Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

Anécdotas de la realeza de los tiempos ya idos ( Tercera Parte )

Anécdotas de la realeza de los tiempos ya idos
Madame Royale
María Teresa I de Austria y sus remedios.

El 16 de Mayo de 1770 después de renunciar oficialmente a sus derechos al trono Austriaco, María Antonieta se casa con el Delfín de Versalles.

Tras la muerte de Luis XV en 1774, la pareja formada por Luis XVI y María Antonieta, se convierten en los reyes de Francia y Navarra.

Es bien conocido que tras sus cuatro años de matrimonio, como Reyes de Francia, no habían consumado su matrimonio, indignada la Emperatriz María Teresa I de Austria, madre de María Antonieta, ante la posibilidad de que la falta de un heredero pusiera en peligro la posición de su hija, decidió tomar cartas en el asunto:

Envió a su hijo, el futuro José II a París, quién habló con su cuñado y, tras la conversación que mantuvieron, escribió a su hermano Leopoldo una carta que, por la brutalidad de sus descripciones, aún hoy sorprende:

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José II

Un año después, María Antonieta estaba embarazada, sin que se sepan los recursos empleados.


El 19 de Diciembre de 1778 nace su primer hijo, una niña, María Teresa, llamada la "Madame Royale "

Hija de Francia y princesa de Francia por nacimiento; Duquesa de Angulema y Delfina de Francia. Considerada como la única persona de la familia real francesa que sobrevivió a la Revolución.

En 1792, toda la familia fue encarcelada en la Torre del Temple, tras la supresión oficial de la monarquía, y en enero de 1793, su padre Luis XVI al que estaba muy unida por la predilección que sentía éste hacia a ella y por la semejanza de sus caracteres, fue juzgado y condenado a muerte en la guillotina.

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María Teresa de Francia, joven refugiada en Viena en 1795

En Octubre de 1793, trasladaron a María Antonieta desde la Torre del Temple, a la prisión de la Conciergerie, donde también la sometieron a juicio y la condenaron a la guillotina, María Teresa permaneció confinada en su celda, completamente aislada.

Su único contacto con el exterior era la comida que le daban a través de un ventanuco por la puerta. Nadie le comunicó lo sucedido a su familia. Lo único que ella sabía era que su padre había muerto y se sentía sola en el mundo.

Garabatea en las paredes de su celda en la torre del Temple :"María Teresa es la criatura más infeliz del mundo, no puede obtener noticias de su madre ni juntarse con ella, aunque lo ha pedido mil veces", "¡Vive mi buena madre!.A la que adoro pero a la que no puedo escuchar su voz", "¡Oh padre! Mírame desde el cielo, ¡la vida es tan cruel!", "¡Oh Dios mio, perdona a los que han hecho que perezca mi familia".

Su vida no fué nada fácil ya que pasaría de nuevo por otro exilio, pero ésto, será otra anecdota que detallaré más adelante.

El 22 de Octubre de 1781, nace su segundo hijo, el Delfín Luis José, llamado Luis José Javier Francisco.

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Su salud fué muy delicada, sufriendo fiebres periódicas, a los cinco años comenzó a curvársele la espalda, le ponían corsés de metal que le produjeron una gangrena en dos vértebras. Murió en un estado pésimo tras contraer la tuberculosis, atribuida a la leche de su nodriza Geneviève Poitrine y murió durante la celebración de los Estados Generales de 1789, en el palacio de Meudon, con tan solo 8 años de edad.

El 27 de Marzo de 1885, nace su tercer hijo, Luis Carlos, (Luis XVII), duque de Normandía.

Los monárquicos le proclamaron rey con el nombre de Luis XVII, tras ser guillotinado su padre en 1793. Las potencias europeas también lo reconocieron como monarca, Catalina II de Rusia expulsó de su reino a todos los franceses que no reconocieron al joven rey.

El entonces Ejercito católico y Real que estaba formado por vandeanos y chuanes, fieles monárquicos del noroeste de Francia, lucharon y murieron en nombre de su rey, sosteniendo las guerras revolucionarias francesas en sus estandartes y portando la inscripción «Vive Louis XVII» (Viva Luis XVII). En algunas batallas como Machecoul o Tolón, fue proclamado rey.

