Tutankamón nos revela su secreto después de miles de años

La tumba de Tutankamón.
Hacia el 1346 a. C., cuando apenas contaba con diez años de edad, Tutankamón llega al trono de Egipto, tras la desaparición de Esmenjkare, misterioso sucesor del hereje Akhenatón.

Tutankamón representa el regreso al culto antiguo del dios Amón, pero su reinado será muy breve.

Ya que hacia el 1337 a. C. muere, siempre se había pensado que por una infección provocada por una fractura de rodilla mal curada, pero ahora se añade la posibilidad de que padeciera paludismo, lo que contribuiría a su repentina muerte.

Sea como fuere es sepultado en el Valle de los Reyes, y la tumba de este efímero y joven faraón de la dinastía XVIII va a ser uno de los descubrimientos míticos de la egiptología.

Por primera vez le hicieron análisis de ADN y confirmaron que sí se trata del legendario faraón de Egipto, cuya identidad estaba en duda. Falleció a los 19 de paludismo y de una afección ósea.

Desmintieron que sufriera de una enfermedad que afeminara su cuerpo. Identificaron también a su mamá y abuela.

El joven y legendario faraón Tutankamón, la causa de cuyo deceso hace más de 3000 años seguía siendo un misterio, habría muerto de paludismo combinado con una afección ósea, según un estudio divulgado hoy en Estados Unidos, que revela asimismo su filiación, que hasta ahora había permanecido incierta.

Tutankamón murió tan joven --a los 19 años, en 1324 antes de nuestra era, y sin dejar herederos-- que los egiptólogos especularon en abundancia tanto sobre la hipótesis de enfermedades hereditarias en la familia real de la XVIII dinastía como sobre la causa de su deceso tras nueve años en el trono, explica Zahi Hawass, responsable de las antigüedades egipcias en el museo de El Cairo y principal autor de este estudio.

Los investigadores se apoyaron en varios métodos, entre ellos la radiología y los análisis de ADN para el trabajo, realizado sobre 16 momias, once de las cuales, incluida la de Tutankamón, eran aparentemente miembros de la familia real.

Los trabajos realizados entre 2007 y 2009 buscaban determinar los vínculos de parentesco y de sangre, y la existencia de características patológicas hereditarias en Tutankamón.

Los mismos permitieron identificar al padre del faraón como Akenatón, esposo de la legendaria reina Nefertiti.

Las dos momias comparten varias características morfológicas únicas y tienen el mismo grupo sanguíneo.

Los autores de la investigación también determinaron que la madre del joven faraón sería la momia KV35YL, cuyo nombre sigue siendo desconocido. También identificaron a su abuela, la reina Tye, madre de Akenatón.

"Estos resultados permiten pensar que una circulación sanguínea insuficiente de los tejidos óseos, que debilitó o destruyó una parte de los huesos, combinada con paludismo, fue la causa más probable de la muerte de Tutankamón", sucedida tras una fractura, escribe Zahi Hawass, cuyos trabajos aparecen en el Diario de la Asociación Médica estadounidense (JAMA) del 17 de febrero.

Este diagnóstico pudo ser establecido sobre todo gracias a los exámenes genéticos, que revelaron una serie de malformaciones en la familia Tutankamón, como la enfermedad de Kohler, que destruye células óseas.

Los análisis de ADN también pusieron en evidencia la presencia de tres genes vinculados al parásito Plasmodium falciparum, responsable del paludismo en cuatro momias estudiadas, entre ellas la de Tutankamón.

"Ese diagnóstico fue confirmado por el descubrimiento en su tumba de bastones y de una farmacia para el más allá", precisan los investigadores.

Tutankamón nos revela su secreto

Este trabajo también descartó la hipótesis de que Tutankamón o cualquier otro miembro de la realeza de esa época sufrieran ginecomastia, el desarrollo de los senos entre los hombres, o de síndrome de Marfan, enfermedad genética rara que puede implicar la dilatación de la aorta.

"Es improbable que Tutankamón o Akenatón tuvieran una apariencia extraña o afeminada", estiman los autores.

Tutankamón y sus ancestros eran poco conocidos hasta el descubrimiento en 1922 de su tumba en el valle de los reyes por el británico Howard Carter, la que contenía un fabuloso tesoro, que incluye su máscara mortuoria en oro macizo.

