Padre de Familia , Los Simpson y Futurama

Padre de Familia ... Los Simpson... Futurama
Desde su estreno en 1999 ninguna otra serie animada de comedia ha llegado a ser tan importante como lo es, hoy en día, "Padre de Familia".

No es sólo el absurdo de su humor ni las constantes referencias a la cultura popular lo que la hace tan atractiva; ni tampoco el excelente diseño y producción gráfica de sus personajes.

Es en realidad algo que se encuentra detrás de todo esto, pues Padre de Familia tiene éxito en crear una diégesis coherente detrás de todas sus bromas pesadas.

Primero que todo, debemos entender por diégesis la realidad interna de una obra cinematográfica.

No tiene ninguna importancia si esta realidad guarda similitudes con la nuestra o es absolutamente distinta de ella; lo único que importa (y lo único que le permite existir) es que establezca ante el espectador una coherencia interna, dando la impresión de que esta realidad puede existir sin que el espectador haga parte de ella.
Es aquí en donde Padre de Familia brilla por su genialidad. Un paralelo con los Simpson, otra gran serie de comedia animada, aclarará el punto.

Remitámonos al popular capítulo en que Homero es atacado por un oso y decide ir al bosque a buscarlo.

Al llegar a la cueva del oso, Homero se encuentra con que a este le ha sido instalado un transmisor en la oreja, lo que al parecer le causa dolor y lo convierte en un animal violento.

Homero, preguntando a manera de un soliloquio si esto es el causante del dolor del oso, procede a colocar el transmisor en su oreja e inmediatamente comienza a saltar de dolor.

Hasta aquí no hay nada particular más allá de un poco de humor físico; sin embargo, Homero vuelve a colocar el transmisor en su oído, solo para "asegurarse", e inmediatamente comienza a convulsionar en expresión de un agudo dolor.

En esta repetición Homero está efectivamente actuando para el espectador. Homero escapa de la realidad interna de Los Simpson y ahora hace un "show" que tiene por objeto causar la risa de quien observa el televisor, alguien por fuera de su diégesis.

Esto, sin embargo, nunca ocurre con Peter Griffin; pues Peter siempre "se toma en serio" su realidad. Por más absurdas que sean sus acciones Peter nunca esta actuando ante la cámara.

Todos recordarán aquel capítulo en el que Peter se encuentra sentado en la mesa de la cocina y de repente grita: "al Petercóptero!", para luego salir y estrellar un helicóptero gigante que tiene su cara pintada en el patio de su vecino inválido y, mientras la hélice sigue girando, Peter le pide disculpas efusivamente.

Algunos minutos después la escena se repite pero esta vez Peter grita: "al HeindenPeter!" y un globo gigante de helio se estrella en la casa de su vecino...

Ahora, si este fuera un capítulo de Los Simpson todo terminaría aquí. Pero Joe, el vecino inválido de Peter, grita: "Cómo te alcanza para comprar estas cosas?

Simpson

Y con esto todo cambia. Ya no estamos frente a una broma que debe causar gracia al espectador por lo exagerado o ridículo de la situación, sino que esta situación es tomada como algo real.

El helicóptero y el globo de helio son tomados en serio y es ESTO, y no el hecho de que sea totalmente absurdo que Peter tenga estos aparatos en su casa, lo que hace increíblemente gracioso a Padre de Familia, pues resulta aún más absurdo para quien ve el programa que esto sea tratado como algo real.

Es aquí en donde Los Simpson se ven claramente superados.

Padre de Familia no parece estar ahí para entretener al espectador sino que simplemente esta "ahí", y por eso podemos disfrutar de larguísimas escenas de pelea con un pollo que simplemente no tienen nada que ver con la trama del capítulo. Son lo absurdo de lo absurdo, una ficción que se hace a si misma real.

Ahora bien seguimos con Futurama .....Philip J. Fry es un atontado repartidor de pizzas a domicilio que tiene problemas en su trabajo y ha sido abandonado por su novia el mismo día de noche vieja de 1999.

Cuando se dispone a hacer su última entrega del año, una broma pesada le lleva hasta unos laboratorios de criogenia. Allí se introduce accidentalmente en una de las cámaras preservadoras, quedando atrapado nada menos que mil años.

Cuando se despierta se encuentra en la noche vieja del año 2999, en una ciudad completamente desconocida: los viajes espaciales se han convertido en algo habitual, las cabezas parlantes de personajes célebres se conservan en frascos, los robots pululan por doquier y la gente se desplaza por toda la ciudad gracias a unos tubos neumáticos la mar de eficientes.

