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Experimentación animal ... activismo

Experimentación animal ...  activismoUna encuesta publicada en la revista Nature muestra que al menos un 30% de los investigadores ha sufrido, o conoce a alguien que ha sufrido las consecuencias del activismo en contra de la experimentación animal.

El resultado de esta encuesta puede parecer sorprendente en un país como España, donde, por suerte, no tienen lugar muchos incidentes de este tipo

Sin embargo, en Inglaterra y Estados Unidos, los dos países más afectados por este tipo de ataques, se han llegado a registrar envíos de cartas bomba, paquetes conteniendo cuchillas infectadas con el virus del SIDA, ataques personales, amenazas de muerte e incluso profanaciones de tumbas.

Así mismo, en el mismo número de la revista puede encontrarse una entrevista a un activista que supone uno de los casos más extraños que uno pueda encontrarse: durante el día trabajaba en un laboratorio donde se hacía investigación con animales y por la noche boicoteaba empresas que tenían relación con la experimentación animales.

El editorial de la revista Nature no plantea en ningún caso la utilidad de la experimentación animal (lo da por hecho), sino si la capacidad de los investigadores para defender su importancia de cara a la sociedad es suficiente.

Sólo un pequeño porcentaje de universidades o centros de investigación ofrecen ayuda a sus investigadores para explicar los beneficios de la experimentación animal, incluso aunque un gran número de investigadores afirman que estas mismas instituciones les instan a que comuniquen sus resultados públicamente. Y entre los investigadores, sólo en torno a un 3% no están de acuerdo con la experimentación animal.

En los últimos años tanto Inglaterra como Estados Unidos han aprobado leyes mucho más punitivas con los actos de activismo contra la experimentación con animales. Eso ha conseguido que al menos durante los últimos años el número de ataques a empresas o centros de investigación que trabajan con animales de experimentación se hayan estabilizado.

Pero antes de ello los activistas consiguieron que en Cambridge no se llevase a cabo un proyecto de centro de investigación que albergaría a primates y, aunque un centro de similares características se construyó en Oxford, apenas se comunicó su apertura por miedo a ataques por parte de los activistas.

Además, como respuesta a estos grupos han surgido asociaciones que defienden la experimentación con animales y que proporcionan información al respecto, como la asociación Pro-Test, que inicialmente se formó en el Reino Unido y que ahora se encuentra también en los Estados Unidos.

Las cuestiones éticas que plantea la experimentación animal son complejas y, por tratarse de un problema con implicaciones emocionales se presta fácilmente a acciones radicales. Sin embargo, no debemos olvidarnos que las ideas deben defenderse desde el diálogo y las medidas que exija la sociedad con respecto al control de la experimentación con animales han de cumplirse escrupulosamente por parte de investigadores, universidades y centros de investigación.

Como consecuencia de esa mayor presión por parte de la sociedad para dar un trato más “humano” a los animales de experimentación se han desarrollado en los últimos años una serie de normas que pronto se aplicarán de forma uniforme en el ámbito europeo, con el fin de proteger el bienestar de los animales de laboratorio.

Próximamente trataremos de exponer algunas de las ideas por las que los autores de este blog consideramos que la experimentación animal es necesaria y de un valor inmenso para el avance de la investigación biomédica.

Cuando hablamos de experimentación animal rápidamente nos acordamos de organismos como ratas o simios en jaulas. Sin embargo, no siempre es así. La experimentación animal se apoya en diferentes modelos que nos permiten conocer la fisiología de los organismos, el medio natural en el que se desarrollan o la interacción entre el hombre y su medio.

Hasta cierto punto, el problema de la experimentación animal se resume en una cuestión de costes-beneficios y, por ello, no es tanto una decisión emocional (si fuese de ese modo, seguramente nunca lo haríamos), como de una decisión más raciona,l basada en los costes que todo ello pueda comportar (la muerte de miles de animales) frente a los beneficios (la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida y posiblemente la esperanza de vida media, incrementar nuestro conocimiento acerca del medio natural).

Con ello, la experimentación animal es utilizada en muy diferentes estudios, que abarcan campos tan diversos como la biomedicina, la ecología y que afectan a campos de importancia no sólo para nuestra propia supervivencia sino para la propia economía como son la ganadería o la producción animal. Por tanto, algunas de las razones por las que consideramos aconsejable la investigación animal serían las siguientes:

1.La primera razón es una cuestión de elección y es posiblemente la más arbitraria de las razones. Si deseamos, por ejemplo, probar nuevos fármacos o nuevas técnicas quirúrgicas tenemos la opción de hacerlo en miembros de nuestra propia especie o en miembros de otras especies que, por su semejanza a nosotros nos permita inferir cuáles serían los efectos de dichos fármacos o técnicas quirúrgicas en el ser humano.

