Sawney Bean ,el caníbal escocés

Sawney Bean ,el caníbal escocésEl canibalismo es un tabú en casi todas las culturas modernas, y su intermitente salto a las portadas siempre está relacionado con artistas provocadores, películas de terror o noticias de asesinos que devoran a sus víctimas.

Alexander Sawney Beane fue el legendario jefe de un clan de 48 personas, en Escocia, que en algún momento del siglo XVI , en el pueblo de East Lothian, localidad escocesa cercana a Edimburgo, fueron juzgados y ejecutados por el asesinato en masa y canibalismo de más de 1.000 personas.

Alexander “Sawney” Beane (o Bean) nace en el seno de una familia granjera a las afueras de Edimburgo,hijo de un honrado leñador y constructor de canales de riego.

Comprobó durante su juventud que el trabajo duro no estaba hecho para él, por lo que abandonó su casa para ir a vivir a la cercana Ayrshire, donde conoció a Agnes Douglas, una mujer de dudosas costumbres con la que comenzó a convivir y que poco más tarde fue acusada de bruja.

Dada la gravedad de los cargos, tuvieron que huir, encontrando cobijo en una cueva muy próxima a la costa que se convertiría en su hogar y refugio en el que ocultarse de las fechorías que cometieron junto con su familia a lo largo de una carrera criminal que se extendió durante veinticinco años.

Su vida en la cueva transcurrió con relativa tranquilidad durante los primeros años, dormían por el día y, por la noche para no ser descubiertos, asaltaban, robaban y después asesinaban a los viajeros que pasaban por las cercanías.

Pero sus caracteres se fueron haciendo cada vez más y más salvajes, comenzaron a tener hijos -seis niñas y ocho niños-, y con ellos la situación se tornó más acuciante, ya que había más bocas que alimentar. Si a ello sumamos los dieciocho nietos y catorce nietas fruto de las relaciones incestuosas entre los miembros del clan, es de suponer que con el tiempo deberían dar un paso más para sobrevivir.

Y lo dieron, pues a los asesinatos sumaron la antropofagia, llevando a sus víctimas a la cueva para despedazarlas y devorarlas.

Los restos de los cuerpos que no eran consumidos por la familia eran arrojados de la cueva y devueltos por la marea a las playas cercanas.

Según fueron siendo hallados, en los pueblos de los alrededores se comenzó a hablar de la existencia de lobos, de hombres lobo e incluso de demonios; frenéticos y aterrorizados, los vecinos comenzaron las pesquisas para intentar encontrar a los culpables y con ellas comenzaron también los errores, pues hubo numerosas personas que fueron condenadas a muerte sin ser, obviamente, los causantes.

Pero la fortuna de los Bean dio un giro cuando, una noche, atacaron a un matrimonio que regresaba a su casa a lomos de su caballo después de haber estado en una feria.

El hombre, experto en el uso de las armas se defendió con su sable y su pistola, pero no pudo evitar que su mujer fuera capturada y muerta allí mismo.

El combate cesó cuando, otro numeroso grupo de personas que iban por el mismo camino vio lo que ocurría y consiguieron poner a la familia Bean pies en polvorosa. Consiguieron escapar, sí, pero ya habían sido descubiertos.

Sawney Bean ,el caníbal escocés 1.1

Pocos días después, una partida de 400 hombres dirigida por el mismísimo rey Jacobo VI de Escocia comenzó su búsqueda.

Los sabuesos señalaban con furiosos ladridos la entrada de la cueva, y aunque se estuvo a punto de no entrar por la dificultad para acceder a ella, cuando el monarca, junto con varios hombres, fueron avanzando en su interior, la luz de las antorchas les reveló un espectáculo dantesco: miembros humanos colgados de las paredes, otros en salazón, y las pertenencias de aquellos pobres desgraciados apiladas en un rincón.

Tras ser capturados, Sawney y su familia fueron encerrados en la cárcel de Edimburgo y trasladados posteriormente a la de Glasgow, donde fueron ejecutados sin juicio.

En un acto de crueldad similar a las atrocidades cometidas por los Bean, a los hombres les amputaron las extremidades y se les dejó desangrar en presencia de las mujeres. Ellas fueron quemadas en la hoguera.

En la cercana localidad de Girvan circula una leyenda que habla de una mujer, hija mayor de Sawney, que abandonó la cueva para instalarse allí, integrándose perfectamente en la sociedad, pero alguien descubrió su ascendencia y fue ahorcada en un árbol que ella misma había plantado.