Aunque en la actualidad los tubos neumáticos son utilizados para transportar objetos pequeños, como dinero en algunos hipermercados, lo cierto es que podríamos plantearnos si tal posibilidad sería realizable a la hora de "mover" personas de un punto a otro de una ciudad atestada de tráfico. 

Veamos cuál es el fundamento de uno de estos tubos neumáticos, más sencillo que el mecanismo cerebral que controla el ansia cervecera de Bender.

Si alguna vez han bebido un refresco, batido o cualquier otro líquido con ayuda de una pajita (Supermán ya lo intentó una vez) habrán dado cuenta de que lo único que estás haciendo es producir una diferencia de presiones entre los dos extremos de la misma.

Así, al succionar el aire por uno de los lados, la presión aquí disminuye con respecto a la del opuesto, siendo la propia presión en el líquido, asistida por la inestimable ayuda de la presión atmosférica, la que empuja la bebida hacia nuestra boca, donde es recibida con entusiasmo.

Pues bien, este mismo fundamento que os acabo de describir es el que explica la forma de operar de un tubo neumático como el que se emplea en la serie de animación Futurama, a la que se refiere, como ya habrán adivinado todos, el primer párrafo.

Se trata, pues, de generar una diferencia de presiones entre la cabeza y los pies de una persona que sea capaz de contrarrestar el peso de ésta y la fuerza de fricción o rozamiento con el aire del interior del tubo. Veámoslo un poco más detenidamente y distingamos tres casos diferentes:

1.- Sube que te sube

Futurama

Cuando Bender, por ejemplo, quiere viajar en sentido ascendente, actúan cuatro fuerzas sobre él.

En primer lugar su propio peso, que tira hacia abajo de su brillante trasero metálico; después la fricción con el aire, también hacia abajo; y, por último, la fuerza debida a la presión del aire, que actúa sobre los pies del robot (empujándole hacia arriba) así como sobre su cabeza (empujándole hacia abajo).

Pues bien, llegados a este punto, la segunda ley de Newton nos dice que la suma total de esas cuatro fuerzas debe ser igual al producto de la masa de Bender por su aceleración en el sentido del movimiento. Y aquí conviene aclarar un punto.

En efecto, la fricción con el aire del interior del tubo es una fuerza que varía con la velocidad de la persona que se desplaza por él (además, también lo hace con el área del cuerpo enfrentada con el aire, la densidad de éste y la postura particular adoptada: no es igual estar de pie que en cuclillas, por ejemplo), hecho que dificulta el cálculo que pretendemos, que no es otro que el valor de la caída de presión necesaria para que se mueva nuestro pasajero.

Pues bien, cuando un cuerpo se mueve en el interior de un fluido y está influenciado por una fuerza de rozamiento viscoso que depende de la velocidad, se puede demostrar que llega un momento en que dicho cuerpo alcanza una velocidad máxima, denominada velocidad límite o velocidad terminal, manteniéndola a partir de entonces.

Gracias a este fenómeno se puede hacer nula la aceleración que aparece en la segunda ley de Newton aludida anteriormente, así como determinar el valor concreto de la velocidad terminal, que resulta ser de unos 310 km/h para una persona de 75 kg.

No debe de resultar demasiado agradable pero, en fin, seguro que el profesor Farnsworth tiene alguna solución al respecto.

En cuanto a la diferencia de presiones entre los pies y la cabeza del arriesgado pasajero, ésta alcanzaría nada menos que unos 10,9 kPa (la presión atmosférica normal es de 101,3 kPa). Esto significa que el extremo del tubo que nos succiona debe tener una bomba capaz de reducir la presión del aire hasta los 90,4 kPa.


2.- Baja que te baja

Este caso particular no requiere de física demasiado avanzada, pues simplemente hay que dejarse llevar por la gravedad, es decir, que no haría falta mantener diferencia de presiones alguna entre los dos extremos del tubo neumático.


3.- Manteniendo la horizontal

Si se procede de forma análoga al primer caso (siempre que admitamos que el pasajero no caiga en el interior del tubo y se golpee con la pared inferior del mismo) las restricciones no son tan severas, ya que ahora la succión no debe contrarrestar el peso de la persona, al estar ésta en posición horizontal.

Así, la nueva diferencia de presiones sería únicamente la mitad de la requerida en el movimiento de ascenso vertical, unos 5,45 kPa o, equivalentemente, un valor absoluto de la presión de succión de 95,85 kPa.

Esperemos que la tecnología de dentro de mil años haya sabido resolver la cuestión de las curvas y cambios de sentido, con bombas suficientemente inteligentes. Las de ahora sólo matan...

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Fuentes:Tubular Travel. S. Clapton, C. Meredith and D. Boulderstone. Journal of Physics Special Topics, Vol. 9, No. 1, 2010.