Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

El poder de las expectativas

Alcahuetear, chismosear es para algunos estudiosos del tema, una actividad sana
El poder de las expectativas.

En VCN te hablamos una vez del motivo por el que se suicidaban tantos estudiantes coreanos.

La presión a la que se ven sometidos estos jóvenes es demasiada, ¿quizá se tienen demasiadas expectativas respecto a su futuro?

En este artículo queremos hablarte precisamente de esto, del efecto de las expectativas sobre los sujetos.
Las expectativas son más valiosas de lo que creemos

Existe un fenómeno estudiado en psicología que hace referencia a la capacidad de las expectativas de convertirse en un motor de cambio de la conducta de un sujeto.

Hablamos del efecto Pigmalión, o efecto Rosenthal.

Cuenta la mitología que Pigmalión, en su afán por encontrar la mujer perfecta, esculpió en piedra lo que para él era aquella muchacha ideal.

Su escultura superó lo que su imaginación tenía pensado. 

Efectivamente era preciosa, tanto que decidió que era la mujer con la que iba a pasar el resto de su vida.

La llamó Galatea y cada día se enamoraba más y más de ella. Afrodita quedó prendada de la historia de amor del hombre con la escultura y decidió darle vida a la piedra, satisfaciendo así el deseo de Pigmalión.


El Efecto Pigmalión en la educación.

“Somos lo que esperan que seamos”. Son palabras de Merton, un clásico de la sociología. Ahora bien, debemos plantearnos hasta que punto es cierta esta afirmación.

En 1966 los investigadores Rosenthal y Jacobson seguramente se plantearon este mismo dilema.

Realizaron un experimento en el que probaban el valor de las expectativas del profesor sobre el alumno. Para ello, pasaron un cuestionario a los alumnos de distintos cursos y edades.

El cuestionario medía la capacidad intelectual y mostraba con total exactitud a aquellos alumnos que sobresaldrían en el curso que estaba por comenzar; con una peculiaridad, el test no medía lo que decía medir (la capacidad intelectual).

Una vez realizada la prueba se les informó a los profesores de cuales iban a ser los alumnos más brillantes, ayudándose de los test como una evidencia empírica.

Los profesores se creyeron esta fabula creada por los investigadores y sus expectativas más altas se posaron sobre los alumnos que más puntuación tenían en los test.

A los 8 meses, los investigadores regresaron. Tras hablar con los profesores y examinar a los niños comprobaron como estos habían avanzado intelectualmente más que sus compañeros de clase.

Las expectativas que el profesor había fijado sobre los alumnos había tenido un efecto beneficioso sobre ellos.

Los investigadores crearon una falsa realidad que finalmente se convirtió en verdad. ¿Como es posible?

Rosenthal y Jacobson explicaron el porqué de este suceso. Las personas nos comportamos de manera diferente dependiendo de la persona con la que tratemos, y los profesores no son menos.

Nuestros queridos educadores miman más a unos alumnos que a otros —recuerda situaciones en los que quizá se te trato de manera especial o por el contrario en las que se te trato de forma menos especial, por decirlo suavemente—.

Expertos en el campo aluden a cuatro factores que explican como varía el comportamiento del profesor de un alumno a otro. ¿Eres uno de los privilegiados?


Factor clima

Según esta característica los profesores crean un clima más favorable alrededor de aquellos en los que tienen puestas sus expectativas mas elevadas.

Cuando hablamos de clima, nos referimos al tono emocional con el que los profesores se dirigen a sus alumnos.

Con estos chicos privilegiados, el profesor se comunicará de la forma más agradable posible. Se puede notar en pequeños gestos.

Una sonrisa, un guiño, una mirada de complicidad…
Factor imput

Los profesores enseñan más materia a aquellos que creen más inteligentes.

A veces un comentario puede derivar en una explicación más extensa del tema, de la que el alumno se enriquece.

Factor “oportunidad de respuesta”

Los profesores ofrecen un mayor número de oportunidades de respuesta a aquellos alumnos que consideran mejores.

A menudo también les ayudan a dar forma a su respuesta, si esta no es del todo correcta.

A veces el profesor incluso consigue que el alumno que no tenía ni idea, conteste con la respuesta correcta. Veámoslo con un ejemplo.

Imaginemos una situación.

Nos encontramos en un aula repleta de alumnos. Es el primer año que los alumnos tienen la asignatura de biología y el profesor está abordando el tema de la célula.

En un momento dado el profesor pregunta a la clase acerca del núcleo celular. Al recibir el silencio póstumo de sus jóvenes, el profesor sondea la clase y señala a Marta, la alumna más aventajada (o al menos, eso le dijeron).

—Veamos Marta, el núcleo celular como bien sabrás, guarda una cosa muy importante. ¿Sabrías decirnos de que se trata?

Marta mira arriba dubitativa y tras un par de segundos contesta un triste“no lo se profesor”.
El educador mira a Marta y de forma agradable dice: —¿Y sí te dijera que tiene forma de hélice, y que gracias a el somos como somos?

—¡El ADN! —exclama Marta, recibiendo un sonoro “muy bien” por parte del profesor.

Como vemos, la respuesta de Marta es forjada gracias a la ayuda del profesor. Dicha ayuda quizá no la hubiera recibido de ser otro alumno.
Factor feedback

El profesor tiende a reforzar aquellas conductas positivas de aquellos niños más capaces.

El refuerzo se suele presentar en forma de alabanzas, palabras amables, etc. Volvamos al ejemplo anterior. Marta recibió un sonoro: “¡Muy bien!” por parte del profesor.

¿Crees que el profesor se comportaría igual con un alumno que piensa que va a suspender de forma irremediable, aunque este hubiese dado la misma respuesta correcta, incluso aunque no hubiera tenido ningún tipo de ayuda?
El Efecto Pigmalión en otros ámbitos

El efecto Pigmalión se ha convertido en un objeto de estudio interesante para la psicología educativa, ahora bien, este fenómeno no sólo lo encontramos en el ámbito escolar.

Lo podemos encontrar en multitud de situaciones, como en el ámbito laboral. Si tu jefe cree que eres el empleado más eficiente, probablemente lo seas, o lo acabes siendo.

Lo encontramos en casa al entablar relación con nuestra madre, padre, hermanos, pareja, o cualquier miembro de la familia.

Lo sufrimos también entre amigos y conocidos. Incluso lo sufrimos con nosotros mismos. ¿No es más fácil fracasar si te crees un fracasado?

Las expectativas que nos creamos sobre los demás y sobre nosotros influyen y de manera notable. ¿Piensas que eres el preferido de tu profesor o jefe? ¿Tus padres piensan que eres más inteligente que tu hermano?

¿Hasta que punto estas influido por los demás?

Alcahuetear, chismosear es para algunos estudiosos del tema, un comportamiento que provoca la liberación de endorfinas, neurotransmisores del cerebro que nos hacen sentir bien y causan una sensación de euforia.

Para la antropóloga Kate Fox, del Social Issues Research Council de Oxford, chismosear, es decir, "hablar por gusto sobre las pequeñas faltas de alguien o contar cosas que afectan a otros", según el diccionario de María Moliner, es una necesidad primitiva esencial para nuestro bienestar mental, social y físico.

Siempre que se realice en privado y no se dañe la intimidad, ni la integridad moral de nadie, debería añadirse. Porque cuando ese "por gusto" se convierte en "por dinero", el resultado no es tan sano.

Fuente: https://supercurioso.com
Social Issues Research Council
Compártelo con otros ... también les puede servir.