Simios e intercambio ... Adam Smith

Simios e intercambio ... Adam Smith
Adam Smith, en el capítulo II de su libro “Investigación de la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones”, habla sobre lo que el piensa es el principio que motiva la división del trabajo.

Que en pocas palabras sería la propensión (natural o no) de permutar, intercambiar y negociar una cosa por otra.

A Smith le parece bastante evidente que esta propensión es única de la especie humana, y para ejemplificar tal creencia, se expresa de la siguiente forma:

“Cuando dos galgos corren a una liebre parece que obraran de consumo.

Cada uno de ellos parece que la echa a su compañero o la intercepta cuando el otro la dirige hacia él: mas esto, naturalmente, no es la consecuencia de algún convenio, sino el resultado accidental y simultáneo de sus instintos coincidentes en el mismo objeto.

Nadie ha visto todavía que los perros cambien de una manera deliberada y equitativa un hueso por otro.

Nadie ha visto tampoco que un animal de a entender a otro, con sus ademanes o expresiones guturales, esto es mi o tuyo, o estoy dispuesto a cambiarlo por aquello.

Cuando un animal desea obtener cualquier cosa del hombre o de un irracional no tiene otro medio de persuasión sino el halago.

El cachorro acaricia a la madre y el perro procura con mil zalamerías atraer la atención del dueño, cuando este se sienta a comer, para conseguir que le de algo.

El hombre utiliza las mismas artes con sus semejantes, y cuando no encuentra otro modo de hacerlo actuar conforme a sus intenciones, procura granjearse su voluntad procediendo en forma servil y lisonjera.”

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Quiero poner atención en lo siguiente de su discurso: “Cuando un animal desea obtener cualquier cosa del hombre o de un irracional no tiene otro medio de persuasión sino el halago.”

¿Cuál es el problema con esto? Que aquello que Smith, según parece, identifica como mera zalamería, en el caso de ciertos primates puede ser ni más menos que una forma de intercambio.

Según la evidencia recojida en las investigaciones de Frans de Waal, biólogo esepcializado en etología o comportamiento animal (en particular el de los primates o primatología), el famoso acialamiento llevado a cabo entre primates, sería la zalamería que funcionaria como forma de intercambio.

“Estudiamos las secuencias relativas a la acción de compartir comida para ver cómo un acto beneficioso de parte de un individuo A hacia B afectaría el comportamiento de B hacia A. La tesis era que B mostraría un comportamiento beneficioso hacia A en pago por el comportamiento de éste.

El problema al compartir comida, sin embargo, era que después de una sesión de prueba para todo el grupo tal como la empleamos en nuestros experimentos, la motivación para compartir cambia (los animales están saciados).

De modo que el hecho de compartir no podía ser la única variable a medir. Se incluyó un segundo servicio social no afectado por el consumo de comida. Para ello, utilizamos como variable el acicalamiento entre individuos antes de compartir la comida. (…) dimos a los simios dos haces muy apretados de ramas y hojas. Registramos con todo detalle cerca de 7.000 interacciones con la comida (…)

La base de datos sobre servicios prestados de forma simultánea resultante excede con mucho la de otro primate no humano.

Hallamos que los adultos mostraban una mayor disposición a compartir comida con aquellos individuos que los habían acicalado con anterioridad”

Pues bien. No hay que apresurarse, ante estos resultados pueden haber dos hipótesis. Una es la referida al “buen humor”.

Básicamente, como los primates acicalados están de mejor humor, estarían más predispuestos a compartir comida, pero dado que el patrón de reparto de comida beneficiaba notoriamente a cada acicalador (es decir, que los primates acicalados, compartían más comida específicamente con los primates que los acicalaron), los datos refuerzan una hipótesis bastante distinta: la del intercambio directo.

“(...) los chimpancés parecían acordarse de los chimpancés que acababan de realizar un servicio, el acicalamiento y como respuesta compartían mayores cantidades de comida con esos individuos.

Así mismo, las protestas agresivas por parte de los poseedores de comida ante los individuos que se les acercaban iban dirigidas hacia quienes no los habían acicalado, más que hacia quienes si lo habían hecho.”
 

Simios e intercambio ... Adam Smith 7¿Esto es una prueba concluyente respecto al “intercambio recíproco entre compañeros específicos”?

Sino lo es, al menos es esa la dirección en la que apuntan los resultados de estas investigaciones.

Para ser justos, es bastante evidente que Smith no era experto en conducta animal, (ni nadie por ese entonces, no al menos desde la perspectiva etológica con los parámetros hoy por hoy vigentes), pero lo que queda al descubierto, son a mi entender dos cosas.

Por un lado, el reconsabido prejuicio antropocéntrico respecto a las habilidades cognitivas, inteligencia, moral, formas de cooperación, o el comportamiento y capacidades generales de los animales no-humanos (¿O debería decir ignorancia?) y por otro, que me parece más que pertinente el señalar la necesidad de cablear el conocimiento generado en otras disciplinas respecto a la conducta humana y no humana.

Respecto a lo primero, no tengo la más mínima intención de pasar por “animalista”. Me parece que es algo tan elemental como tener en consideración los datos científicos al respecto, en nuestras constantes divagaciones comparativas con los animales no-humanos.

A mi entender, y tomando en cuenta lo que suelen indicar expertos en conducta animal, los animales humanos, tendríamos no menos instintos que los animales no-humanos, sino que más.

Pasando desde los más elementales como el de supervivencia y apareamiento, llegando hasta posiblemente el lenguaje.

Comprender esto, puede darnos una perspectiva comparativa en un marco evolutivo como especie, aportando a la comprensión del comportamiento humano.

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Respecto a lo segundo, suelo escuchar reclamos respecto a la reiterada idiotez y aparente necedad de los economistas respecto a sus modelos teóricos basados en “elección racional”.

Pues ante eso esto parcialmente de acuerdo.

Es cierto, las personas no toman desiciones de forma racional, en el sentido en que una forma ortodoxa de entender el “rational choice” lo plantea.

Pero también es cierto que lo que se constata empíricamente, es que las personas tienden a variar en su grado de racionalidad en el momento de elegir, dependiendo de una serie de condiciones como pueden ser el temperamento, formación, educación, contexto desicional, etc.

La gente no siempre elige la mantequilla más conveniente, pero tampoco se lleva la vida de timo en timo, estafa en estafa, como en el comercial ese en que un tipo concursa para perder dinero. 

Es justamente por esto que insisto en la colaboración directa entre los hallazgos de las distintas ciencias humanas.

Me parece increíblemente absurdo, que si en por ejemplo, en psicología, se constata que existen ciertos patrones en la toma de decisión en tales contextos, esto no lo tomen en cuenta ni economístas ni sociólogos (Que suelen dar de palos a economístas, pero cometen exactamente los mismos errores.

Saben poco y nada sobre lo que está “en la base” de la conducta humana, más allá de macro-generalizaciones de segundo orden, pues no llegan a un nivel de causalidad “originaria”, por decirlo de alguna forma), y se de una especie de desintegración del conocimiento científico sobre lo humano, donde existen respuestas contradictorias sobre un mismo tópico, pudiendo establecerse un continuo entre las distintas disciplinas, aportando a descartar charlatanes y teorías absurdas.

Adam Smith. Capítulo II “Investigación de la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones"
- Frans de Waal. Primátes y Filósofos: La evolución de la moral del simio al hombre. Pág. 69-73

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