Shih Huang-ti (259 a.c. - 209 a.c.) Unificador de China

Shih Huang-ti (259 a.c. - 209 a.c.) ...unificador de China
En China, Shih Huang-ti (259 a.c. - 209 a.c.) fue el primer gobernador capaz de unificar a este gran imperio, estableciendo una administración centralizada que sirvió como modelo por más de dos milenios.

Fue contrario a las enseñanzas de Confucio sobretodo en cuanto a los limites para los poderes de los gobernantes, y mandó a quemar toda la literatura referente al tema.

Fue él quien inicio las obras para construir la "Gran Muralla", las cuales tuvieron como objetivo proteger al territorio de los enemigos.

Accedió al Trono en el 246 y asumió personalmente el gobierno al cumplir la mayoría de edad en el 238 a. C. Fue conquistando por la fuerza de las armas los restantes estados independientes -Han, Chao, Wei, Ch’u, Yen y Chi-, de manera que en el 221 a. C. se proclamó emperador de toda China y asumió el nombre de Shih Huang Ti, que quiere decir «el primer emperador».

Su reinado constituyó una verdadera ruptura con el pasado, por las importantes reformas que introdujo, con ayuda de su ministro Li Seu, y que determinaron la unificación de China: construyó una red centralizada de carreteras y de canales; unificó la moneda, las pesas y las medidas; estandarizó la escritura.

Abolió el sistema feudal, sustituyéndolo por una división del imperio en provincias administradas por gobernadores no hereditarios que el emperador nombraba, destituía y trasladaba cuando quería; hizo que la aristocracia provincial se estableciera bajo su vigilancia en la capital (Hsien Yang, en Ts’in); convirtió la filosofía legalista (que justificaba el absolutismo monárquico) en doctrina oficial del imperio y ordenó quemar los libros de todas las demás tendencias.

Su obra inmortal fue la Gran Muralla China y su propia tumba, en la que utilizó más de setecientos mil cautivos a lo largo de cuarenta años.

Muchos de esos obreros fueron ejecutados cuando la obra estuvo lista, para que nadie pudiera saber la ubicación ni lo que había dentro.

Parte de lo que allí se ocultó salió a la luz pública en 1974, cuando se descubrió bajo tierra a seis mil guerreros de terracota de tamaño natural que lo acompañarían en su periplo por el más allá.

El final de su vida no logró escapar a la decadencia. Shih huang-ti comenzó a viajar en busca de magos y alquimistas, que le ofrecieran la inmortalidad.

Prohibió que se mencionara la muerte en su entorno; temía ser víctima de un atentado, por lo que se escondía en un palacio figurativo con tantas habitaciones como días tiene un año.

Así buscaba desorientar a quienes pretendían –aseguraba- asesinarlo.

En el año 206 a C. ya la dinastía Qin, donde gobernó Shih huang-ti, había desaparecido.

Cuatro años habían transcurrido de su muerte y quince de la unificación de los seis reinos, y todavía los chinos trataban al emperador como un pariente conflictivo, inhumano, ignorante y supersticioso.

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