Se dice que, desde entonces, quien se para bajo él, puede escuchar el sonido del cuerpo de la hija de Sawney balanceándose. Conocido popularmente como el árbol peludo, se desconoce cuál pudo ser su ubicación, aunque actualmente se está investigando con el fin de atraer al turismo.

Sawney Bean ,el caníbal escocés 4

Una horrible historia, qué duda cabe. Sin embargo, hoy en día está considerada más como un mito; no hay constancia oficial de la existencia de Sawney, aunque esto podría ser normal debido a que en aquellos tiempos aún no existía el censo, pero tampoco hay ningún registro que refleje las ejecuciones.

Por otra parte, la cárcel de Edimburgo, según sus ruinas, era una torre, lo que hubiera impedido encerrar y custodiar dentro de ella a 48 personas.

Esto da lugar a una pregunta: ¿por qué alguien iba a inventar algo así y qué intereses escondía?

Bien es cierto que estos sucesos ya se conocían desde tiempo inmemorial en Ayrshire y alrededores como una especie de cuento del hombre del saco, pero también lo es que la primera vez que aparecen en papel impreso fue en un libro escrito por el capitán Charles Johnson cuyo título era Historia general y verdadera de las vidas y hechos de los más famosos bandoleros, asesinos, ladrones de calles, etc., el cual fue publicado el año 1734 en Londres y en Birmingham en el 1742 durante los levantamientos jacobitas. Así, la leyenda del clan Bean

Ciertamente, existe la posibilidad de que, al igual que en muchas otras partes, el canibalismo se diera en Escocia en periodos de hambruna pero, a ciencia cierta, no hay evidencias que permitan confirmar que la existencia de Alexander Bean y su familia llegara a ser real.

Después de su muerte, se popularizó la “Balada de Sawney Beane”, que decía:

No vayas por Galloway,
ven, espera un rato, mi amigo,
te hablaré de los peligros.
Ten cuidado con Sawney Beane.
Sabemos que él espera allí,
pero su cara raramente se ve.
Sawney tiene una esposa e hijos.
Sé cauto para que ellos
no cojan tu caballo y viertan tu sangre
en la cueva de Sawney Beane.
Desean ver tu garganta cortada.
Uno de ellos limpiará tu cadáver.
Mas no temas tanto: los soldados
vigilan los paseos.
Es un mandato del rey:
llevan la orden de fuego y espada
A Sawney Beane y los suyos
los han colgado alto en el torreón de Edimburgo.

LA OTRA LEYENDA
En el cercano pueblo de Girvan hay una leyenda que habla de una mujer, hija mayor de Sawney, que abandonó la cueva y se instaló en aquella localidad, siendo aparentemente una ciudadana muy respetada.

No obstante, cuando se descubrió la existencia del clan Bean, los aldeanos se enteraron de que la mujer era parte de la infame familia y la ahorcaron en un árbol que ella misma había plantado. La leyenda afirma que quien se para debajo de aquella planta, conocida como el Árbol Peludo, puede escuchar el sonido del cuerpo de la hija de Sawney Bean balanceándose.

Desdichadamente se desconoce la ubicación del Árbol Peludo, aunque actualmente se están llevando a cabo dos investigaciones para descubrirla y así atraer más turistas a Girvan.

Pero si somos capaces de asimilar la idea, quizá la solución al hambre en el mundo no pase por comer insectos, como recomienda la FAO, sino por reciclar a nuestros muertos.

¿ Podemos pensar en una humanidad caníbal ?

Cada año fallecen en el mundo más de 50 millones de personas, la mitad de ellas a causa de inanición. Eso son decenas de miles de toneladas de alimento con alto valor proteínico que se echan a perder en ataúdes o son incineradas. ¿Nos podemos permitir ese despilfarro?
 
El planteamiento no es nuevo, pero cada vez es más pertinente. En Soylent Green (Richard Fleischer, 1973) Charlton Heston y Eduard G.Robinson viven en una sociedad futura en la que toda la materia prima para la alimentación procede de las morgues, que transforman los cadáveres en las pastillas verdes que dan título a la película. En España se tradujo con un grandilocuente Cuando el destino nos alcance.

Armin Meiwes, conocido como el caníbal de Rotemburgo, fue condenado por un tribunal de Berlín en 2006 por citarse con otro hombre, cocinarlo y comérselo con su consentimiento, en un caso que sacudió la opinión mundial.

En Der Spiegel y otros diarios alemanes se podía leer en 2010: “Se buscan donantes de partes del cuerpo para restaurante caníbal”, con la promesa de que esas partes se ofertarían después en el menú.