Este estudio parece abrir la puerta a un nuevo enfoque de investigación en genealogía molecular y paleogenómica de los patógenos del período faraónico, opinan los científicos.

Hay que mencionar que los hábitos funerarios y las tumbas reales van cambiando en el Egipto antiguo, en principio los faraones eran enterrados en mastabas, luego, durante el Imperio Antiguo (desde la Dinastía III) en las grandes pirámides de ascensión del faraón hasta encontrarse con Re.

Y durante el Imperio Nuevo los faraones van a ser sepultados en el llamado Valle de los Reyes, un inaccesible lugar de las montañas tebanas, ante el constante peligro de los saqueadores.

Los sepulcros reales ahora se segregan del templo funerario y se asimilaban al mundo subterráneo, en el que el faraón como Osiris, Dios del más allá, se unía a Re tras un largo viaje nocturno. Las tumbas eran consideradas la morada eterna del faraón y debía contener todo lo necesario para facilitar su vida eterna en el Más Allá.

A pesar de lo recóndito del lugar las tumbas del Valle de los Reyes fueron expoliadas desde la Antigüedad, pero, curiosamente, la tumba del joven Tutankamón fue la única que sobrevivió casi intacta a los saqueos.

Su hallazgo se produjo el 4 de noviembre de 1922 gracias al empeño del británico Howard Carter, que no cejó hasta descubrirla tras cinco campañas fallidas. La tumba se denominó KV62, la tumba nº 62 del Valle de los Reyes, y lo primero que nos llama la atención es que estaba condicionada por la repentina muerte del faraón.

Ya que estamos ante la tumba del gran Visir de Tutankamón, Ay, que fue modificada con premura para albergar al joven faraón. De esta forma, se trata de una tumba pequeña, con un espacio reducido para albergar el gran ajuar funerario del rey.

Tras una escalera de 16 peldaños y un pasillo descendemos hasta las cuatro estancias que forman la tumba de Tutankamón: la antecámara, el anexo, y en un nivel inferior, la cámara funeraria y la cámara del tesoro, cada una de ellas con su respectiva función contenedora y ritual.

Howard Carter determinó que la tumba sufrió varios intentos de saqueo, pero que definitivamente fue sellada por los sacerdotes, y posteriores tumbas de los Ramses la protegieron para la eternidad.

La Antecámara contenía gran parte del mobiliario del rey, era un deposito con al menos setecientos objetos: cofres, lechos, altares, vasos de alabastro, carros, armas, vestidos, abanicos...
 Tutankamón  diagrama de su tumba


Destacando, en la pared norte, dos figuras, los llamados guardianes, que representaban a Tutankamón y custodiaban la entrada tapiada a la cámara funeraria. Eran dos figuras de madera pintada de negro y dorada, que representaban el soporte del Ka, o espíritu del faraón.

Un elemento destacado de la antecámara es la sublime naos dorada en cuya superficie se plasman representaciones de ceremonias y escenas íntimas de la vida del faraón, como escenas de caza en las que es ayudado por su fiel esposa Ankhesenamón. También encontramos el famoso trono de madera dorada con incrustaciones de pasta vítrea y piedras preciosas.

Junto a la antecámara estaba el Anexo en el que se encontraron gran cantidad de objetos fragmentados: vasos de piedra o diversos muebles, se ha interpretado como el almacén de aceites, comida y vino necesarios para la vida en el Más Allá, y curiosamente fue en esta estancia, la más modesta, donde entraron los ladrones.

En 1923 se iniciaron los trabajos en la tercera estancia o Cámara funeraria, única decorada con pinturas murales, y que cuenta con una altura de 3,65 metros. Las pinturas eran más propias de la tumba de un noble que la de un rey, como la representación del cortejo fúnebre en la pared oriental en el que aparecen figuras destacadas de su breve reinado: los visires del Alto y Bajo Egipto y el gran general Horemheb.

O en la pared norte donde está representado como Padre Divino Ay, sucesor de Tutankamón, junto a otra escena donde el joven faraón aparece abrazado por Osiris. Mientras en la pared este se representa el peligroso periplo nocturno de doce horas, o Am Duat, por el mundo subterráneo para llegar a Re, que es saludado por doce babuinos.

Estas pinturas flanqueaban la momia de Tutankamón que se hallaba protegida por tres ataúdes dentro de un gran sarcófago de piedra, y este sarcófago estaba dentro de cuatro grandes capillas doradas todas ellas maravillosamente decoradas con textos e imágenes simbólicas referentes al Libro del Am Duat y al Libro de los Muertos.