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Encarcelado con su familia, el fiscal Tinville le hace declarar en contra de su madre. Delante del tribunal, el niño acusó a su madre y a su tía de haberle incitado a la masturbación y haberle obligado a ciertos juegos sexuales. Indignada, María Antonieta, pidió a las mujeres del público que la defendieran. El motín fue evitado por poco. Después de ser guillotinada en octubre del mismo año, los revolucionarios lo mantuvieron en prisión en condiciones infrahumanas custodiado por un zapatero de nombre Antonie Simon.

En la prisión sufrió palizas y torturas e intentaron su reeducación republicana por parte de Antoine Simon, quién le forzaba a beber grandes cantidades de alcohol y a cantar "La Marsellesa" portando un bonete de sans-culotte. Era amenazado repetidas veces con la guillotina, lo que le causaba desmayos. Le hacían creer que sus padres aún vivían, pero que ya no le amaban.

Después de la partida de Simon, fue aislado en una celda secreta durante seis meses sin contacto humano alguno y con unas nefastas condiciones higiénicas. Finalmente y probablemente murió de peritonitis tuberculósica
Al enterarse de su muerte, su tío, el conde de Provenza, adoptó el título real como Luis XVIII, respetando el ordinal dinástico, pero no llegaría a reinar hasta 1814.

El 9 de Junio de 1787, nace su cuarto y último hijo, una niña Sofía Beatriz, (María Sofía Helena Beatriz) Para celebrar el nacimiento, la corte ofreció de beber al pueblo de París, Sofía, moriría un año después, el 19 de Julio de 1788 de tuberculosis.

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Su cadáver fue cubierto por un manto de terciopelo y una corona de oro. María Antonieta invitó a Madame Élisabeth para velar el cuerpo de su sobrina: <<"Si vienes, lloraremos la muerte de mi pequeño ángel. Necesito tu corazón para consolar el mío.">>

 José Weberio, hermano de leche de María Antonieta, la consoló diciendo que la niña no había sido destetada, queriendo decir que no se podía sufrir por una criatura tan pequeña; la reina siguió llorando y contestó: <<"No olvidéis que habría sido mi amiga".>>

En efecto, los hijos varones, pertenecían al Estado, mientras que las hijas pertenecían a la misma madre. El cuerpo de Sofía descansa en el osario común de la basílica de Saint-Denis, realizado en la Restauración, donde se encuentran los restos de todos los soberanos de Francia, cuyas tumbas fueron profanadas durante la Revolución francesa.

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Pintura de Vigée-Le Brun donde Luis José señala la cuna de su hermana Sofía


Alfonso XII y sus amores
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El rey Alfonso XII fue un gran aficionado a la ópera y sobre todo a la cantante lírica Elena Armanda Sanz Martínez de Arizala, prima donna del Teatro Real de Madrid, española, nacida en Castellón en 1844, artista internacinal vínculada a la Scala de Milán y la Ópera de Viena donde también llegó a cantar, no pasaría a la historia por sus giras y representaciones, sino por los motivos personales que la obligaron a abandonar prematuramente las tablas. Abandonó su carrera y lo dejó todo, por amor al rey.

De la relación mantenida tuvieron dos hijos en común, Alfonso y Fernando.

Su primer encuentro fué en Viena, (1872) cuando Alfonso contaba tan solo con 15 años y la cantante, una mujer de 28 años.

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Por aquél entonces, Isabel II, estaba exiliada en París tras ser destronada por la Revolución de 1868, ellá fue quién le pidió: «Visita a mi hijo, que estudia en el colegio Teresiano».

Alfonso quedó extasiado ante la diva, como reflejó Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales. «Vestida con suprema elegancia, la belleza de la insigne española produjo en la turbamulta de muchachos una especie de estupor».

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Parece ser, que la soberana empujo a su hijo a los brazos de Elena para evitar que se casara con su prima Mercedes, hija de la Infanta Luisa Fernanda, con cuyo padre, el traidor duque de Montpensier, había hecho un pacto.



De nada le sirvió a la reina pues Elena Sanz se fue de gira por Suramérica. de donde regresó madre de un varón de padre, éste si, desconocido. Y Alfonso cayó rendido ante su prima Mercedes al conocerla, se casó con ella en 1878 siendo ya rey, pero Mercedes murió seis meses después de la boda y Alfonso XII se sumió en tal desesperación que sus allegados temieron que cometiera una locura.

