Los nuevos hackers ,Biohackers

Los nuevos hackers ,Biohackers
Popularmente hablar de hackers puede ser decepcionante....

La imagen extendida del pirata con malas intenciones, la persona que se “cuela” a la fuerza en redes de ordenadores de empresas o gobiernos para robar información, está demasiadas veces asociada a lo que por ahí llaman hackers y que no tiene nada que ver con la realidad.

Un hacker explora los límites de una tecnología, y los suyos propios, simplemente por la pasión que en él despierta llegar a un conocimiento profundo de la misma.

Aunque, nuevamente, el tópico popular se refiere a los hackers asociados a ordenadores y redes de comunicación, puede emplearse el término para prácticamente cualquier campo o tecnología.


Hoy quiero traer a vidacotidianitica esta breve anotación que introduce un relativamente nuevo tipo de hacker que no tiene entre sus manos líneas de código en un ordenador, sino que explora las fronteras de la materia viva, son los biohackers.

El auge de los biohackers, y de las comunidades que agrupan a muchos de ellos, era inevitable.

Cuando una tecnología compleja, cara y novedosa, pasa a convertirse en algo accesible con medios relativamente asequibles, no se puede evitar que despierte el interés de personas que buscan un reto intelectual determinado.

Recuerdo pensar, cuando realizaba prácticas de biología molecular y bioquímica hace ya más de una década, que aunque por lo general el precio de los aparatos de laboratorio era como para asustar, en realidad los fundamentos científicos con los que esas máquinas funcionaban eran relativamente sencillos y podían replicarse de forma más o menos casera.

De esa época son también algunas de las páginas más atractivas que conozco de la sección de taller y laboratorio de la revista Investigación y Ciencia, en las que se mostraba cómo crear una centrifugadora para materiales biológicos con elementos propios de una cocina, o se enseñaba a realizar experimentos de PCR de forma “casera”.

Sin duda, la llegada del biohacking era inevitable, las herramientas propias de la biología molecular están ahí, al alcance de cualquiera con la habilidad y los conocimientos adecuados para experimentar con ellas.

Y, con esas herramientas a mano, llega la hora de quienes no piensan en desmontar ordenadores o explorar las redes para romper tal o cual código digital, sino que se atreven a soñar con hackear la materia viva.

Ya sea para modificar bacterias con un destino determinado o simplemente para extraer ADN con fines didácticos, creando experimentos sencillos que pueden servir en aulas de biología, el caso es que hay quien se ha alarmado por los posibles peligros de los biohackers.

Aunque en muchos casos se trata de personas que ya trabajan en el ámbito de la biología molecular y que aprovechan para montar en su casa un pequeño laboratorio privado, también hay muchos biohackers que proceden de las más diversas áreas de conocimiento o interés.

No voy a entrar en el complejo asunto de los peligros de este tipo de exploración, pero me atrevo a asegurar que en un futuro no muy lejano puede que los biohackers ocupen tanto en la literatura como en las noticias, ese espacio a medio camino entre lo romántico y lo inquietante que hoy ocupan los hackers informáticos.

Ahora bien, ¿puede un grupo de “aficionados” a la ingeniería genética y la biología molecular lograr algo realmente interesante?

Es más, ¿serán los garajes de los biohackers las nuevas semillas de imperios empresariales al estilo Apple?

¿Serán nidos peligrosos de bioterroristas en potencia? El tiempo lo dirá, todo el movimiento del biohacking es demasiado novedoso, pero a buen seguro que va ha dar que hablar en los próximos años.

Las comunidades de biohacking comparten, por lo general, sus técnicas y conocimientos de forma completamente libre y eso va a hacer que vayan creciendo con rapidez.

A modo de ejemplo, uno de los objetivos de varios grupos de biohackers actualmente consiste en crear tecnologías de biología molecular que sean lo suficientemente baratas como para poder equipar laboratorios en el tercer mundo, facilitando la diagnosis de ciertas enfermedades, sin tener que recurrir a costosos equipos a los que, por lo general, no pueden ni soñar acercarse.

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