¿Cómo será el próximo supercontinente de la Tierra?

¿Cómo será el próximo supercontinente de la Tierra?
Amasia
No son pocos los estudios que han intentado responder la pregunta usando diferentes modelos.

Pero no es nada fácil, ya que aunque sabemos de sobra que en el pasado existieron varios supercontinentes, el último Pangea, la ciencia no había conseguido dar con ninguna constante que se repitiera en la formación de todos ellos.

Justamente esto es lo que parece haber encontrado un grupo de geólogos .

Supongo que todos ustedes conocen la teoría de la deriva los continentes, enunciada por Alfred Wegener nel 1915 (El origen de los continentes y océanos). 

Hasta hoy, por otro lado teníamos la teoría de la introversión, la cual postula que los supercontinentes se van formando cíclicamente sobre la región del que les precedió.

Por el otro está la hipótesis de la extroversión que dice lo contrario, que las nuevas grandes masas continentales se forman justo en el lado opuesto del planeta respecto a las anteriores.

Y ahora a esos dos modelos, que solamente se repiten en algunos casos, toca sumar el desarrollado por nuestros geólogos de Yale según el cual los supercontinentes se originan a un ángulo de 90 grados de distancia de los anteriores.

Bautizado con el nombre de orthoversion, la hipótesis se basa en el análisis del magnetismo de rocas antiguas y lo verdaderamente interesante es que por primera vez contamos con un modelo que se repite.

Es decir, que a lo largo de la historia todos los supercontinentes se han formado a unos 90 grados respecto al supercontinente anterior. Por ejemplo, según las mediciones realizadas, la supermasa de tierra Pangea se formó a unos 90 grados respecto a la predecesora Rodinia, y Rodinia también se originó a 90 grados de Nuna, el supercontinente anterior.

Con todo esto explicado, volvamos a hacernos la pregunta del título: ¿Cómo será el próximo supercontinente de la Tierra?

Pues según el nuevo modelo tendría el aspecto que se ve en la imagen que acompaña al post donde el continente noteamericano se ha desplazado al norte provocando la desaparición del océano Ártico y el mar Caribe para fusionarse finalmente con Asia por el polo norte mediante una cordillera montañosa.

Precisamente por la unión entre ambos continentes este supuesto próximo supercontinente ha sido apodado con el nombre de Amasia, aunque lo verdaderamente correcto sería llamarlo “nueva Amasia” ya que existe otra configuración similar sustentada en el modelo de introversión donde Asia y Norteamérica también aparecen fusionadas.

Pase lo que pase finalmente, lo importante es que al parecer al fin hemos conseguido encontrar un patrón en la formación de supercontinentes, el cual también permitirá entender mejor cómo se mueven los continentes, algo de importancia capital si tenemos en cuenta que nosotros, junto a muchísimas otras especies, vivimos encima de ellos.

La fuerte atracción hacia el polo norte provocará dentro de millones de años la fusión de América y Asia dando lugar a Amasia, el nombre con el que científicos estadounidenses han bautizado al que creen que será el próximo supercontinente de la historia.

Según sus cálculos, esta gran masa de tierra llegará a formarse dentro de entre 50 y 200 millones de años, de acuerdo con una investigación publicada en la revista británica "Nature".

Así, ambos continentes se unirán por el polo norte, mediante una cordillera montañosa que permitirá cruzar de Alaska a Siberia y viceversa, de acuerdo con expertos de la Facultad de Geología y Geofísica de la Universidad de Yale (EEUU).

América permanecerá situada sobre el anillo de fuego del Pacífico, una zona de intensa actividad sísmica y volcánica, pero su orografía cambiará radicalmente porque la atracción hacia el Polo fusionará América del Sur con el Norte.

Este desplazamiento provocará a su vez la desaparición del océano Ártico y del mar Caribe, según explicó Ross Mitchell, geólogo de Yale y uno de los autores del artículo.

