En el camino a Kukeman

camino a KukemanCuenta una Antigua leyenda de los indios Pémones de la gran Sabana, que cerca del Kukenan residia la antigua población de los Makunaima.

Este majestuoso Tepui se le designaba también Malawi-Tepuy, que significa “si lo subes mueres”, así que nadie osaba subirlo y ni siquiera acercársele.

En el camino a Kukeman existen una gran cantidad de árboles petrificados y afirmaban los más viejos de la aldea que este bosque estaba poblado de animales fantásticos que emitían ruidos terroríficos en el anochecer.

Los indios de la aldea creían firmemente que la cima de la montaña estaba habitado por criaturas invisibles que custodiaban esta gran formación rocosa.

Sin embargo, Meriwarek, el más viejo de todos los Makunaima aseguraba también que la montaña estaba rodeada de piedras transparentes que podían realizar fuertes curaciones frente a grandes enfermedades endémicas.

Un buen día, Makunaima-piá, el más joven de los Makunaima enfermó gravemente.

Su madre creía firmemente que había adquirido esta peste gracias a esas extrañas excursiones que realizaba cerca del Kukeman.

Los más viejos de la aldea se lo habían advertido que los dioses se iban a enfadar por su osadía.

 Pero, Makunaima-Piá era un niño muy temerario y aventurero. Le encantaba hacer largas excursiones y ya a los diez años había traído a su aldea una colección de guacamayas de bellísimos colores que se encontraban cerca del bosque petrificado.

Makunaima-Piá había cumplido ya sus doce años de vida y decidió trepar al Gran Tepui esa mañana. Sus abuelos le advirtieron:

-No subas, que mochimá te puede raptar en su vuelo y llevarte a la cumbre de Kukeman, donde tiene su nido y serás comidilla de sus pichones que están siempre hambrientos.

Pero, Makunaima-Piá no hizo caso, y se fue temprano en la mañana.

Durante el transcurso del día cayo un gran tormenta, y estuvo lloviendo por cántaros.

Y esa noche le dio una fiebre altísima, en su delirio febril le pareció ver bajar de la gran montaña unos seres parcialmente visibles que le dieron un brebaje en base a hierbas aromáticas.

Al día siguiente Makunaima-Piá sintió que le había bajado la fiebre. Pero lo más extraño de todo es que se encontraba en otro sitio, cerca de su aldea. Estaba minado de picaduras de puri-puri.

Esos pequeños zancudos le había erupcionado toda la piel. Sabía por experiencia que era alérgico a sus picaduras y que sufriría las consecuencias. Cerró los ojos y decidió descansar un rato.

Mientras tanto, el mayor de la aldea, se encontraba realizando su caminata diaria y fue entonces, cuando vio a Makinuaima-Piá tendido en unos arbustos. Inmediatamente fue a pedir ayuda a los hombres de la tribu, Iwaká, el jefe de los Makunauma lo vio con preocupación.

-Llévenlo rápidamente al hogar común, y lo tendieron con delicadeza en su hamaca- dijo con preocupación.

-Es esa enfermedad que le da Makinauma-Pia cuando le pican los Piru-Piru-Lloraba su madre con desesperación.

-Tranquila mujer, ya encontraremos una solución- dijo su esposo tratando de calmar a su mujer.
Merivarek, el mayor de la tribu, afirmo:
-No existe manera de curar el mal de Makinauma-Pia, con mis hierbas medicinales pero se que cerca de la cima del Kukenan existen unos cristales transparentes que pueden curar grandes enfermedades-

Ese dia, Merivarek se reunió con los hombres de su tribu.
-La única manera que salvemos a Makinauma-Pia es que subamos a Kukenan
afirmo Merivarek.

-Mochimá nos puede devorar, y he oído decir que sus pichones comen con gran ferocidad la carne humana- dijeron todos los hombres de la aldea.

Merok se mantenía en silencio, este era muy ágil con su arco y flecha y dicen los mas viejos de la tribu que en una ocasión trajo a su familia tal cantidad de lapas que salvo a su familia de una gran hambruna, y había matado a un fiero tigre que acosaba la aldea, y por esta razón ningún cunaguaro osaba acercarse a la aldea por temor a las flechas de Merok.

Merok, a pesar del gran temor que le inspiraba el gran Tepui, decidió aventurarse a subirlo.

-Yo subiré al gran Kukenan y buscare los cristales- exclamo Merok con firmeza.
-Tendrás que irte solo, llévate las provisiones necesarias y ojala tengas suerte- le respondió Iwaká

A las pocas horas salio Merok hacia el gran Kukenan, atravesó el bosque petrificado y empezó a subir el inmenso Tepui.

Su corazón latía con mucha fuerza ya que se encontraba a gran altura. Decidió descansar unas horas y se recostó debajo de un majestuoso árbol.

Y fue allí donde vio cerca de una gran cueva unos bellos cristales.

Estos deben ser los cristales milagrosos de los cuales habla tanto Meriwarek Pensó para si mismo. Los tomo con mucha delicadeza y los metió en su morral, y en ocasiones a medida que bajaba el gran Tepuy sentía la sensación que alguien lo observaba, pero no se detuvo a pensar en ello.

Corriendo con gran agilidad y apuro se dirigió a su aldea, se los entrego a Meriwarek y con sus hierbas milagrosas y el uso del cristal curó al muchacho.

Y fue así como Merok fue conocido en la gran sabana como el único hombre que se atrevió a desafiar al kukenan convirtiéndose con el tiempo en el guerrero más noble y valiente de todo su pueblo.


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