Edwin Armstrong

Edwin Armstrong
Edwin Armstrong una historia triste sobre innovación tecnológica.

Son por todos conocidos, por sus aportaciones al mundo de la electricidad y sus aplicaciones, grandes personajes como Nikola Tesla, Marconi, Edison o Alexander Graham Bell.

Sin embargo hay otra figura notable, un ingeniero eléctrico que marcó la historia de la radio, del que es posible que muchos no hayáis oído hablar: Edwin Howard Armstrong.

No llegó a la luna, ni ganó siete Tours de Francia ni cantó aquello de qué mundo tan maravilloso, pero fue un prolífico inventor y visionario en una época en la que la radio despegaba como medio de comunicación de masas.

Neoyorquino de nacimiento, graduado en 1913 por la Universidad de Columbia, realizó importantes avances con aplicación al mundo de la radio y durante los años treinta desarrolló una tecnología novedosa basada en la difusión de información sonora mediante la variación de frecuencia de la onda portadora: la modulación de frecuencia o FM.

Hasta aquel momento la radio comercial había funcionado mediante transmisiones de amplitud modulada (AM), pero las emisiones en FM se mostraron capaces de proporcionar un sonido más claro y no se veían afectadas por las interferencias de origen atmosférico que inciden en la amplitud.

Todo parecía indicar que el método ideado por el ingeniero norteamericano revolucionaría en breve plazo el desarrollo de la radiodifusión y le granjearía un brillante futuro. Pero ni su implantación fue rápida ni su invento le supondría a Armstrong las satisfacciones que cabría esperar.

En la década de los 30 la RCA (Radio Corporation of America) dominaba la industria radiofónica en los Estados Unidos, siendo líder en la fabricación del equipamiento y la implantación de la red.

David Sarnoff, presidente de la RCA, se mostró vivamente interesado al saber que se había conseguido un sistema que eliminase interferencias de la radio, y las pruebas de emisión realizadas por Armstrong desde las instalaciones de la RCA en el Empire State Building dejaron profundamente impresionados a los ingenieros de la compañía, que no dudaban de que se encontraban ante una tecnología superior y revolucionaria.

Sin embargo las valoraciones tecnológicas no eran las únicas y Sarnoff no contaba con que la solución de Armstrong más que una mejora era una nueva tecnología .

La RCA había construido un imperio radiofónico en AM, realizando una gran inversión, y la FM pasó a ser vista como una amenaza. El negocio iba viento en popa y el cambio de las infraestructuras suponía un riesgo.

Desde los círculos directivos y legales se empezaron a mover los hilos y así, la poderosa RCA, con el pretexto de que la invención de Armstrong necesitaba más pruebas, daba la espalda a la radio FM y se centraba en el desarrollo de la incipiente televisión.

Armstrong centró entonces sus esfuerzos en extender el uso de la FM y, durante la Segunda Guerra Mundial, comenzó a conseguir que se instalasen cierto número de estaciones FM, trabajando sin descanso para hacer ver a su país las virtudes de la nueva tecnología. Sin embargo poco después la RCA movería ficha.

Parece probable que el gigante radiofónico presionó a la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) para que, sirviendo a los grandes intereses empresariales, realizara la asignación de espectros de frecuencia desplazando a la FM a una nueva banda en beneficio de la televisión, con la intención de asestar un duro golpe al desarrollo de la radio de Armstrong.

Y lo consiguió.

Ante todo tipo de impedimentos, la expansión de la radio FM se frenó, mientras la propia RCA incorporaba la tecnología a sus transmisiones televisivas y declaraba nulas las patentes de Armstrong, iniciando un litigio que duraría años y dejaría al inventor hundido moral y económicamente.

El último día del mes de enero de 1954 Edwin Howard Armstrong, el olvidado ingeniero que sentó algunas de las bases tecnológicas más importantes para la comunicación por radio, escribía una nota a su mujer y se arrojaba al vacío desde el decimotercer piso en el que vivía.

No pudo ver como su esposa Marion ganaba la batalla por la patente años después ni como la FM finalmente, a pesar de haber sido frenada durante tantos años, se hacía popular a partir de los años 70 y sobrepasaba a la AM una década después.

No ha sido ni será el único ejemplo en el que las entidades que poseen los medios para detener la innovación tecnológica los utilizan.

Ni la única reacción al cambio. El gesto de sintonizar una emisora de radio también tiene su historia detrás.

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