Las puertas de las capillas estaban orientadas al este y entre ellas se depositaron ofrendas como arcos, flechas, báculos o bastones.

Debajo de las capillas estaba el gran sarcófago de cuarcita amarilla que estaba protegido por la representación en cada una de sus esquinas de las diosas: Isis, Neftis, Neit, Selkit.

En su interior Carter encontró tres ataúdes antropomorfos sucesivos, uno dentro de otro, muy similares: el primero era de madera de ciprés estucada con lámina de oro, el segundo de madera con incrustaciones vítreas de lapislázuli, y el tercero y último era de oro macizo, donde descansó la momia de Tutankamón y que representaba al faraón como Osiris.

Tutankamón nos revela su secreto 2

Tutankamón aparece tocado por el nemes con una diadema con la representación de las diosas protectores del Alto y el bajo Egipto, el buitre y la cobra. Y representado con los brazos cruzados sobre el pecho con los símbolos de la realeza egipcia, el báculo y el mayal, es absolutamente esplendoroso, representa la majestad del faraón.

En el interior de este último sarcófago estaba la momia real junto con unos cientos de amuletos protectores y joyas, destacando la sublime máscara de oro, que representa la idealización del faraón tocado, una vez más, con el menes.

Una de las piezas más perfectas del arte egipcio, cuya finalidad era la de protección última del rostro del faraón. A la que se añade un gran collar o usekh situado sobre los hombros del faraón.

La belleza de la máscara de Tutankamón.

Una puerta abierta en la pared este de la cámara funeraria daba acceso a la cuarta estancia, la llamada Cámara del tesoro.

Dicha puerta estaba protegida por el Chacal o Anubis, el guardián de los sepulcros, del tesoro, y de los vasos capones, cubierto con un chal de lino y sobre un tabernáculo dorado.

Justo detrás, encontramos una pequeña capilla de lámina de oro que albergaba los tradicionales vasos capones, contenedores de las vísceras momificadas de Tutankamón.

Está capilla también está decorada y protegida por un bajorrelieve que representa a las cuatro diosas protectoras, antes mencionadas, en cada uno de sus lados, junto con un friso de las cobras reales o ureos y jeroglíficos o discos solares alados.

Una cámara del tesoro que contenía más treinta estatuas rituales de madera que representaban al faraón y a diversas divinidades del mundo subterráneo, como Osiris, junto con figuras de Tutankamón sobre una pantera o atacando a un hipopótamo, un animal que para los egipcios representaba el mal.

Estatuas relacionadas con la complejidad funeraria del mundo egipcio, con el que también están vinculados los famosos más de cien Ushebtis del faraón, sustitutos del faraón difunto en el Más Allá, que estaban guardados en cajas de madera pintadas de negro. Además numerosas maquetas de barcos, con un claro cometido ritual, marchar hacia el Más Allá, por eso sus proas estaban orientadas hacia el oeste lugar donde se pone el sol.

Es muy curioso que en la cámara del tesoro se encuentren dos pequeños sarcófagos que contenían un feto momificado, que como mínimo se encontraba en el séptimo mes de gestación, y con otro feto más pequeño y frágil. Ambos son de niña, y puede que fueran hijas del faraón.

Un sarcófago dorado y una máscara funeraria acompañaban al más pequeño de los dos fetos femeninos momificados.

En 1932 el experto en anatomía Douglas Derry midió la momia en el interior del ataúd, que medía apenas 25 centímetros desde la cabeza a los pies. Y calculó que había nacido tras permanecer únicamente cinco meses en el vientre materno. Tutankamón hizo enterrar con él a sus hijas muertas prematuramente, para que le acompañaran en el largo viaje al Más Allá.

En definitiva, la tumba de Tutankamón es el más mítico sepulcro de la Historia de la humanidad y de la egiptología, un descubrimiento que se lo debemos al no menos mítico Howard Carter. Que tras el fin de la 1ª Guerra Mundial consagró seis años de su vida a la incansable búsqueda de Tutankamón, hasta que en 1922 logró hacer este gran hallazgo. Un hallazgo que por su dimensión, única tumba intacta descubierta de un faraón, se va a convertir en una leyenda, hasta el punto de tornarse en un lugar maldito.