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Su consuelo llegó gracias al estreno de la ópera La Favorita en el madrileño Teatro Real, en la que actuaba Elena Sanz. Cuando subió al palco a cumplimentar al monarca, renació la fascinación de éste. Alfonso XII se convirtió en su fiel seguidor, como atestigua otra de las cartas, donde dice:
«Idolatrada Elena: mucho gusto he tenido en verte todos los días en estas funciones».

A la reina le alegró que Alfonso recuperara la ilusión.

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Elena Sanz acabó sucumbiendo al amor del rey, abandonando los escenarios. Alfonso XII, loco de pasión, aprovechaba cualquier resquicio para ver a su amante, como demuestran sus cartas. «Amor mío, mañana miércoles 15, a las 11 menos cuarto, espero estar en tus brazos». Hay una escrita en el soporte de una foto, donde aparece el sello P. M. Hebert. Fotógrafo de SSMM. En ella se despide «hasta el próximo día que cacemos en furtivo, amor mío».

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La foto, donde aparece un inédito Alfonso XII con atuendo de caza, preside hoy el salón de la vivienda de María Luisa, nieta bastarda de Alfonso XII.

Al año siguiente, en 1879, sobre la pareja planean las primeras sombras. Cánovas, jefe de Gobierno que propició la Restauración, plantea al Rey la urgencia de una nueva boda para dar un heredero. Consciente de sus deberes, Alfonso XII accede a su pesar

«Me casaré si me buscan ustedes novia». La elegida fue María Cristina de Habsburgo, sobrina del emperador de Austria, inteligente, pero poco agraciada. Se casaron en Madrid ese 28 de noviembre, mientras su romance con Elena Sanz seguía viento en popa. Dos meses después, el 28 de enero de 1880, la cantante dio a luz un niño, al que puso de nombre Alfonso.

Aunque nació en París, fue un secreto a voces, del que la prensa se hizo eco.

Mientras tanto, en Madrid, la reina María Cristina no lograba alumbrar un varón. Tuvo dos niñas seguidas, las infantas Mercedes y Teresa. Alfonso XII, decepcionado, vivía en una encrucijada: por una parte, su amor por Elena y el ansiado varón, que no podía subir al trono. Por otra, su deber como rey. Una compleja situación que se refleja en sus escritos. «Adorada Elena: perdón si anoche te hice tanto sufrir. Varias veces me desperté pensando en ti y lleno de remordimientos».

Después de tener a Alfonso, la cantante regresó a Madrid, donde en febrero de 1881 nació su segundo vástago. Otro varón, Fernando, para desgracia de María Cristina. En plena lactancia del bebé, la reina lanzó un ultimátum: o salía de Madrid la cantante con su innoble prole o ella regresaría a Austria. Elena Sanz tuvo que afincarse en París con sus hijos, sobreviviendo con las 5.000 pesetas mensuales que le mandaba el rey. No siempre puntual. «Querida Elena: hasta hoy no te he podido remitir lo que va adjunto porque cerré el mes con deudas y sin un cuarto», se excusaba en una carta.

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Dicen que la pasión del monarca perdió fuelle con la distancia, ya que también mantuvo un idilio con Adelina Borghi, llamada la Biondina por sus cabellos rubios.

Tal fue el escándalo que ocasionó esta última relación que la reina María Cristina, amenazo con abandonar la corte si la cantante italiana no dejaba Madrid de inmediato. Excusado es decir que, al día siguiente, la diva fue conducida a la frontera con la consideración de persona non grata.

Sea como fuere, la tuberculosis, acabó con la vida de Alfonso XII el 25 de noviembre de 1885 con tan solo 28 años. María Cristina, embarazada del futuro Alfonso XIII, se convirtió en regente y retiró la pensión a Elena Sanz.

Para sobrevivir tomó una difícil decisión: en el Acta de París, firmada en 1866, entregó a un representante de la Casa Real 110 documentos, en su mayoría cartas, que acreditaban la paternidad de Alfonso XII.

A cambio se garantizó a sus hijos 31.000 francos en un depósito de deuda exterior, que podían retirar en su mayoría de edad, convertidos en 700.000. De su custodia se encargó Prudencio Ibáñez, banquero de la familia real.