Han pasado alrededor de 1.800 millones de años desde que se formó el primer supercontinente, Nuna, al que siguieron Rodinia y Pangea, última gran masa de tierra con centro en el África actual y que con el tiempo y la acción de las placas tectónicas conformó los continentes actuales.

El estudio del magnetismo de las rocas de entonces ha servido en el presente al equipo de Mitchell para determinar la distancia que existió entre uno y otro y estimar dónde se situaría Amasia, cuyo centro localizan en algún punto del actual océano Artico, a noventa grados de distancia del centro del supercontinente anterior, Pangea.

Esta teoría, a la que han denominado ortoversión, desafía los dos modelos tradicionales defendidos hasta el momento para predecir la evolución de las masas terrestres, según detalló Mitchell.

De estas dos últimas hipótesis, una sugiere que la próxima gran masa continental se formará sobre la región en la que existió el supercontinente anterior (introversión), y la otra, todo lo contrario, defiende que será en un punto opuesto a donde se encontraba su predecesora (extroversión).

De esta forma, los partidarios de la introversión localizan el centro del próximo supercontinente en África, mientras que los defensores del modelo de extroversión lo sitúan en el océano Pacífico, en algún punto entre las islas de Hawaii, Fiji y Samoa.

Según estos modelos, la unión se produciría a través del océano Atlántico o del Pacífico respectivamente, mientras que el modelo de Mitchell se decanta por una unión a través del Ártico.

Según unas simulaciones si no hubiera aparecido la vida no habría continentes sobre la Tierra como los conocemos hoy en día.

¿Cómo será el próximo supercontinente de la Tierra?

Los continentes hace 600 millones de años. Fuente: Wikimedia Commons.

Hay muchas cosas que damos por sentado, por ejemplo nuestros conocimientos sobre los continentes. Parece que tenemos una buena teoría que explica como se mueven, subducen y son creados.

De hecho incluso lo podemos ver y medir. La precisión de las medidas es tal que ahora sabemos que los continentes se mueven a la velocidad a la que crece una uña, más o menos.

Pero el demonio está en los detalles.

Esto que parece tan fácil en la Tierra parece que no es posible en los planetas vecinos. Marte no tiene continentes y nunca los tuvo, aunque el valle Marineris es un atisbo de lo que pudo ser un embrión de tectónica.

Se achaca al escaso tamaño de Marte el que no tenga tectónica. Al otro lado Venus tampoco parece que tenga una tectónica como la Tierra, pese a que su tamaño es muy similar.

Aunque sí parece haber tenido volcanes. Algunas veces se achaca esta situación a la extrema temperatura superficial de Venus (que es suficiente como para fundir plomo) y que es debida a un extremo efecto invernadero.

De este modo, la diferencia entre el interior y el exterior no es suficiente como para producir la convección del manto.

Sin duda es una pena que los azares cósmicos no intercambiaran las posiciones de ambos planetas, ya que entonces las cosas hubieran sido mucho más interesantes.

Todo esto viene a colación por la una nueva teoría, esta vez de las atrevidas, producto de unas simulaciones numéricas. Hay que tener cuidado con los modelos numéricos (también llamados computacionales), pero la idea es tan bonita que merece la pena recogerla por aquí.

Hay algunas cosas que sí sabemos seguro. Una es que la Tierra en un principio era un objeto muy caliente que no permitía la presencia de agua líquida en su superficie.

En esa época ya se formarían continentes inestables. Otra es que la vida apareció al poco tiempo, una vez apareció agua líquida en la superficie terrestre.

Pues bien, según unas simulaciones si no hubiera aparecido la vida sobre nuestro planeta la tectónica hubiera sido muy distinta. Obviamente la presencia de vida ha determinado la historia geológica de nuestro mundo, pero no se había asumido que era hasta el extremo de facilitar la presencia continental.

Según sostienen Tilman Spohn y Dennis Höning, del Instituto de Investigación Planetaria de Berlín, es la primera vez que se tiene en cuenta la biosfera en el modelado de la evolución interior de la Tierra.

