateral. Los investigadores descubrieron que las ratas expuestas a actividades placenteras, como a una comida sabrosa o al sexo, experimentan una respuesta más débil del eje HPA frente al estrés.

También descubrieron que una lesión sobre la amígdala basolateral (es de suponer que provocada por los investigadores) impide una reducción de estrés debida al azúcar, lo que sugiere que es necesario que exista actividad neuronal en esta región cerebral para que se dé el efecto descrito.

Según Ulrich-Lai la investigación habría identificado los circuitos neuronales claves subyacentes al efecto de confort que proporciona la comida.
Comida ,cáncer y estrés 3

Se necesitan más investigaciones, pero la identificación de estos circuitos podría proporcionar estrategias potenciales para prevenir la obesidad y otros desórdenes metabólicos, según Ulrich-Lai.

Puede que la epidemia de obesidad que padecemos en el “mundo civilizado” se deba en parte a este efecto y a la vida estresante que llevamos (o bien a la escasez de parejas sexuales receptivas).

En un hallazgo inesperado, los científicos han vinculado la activación de un gen del estrés en las células del sistema inmune, a la propagación del cáncer de mama a otras partes del cuerpo.

Los investigadores dicen que el estudio sugiere que este gen, llamado ATF3, puede ser el vínculo crucial entre el estrés y el cáncer, incluyendo la principal causa de muerte por cáncer – su propagación o metástasis. Los estudios previos de salud pública han demostrado que el estrés es un factor de riesgo para el cáncer.

Ya se conoce que el ATF3 se activa o expresa en respuesta a condiciones de estrés en todos los tipos de células.

En circunstancias normales, cuando el ATF3 se activa, puede causar que las células normales y benignas se auto aniquilen, si deciden que los factores de estrés, tales como la irradiación y la falta de oxígeno, han dañado irrevocablemente las células.

Esta investigación sugiere, sin embargo, que las células cancerosas de alguna manera hacen que las células del sistema inmunitario, que han sido reclutadas en el sitio de un tumor, expresen ATF3.

Aunque aún no está claro cómo es que el ATF3 promueve que las células del sistema inmune actúen de forma errática, y brinden una vía de escape para que el cáncer pase de un tumor a otras zonas del cuerpo.

Tsonwin Hai, profesora de bioquímica molecular y celular de la Universidad Estatal de Ohio y autora principal del estudio dice: “hemos encontrado al enemigo, y somos nosotros mismos”.

“Si el cuerpo no ayuda a las células cancerosas, éstas no pueden extenderse tan lejos. Así que en realidad, el resto de las células del cuerpo ayudan a que las células cancerosas se propaguen, para establecerse en lugares distantes. Y uno de los temas unificadores es el estrés”.

Hai y sus colegas inicialmente vincularon la expresión del gen ATF3 en las células del sistema inmune con los peores resultados en una muestra de casi 300 pacientes de cáncer de mama. Siguieron con estudios en animales, y encontraron que los ratones que carecen del gen ATF3 presentaron una incidencia menor de metástasis de cáncer de mama a sus pulmones, que los ratones normales que podían activar el ATF3.

Si los estudios adicionales confirman estos hallazgos, el gen del estrés algún día podría funcionar como un fármaco para combatir la metástasis del cáncer, dice Hai.

Mientras tanto, dice que los hallazgos proporcionan pistas importantes sobre cómo las células en un tumor utilizan su poder de señalización para hacer que el resto del cuerpo les ayude a sobrevivir y a pasar a órganos distantes del cáncer.

Lo malo es que saber todo esto y seguir utilizando la comida como ansiolítico probablemente cause cierto estrés debido al complejo de culpabilidad de ingerir unas calorías que no necesitamos.

Quizás la mejor manera de estar delgado sea, simplemente, ser más feliz.
La investigación se publica en la revista Journal of Clinical Investigation.

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Fuente: The Ohio State Univeristy
Copyleft:http://neofronteras.com/?p=3298
Foto: por Bluesrose, vía Flickr.