Sin embargo, tras morir Elena Sanz en 1898, el banco que custodiaba los títulos quebró. Cuando los hermanos reclamaron su fortuna, no había nada, al parecer la reina y el banquero Ibáñez les quitaron todo.

En 1907, Alfonso Sanz, primogenito bastardo del rey, inició un pleito reclamando su filiación como hijo de Alfonso XII, pero lo perdió. El juez dictó que «un monarca no estaba sujeto al Derecho común». Es decir, no se le podían reconocer hijos fuera del matrimonio.

A partir de ahí, decidió borrar su pasado. Fue director de Peugeot en París. Y su matrimonio con la hija de un millonario mexicano, Guadalupe de Limantour, le colocó en la órbita de la alta sociedad.

Jamás quiso recordar sus orígenes. Al parecer, sufrió mucho por su madre. Veía que la habían despreciado y engañado. También se negó a tener relación alguna con la familia real. «Salvo con Isabel II y su hija, la Infanta Eulalia.

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«DIME SI NECESITAS GUITA»

La correspondencia de Alfonso XII con Elena Sanz se prolongó durante seis años (1878-1885, año en que fallece el rey). María Luisa Sanz, hija de Alfonso, primogenito bastardo de Alfonso XII, conserva ocho de esas cartas, que su padre guardaba en un cofre.

IDOLATRADA ELENA: Cada minuto te quiero más y deseo verte, aunque esto es imposible en estos días. No tienes idea de los recuerdos que dejaste en mí. Cuenta conmigo para todo. No te he escrito por la falta material de tiempo. Dime si necesitas guita y cuánta. A los nenes un beso de tu (firma) Alfonso.

ELENA MIA: Qué monería de retratos y cómo te lo agradezco. El chico hace bien en agarrarse a lo mejor que tiene y por eso le va a gustar tocar la campanilla. Tú estás que te hubiera comido a besos y me pusiste Dios sabe cómo. Daría cualquier cosa por verte mas no es posible. Recibe un abrazo, (firma) Alfonso.

QUERIDA ELENA: Hasta hoy no te he podido remitir lo que va adjunto porque cerré el mes con deudas y sin un cuarto. Me castigo por el retraso, según verás, remitiéndote 500 pesetas de plus. Seré más exacto en adelante. Me alegro de que el nene esté bueno. Mil besos de tu (firma) Alfonso.


La resolución del duque de Gandía

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Francisco de Borja, (1510-1572) Duque de Gandía, destacado miembro de la Corte de España, Marqués de Lombay, Grande de España y Virrey de Cataluña (Administrando la provincia con gran eficacia).

Persona piadosa y bondadosa, quiso ser monje de niño pero su familia le mandó a la Corte del Emperador Carlos I de España y V de Alemania, allí destacó acompañando al emperador a sus campañas. Llegó a ser «gran privado» del emperador y caballerizo de la emperatriz.

A la muerte de la emperatriz Isabel, (Emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico y reina consorte de España por su matrimonio con Carlos I de España 1503-1539), el Emperador Carlos I le encomendó acompañar los restos mortales, hasta su sepultura definitiva en la catedral de Granada.

Al entregar el cuerpo hubo de abrirse el féretro para que el marqués de Lombay reconociera el cadáver de la bella emperatriz. El viaje había sido largo y la muerte había hecho estragos en la legendaria belleza de la emperatriz. Al ver el cuerpo, Francisco de Borja exclamó:

«No serviré nunca más a señor alguno que pueda morir».

Poco después enviudó de su esposa portuguesa Eleanor de Castro Melo e Meneces (1546) con la que tuvo ocho hijos e intensificó su vida espiritual, ese mismo año se ponía la primera piedra del Colegio de Jesuitas de Gandia, el primero de toda España y decidió hacerse Jesuita.

Ajusto cuentas con sus asuntos mundanos, renunció a sus títulos en favor de su primogénito, e inmediatamente se le ofreció el título de cardenal que rechazó, prefiriendo la vida de predicador itinerante. En 1554 se convirtió en el comisario general de los Jesuitas en España y en 1565 a la muerte del Padre Laínez, Padre General de toda la Orden.

Francisco de Borja fue canonizado en 1671 por el papa Clemente X. Su onomástica se celebra el 3 de Octubre.

Anécdotas de la realeza .... tiempos ya idos ( Segunda parte )
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Fuente: elmundo