Ratones bisexuales , por extraño que parezca

Ratones bisexuales ... por extraño que parezca“Es posible convertir a ratones en bisexuales por métodos genéticos”

Algunas veces, en ciencia pasa como en el chiste de la araña sorda: a una araña a la que se un investigador ha entrenado para acudir cuando se la llama, se le arrancan las patas (el chiste es cruel).

Al no acudir la araña a su llamada, el experimentador ¡concluye que la araña es sorda!

Este chiste, en realidad, no lo es tanto.

Nos enseña que ante un hecho determinado experimentalmente, (la araña deja de comportarse como siempre lo hacía, acudiendo a la llamada) pueden darse diversas interpretaciones, unas correctas; otras, no.

Si el experimentador, por extraño que parezca, desconoce u olvida que una araña sin patas no puede acudir a su llamada, aunque la oiga, al desear demostrar su querida hipótesis de que las arañas poseen el sentido del oído en las patas, puede abrazar esta conclusión sin detenerse demasiado a analizar otras posibilidades.

Esto mismo ha podido suceder en un reciente artículo publicado en la revista Nature, que relata los resultados de un estudio encaminado a averiguar dónde residen nuestras preferencias sexuales.

Los investigadores barajaban la hipótesis de que las preferencias sexuales podrían, tal vez, estar relacionadas con el neurotransmisor serotonina.

La razón que avala esta hipótesis reside en que la serotonina afecta a la libido (apetito sexual) en animales y seres humanos.

Ratones macho con niveles elevados de esta sustancia pierden el interés en el sexo, tienen dificultades en conseguir una erección y no pueden eyacular si la consiguen.

Sin embargo si en estos ratones se eliminan las neuronas que responden a la serotonina, los animales recuperan su libido.

En el caso de los humanos, también se ha comprobado que elevados niveles de serotonina disminuyen la libido.

Es el caso de personas que toman fármacos antidepresivos.

Estos fármacos mantienen un nivel más elevado de serotonina en las sinapsis neuronales, lo que ejerce un efecto antidepresivo, a pesar de disminuir la libido. Paradojas de la vida.

Igualdad de sexo

Para averiguar si la serotonina ejercía algún efecto sobre las preferencias sexuales de ratones de laboratorio, que son más parecidos a los humanos de lo que nos gustaría, como ya he comentado en más de una ocasión, los investigadores generaron dos razas de ratones que no podían fabricar serotonina debido a dos defectos genéticos diferentes, y estudiaron su comportamiento sexual.

Cuando a machos de estas razas se les introducía otro macho en su jaula, intentaban montarlo tras solo ocho minutos de "juegos preliminares" (saludos ratoniles, olisqueos en partes que mejor no mencionamos, y cosas así).

Sin embargo, los ratones normales nunca intentaron montar a otros machos, incluso tras media hora en observación.

El comportamiento de los ratones carentes de serotonina era, desde luego, bastante raro, y completamente inaceptable si se tratase de seres humanos.

Tras comprobar que estos ratones macho parecían no desdeñar ninguna oportunidad de disfrutar del sexo, incluso con individuos de su mismo ídem, los investigadores les dieron la oportunidad de elegir entre un macho y una hembra.

Con asombro, pero seguro que también con algo de morbo, comprobaron excitados (intelectualmente solo) que los ratones genéticamente defectuosos intentaban montar por igual a individuos de ambos sexos, mientras que, como era de esperar, los ratones normales intentaban montar a las hembras mucho más frecuentemente que a otros machos, aunque en ocasiones, estos intentos también se producían.

La preferencia sexual podía ser también maleable mediante métodos farmacológicos.

Si se administraba a los ratones normales un fármaco que disminuía la serotonina, los ratones macho intentaban montar a otros machos con más frecuencia.

Si se inyectaba serotonina a los ratones macho que carecían de esta sustancia, estos comenzaban a diferenciar mejor entre machos y hembras.

Con estos datos, los investigadores concluyen que la serotonina afecta a los circuitos cerebrales que controlan las preferencias sexuales.

Sin embargo, otros científicos no parecen estar convencidos de que esa conclusión sea correcta. ¿Por qué?

¿Demasiado apetito?

Para entenderlo, imaginemos que a un ratón le quitamos un gen o le suministramos una sustancia que le aumenta el apetito de manera gigantesca.

A este ratón le ofrecemos a comer queso, que le gusta mucho, o pescado crudo, que seguramente le gustará menos, y comprobamos que el ratón se come con igual voracidad queso y pescado.

Sin embargo, los ratones normales, o aquellos a los que les damos otro fármaco que les disminuye el apetito, comen queso con mucha más frecuencia que pescado, como es de esperar.

Y bien, es posible que el gen o el fármaco afecten a la preferencia por determinados alimentos, pero lo que parece suceder aquí es que la intensa hambre induce al pobre ratón a comerse lo que le pongan por delante.

Lo mismo puede suceder en el caso de la serotonina.

Al eliminar esta sustancia, el apetito sexual puede ser tan grande que a los ratones les da igual uno que una.

En condiciones de menor apetito sexual, claro, el ratón vuelve a ser más exquisito en sus preferencias.

Los ratones no son tontos.

En conclusión, a veces los experimentos científicos no permiten alcanzar la respuesta a una pregunta, o la que se cree alcanzar es incorrecta porque en ella interfieren nuestros deseos (intelectuales).

Al parecer, queda aún bastante por aprender sobre lo que regula las preferencias sexuales en humanos y animales.

Mientras los científicos siguen estudiado esta cuestión, aprovechemos esas preferencias, sean las que sean, lo que podamos, y nos dejen.

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