El anuncio disgustó sobremanera a los berlineses (el caso Meiwes estaba muy reciente), y provocó un auténtico quebradero de cabeza a los políticos locales, pues la apertura del restaurante se anunciaba como inminente, en una ubicación que se mantenía en secreto.

Puso en alerta a las autoridades sanitarias y todo resultó ser un hoax, una llamada de atención de la Asociación de Vegetarianos Alemanes, cuyo portavoz, Herr Motto, declaró de manera premonitoria con motivo de la polémica: “Better no meat than human meat.”

Pero lo cierto es que en un futuro próximo será necesario desarrollar un etiquetado preciso que permita al consumidor identificar qué productos contienen ingredientes de procedencia humana, de igual forma que hoy se etiquetan los atunes de pesca ecológica o los alimentos para celíacos o alérgicos a los frutos secos.

Presumiblemente esta revolución alimentaria comenzará en China en la década de 2020, fecha estimada por el PCCh en la que sus necesidades superen a su capacidad de alimentar a tan extensa población. Para afirmar esto hay tres razones poderosas: 1) El sistema de gobierno comunista tiene un pueblo disciplinado, patriota y obediente, en materias que en cualquier otro país serían objeto de agrias polémicas, como la del hijo único.

2) China tiene la mayor población del mundo, incluso aplicando la mencionada política de reducción de natalidad, pero las nuevas clases medias pueden permitirse saltarse la ley pagando. Por eso tiene una urgente necesidad de comida y está comprando inmensos terrenos en otros continentes para cultivar soja que alimente a los cerdos y pollos que se crían dentro de sus fronteras. Aun así, no es suficiente.

3) El gran país asiático no se adhiere a casi ningún tratado o convenio internacional que limite su potencial de crecimiento, porque no pueden permitirse otras hambrunas como las de los años 50 y 60 del pasado siglo.

Y una motivación adicional, aunque no menos importante: la religión no juega un papel primordial en sus vidas, y a buen seguro, cuando se comience a plantear en serio la posibilidad de alimentarnos con materia humana, serán los líderes espirituales del mundo quienes pongan el grito en el cielo (¿dónde, si no?).

Podemos establecer un paralelismo con la donación de órganos, y pronto se podrá acordar ante notario alguna declaración del tipo: “Autorizo que mi cuerpo sirva de alimento a otras personas”.

En 2012, en el Huffington Post, la crítica gastronómica galesa Geffryda Frygefda explicaba ,cómo vivió la experiencia única de una cena en un restaurante secreto de Londres donde se servían básicamente platos basados en nuestra anatomía. Que los lectores decidan si sucedió… o no.

Pero seamos prácticos; si la causa de la muerte no es infecciosa sino traumática, como por ejemplo un accidente de coche, el trámite debería ser sencillo. Una empresa adjudicataria retiraría el cadáver después de los servicios fúnebres, que podrán seguir siendo tan solemnes como deseemos.

Pero después de la ceremonia, nada de enterramientos o urnas con cenizas; un camión de Mercamadrid se llevará los restos para procesarlos.

Si el origen es saludable y cumple con la normativa, este cronista no tendría ningún problema en probar y disfrutar de productos como latas de magro, salchichas, croquetas congeladas o sanjacobos; que podrían ser de la marca Apis, Oscar Mayer La Cocinera o Campofrío (por cierto, recientemente adquirida por una empresa china).

Hay que hacer una salvedad. Casi ningún mamífero carnívoro devora a otros carnívoros (con excepción de los carroñeros, que disfrutan de un equipo enzimático más completo).

 La razón son los priones, y un ejemplo fue la epidemia de la encefalopatía espongiforme bovina o crisis de las vacas locas. En el pienso de las vacas había materia animal.

En pocas palabras, si usted come carne de un animal que ha comido carne puede enfermar… a no ser que usted sea una hiena o un buitre.

Hay varios tipos de motivación en el vegetarianismo, desde los higienistas a los veganos más extremos, pero la mayoría esgrime argumentos de índole ética referidos al sufrimiento animal.

Me atrevo a pronosticar que muchos de estos últimos (entre los que me incluyo, de lunes a viernes) no hallarían razón alguna para no comer derivados de carne humana, toda vez que la materia prima ha sido obtenida con las garantías necesarias.

Se daría así la paradoja de que los vegetarianos nos convertiríamos en la principal fuente de alimento para los carnívoros.

Y ahora, un consejo final: en un futuro no muy lejano, cuando alguien le susurre durante una cena romántica: “Tengo hambre de ti”…

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FUENTES: http://www.yorokobu.es/los-beneficios
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