Hasta el momento, la sociedad como conjunto parece haber aceptado esta práctica y hay que aceptar por tanto, este punto tal y como lo que es: egoísmo de especie.

2.Aunque no tiene por qué ser su objetivo principal, los animales también pueden verse beneficiados de la experimentación animal.

Así, los conocimientos basados en ciertos grupos animales pueden ser extrapolados a otros animales de interés para los seres humanos, como mascotas, animales de producción (ganado) o especies silvestres que se encuentren bajo categorías de amenaza o especies en peligro de extinción.

Sírvan de ejemplo los estudios que ponen de manifiesto los efectos negativos que ejerce sobre la supervivencia de faunas insulares la introducción de patógenos. Aquellos estudios experimentales que permitan encontrar fármacos que pudieran reducir los costes de estos patógenos podrían implicar beneficios directos en la conservación de estas especies.

3.Trabajar con animales de experimentación permite realizar investigaciones que de otro modo sería imposible, especialmente aquellas que pretenden explicar mecanismos, pues habitualmente van acompañadas de modificaciones de las condiciones fisiológicas.

Por ejemplo, si quiero estudiar las señales eléctricas de neuronas individuales, o la liberación de neurotransmisores en regiones concretas del cerebro en un animal vivo debo practicar una craneotomía e introducir en el cerebro un electrodo que me permita tomar esas medidas, algo que únicamente se ha realizado en humanos cuando éstos necesitan alguna intervención quirúrgica.

Ahora bien, hay una serie de problemas que plantea la investigación con animales, que deben ser regulados adecuadamente y, que de hecho, lo están:

¿Dónde debemos poner el límite de las especies que podemos utilizar?¿Por qué gusanos, moscas y peces sí, pero no primates o cobayas? ¿Sólo porque unos son mamíferos y los otros no? Claramente la visión social sobre la permisividad a experimentar o no con un grupo animal está basado en la proximidad filogética con nuestra especie.

Y, por otro lado, ¿quién pone el límite a las técnicas que pueden emplearse y que no pueden emplearse? De nuevo, es una cuestión de costes-beneficios. A cambio la de emplear animales de experimentación la sociedad exige que se cumplan unos estándares de bienestar de los animales. Además se intenta seguir la famosa regla de las 3 erres: reemplazo, reducción y refinamiento.

El reemplazo implica la búsqueda de nuevas técnicas que permitan evitar el uso de animales de experimentación (por ejemplo, usando modelos informáticos, o cultivos de líneas celulares), la reducción, como su propio nombre indica busca minimizar el número de animales que se destinen a la experimentación, para lo cual habrá que determinar de antemano cuántos animales se emplearán y si existe alguna posibilidad de modificación en el diseño experimental que permita reducir el número de animales empleado; el refinamiento se basa en el perfeccionamiento de las técnicas empleadas con el fin de evitar en la medida de lo posible el sufrimiento, dolor y angustia de los animales, así como mejorar su bienestar desde su nacimiento hasta su muerte.

Por ejemplo, para evaluar los costes de una infección sobre la supervivencia de una especie podemos encontrar animales en la naturaleza que se encuentran parasitados o no.

Siempre que sea posible, sería recomendable plantear los experimentos reduciendo los costes de la infección (que previsiblemente beneficiaría a los animales) frente a la alternativa de infectar animales sanos. No obstante, aunque pudiera parecer lo más sencillo y lógico leyendo estas líneas, no siempre es así.

Por ejemplo, podría ocurrir que la proporción de individuos infectados en la población no sea lo suficientemente alta como para poder medicar a un número suficiente de individuos con lo que evaluar la hipótesis del estudio, por lo que los resultados no serán conclusivos. Por tanto, el diseño de los experimentos será decisivo a la hora de decidir el número de animales a emplear.

Por último, ¿dónde se pone el límite para decidir cuál es una pregunta lícita para ser estudiada con animales de experimentación?

De nuevo es una cuestión de costes-beneficios. Por ejemplo, todos estamos más o menos de acuerdo que estudiar la progresión de un determinado tumor en el hígado es algo que es recomendable estudiar en animales, pero hemos decidido que la industria de los cosméticos no debe emplear animales para probar sus productos, ya que sus costes son mucho mayores que los beneficios que reporta (a la humanidad, no a las empresas, claro).

Por tanto, la experimentación animal es, a nuestro juicio, un mal necesario y tremendamente útil, hasta que no se encuentren métodos alternativos.

Mientras tanto, la solución para evitar abusos es regular los usos concretos para los que pueden emplearse los animales de experimentación y llevar a cabo un seguimiento estricto del cumplimiento de esas normas.

En algunos países, véase Suecia, Inglaterra o Estados Unidos, estos puntos se cumplen bastante bien, seguramente debidos también a la presión social. En otros países, todavía queda algún camino por andar.

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