Estos dos investigadores han realizado simulaciones en las que se tenía en cuenta o no la presencia de vida.

En sus simulaciones consideraron el estado de la Tierra hace 4000 millones de años y simularon lo que pasaría en los siguientes miles de millones de años bajo dos escenarios: con y sin la presencia de vida.

Los dos escenarios produjeron un resultado similar durante los primeros 2500 millones de años.

Durante ese tiempo aparecen los primeros continentes sobre los océanos, pero a partir de ese punto la situación diverge.

En la situación con biosfera las bacterias y otras formas de vida colonizan tierra firme.

La clave del asunto es la meteorización biológica de tierra firma, según la cual los organismos ayudan a la erosión de las rocas continentales y a la producción de residuos minerales que terminan, gracias a la lluvia, siendo sedimentados en el lecho marino hasta formar capas de bastantes metros de profundidad.

Un ejemplo actual de esto pueden ser los líquenes que recubren las rocas o las bacterias que ayuda a la meteorización.

En esta situación los sedimentos crearon una capa de sedimentos que constituían el 40% en peso del agua oceánica.

Estos sedimentos fueron siendo introducidos por la tectónica gracias a la subdución a 100 km de profundidad sobre el manto terrestre.

Allí se calentaron y fueron liberando el agua que contenían. Esta hidratación favoreció el vulcanismo y la creación, por tanto, de corteza continental.

En esta situación se alcanza un equilibrio según el cual se crea corteza continental al mismo ritmo que es destruida, de tal modo que el 40% de la superficie terrestre está cubierta por continentes.

Sin embargo, cuando se elimina la vida de la simulación la situación es distinta.

En este escenario la vida no contribuye a la meteorización y se crean menos sedimentos marinos y hay menos agua en el manto, por lo que hay menos vulcanismos y menos creación de contienentes.

Como resultado la Tierra termina siendo un mundo acuático con pequeños y escasos continentes, si es que hay alguno, debido a que la corteza continental se forma mucho más lentamente.

Incluso puede ser que no forme ningún continente y que sólo haya un océano global tachonado por unas pocas islas volcánicas. Una Tierra sin vida sería un mundo acuático irreconocible sin continentes.

El sistema no es lineal y, según estos resultados, hay un umbral en la sedimentación por encima del cual la formación de continentes es inevitable. Pero no se sabe cuánta biosfera es necesaria para alcanzar este punto.

La presencia de óxido de aluminio en el granito continental parece indicar que ya en épocas remotas había sedimentos que se introducían en las zonas de subdución. Óxidos que provendrían de la arcilla, que se genera principalmente por la meteorización biológica.

A otros expertos del campo les ha gustado el estudio, pero señalan que hay puntos que no se conocen bien como para validar totalmente el modelo.

Así por ejemplo, no se sabe bien cómo son los procesos que dirigen la formación continental.

Tampoco hay consenso en muchos otros aspectos, como cuándo aparece la vida, su contribución a la meteorización en esas épocas remotas, la contribución a dicha meteorización de procesos no biológicos (lluvia ácida generada en una atmósfera rica en dióxido de carbono) o cuánta cantidad de agua se almacena (o se almacena en la actualidad) en el manto.

El peligro al que se enfrenta Dory | VCN

... Buscar a Dory puede poner en riesgo al pez cirujano azul. La película Buscando a Nemo popularizó tanto a los peces payasos que sus ...


Soledad al padecer una enfermedad crónica | VCN

... Que la soledad lleve a sufrir una enfermedad o que la enfermedad lleve a la soledad. Es un pez que se muerde la cosa que sólo constata el ...


Peces gordos de las cavernas | VCN

... Es esta última condición la que encuentran con frecuencia, entre otros animales, los peces que moran las aguas acumuladas en el fondo de ...

Copyleft:  http://neofronteras.com/?p=4275
Creative Commons.