Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

Gusano vive a 1,3 km de profundidad

Nematodo vive a 1,3 km de profundidad en el subsueloUn nematodo vive a 1,3 km de profundidad en el subsuelo donde la temperatura es muy alta.

Esta criatura sería un ejemplo de extremófilo multicelular.

Conforme nos adentramos en el interior de la corteza terrestre las condiciones se hacen cada vez más inhóspitas, la temperatura sube, la presión aumenta, casi no hay oxígeno y no hay prácticamente nada de lo que alimentarse.

Sin embargo, allí puede haber bacterias o arqueas que sobreviven en esas condiciones.

A estas alturas ya no sorprende a casi la nadie la presencia de este tipo de microorganismos extremófilos en semejantes lugares, pues se ha visto su presencia en prácticamente cualquier lugar en donde el agua esté todavía en estado líquido.

Lo que sí es sorprendente es encontrarse con seres pluricelulares.

Hace once años Tullis Onstott de la Universidad de Princeton informó de la presencia de organismos similares a los gusanos a 1,3 Km por debajo de la superficie en las rocas de las minas de oro de Sudáfrica.

Como no es experto en el campo contactó con Gaetan Borgonie, de la Universidad de Ghent (Bélgica). Recolectaron y filtraron 10.000 litros de agua de cinco minas del área y encontraron unas raras criaturas.

Se trataba de nematodos. Nunca se había informado de la presencia de nematodos a esas profundidades. Estos seres parecen subsistir a base de microorganismos y sólo requieren trazas de oxígeno para respirar.

Han encontrado diversas especies de nematodos que viven a profundidades moderadas y que se corresponden con especies que normalmente viven en la superficie, pero también han encontrado a Halicephalobus mephisto, que es la primera vez que es descrito por la ciencia.

Vive a 1,3 km de profundidad, en donde la temperatura es de 37 grados centígrados. Además han recuperado ADN de otra especie que viviría a 3,6 km de profundidad, en donde reinan unos 48 grados centígrados de temperatura.

La nueva especie, Halicephalobus mephisto, debe su nombre al Mefistófeles de Fausto, que en griego significa “aquel que no ama la luz”.

Esta criatura vive en una situación y condiciones similares a las descritas en el infierno mitológico.

En un artículo publicado hace unos días en Nature se describe a esta singular criatura. Halicephalobus mephisto es similar sus parientes de la superficie y mide medio milímetro de longitud.

Ha evolucionado para alimentarse de las bacterias que viven en las profundidades en lugar de bacterias superficiales y comunes como E. coli. Es decir, es un millón de veces más grande que las bacterias que come.

Halicephalobus mephisto es poco abundante porque necesita alimentarse con 10.000 bacterias diarias para poder sobrevivir y porque en su ambiente el oxígeno es muy escaso.

En los huecos y grietas de las rocas puede haber películas microbianas y es ahí donde “pasta” el nematodo en cuestión.

Al parecer prefiere a los microbios indígenas que viven allí y no a otros, así que esta comunidad está muy bien asentada. Hay, por tanto, un ecosistema, más o menos complejo en esos lugares.

Los análisis de radiocarbono revelaron que el agua presente en esos lugares ha estado allí desde hace 3000 o 12000 años, lo que sugiere que el oxigeno no se ha introducido allí por medios humanos.

Aunque la contaminación es siempre un asunto espinoso en este tipo de investigaciones, los autores del estudio proporcionan bastantes pruebas de que las muestras han sido tratadas con las suficientes precauciones.

Mientras que otros expertos no salen de su asombro, algunos especialistas no se muestran sorprendidos por el hallazgo porque los nematodos se encuentran entre las criaturas más resistentes.

Se especula que quizás la primera vida multicelular en la superficie terrestre pudo ser similar a los nematodos y que éstos serían los últimos seres multicelulares en desaparecer.

El grupo de J. Craig Venter trabaja junto a Onstott en la secuenciación del genoma de esta criatura. Espera descubrir cómo el gusano sobrelleva las altas temperaturas y los bajos niveles de oxígeno.

Probablemente este nematodo descienda, tanto en el sentido geográfico como evolutivo, de nematodos de la superficie y que fue adquiriendo cambios genéticos que le permitieron emigrar hasta esas profundidades.

Instoot especula que los mecanismos moleculares podrían ser similares a aquellos de organismos que viven por debajo de la superficie como los hongos.

Según Michael Meyer, astrobiólogo de la NASA, el estudio es un paso más hacia el hallazgo de vida en lugares en donde no se la espera y que el descubrimiento de organismos pluricelulares en esas condiciones eleva la posibilidad impensable de que pueda haber vida pluricelular en el subsuelo marciano.

“El Universo podría tener más hábitats de los que pensamos”, dice.

La pega es que H. mephisto no es una especie que vive en completo aislamiento, porque además de depender de los microbios de los que se alimenta necesita que otros seres en la superficie hayan proporcionado oxígeno en algún momento.

Onstott planea ahora ampliar el estudio a otros seres que pueda haber en el subsuelo, como los virus y otros seres pluricelulares además de los nematodos.

Este hallazgo, que re-dibuja los límites de la biosfera, nos debería hacer que mantuviéramos abiertos los ojos a otras posibles criaturas multicelulares que provengan del “infierno”.

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