La famosa maldición de Tutankamón, provocada por la muerte repentina y en extrañas circunstancias de algunos de los que participaron en la célebre excavación arqueológica.

Unas muertes que parece ser que fueron provocadas por el aire viciado de la tumba cerrada durante milenios, en el que desarrollaron bacterias y hongos que infectaron a los que respiraron ese aire. Lógicamente es sólo un mito, ya que Howard Carter, uno de los primeros en entrar en la tumba, murió diecisiete años después de muerte natural.



El mismo Carter solía decir “...todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas...”. La maldición es leyenda, pero lo que es indudable es que contribuyó a aumentar, aún más si cabe, el mito de joven Tutankamón, un irrelevante y breve faraón que ha pasado a la historia por su tumba y no por su labor de gobierno.

puñal hallado en la tumba de Tutankamón procede del espacio

Un puñal encontrado en la tumba de Tutankamón es muy especial...(y también espacial)

El joven faraón Tutankamón ha vuelto de nuevo a ser noticia. Esta vez nada tiene qué ver con las supuestas cámaras segregas, ni sobre para quién se diseño su tumba, sino más bien con uno de los objetos hallados en el interior de su tumba.

Un grupo de científicos italianos y egipcios anunciaron en la gaceta Meteoritics and Planetary Science que el hierro de uno de los dos 2 puñales encontrados al lado del sepulcro del faraón Tutankamón llegó de forma directa del espacio o bien, lo que es exactamente lo mismo, procede de un meteorito.

El origen del hierro de los puñales siempre y en todo momento había sido objeto de misterio desde el momento en que Howard Carter halló el sepulcro del joven faraón en 1922. Los antiguos egipcios consideraban al hierro un metal considerablemente más valioso que el oro, puesto que, no tenían minas y tampoco habían desarrollado una cultura de tratamiento de ese metal como en otras antiguas culturas. 

Por este motivo, la hoja del puñal es un caso de manufactura impecable y, teniendo presente el alto nivel de su joven dueño, un objeto escasísimo y de un altísimo valor histórico.

El estudio asimismo confirma que el hierro -expuesto en el Museo de la ciudad de El Cairo- fue esmeradamente tratado, lo que ratifica el alto nivel que los antiguos egipcios tenían en el trabajo del hierro.

Fluorescencia a rayos X Mediante un análisis con técnica de fluorescencia a rayos X, este grupo internacional de científicos confirmaron que la composición del puñal tiene diferentes concentraciones de cobalto y níquel tal como un porcentaje habitual en el hierro proveniente de meteoritos, en contraste con el hierro de fundición.

Según un nuevo estudio, el faraón Tutamkamón fue enterrado con el pene erecto, sin corazón y cubierto de aceite negro para hacer que se pareciera al dios Osiris.

Esta investigación sugiere que la momia más famosa del mundo fue enterrada con el pene erecto en un ángulo de 90 grados con el fin de sofocar una revolución religiosa iniciada por su padre.

El profesor Salima Ikram, de la Universidad Americana de El Cairo, argumentó que el entierro inusual de Tutankamón fue un intento de parecerse a Osiris, dios de la otra vida, con el fin de frustrar los intentos del rey Akenatón de cambiar a una religión monoteísta. 

Es ampliamente aceptado que Akhenaton había comenzado a instalar la adoración del culto de Atón durante su reinado. Sin embargo, su hijo Tutankamón estaba en contra del monoteísmo, de modo que cuando llegó al poder trató de restaurar la religión tradicional, que implicaba la adoración de muchos dioses.

Por lo tanto, después de la muerte del joven faraón, los sacerdotes decidieron enterrarlo con el pene erecto para parecerse todo lo posible a Osiris. Esta parte del cuerpo se rompió cuando se descubrió la tumba, aunque algunos piensan que fue robada. Según el autor principal del estudio;

“EN ESTA POSICIÓN, EL PENE EVOCA A OSIRIS EN EL PUNTO MÁS ALTO DE LA REGENERACIÓN. QUE YO SEPA, NINGUNA OTRA MOMIA FUE DESCUBIERTA DE ESTA MANERA”

Historia de la silla , no siempre fueron un artefacto de uso común ...

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Estatua budista hecha a partir de un meteorito | VCN

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Bibliografía:
Nicholas Reeves. Todo Tutankamón. El rey. La tumba. El tesoro real. Crítica. 2001.